Por qué el nuevo álbum de Paul McCartney en una obra maestra

'The Boys of Dungeon Lane' es un viaje profundamente nostálgico que demuestra que esta leyenda sigue tan creativa como siempre

Por  SIMON VOZICK-LEVINSON

mayo 26, 2026

ILUSTRACIÓN DE BRIAN LUTZ

Paul McCartney quiere contarte una historia. Tomá asiento y escuchá mientras pinta la escena con palabras pausadas: “Solía pasar por delante de tu casa”, comienza, con una voz un poco más ronca en estos días, pero no por ello menos tierna. “Cada noche miraba hacia tu ventana. La luz estaba encendida. Veía tu silueta en la persiana…”. Es un recuerdo agridulce de hace mucho tiempo, algo parecido a “No Reply” de Los Beatles, pero con todo el resentimiento reemplazado por sentimientos más amables. “¿Se te cruza mi nombre por la cabeza mientras descansas allí?”, le pregunta a aquel viejo amor platónico. Entonces entra la banda —en realidad, es casi todo el propio Sir Paul, tocando al menos nueve instrumentos— y ahí está: tantos años después, todavía quedan pocos placeres más grandes en la música pop que escuchar a este tipo rockearla.

“As You Lie There” es la primera canción de The Boys of Dungeon Lane, el primer álbum de estudio de McCartney en seis años, y marca el tono de esta obra maestra de vejez, cálida y nostálgica. Hay varias canciones sobre sus primeros años en Liverpool, incluido un dúo sobre “los buenos viejos tiempos” con su amigo Ringo Starr; el título del álbum hace referencia a una calle del barrio donde crecieron tanto él como George Harrison. En general, se percibe la sensación de una leyenda que repasa una vida bien aprovechada. Este no es necesariamente un tema nuevo para McCartney, que lleva años cantando sobre lo que una vez llamó su pasado siempre presente. Pero la vibración otoñal es más pronunciada que nunca, y hay una emotividad inusual en canciones como “Days We Left Behind”, donde revuelve algunas fotos viejas en blanco y negro y solo encuentra “bares llenos de humo y guitarras baratas / pero nada construido para durar”. Es una de las baladas acústicas más conmovedoras de un canon al que no le faltan precisamente ejemplos; un “Yesterday” con seis décadas más de experiencia detrás de la silenciosa tristeza.

Eso no quiere decir que este álbum sea deprimente, en absoluto. La fuerza vital de McCartney se mantiene intacta a lo largo de estos 14 temas, y la alegría que encuentra al hacer música se transmite en cada cambio de acorde. En “Mountain Top”, el eternamente joven músico de 83 años recuerda una agradable caminata entre hongos alucinógenos y mariposas, con un clavecín, bongós y loops de cinta que se suman a la atmósfera psicodélica. “Come Inside” es un rock de palmas ágil y libre que recuerda a Off the Ground de 1993. “Never Know” tiene un groove y un swing que remiten a Wings en la época de Back to the Egg (1979). “Life Can Be Hard” y “Ripples in a Pond” son homenajes románticos a la mujer de su vida, recordatorios de que el amor no tiene nada de tonto.

Todas estas canciones se benefician de arreglos sencillos y elegantes en los que McCartney toca casi todo por sí mismo, su segundo álbum consecutivo con este estilo tras el triunfo como “hombre orquesta” de McCartney III en 2020. El coproductor Andrew Watt —convertido en el principal “encantador” del rock clásico de esta década gracias a su trabajo con los Stones y Ozzy Osbourne— añade sintetizadores y guitarras aquí y allá. Sin embargo, en general es lo bastante inteligente como para no estorbar y dejar que uno de los músicos con más talento natural de la historia haga lo suyo. Es un contraste refrescante con los esfuerzos de la década de 2010 como New y Egypt Station, donde McCartney incorporó a múltiples colaboradores de corte pop con resultados dispares. Parece haber aprendido que lo que realmente queremos de un nuevo álbum solista a estas alturas de su carrera es más McCartney.

The Boys of Dungeon Lane cierra con un par de canciones vinculadas temáticamente sobre la paternidad en circunstancias difíciles. “Salesman Saint” evoca a sus verdaderos padres, Jim y Mary, y su decisión de formar una familia en la Inglaterra de la guerra: “No podían más, pero tenían que seguir adelante”, canta. “Así que aprendieron a seguir adelante, con risas y una canción”. Aún más impresionante es “Momma Gets By”, donde imagina a una pareja cuya vida podría parecer una miseria para alguien de afuera, pero que se aman de todos modos. Ella es una madre trabajadora, tal vez una conocida de las mujeres sobre las que escribió en “Lady Madonna” y “Another Day”; su marido está demasiado ocupado drogándose como para echar una mano. “Aunque él es complicado, ella lo lleva con naturalidad”, canta McCartney. “¿Qué son sus tontos defectos comparados con lo que ella siente por dentro?”. Su voz se esfuerza un poco por alcanzar la nota alta. Entonces entra una sección de vientos de madera, ligera y aérea, y con ella, una abrumadora sensación de gracia.