“Lo que pasa es que La Vieja estuvo en la academia de Kung Fu y aprendió a caminar sobre papel de arroz. Le sale fenómeno. A lo único que le escapó es al brasero con la marca del dragón. Les dijo: ‘No, el brasero no: yo te hago mate’. Y lo eximieron”. Eso decía Luis Alberto Spinetta en la entrevista de julio de 2001, la célebre portada de “Spinetta gordo”, que le realizó Gloria Guerrero.
“El aire se mueve un poco”, había escrito Gloria. “La Vieja, asistente y columna estructural del Planeta Spinetta, ha atravesado la habitación como un espectro, silencioso, discreto, gentil. No es muy alto ni muy joven. Tiene hombros de percha, el cuello ancho y la sonrisa apenas dibujada, como quien chupa un carozo de aceituna. Mientras desanda el trayecto, desaparece. Antes de saludar, ya se fue”.
La Vieja Barrios, asistente, amigo y confidente de Luis Alberto Spinetta desde 1979, falleció este domingo, a los 70 años, después de atravesar un cuadro complejo de salud.
“Aníbal es como la historia de mi carera. Básicamente, el ser de La Vieja está constituido en un 70% de mate, eso lo acredita como Dios, y la otra parte de su ser es Chester [por los cigarrillos Chesterfield] y Coca Cola, imaginate que mi disco se iba a llamar Chester de violencia”, describía el Flaco. Así de profundo era el vínculo entre Luis y su histórico asistente.
“Yo vengo de una familia humilde”, le contó Barrios al periodista spinettologo cordobés Jorge Kasparian. “Mi viejo era albañil y yo lo vi laburar toda su vida. Hizo su casa, la fue arreglando de a poco, yo mamé eso y me decía que cuando hiciera algo tratara de hacerlo bien, y a eso lo lográs con voluntad. Los comienzos fueron allá por los setenta. Fui plomo del grupo Sátrapa y después de César ‘Banana’ Pueyrredón… Para mí era algo lindo, me gustaba. Antes de empezar por la música me juntaba con un amigo que vivía enfrente a mi casa y escuchábamos a Spinetta, Los Beatles, Deep Purple, Zeppelin, la música de aquel momento. Entonces cuando empiezo a laburar con estos músicos, para mí era algo impresionante, algo bárbaro, me gustaba mucho aunque no tenía nada que ver con un trabajo en que cumplís tus ocho horas y te volvés a tu casa, te dormís, descansás, una vida normal, digamos”.
El testimonio forma parte de la entrevista que Kasparian publicó en su libro Luisito. 30 entrevistas al universo spinetteano (Vademecum). Allí, Barrios también recordó el encuentro inicial con quien sería su jefe, amigo y confidente, durante más de tres décadas. “Lo conocí a Luis gracias al Toro Martínez [baterista de César ‘Banana’ Pueyrredón], que fue quien me lo presentó. Era la época que yo trabajaba con el Toro, que es un par de años más grande que yo. Un día me dice ‘Vení, vamos al centro, vamos a ver a mis viejos’. El papá del Toro era dentista. Fuimos a la casa, estuvimos con la mamá y el papá y de ahí nos fuimos a comer a Pippo, caminando. Antes de llegar a Pippo el Toro me dice ‘Mirá quién viene ahí, Juan Alberto Badía’. Yo lo conocía de escucharlo en la radio, Flecha juventud creo que se llamaba el programa. Lo recordaba especialmente durante los días previos al recital de Joe Cocker. Yo estaba haciendo la colimba y lo escuchaba a Badía y una noche anunció que Joe Cocker iria a su programa en Radio del Plata. Como yo no tenía destino en la colimba, cada dia cuando terminaba mi tarea me volvía a mi casa, y el día que lo anunció Badía me fui a verlo a Cocker a la radio. Me fascinaba. Pero bueno, aquel día primero nos encontramos con Badía y luego, cuando ya estábamos sentados en Pippo, el Toro me dice ‘Mirá quién entra’. Y era Luis. El Toro me presentó y yo no lo podía creer. Al otro día le conté a un amigo mío que era fanático del Flaco y no lo podía creer. A partir de ahí me lo cruce varias veces, ya que en esa época en los carnavales tocaban todos juntos, los tangueros, los rockeros, los melódicos, Katunga, laburaban todos. Después de varios encuentros, Luis me dijo que fuera a laburar con él. A mí me daba vergüenza, pero al final fui”.
Para entender el nivel de amistad y el rango que ocupaba La Vieja en el universo spinetteano, vale la pena recordar esta anécdota de 1997, cuando viajaron a Miami para grabar el unplugged para MTV. “Pasó que éramos como una comitiva de veinte o treinta personas entre músicos, técnicos, amigos, etc. Fueron pasando todos sin problemas por migraciones y a mí me empezaron a hacer preguntas. Yo no entiendo nada de inglés y parece que no daba el perfil de turista gringo. Qué se yo. El tema es que mientras todos estaban esperando que a mí me dejaran pasar, Luis dijo ‘Si a La Vieja no la dejan pasar nos volvemos todos en el próximo avión’. Y todos sabían que iba a cumplir con su palabra. Al final me tuvieron un rato más y me dejaron pasar. Aquello fue una demostración de amistad a muerte de Luis”, evocó en la misma charla con Kasparian.
Al final de ese concierto, hay un abrazo inolvidable. “Yo no quería subir al escenario pero me miró de tal modo que saqué fuerzas y me subí”, explicó La Vieja. “Y bueno, nuestra relación era así. Yo era el único que lo podía llamar a cualquier hora y estaba todo bien. Una cosa muy simple: él sabía perfectamente quién era el que le tocaba el timbre, ya sea que estuviera comiendo, durmiendo una siesta o componiendo. Y no le abría a cual-quiera. Cuando yo llegaba le hacía un silbido y él me abría, pasara lo que pasara, teníamos una conexión especial, por eso estuvimos tantos años juntos”.


