“Tenemos nuestros micrófonos, pero este es su micrófono”. Cuando vi a Sick of It All tocar en un concierto en Denver en 2001, un par de años antes de mudarme a Nueva York, me pareció una revelación que una banda profesional colocara un micrófono en el escenario del Ogden Theatre para que cualquiera se subiera y cantara con ellos antes de volver a zambullirse en el mosh pit. También pidió que todos se cuidaran entre sí en el pit. Yo era un metalero, llevaba unos años en la universidad y todavía era relativamente nuevo en el hardcore de Nueva York. Las bandas de metal no hacían cosas así. Poco sabía yo que ese sentido de comunidad ya era un elemento fundamental de los conciertos de hardcore en Nueva York desde hacía décadas en aquel momento.
Un chico en ese concierto no paraba de pedir “Rat Pack”, un frenesí de 47 segundos sobre mantenerse unido a los amigos, perteneciente al clásico álbum debut de la banda, Blood, Sweat, and No Tears (1989). Cuando el líder Lou Koller le dio el micrófono del público, al chico se le olvidó por completo la letra. Koller se rió y dijo algo como: “Eh, eh, no tan rápido. Tienes que saberte la letra si vas a hacer eso”. Luego esbozó esa pícara sonrisa que se hizo famosa para demostrar que todo estaba perdonado. Incluso si te avergonzabas públicamente, él todavía quería que estuvieras allí.
Sick of It All eran los emisarios más acogedores del NYHC, y su portavoz era Lou Koller, cuya muerte fue anunciada el viernes. Dotado de un rugido dorado, Koller podía tanto entonar a todo pulmón el ensordecedor estribillo de “Scratch the Surface” como hacer que su mensaje, sobre luchar por vivir una vida con sentido, fuera coherente. En el escenario no era como otros cantantes de música pesada. Era un poco dork [pavote]. Sin importar dónde estuviera, trataba cada concierto como una sesión matinal en el CBGB, donde todo el mundo era bienvenido, y de eso se trataba.
“Queríamos mostrarle al mundo lo que amábamos”, dijo Koller a Kerrang! en 2018. “Por eso no solo tocábamos con bandas de hardcore. En nuestra primera gira por la Costa Este en 1988, Exodus nos pidió que abriéramos para ellos en cinco conciertos. Fue un choque para el público cuando salimos: ¡chicos con el pelo corto! A medida que nos hicimos más populares, algunas personas se referían a nosotros como ‘Los reyes del hardcore de Nueva York’, y nosotros siempre decíamos: ‘No, no. Somos los embajadores’“.
Desde que formó Sick of It All en Queens, Nueva York, con su hermano, el guitarrista Pete Koller, en 1986, las mejores canciones de la banda siempre trataron sobre la unión. Cuando escribí sobre Blood, Sweat, and No Tears para la lista de los mejores álbumes de punk de todos los tiempos de Rolling Stone a principios de este año, se me ocurrió que el mensaje central de Koller siempre fue: “Estamos en esto juntos”. “Pushed Too Far” trataba sobre defenderse de los matones. Lo mismo sucedía con “Friends Like You”. Mantuvieron ese mensaje en su siguiente álbum con “Just Look Around”, una canción que advertía contra el racismo dividiendo a la sociedad mientras los políticos ricos prosperan, un mensaje que sigue resonando casi 40 años después. Era una banda para gente trabajadora que solo intentaba salir adelante en el día a día.
La imagen del hardcore de Nueva York, al menos bajo el molde que Agnostic Front y Cro-Mags forjaron a principios de los ochenta, siempre ha sido algo así como tipos duros con el pecho inflado gritando sobre su rabia. Sick of It All desafió eso. En 1999, cuando vi por primera vez al grupo, que incluía al bajista Craig «Ahead» Setari y al baterista Armand Majidi, fue su pura energía e inclusividad lo que me dejó alucinado. Estaban en un cartel entre Slayer y Meshuggah, y aunque soy un gran fan documentado de Slayer, fue la actuación de Sick of It All la que me dejó la mayor impresión. Parecían salir al escenario dando tumbos con Pete lanzando su guitarra por encima del hombro y, a diferencia de los cantantes de las otras bandas del cartel, Lou estaba sonriendo. Esta era una banda de la gente común. “Todos somos ovejas negras y lo sabemos”, cantaba en “Hello Pricks” en el año 2000, y eso era lo que los hacía especiales.
