Murió Horacio Malvicino, histórico guitarrista de Piazzolla, con ADN jazzístico y curiosas incursiones en el surf-rock

El músico y expresidente de AADI tenía 94 años y una notable trayectoria como intérprete y arreglador. Con el sueudónimo 'Alain Debray' vendió millones de discos

Por  HUMPHREY INZILLO

noviembre 21, 2023

Horacio Malvicino, una de las glorias del jazz y de la música popular en el Argentina

“Desde un principio comprendí que si pensaba vivir de la música no podía dedicarme exclusivamente al jazz, así que empecé a moverme mucho con orquestas de baile y también grabaciones. A mí me llamaban siempre porque era de los pocos, sino el único, que podía leer música”, le contaba Horacio Malvicino, uno de los guitarristas más eclécticos y talentosos de estas tierras, al también guitarrista Guillermo Bazzola, en una entrevista publicada por el Boletín del Jazz Club, en noviembre de 1997. El guitarrista falleció hoy, a los 94 años, y dejó una obra que atraviesa la música popular en la Argentina. El legado es amplio, y tiene mojones fundamentales, como su vínculo con Astor Piazzolla desde 1954, cuando se integró al Octeto Buenos Aires, con un sonido revolucionario que generaría una grieta en el ambiente del tango porteño en las tres décadas siguientes. Además, desarrolló una carrera dentro de AADI (Asociación Argentina de Intérpretes), y llegó a la presidencia de la entidad.

El jazz estaba en su ADN, al frente de grupos propios y tocando también con una generación de músicos brillantes como Lalo Schiffrin, Leandro “Gato” Barbieri, el Bebe Eguía, Hugo Pierre, Enrique “Mono” Villegas, el “Bicho” Casalla y Horacio “Chivo” Borraro, entre otros. Y ese fue el motivo por el cuál lo conovocó originalmente Piazzolla. “Tenía una libertad absoluta, y hacía solos en todos los temas. Claro, yo improvisaba a la manera jazzística, pero a medida que Astor fue consolidando su música, le fue dando cada vez menos espacio a la improvisación, porque quedaba despegada de su estilo tan estructurado”. 

Sin embargo, el vínculo con Astor continuó hasta fines de la década del 80. Incluyendo el paso por el Octeto electrónico de los años 70. Pero si hay una actuación que se destaca es la del Quinteto, que completaban Pablo Ziegler (piano), Fernando Suárez Paz (violín) y Héctor Console (bajo). Para Malvicino, ese fue el mejor concierto en todos sus años junto a Astor. “A veces parece como si el universo se enderezara para que todo salga impecable. Ese disco es una de las cosas más perfectas que grabamos”. Se refiere a The Central Park Concert.

Pero su eclecticismo puede rastrearse en los cientos de grabaciones que hizo, al frente de una orquesta, bajo el seudónimo de Alain Debray. “Yo trabajaba como asesor musical para la RCA, y en una oportunidad, desde Francia, nos pidieron una grabación de tango a la europea, algo for export. Los mandamos a nombre de Horacio Malvicino y su orquesta, y al tiempo nos devolvieron la grabación con el rótulo de Orquesta Champs Elysées dirigida por Alain Debray. Yo me imagino que hicieron una mezcla entre los nombres de Alain Delon y Regis Debray. La cosa es que una vez un tipo necesitaba una banda sonora para una publicidad de un combinado. Revolviendo encontró esto y le gustó. El aviso fue muy famoso, era aquel que el chico abría la tapa del combinado y adentro estaba la orquesta tocando ‘La cumparsita´. El suceso fue inmediato. Se vendieron como dos millones de copias y fue uno de los grandes éxitos de venta en la historia de RCA en la Argentina. A partir de ahí aparecieron imitadores como Santos Lipesker, que grababa a nombre de André y su Conjunto o Vincent Morocco. Era muy gracioso porque yo participé como guitarrista en muchas de esas grabaciones”, recordaba, risueño, en aquella entrevista con Bazzola.

Ese eclecticismo tuvo su eco en los años 60 con míticas grabaciones junto a The Strangers, recreaba boleros como “Frenesí” (Alberto Domínguez Borrás) en clave de surf rock. Así es la guitarra eléctrica (1968) incluye también canciones como “The Twop” (Don Wilson), “La calle donde tu vives” (A. Lerner/F. Loewe) y “Música para mirar a las chicas” (T. Velona/S. Ramin), en las que Malveta despliega su talento en una faceta no demasiado conocida de su carrera.

En 2008 publicó su libro de memorias El tano y yo (editorial Corregidor), enfocado en su vínculo con Piazzolla como excusa para recorrer su vida y sublime trayectoria.

“¿Qué es Malvicino?”, se preguntaba el periodista Jorge Jacobson en las liner notes de Brazilian Touch, el disco en el que el guitarrista, entre el jazz, la bossa y el easy listening, revisitaba clásicos de la música brasileña. “Quizás un imponderable del modernismo que discurre sobre el pentagrama toda la vivencia de una generación joven y rítmica”, explicaba. Ese álbum incluía “Divagando”, una composición del propio Malveta.