La canción “Anda”, del disco de Melingo con el mismo título, siempre sonó a epílogo y a reflexión retrospectiva. Aunque editado en 2016, el tema es un soundtrack adecuado para el presente de su autor e intérprete. Porque Melingo, que ha hecho una carrera del movimiento constante, se encuentra en una novedosa etapa de autorevisión. Después de una serie de conciertos (“Encuentros maximalistas”) con colaboradores y repertorio de distintas etapas (de Los Twist a los Abuelos de la Nada, de Lions in Love a su extendida faceta tanguera), en los últimos meses comenzó a lanzar adelantos de lo que será una película y un disco, con nuevas versiones de su repertorio. Ya dio a conocer relecturas de “Pesar”, con Pity Álvarez; “Narigón”, con Pablo Lezcano, y, esta semana, “Anda”, justamente, con la cantante francesa Ryukin. Todas ellas y muchas otras integrarán un disco y un documental, que el propio Melingo dirige por estos días de verano porteño.
“Me encanta Buenos Aires en enero –cuenta Melingo sobre la actividad estival-. Más cuando estás de un lado para el otro, ¿viste? Yo estuve el año pasado cuatro meses de gira en Europa y no veía la hora de llegar a Buenos Aires y quedarme acá un poquito, porque ya en marzo parte de nuevo a Europa. Y ahora, en julio, abrimos a África: Egipto y Marruecos, además de Turquía y Grecia”.
¿En qué tipo de circuito tocás en esos países?
Muchos festivales de World Music y también festivales de cine. Y ahora, como saqué una línea de vinos con un socio en Mendoza, estoy haciendo una saga de festivales de música y vinos. Estoy muy contento con el vino y con la peli que venimos haciendo hace más de un año ya. Aprovecho los viajes para ir acopiando material con artistas de diferentes lugares, como Ryukin y Clara María, dos chicas con las que filmamos en París.
¿En qué consiste el documental?
Se llama Tangos bajos porque me parece un título acertado, aunque no todas las canciones son de ese disco mío. Es un documental con dos líneas narrativas: los artistas que interpretan mis canciones y el relato de la evolución del tango desde 1860 hasta nuestros días. Sobre todo, el origen afro y cómo se fue formando del tango como hoy lo conocemos, que es lo que menos se sabe, ¿no? Lo voy contando con mi voz en off y con testimonios de historiadores, como Felipe Piña, cineastas como Lucrecia Martel y Luis Ortega, periodistas especializados, escritores. Ya estamos ahí, haciendo el primer corte de la peli. Se va a entrenar en marzo de 2026.
Y mientras tanto vas adelantando singles y videos, con un concepto de lanzamiento musical…
Claro, en septiembre sacamos el tema con Pity [Álvarez], después el de Pablo Lescano, y ahora las dos chicas. Vamos a seguir con Andrés Calamaro, Fito Páez, Juli Laso, Vicentico, el Tata Cedrón y varios artistas de la escena urbana, como Dillom y El Doctor. Me parece fantástico El Doctor, un personaje entrañable y muy original.
¿Ya grabaron con Cedrón?
Sí, sí, “Piove en San Telmo”, con letra de Luis Alposta. Hicimos un mano a mano, el Tata y yo, y quedó muy lindo, muy lindo. También sumamos testimonios de los artistas. Hay algunos que hablan lindo, ¿viste? Sobre todo el Tata, que cuenta tantas historias.

¿Fue el primer encuentro con el Tata o ya se conocían?
Sabíamos quiénes éramos, claro, en París [Cedrón vivió muchos años en París, donde Melingo toca regularmente hace décadas] y nos encontramos acá. Un día me llamó él. Y me asombró, la verdad que me dio una gran sorpresa. Me dice: “Nos tenemos que encontrar, nos tenemos que conocer porque tenemos muchos puntos en común”. Claro, no solo Alposta, que hace letras con él y también conmigo, sino que el Tata era muy amigo de Miguel Abuelo, teníamos la misma la misma profesora de canto, fuimos muy amigos los dos de Jaime Torres. Muchos puntos en común y, bueno, nos hicimos íntimos de unos meses para acá. Un año hace que nos conocimos. Una amistad muy linda, la verdad que estoy muy contento.
