Sophie Allison está al volante de su Toyota Venza. Del espejo retrovisor cuelga y se balancea un cristal translúcido del tamaño de una moneda. Maneja por la zona de Berry Hill, en Nashville, y baja la velocidad para contemplar una casa suburbana enmarcada por flores cuidadosamente paisajísticas. “Solía irritarme mucho con mi mamá”, dice. “Iba en el auto, disminuía la velocidad y decía: ‘Esta casa es tan linda. Ese pájaro en ese árbol es tan bonito’. Y yo contestaba: ‘¡Dale, manejá, perra!’. Y ahora, lo hago yo. Envejecer: te convertís en tu madre”.
Es una conclusión que a algunas personas les lleva toda una vida comprender, pero Allison, que opera bajo el nombre artístico de Soccer Mommy, parece ya tenerla clara a los 27 años. El concepto de la adultez reaparece con frecuencia durante el soleado día en su ciudad natal, y también está presente en su reciente álbum, Evergreen. “La mitad de mi vida quedó atrás y la otra ha cambiado de alguna manera”, canta en la devastadora “Dreaming of Falling”.
“Puede sonar melodramático, pero así es como va”, admite más tarde, mientras compartimos un gran y humeante bowl de pollo pho. “Estuviste en ese lugar y eso ya se acabó, y no podés volver. No hay nada que puedas hacer para cambiarlo. Pero con el tiempo, encontramos la felicidad en cómo están las cosas ahora”.
Esa es la dualidad de Soccer Mommy: la misma persona que lanza comentarios rápidos como “¡Manejá, perra!” es también la compositora que crea canciones elocuentes sobre cambios irrevocables y pérdidas. Es por eso por lo que ha acumulado una base de fans ferozmente leales, desde que comenzó a subir canciones a Bandcamp en su habitación de adolescente. También por eso, con casi una década de carrera, Evergreen es su álbum más honesto la fecha, un clásico disco de cantautora en el que la artista ofrece un testimonio vulnerable de su dolor, sin guardarse casi nada.
Aunque Allison ha sido conocida por experimentar con sonidos inesperados —jugueteando con todo, desde sintetizadores distorsionados hasta disquetes en sus álbumes anteriores—, en Evergreen reduce todo a lo esencial, con sólo unas flautas y arreglos de cuerdas como apoyo. Por primera vez, pone su arma más poderosa en primer plano: la voz.
“Lo más genial de Sophie es que es muy directa”, dice Ben H. Allen III, que produjo Evergreen en Atlanta. “Sus sentimientos están a la vista. No están ocultos. Este es un álbum sobre la pérdida, el duelo y la vulnerabilidad. ¿Qué necesitan ese tipo de canciones para sonar honestas y reales, y cómo lográs que el oyente se conecte con lo que le pasa a ella?”.
Allison solía conducir una camioneta Ford de 2002, que se fundió el año pasado. Pensó en comprar una nueva híbrida, pero no le parecía la elección correcta —le preocupaba que fueran “machistas”, “duras” y “algo feas”. Podría haberlo logrado, sin embargo… “Podría estar llegando en este autazo potente”, bromea. “Pero decidí rechazar esa oportunidad”.
En cambio, compró el Venza para complementar a su viejo Subaru Outback. Comparte ambos vehículos con Julian Powell, su pareja desde hace ocho años, que también es el guitarrista de Soccer Mommy. “Ninguno de los dos quiere conducir [el Subaru] ahora que tenemos un coche más nuevo y con mejor rendimiento de gasolina”, dice ella. “Este coche tiene un equilibrio perfecto”.
Es una declaración muy razonable, sensata y responsable, lo que la hace contrastar aún más con “Driver”, el sencillo cargado de guitarras de Evergreen, en el que Allison aumenta la tensión usando su coche como metáfora de un vínculo. “Yo seré la conductora si vos elegís”, canta antes de que su tono se vuelva más oscuro: “Él nunca me dejaría / Aunque pudiera hacerlo, no hay salida”.
“Driver” es una canción de rock rara, que habla del amor a largo plazo como algo digno de ser cantado, tan dramático como cualquier enamoramiento imprudente. (“Right Back to It” de Waxahatchee, del álbum Tigers Blood del año pasado, es otro ejemplo). “Constantemente me pierdo. Constantemente me paso”, me dice Allison, extendiendo la metáfora de la relación como un coche. “Y es tan diferente cuando alguien puede atravesarlo junto a vos y no juzgarte por eso”.
“Me encanta ver historias de amor desastrosas, pero eso no es lo que realmente queremos en nuestras vidas”, continúa. “Creo que lo que todos buscan es comprensión, sentir que alguien te entiende y puede conectarse con vos a ese nivel”.
