Quiere mostrar una nueva cara. Después de un ciclo vertiginoso posterior al estreno de Sueño cítrico (2023), su último disco, ese que gracias a su pop dulce y groovero le otorgó nuevos y grandes niveles de convocatoria, Silvestre y la Naranja se embarcó en una gira extensa. El recorrido se inició con su debut en el Estadio Obras, luego fueron a España, México, Colombia, Chile, Paraguay y Uruguay. Además de recorrer la Argentina, esta etapa tuvo la coronación con un nuevo show a capacidad agotada en el estadio porteño con grabación de un disco en vivo. Sin embargo, el movimiento sigue y la banda decide cambiar la piel con el estreno de “Prisionero perfecto”, un single bien nocturno, adelanto de su próximo material, que los muestra llevando el cuerpo hacia la pista de baile.
“Fue una especie de montaña rusa”, dice Justo FM, cantante. “Desde allí arrancó un torbellino de giras, shows, viajes mechados con estadías en el estudio. Lo estamos disfrutando y también adaptándonos”. Esa nueva rutina requirió de parte de la banda un compromiso inédito, porque algo que nació desde el amor al arte se convirtió en un trabajo. “Es la primera vez que estamos dedicados 24/7 a esto”, dice Luco Grasso (bajo). “Antes todos teníamos otros laburos para mantenernos a flote. Es un regalo esto, hay que estar muy agradecidos”. “No perder ese primer encanto con la música, que es ese juego y ese amor que nace desde chico. En este momento, seguir teniendo la cabeza para componer música es un desafío muy grande”, coinciden Ferla Laprida (batería) y Fran Nicholson (guitarra).
Los viajes son la recompensa de años de trabajo y el resultado de la curiosa forma en la que se expande la música atravesando fronteras. “Es una mezcla de emociones y alimento para hacer más”, dice Ferla. “Te da confianza en lo que hacés. En abril estuvimos en Zacatecas, México. Llegar y ver que había gente que cantaba las canciones es increíble. ¡En qué momento y cómo llegó hasta acá!”, recuerda Fran. Para Luco esa devolución y esas sorpresas son alimento para el alma. “Al volver ya teníamos pensado arrancar con toda la preproducción del próximo disco. Volví recargado de energía y ganas para hacer más música, porque es eso, es sentirse agradecido por estar haciendo algo que a uno le gusta y con lo que la gente conecta”.
Esa conexión con su público cumple un rol fundamental en el espíritu de la banda. En un contexto homogeneizado y estandarizado del pop nacional, Silvestre y la Naranja marca la diferencia al incorporar matices más grooveros, tintes R&B y una dulzura que se erige desde la forma de cantar de Justo. Además, como principal característica, el grupo sabe manejar intensidades. Mientras en estudio pueden sonar amables y contenidos, su faceta en vivo los expone de manera diametralmente opuesta: eufóricos, intensos y entregados al vértigo de una interpretación retroalimentada por la gente y su propio entusiasmo. Esto quedó registrado en su presentación de despedida de Sueño cítrico en Obras Sanitarias, un lugar elegido por su peso simbólico.
“Estar en ese escenario cobra mucho valor emocional”, dice Luco. “Tenemos el rock nacional a flor de piel y su historia está asociada a Obras”. Inspirados por los artistas que sobre el escenario moldean su repertorio para la ocasión y que no tocan las canciones de la forma exacta en la que suenan en los álbumes, el registro del show tiene momentos más rockeros, canciones extendidas, mayor agresividad. Además, a modo de guiño a ese mismo legado, incluyeron una versión de “Demoliendo hoteles” junto a Fabiana Cantilo.
De la mano de la extensa gira llega la gimnasia del vivo. Y eso mismo es, además, caldo de cultivo para el próximo disco. “Tocar tanto te inserta el vivo en el chip mental a la hora de hacer nueva música”, dice Justo. “Nos gusta tanto este punto de partida de llevar al máximo las canciones y que sea una fiesta que vamos imaginando, ‘esta canción tiene un momento medio carnavalesco con los vientos’, ‘esta tiene un momento medio electrónico’, ‘esta tiene un solo de viola alargado que no tiene la canción en estudio’, para que en los recitales explote”.
En el manejo de intensidades y la forma en la que la banda piensa sus canciones en relación al show, el nuevo disco empezó a asomar con “Prisionero perfecto”. La canción está acompañada por un video producido por Muerde y dirigido por Jerónimo Pokle, que hace las veces de transición entre el fin del show en Obras y la nueva cara de la banda, una faceta nocturna y casi paranoica. Si bien su música siempre estuvo ligada al cuerpo como objetivo, con sintetizadores, un estribillo brilloso y un pulso más nocturno, ahora, la intención es una danza que tiene suciedad, transpiración, sudor y una sensación más carnal. “Tiene recursos como el beat, el vocoder medio Daft Punk o el sonido de la batería, que son más electrónicos, más de la noche”, dice Luco. “Cuando nos sentamos a producir este disco teníamos una visión más clara de hacia dónde queríamos llevar todas las canciones”.
Más allá de la pista de baile como objetivo y los elementos de la electrónica que buscaron incorporar para el nuevo álbum, Silvestre y la Naranja supo preservar su identidad ligada al rock nacional, la cuestión cancionera por naturaleza, temas que si se desnudan de sus artilugios se la siguen bancando por sí solos. “Al fin y al cabo son canciones que teníamos en notas de voz hechas en la guitarra o en el piano. Después vos elegís adónde la llevás. Nosotros no dejamos de ser cancioneros”, dice Luco.