“Nuestra música fue escrita [para] la participación total del público”, dijo Koller en una entrevista del VHS Live in NYC ’91, que incluía imágenes de Sick of It All tocando en el Ritz con Agnostic Front y Gorilla Biscuits. “Porque así es como crecimos. El primer hardcore era participación total del público. Ya sabes, amontonarse, cantar juntos, todo eso. Esa es tu vía de escape. Como que frena la energía cuando tienes una valla de dos metros entre el escenario y el público”.
Mi recién descubierto amor por Sick of It All me llevó a indagar más profundamente en el hardcore de Nueva York y a encontrar bandas con una mentalidad similar, pero mi comprensión de la escena estuvo limitada durante unos años a las bandas que giraban por Colorado, y no había muchas a principios de los 2000. Por suerte, dos grupos que pasaban con frecuencia eran Indecision y Most Precious Blood, que compartían al mismo guitarrista, Justin Brannan.
Más tarde, él llevó los ideales del NYHC a la política de Nueva York como concejal, y captó muy bien el legado de Koller en una publicación en redes sociales dirigida a él el sábado. “Llevaste esperanza y positividad a lugares a los que otras bandas nunca se habrían atrevido a ir”, escribió. “Hiciste que los niños marginados de todo el mundo se sintieran vistos, aceptados y un poco menos solos. Gracias por la música, la amistad y el ejemplo que diste, especialmente en estos últimos años. Tu impacto se dejará sentir”.
Me mudé a Nueva York en 2003 y vi a Sick of It All varias veces en su propio terreno, incluyendo una rara actuación en el CBGB en 2004. Fue allí, viendo cómo todo el mundo se apretaba en este antro famoso y húmedo del East Village para pasarlo bien juntos, donde entendí el sentido de comunidad que impulsaba a la banda. No había mucho espacio para que alguien se cayera en el pit, pero si lo hacía, alguien lo habría levantado. El hecho de que Sick of It All pudiera llevar esa misma filosofía a escenarios en Colorado y en todo el mundo es un milagro. Tocaron para cualquier público, incluyendo una vez antes de Wu-Tang Clan en un festival, y todavía seguían dando más de 100 conciertos al año por todo el mundo en fechas tan recientes como 2019.
Cuando un amigo me envió un mensaje de texto ayer diciendo que Koller había muerto, la primera canción que me vino a la cabeza fue “Good Lookin’ Out”, un tema de su cuarto álbum, Built to Last, de 1997. “No estás solo en esto / Solo mira a tu alrededor y lo verás”, cantaba. “La respuesta está justo ante tus ojos: yo estoy aquí para ti y tú para mí”. El estribillo culmina con Koller cantando: “Los verdaderos amigos siempre estarán ahí”.
Cuando Koller reveló que estaba luchando contra el cáncer en 2024 y lanzó una campaña de GoFundMe, sus numerosos amigos hicieron acto de presencia. Dropkick Murphys, Rancid, AFI y Hot Water Music estuvieron entre los primeros en donar. Eso se debe a que Lou Koller era el hermano mayor del hardcore de Nueva York. Él no inventó eso de pedir al público que se cuidara mutuamente en el mosh pit, pero la forma en que predicó la unidad del hardcore de Nueva York por todo el mundo perdurará cuando las muchas bandas a las que inspiró Sick of It All lleven su espíritu hacia adelante en sus propios conciertos por el mundo, y ese es un legado especial. Solo mira a tu alrededor y lo verás.