Damos vueltas por calles residenciales mientras “Piece of Me” de Britney Spears suena a todo volumen por los parlantes, seguido de varios cortes de Become What You Are de The Juliana Hatfield Three. Allison me hace un recorrido por los lugares de Nashville donde comenzó su historia: la escuela secundaria (“un infierno viviente”); el cementerio donde está casi segura de haber visto un fantasma una vez; y el Lucky Bamboo, un restaurante chino, ahora cerrado, donde, dice, el hijo del dueño solía organizar “raves locas” en la secundaria.
Allison no esperaba terminar viviendo en su ciudad natal cuando se mudó a Nueva York para estudiar en NYU. “Pensé que nunca volvería”, dice. “Pero de repente me di cuenta de cuánto me encantaba todo acá. En Nueva York, hice amigos en la universidad, pero no quería salir a comer brunch. No quería ir a bares. No quería hacer ninguna de esas cosas. Eventualmente me adapté, pero extrañaba mucho”. Al final, dejó la universidad después de dos años para dedicarse a tiempo completo a la música y grabar su impresionante álbum debut en 2018, Clean.
Después de un rato, paramos en Sam & Zoe’s, un encantador café. Allison ha estado viniendo acá por años, en general para tomar un chai helado. Normalmente toma su café con leche de almendras, pero esta infusión en particular va mejor con leche común. Nos sentamos en el porche delantero. Allison está vestida completamente de negro, desde el suéter hasta los Dr. Martens. Lleva su característico delineado felino color lavanda extendido por los párpados, y cuando al fin le pido que me explique el meticuloso proceso de maquillaje, saca un minidelineador líquido de su bolso y me cuenta la rutina que ha estado haciendo desde la secundaria.
Toma un sorbo de té y pica un muffin de arándanos, describiendo el hermoso sendero que estamos a punto de recorrer en el cercano Lago Radnor. “Habrá garzas”, dice ella, pero no creas que es observadora de aves. “Está bien, pero me importa un carajo”, dice. “Quizás algún día cuando sea mayor [me dedique a eso]”. Más tarde, cuando le pregunto sobre el matrimonio y los hijos, me da una respuesta igual de abierta, indicando que estos temas han estado en su mente últimamente.
“He cambiado a medida que he ido creciendo, me he interesado en cosas que no me interesaban cuando era más joven”, dice, tan casual y elocuente que suena como futura letra de canción. “Es tiempo de hobbies. Tengo tanto tiempo libre cuando estoy en casa. Puedo vivir la vida más ocupada y también la más solitaria, lo cual, honestamente, es la mejor manera de operar. Concentrarme o ser completamente libre. Una de las dos”.
Durante esas horas libres, a Allison le encanta observar las estrellas con su telescopio. Se autodefine, en broma, como astrónoma aficionada. También mira una buena cantidad de películas, a veces varias en un día, ya sea en la sala alternativa Belcourt Theatre o en su casa. Algunas de las películas recientes que ha disfrutado incluyen la nueva secuela de Beetlejuice; My Old Ass, el ingenioso éxito de Sundance con Aubrey Plaza; y la visceral película de terror The Substance, con Demi Moore y Margaret Qualley.
“Podrían haber recortado mucho el principio”, dice ella sobre lo último. “Simplemente me habría relajado con todo el asunto del feminismo y el envejecimiento de las mujeres. No es una idea tan novedosa como para que necesites insistir tanto. Se pone mejor una vez que hay más horror corporal. Ahí pensé: ‘Está bien, sí, esto es realmente bueno’”.
Es mucho menos crítica cuando se trata de la comedia juvenil de 2006 John Tucker Must Die, que recientemente reseñó en su nueva cuenta de Letterboxd, otorgándole cinco estrellas y un simple “Sí”. “Es realmente perfecta”, dice ella. “La veo tres veces al año. No tiene ningún defecto. 10 de 10”.
La esperanza es esa cosa con plumas
Llegamos al estacionamiento del Lago Radnor y nos disponemos a recorrer el centro de visitantes que cuenta con artefactos de la Guerra Civil (balas de 160 años, fotografías ligeramente inquietantes) y hasta videos educativos sobre halcones de cola roja y un baño con sonidos de aves. El clima es típicamente otoñal: helado a la sombra, cálido al sol. Allison viene con frecuencia, a pesar de ser “alérgica a todos los árboles que existen”. Emprendimos una caminata de dos millas, durante la que nos encontramos con ciervos, tortugas y, sí, muchas garzas.