En una entrevista anterior con Rolling Stone decías que, a pesar de esa cercanía artística y personal, no se conocían. Incluso comentaste que mucha gente te lo hacía notar como algo curioso…
Se dio, se dio, y el que rompió el hielo fue él. Yo tenía como demasiado respeto con el Tata, no me animaba a llamarlo. Y se mandó él un día. Me llamó directamente por teléfono, a la antigua. Levanto el teléfono y digo: “¿Quién es?”. “Juan”, me dice. “¿Qué Juan?”, le digo. “¡El Tata!”. Qué grande… Me pasó lo mismo con Moris. Me llamó un día y me dijo: “¿Qué podemos hacer, Melingo, con estas voces?” [risas]. Y la verdad que me dio una alegría enorme, ¿viste? También a él yo lo tengo muy en consideración, me parece un gran artista.
¿Y con los artistas franceses, cómo es la conexión?
Tengo a estas dos chicas francesas, Clara María y Ryuken: también a Juliette, que es la última cantautora de la chanson francesa, con la que participamos en muchos eventos juntos, y a Philip Cohen Solar, de Gotan Project. También a [el alemán de ascendencia italiana] Vinicio Capossela. Estoy muy contento porque [el proyecto] es muy diverso, con artistas muy transversales.
¿Cómo elegiste las canciones?
Es que las eligieron los artistas, yo no le impongo ninguna canción a nadie. Por eso hay incluso algunas repetidas. Es curioso lo que se crea a partir de una misma canción interpretada por uno y por otro.
¿Qué te pasa cuando escuchás otras reinterpretaciones de ideas que tuviste hace tiempo?
Bueno, la fascinación… Siempre estamos detrás de eso: de fascinarnos con una obra nueva, que en este caso es una obra que uno ha hecho hace tiempo y que se va resignificando. Como autor me siento muy, muy halagado con todas estas versiones de grandes artistas, que hicieron con todo el corazón y con una intención netamente cultural, o sea más allá de la industria, ¿no? Porque este es un trabajo casi etnomusical, te digo. En el documental estamos raspando fibras muy interesantes.
Entre este proyecto de versiones de tus temas y las reversiones de clásicos de Los Abuelos que hizo Cachorro López, donde vos participaste, parece ser un momento de bastante mirada retrospectiva para vos.
Sí, mirá, desde que hice la Ópera del Linyera, en 2022, empecé con una mirada bastante retrospectiva, cosa que yo no suelo hacer. Pero hoy me parece interesante hacer una revisión después de tantos años, de tanta obra. Resignificar y hacer un repaso de tanta música. Es una manera de pasar revista sobre la propia obra. Así que este año también voy a estar encima de esto, hasta el lanzamiento del documental y del álbum. Tal vez el año próximo sea para pensar en algo nuevo, original, porque mi último álbum de estudio fue Oasis, de 2020. Me parece que me debía esta labor, la retrospectiva que nunca había hecho.
Además de toda esa obra publicada, debés tener bastante inédito…
Sí, porque mis ediciones son independientes, así que soy dueño de los masters. Entonces, qué quiero decir con esto: tengo todos los proyectos y los puedo abrir cuando quiera, sobre todo para esta cuestión retrospectiva. Y en cuanto a grabaciones inéditas, también las tengo. Hay mucho material que va quedando fuera de los álbumes. Yo trabajo con equipo con Juan Ravioli y Muhammad Habbibi Guerra, coproductores míos desde hace más de diez años, y tenemos un archivo enorme con todo lo que se te pueda ocurrir.

Y para la parte cinematográfica, ¿en quiénes te apoyás?
Mis queridos amigos directores de cine, como Luis Ortega y Lucrecia Martel, están muy cerca. Luis siempre colabora y asesora en la parte fílmica-visual. En muchas oportunidades viene para la puesta de cámaras. Me orienta muchísimo, somos muy amigos y realmente estamos cerca en la pulsación artística. Además, trabajo en los guiones con Rodolfo Palacios, que a su vez trabaja con Luis.
Los tiempos del cine son mucho más largos que los de la producción musical. ¿Cómo manejás la ansiedad?
Mirá, aprendí. Hay que tener mucha paciencia. Te nombré a Luis Ortega porque él también es un gran cantautor. Yo le produje un par de álbumes. Hacemos un intercambio, digamos, de conocimientos. Eso me ayuda muchísimo. Además, pude formar un equipo cinematográfico, en el que el más neófito soy yo: Estanislao Buisel, Martín Colo Fisner… Y mi asistente personal y asistente de dirección y producción, que es mi hijo Félix, que está estudiando cine. Así que estoy muy bien rodeado, con gente con la que tenemos mucha amistad y cariño. Y eso lo reflejamos en la película, ¿no? Ese intercambio humano que hay en un estudio de grabación se da también en otros oficios del arte. Siempre la amistad y el compañerismo ayudan y le dan un valor agregado a la obra. Yo me baso bastante en eso.


