OPINIÓN. ¿Y si Milei logra juntar a los Redondos?

Mientras en EE.UU. piden la reunión de Rage Against the Machine para protestar contra ICE, ¿por qué no soñar con algo similar en apoyo a los sectores más desamparados ante el ataque del gobierno?

Por  SEBASTIÁN RAMOS

febrero 4, 2026

Andy Greene, presitigioso periodista de la casa central de Rolling Stone, en Estados Unidos, escribió esta semana un artículo un tanto decepcionado por la no reunión de Rage Against the Machine en el concierto Defend Minnesota, organizado por el guitarrista de la banda, Tom Morello, el 30 del mes pasado. Nadie había anunciado tal regreso, pero íntimamente Greene esperaba que sorpresivamente el cantante Zack de la Rocha dejara atrás los problemas personales con sus excompañeros y subiera al escenario para darle su voz a los cientos de miles de norteamericanos que sufren en este momento crítico.

“En los años 90, como líder de Rage Against the Machine (RATM), De la Rocha ayudó a crear la banda sonora para este momento político tan oscuro y peligroso que estamos viviendo”, escribió Greene. “Canciones como “War Within a Breath” y “Know Your Enemy” sonaban extremas para algunos en los relativamente pacíficos noventa, pero hoy todas suenan a verdad. Casi no había una sola persona entre el público de Defend Minnesota, sin importar su edad, que no gritara a pleno pulmón: ‘¡Algunos de los que forman las fuerzas, son los mismos que queman cruces!’”.

Y luego de extenderse en la historia de desencuentros del grupo durante los últimos años, concluyó: “Pero este momento particular en Estados Unidos -un lugar fracturado, violento y cada vez más totalitario- es diferente. Si alguna vez hubo un momento para dejar de lado todas las estupideces y traer de vuelta a Rage Against the Machine, aunque sea solo para unas pocas canciones en un único show, es justo ahora. Como dijo una vez un sabio: “Tiene que empezar en algún lugar, tiene que empezar en algún momento/ ¿Qué mejor lugar que este? ¿Qué mejor momento que ahora?” (versos del tema “Guerrilla Radio”, incluido en el último álbum de RATM, The Battle of Los Angeles, de 1999).

Después de leer el artículo de Greene, no pude no trasladar el texto a nuestro país y pensar una locura al pasar: ¿No será que en Argentina llegó el momento de solo pedirle a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota que se vuelvan a juntar y le ofrezcan su voz a los cientos de miles de argentinos desamparados en este sistema de motosierra y narcofinancistas? Los Redondos fueron mucho más que una banda de “guerrilla” y tanto el Indio como Skay se han cuidado en cada una de sus intervenciones públicas de no enarbolar cualquier tipo de bandera ideológica (como sí lo han hecho Morello y De la Rocha).

“Uno no quiere traducir a un código más ideologizado lo que hace. Yo no soy eso, soy un artista, y no creo que deba ser así”, me dijo Solari una noche de 2000, poco antes del estallido socio-económico de Argentina y en el marco de una entrevista junto a Skay y la Negra Poli por la salida de lo que sería finalmente su último álbum, Momo sampler. “El arte, para mí, no tiene que traducirse a otros c digos más ideologizados, tiene su propia manera de exponer las cosas, más profunda, con otro tipo de carácter y herramientas. No habla de la verdad, sino que utiliza el lenguaje metafórico. El símbolo en sí es casi oracular, la poesía es eso y tiene que funcionar de esa manera. No me puedo poner a decir un panfleto, sería una pelotudez, porque eso hace que la canción dure lo que dura el conflicto y se supone que un artista tiene que hablar de cosas con una temporalidad más grande”.

Pero lo cierto también es que, en los años 90, así como las canciones de RATM sirvieron de banda sonora para toda una generación de jóvenes norteamericanos, las composiciones de los Redondos, quieran o no sus autores, le pusieron música y letra a los jóvenes marginados y desechables del sistema en tiempos de menemismo explícito. Los versos de canciones como “Todo un palo” se hicieron bandera y carne en buena parte de “los desangelados” de aquellos años: “Yo voy en trenes/ no tengo dónde ir/ Algo me late/ y no es mi corazón/ Como no sentirme así/ si ese perro sigue allí/ Que podría ser peor/ Eso no me arregla… eso no me arregla a mí”. Como también los de “Nuestro amo juega al esclavo”: “Mucha tropa riendo en las calles/ con sus muecas rotas cromadas/ Y por las carreteras valladas/ escuchás caer tus lágrimas/ Nuestro amo juega al esclavo/ de esta tierra que es una herida/ que se abre todos los días/ a pura muerte, a todo gramo… ¡Violencia es mentir!”.

Así como los temas de RATM, las canciones de la dupla Solari/Beilinson parecen haberse escrito para este presente, que reedita cierto espíritu cínico, individualista y desalmado del poder de los años 90. Seamos claros, como escribe Greene sobre el hipotético concierto regreso de RATM: no es que al presidente Javier Milei o a sus funcionarios les importaría o cambiarían el rumbo por un regreso de los Redondos. Aunque sin dudas sería movilizador para quienes resisten como pueden esta situación (al menos un “no están solos”), un guiño para toda una generación dormida ante tanto atropello, y “una señal de que este momento es más grande que cualquier conflicto interno de una banda de rock”.

Nunca fui de los que pidieron “que se vuelvan a juntar”, nunca me interesó la nostalgia por los “buenos viejos tiempos”. Disfruté y disfruto de las carreras por separado de cada uno de los integrantes de los Redondos. Pero reescribiendo el último párrafo del artículo de Greene, podría decir que “este momento particular en Argentina –un lugar fracturado, violento y cada vez más totalitario- es diferente. Si alguna vez hubo un momento para dejar de lado todas las estupideces y traer de vuelta a Patricio Rey y sus Redonditos de Ricota, aunque sea solo para unas pocas canciones en un único show, es justo ahora. Como dijo una vez un sabio: “Un último secuestro, no/ El de tu estado de ánimo, no/ Tu aliento vas a proteger/ en este día y cada día”.