Ver un ave majestuosa le recuerda algo. “Mi mamá estaría aquí, enviando una foto ampliada”, dice y empieza a reír. “Y yo digo: ‘¡Esa es la peor foto que he visto en mi vida!’. ¡Ni siquiera está tan lejos!”.
Aunque el clima de duelo se cierne sobre gran parte de Evergreen, Allison prefiere no entrar en detalles sobre las experiencias que lo inspiraron. Ha hablado sobre la lucha de su madre contra el cáncer muchas veces a lo largo de los años, incluidas algunas letras particularmente conmovedoras en Color Theory de 2020. (“Amarte no es suficiente / Seguirás profundamente en el suelo cuando termine”, cantó entonces).
Escuchando Evergreen, oyendo líneas desgarradoras como “Dos años han pasado y todavía estoy reflexionando” (de la impresionante canción que da título al disco) y “Te extraño / como un perro leal / esperando junto a la puerta a escuchar la cerradura girar” (“M”), no es difícil inferir por lo que ha pasado.
Afortunadamente, los devotos fans de Soccer Mommy le dan a Allison el espacio para llorar. “No quiero sacar muchas conclusiones, ya que no es asunto mío y respeto inmensamente su privacidad”, escribió un fan en Reddit. “Perder a un padre es una experiencia horrible y, si ella ha fallecido, que descanse en paz y que Sophie y su familia encuentren consuelo”.
Allison me dice que aprecia a sus fans: “Siempre quieren escuchar lo que tengo para darles”. Aun así, negociar cuánto comparte con el resto del mundo puede ser complicado. Aunque siempre ha sido abierta sobre su ansiedad y depresión, tanto en entrevistas como en su música —en Sometimes, Forever de 2022, cantó sobre el suicidio de Sylvia Plath, y me dijo: “Literalmente tuve este pensamiento: ‘Podría imaginar por qué querrías hacer eso’”—, me cuenta que tiene sentimientos encontrados sobre la honestidad que se les pide a los músicos.
“La gente quiere hablar de esas cosas, pero si necesitás ayuda, nadie está para eso”, dice. “Los problemas de salud mental en el mundo de la música se han convertido en algo de lo que la gente habla mucho, pero en mi caso cada vez que he hablado no me sentí bien. No deberías tener que revelar cosas muy personales y privadas para que la gente te escuche”.
También es muy consciente de los posibles costos profesionales que podría tener el hecho de dar un paso atrás. “En esta industria y en esta carrera, es muy difícil decir que no porque la idea es ascender hasta la cima aprovechando cada oportunidad que se te presenta, agarrando la vida por las riendas y haciéndolo de verdad”, añade. “No vas a tener más éxito por decidir tomarte ese descanso para tu salud mental. La enfermedad mental no tiene mucho margen en la agenda”.
Allen, que ya era fan de Soccer Mommy cuando Allison se acercó a él para producir Evergreen el año pasado, recuerda que desde el principio tenía claro lo que quería. “Hablamos por teléfono una hora y hablamos sobre el álbum y sobre su mamá”, dice. “Realmente sentí la intensidad, la emoción detrás de toda la pérdida. Y eso me impactó mucho. Sentí esta profunda sensación de humildad ante las canciones”.
En última instancia, lo que más la hace feliz es escribir e interpretar canciones sobre esas mismas emociones intensas, como lo hace en gran parte de Evergreen. “Me siento muy orgullosa de la composición en el núcleo de todo esto”, dice. “En el pasado, siempre me emocionaba mucho la producción, probando cosas raras y saliendo de lo convencional. Eso está genial, pero esta vez realmente quería asegurarme de que me representara. Que fuera realmente honesto”.
Allison llegó a Atlanta para la preproducción en octubre de 2023, y regresó dos meses después para grabar con su banda. El resultado es un ambiente que ella describe como lo más natural posible; “el mismo espíritu y naturaleza que cuando hago demos en casa, pero más arriba”.
Con su sonido escaso, reforzado sólo por maderas y cuerdas reconfortantes, Evergreen suena casi como un regreso a la fase más temprana de su carrera. “Hay mucha gente que todavía pide canciones de los días de Bandcamp”, dice. “Siento que este nuevo álbum se conecta con eso. Suena muy directo, puro, sin ambiciones de hacer cosas más allá de simplemente comoponer”.
Screen queen
A pesar de ser una de las voces más queridas del indie rock, Allison lleva una vida bastante normal. A menudo es reconocida por los fans en Nashville, pero no al punto de que no pueda hacer sus cosas en público. “No diría algo como, ‘no quiero crecer más’ ni nada por el estilo”, dice. La mayoría de sus amigos, señala, son anteriores a su carrera musical. “Si no estoy con alguien a las 9.30, estoy encendiendo velas, tomando un baño, poniendo sonido ambiente de lluvia y yéndome a dormir muy temprano”, dice ella.
