Sabrina Carpenter no es una Barbie cualquiera

La cantante desplegó todo su arsenal pop y fue ovacionada por "un mar de gente" en el cierre del Lollapalooza Buenos Aires 2026

Por  JUAN FACUNDO DÍAZ

marzo 16, 2026

“Son las 10. ¿Sabés dónde está tu novia?”, pregunta Sabrina Carpenter para dar inicio a su set. Y de seguro que estaba en el Lollapalooza, en el escenario principal, entre las miles de personas que se acercaron a presenciar el cierre del festival y el primer show solista en Argentina de la cantante. Años después de haberse presentado en el estadio Monumental para abrir las noches del Eras Tour de Taylor Swift, Sabrina volvió a nuestro país como la gran protagonista de la edición 2026 y trajo consigo una puesta en escena maximalista que puso al servicio del show todo el arsenal pop: estribillos pegadizos, gran escenografía, vestuario, coreografías, fuegos artificiales y todo su encanto natural. 

Sabrina no es la típica Barbie. Sobre el set de televisión que monta en el escenario con aires de los años 70, su metro y medio de altura se pasea con su pelo rubio, labios pintados de colorado y sus ojos verdes e inmensos acompañados siempre con una sonrisa desafiante. Sabrina tiene en su mirada el poder que otorga la maldad de la belleza y se ríe al ser consciente de ello. Se sabe, además, irrechazable. Tanto que juega e ironiza con eso en “Busy Woman”, el tema que abre el show: “Soy flexible, así que decime qué te gusta / Si no me queres, te consideraré gay”, dice. Porque, claro, en su cabeza, solo diría que no alguien a quien no le gusten las mujeres. 

Después de “Taste”, esa declaración de desinterés y venganza donde le dice a la pareja de un amante que, bueno, pueden quedarse juntos y que ella cante sobre él no significa que le importe, siguió “Good Graces”, uno de sus mayores momentos de baile coreografiado junto al cuerpo de bailarines y bailarinas, moviendo las caderas al cantar reforzando su posición de poder y la necesidad de ser cuidada: “No pierdo ni un segundo, conozco a muchos chicos / Si haces algo sospechoso, decile chau a este lindo culo”. “Esto es un mar de gente”, dijo al saludar, sorprendida por la cantidad de cabezas que se acercaron al escenario principal para verla. “Buenos Aires es uno de mis lugares favoritos para tocar, así que canten bien fuerte”. La canción que siguió fue “Slim Pickins”, una balada con aires de country lavado que le da tiempo a tomarse un shot de alguna bebida espirituosa y cierra el primer bloque de Short n Sweet, su álbum del 2024. 

A primer golpe de vista de algunos ofuscados rockeros que volvían del escenario en el que acababan de presentarse los Deftones, el pop Carpenter podría parecer superficial e impoluto, casi perfecto e inofensivo, pero Sabrina le canta directamente a todas esas chicas debajo del escenario, esas que también se han bancado algún nabo satelitando a su alrededor, pidiendo lo que no pueden dar. Sabrina no se lamenta, utiliza el sarcasmo como arma y así interpela a las pares, mientras que a los tipos nos muestra un espejo en el que obliga a reconocer miserias. “¿Hay algún hombre en el público?”, preguntó. Ante el grito de respuesta tímida hizo una sonrisa irónica y un revoleo de ojos de preparate-para-lo-que-se-te-viene, para seguir con “Manchild”, la canción que abre Man’s Best Friend, su disco del 2025:  “Hombre inmaduro / ¿Por qué venís siempre corriendo hacia mí? / Maldita sea mi vida / ¿No podes dejar en paz a una mujer inocente?”, canta. 

“Ya me habían advertido del Olé, olé, olé”, dijo desde la punta de la pasarela, sorprendida por la cantidad de público y por el cántico argento seguido del “Sabri, Sabri”. “Para mí es un privilegio tocar acá. El último show hizo que quisiera volver rápido, gracias por recibirnos. Ahora déjenme contarles algo sobre mí: Me llamo Sabrina, me gusta pararme de este lado del escenario y quiero agradecerles por cantar más fuerte que yo”, dijo. Lo perfecto y coreografiado del show, la forma en la que recorre cada rincón, escalera y plataforma del escenario en el momento indicado conviven con el justo tribuneo localista, tanto que dijo -insólitamente- reconocer a alguien entre el pogo que estuvo en el Monumental. Pero la sorpresa fue el factor impensado, porque el nivel de entrega de sus seguidoras y seguidores, la cantidad de espectadores, bien hasta el fondo del predio, y la forma en la que cantaron cada canción parecía sacarla del guión por algunos momentos.  

La picardía y la dulzura de la primera mitad tuvieron un quiebre. Con cambio de look incluido y un pelo más desalineado, siguieron “Tears” y “Feather”. Desde ese punto, el show fue tomado de lleno por su sensualidad, por la forma de moverse, mirar a la gente y la forma de interactuar con sus bailarines. Tanto fue así que, antes de hacer “Bed Chem”, en las pantallas apareció un cartel que decía: Se recomienda discreción de los padres. ¿Por qué? Porque la siguiente escena fue una Sabrina sensualísima jugando en una cama, con dos de sus bailarinas, que luego cambiaron por dos de sus bailarines que, en lugar de interactuar entre los tres, prefirieron besarse entre ellos. 

Para ese momento, llegó la sorpresa de la noche. En “Juno”, Sabrina acostumbra a entregarle unas esposas de peluche a alguien en la audiencia, como si los estuviese arrestando, deteniendo por ser demasiado hot. En nuestro país la arrestada fue, por pedido del mismo equipo de Carpenter, María Becerra. “No sé si alguna vez te arrestaron”, preguntó Sabrina. “Sí”, dijo María riéndose mientras aparecía en las pantallas, provocando la carcajada de la gente. María luego mostró un corset con la bandera de Argentina, Sabrina se puso colorada y desde arriba del escenario le mandó unos besos mientras sonreía pudorosa. 

Con “Please, Please, Please” hizo una advertencia, un único momento en el que hace pedido a su compañero: “No me hagas llorar cuando me acabo de maquillar tan bien / Una cosa es el desamor, otra muy distinta mi ego / Te lo ruego, no me avergüences, hijo de puta”, canta. Finalmente llegaron “Don’t Smile” y “Espresso” para cerrar junto a fuegos artificiales. Sabrina usó todos los artilugios del show pop para acompañar sus canciones en el cierre del Lollapalooza y en su debut solista en el país, pero al recorrer su discografía sabe elegir las canciones perfectas para interpelar a esas debajo del escenario, esas que encuentran en ella la representación en el reflejo de las experiencias que narra. Todo eso lo hace con su belleza impoluta de muñeca de colección, pero Sabrina no es una Barbie cualquiera, es una malvada con la que no se jode, porque sabe qué hacer con eso.