No mantiene contacto con muchos músicos de la industria, excepto con los artistas con los que ha estado de gira, compañeros como Alicia Bognanno de Bully, Lindsey Jordan de Snail Mail, Sasami Ashworth y Phoebe Bridgers, a quien invitó al escenario el verano pasado para compartir una versión de “The Biggest Lie” de Elliott Smith. “No vivo en una de estas ciudades donde la gente vive”, dice Allison. “¿Qué, sólo estaría haciendo FaceTime con un montón de gente? No soy de comunicarme mucho por teléfono. No mando muchos mensajes, no llamo mucho a la gente”.
Como Bognanno también es originaria de Nashville, el dúo se ve cuando no están de gira. “Cuando hacés giras para ganarte la vida, es difícil mantener amistades locales”, dice Bognanno. “Es realmente agradable tener a alguien que te diga: ‘Está bien, me voy por dos meses, pero cuando vuelva, vamos al cine’”.
Esas citas al cine incluyen una rutina, dice Bognanno: “Ella pide un Icee de Coca-Cola y yo un Icee de frambuesa azul, y tenemos un debate porque ella dice que los Icees de frambuesa azul son para niños y los Icees de Coca-Cola son más sofisticados. Y yo digo: ‘Eso es una tontería’”.
Durante nuestras siete horas juntas, hacemos varias paradas a lo largo de la Avenida Charlotte en West Nashville. Tomamos un postre vegano en la cafetería Headquarters (aunque ninguna de las dos es vegana) y hojeamos libros en Rhino Booksellers, donde ella revisa la biografía de Sheryl Crow de 2002, No Fool to This Game. Admiraba a la cantautora mientras crecía, junto con las estrellas pop de principios de los 2000 como Spears, Kelly Clarkson y Hilary Duff (la última, revela más tarde durante unas copas, fue su primer concierto, a los 7 años).
En la enorme The Great Escape —una tienda que vende de todo, desde videojuegos vintage hasta discos de vinilo y DVDs de la primera temporada de The Kids in the Hall—, Allison revisa estantes de películas viejas y nos lleva a la sección de terror, una de sus favoritas. “Esta es la segunda vez que veo La momia en la sección de terror”, dice, levantando un DVD del éxito de taquilla de 1999. “No estoy de acuerdo. La pondría en fantasía. No pondrías a Indiana Jones en una película de terror”.
Luego se pasa a Pulse de 2006, protagonizada por Kristen Bell. “Puede que tenga que comprar esta”, dice sobre la película de terror techno que fue ampliamente criticada. “Julian y yo seguimos bromeando al respecto, diciendo: ‘¿Y si es realmente buena?’”.

Nos encontramos con las películas de Crepúsculo de los 2000 y principios de los 2010, que han sido adoptadas por las generaciones más jóvenes (Olivia Rodrigo es una gran fan). “Entiendo por qué la gente está obsesionada con esto, aunque no estuvieran allí en ese entonces”, dice Allison. “Particularmente, la primera película es realmente impecable y tan independiente”.
Terminamos nuestro día con nachos y queso en el patio trasero de Otto’s, un elegante bar de cócteles con bancos de picnic de color rosa intenso. Allison me mira, con su mechón de rubio platino detrás de la oreja. Es un estilo que requiere algo de mantenimiento —tiene que teñírselo cada seis semanas—, pero siente que se avecina un cambio. ¿Posiblemente de vuelta a las coletas de Color Theory de 2020? “No”, dice riendo.
Evergreen es su cuarto álbum como Soccer Mommy, un nombre artístico que comenzó como un alias de Twitter en tono de broma antes de alcanzar la fama. Allison dice que puede imaginar un futuro en el que lance música bajo su propio nombre. “A medida que envejezco, estoy segura de que eventualmente cambiará”, dice. “No es como si fuera a quedarme para siempre con el nombre de Soccer Mommy. Es un poco juvenil. Me imagino a los 40 años: ‘¡Sí, soy Soccer Mommy!’”.
En unas semanas, comenzará 2025 con una gran gira mundial, pero suena lejos de estar estresada. Al igual que su coche nuevo, encuentra equilibrio en estar de gira. Suele ser la primera en irse a la cama cada noche, acurrucándose en su litera del micro, leyendo o jugando en su Nintendo Switch. “Me gusta que mi trabajo sea de este tipo, donde en realidad no tengo que estar pensando en trabajar”, dice. “Todo lo que tengo que hacer es ir y dar un show cada día. Todo lo que tengo que hacer es estar acá”.


