Masters of Rock: Kiss escupe fuego a sus fantasmas y Scorpions aún rockea como un huracán

Dos de los números fuertes del festival en el Parque de la Ciudad porteño sonaron a la altura de las expectativas de sus fans, a pesar del tiempo

Por  SEBASTIÁN CHAVES

abril 29, 2023

Kiss, en el Masters of Rock 2023

SANTIAGO GALLO BLUGUERMAN

Los inflables con textura de estatua miran hacia el norte. Gene Simmons y Eric Singer a la izquierda del escenario, Paul Stanley y Tommy Thayer del otro lado. Por sus tamaños podrían desafiar las viejas atracciones del Parque de la Ciudad de Buenos Aires, que aún se mantienen en pie en ese sector: una montaña rusa, la Torre Espacial y el Scorpion, esa estructura de casi 20 metros de alto y 40 de ancho en forma de T, que en sus extremos horizontales parece desplegar doce garras de cada lado.

Foto: SANTIAGO GALLO BLUGUERMAN @gallo_rockpix

Entre medio, el público del festival Masters of Rock. Grandes y chicos con las caras pintadas. Predominan las estrellas negras con base blanca de Starchild y algunos más arriesgados y con ganas de entrenar la motricidad fina se animaron al Demon, algunos menos a The Catman y The Spaceman. La Kiss Army está dispuesta a ser primera línea en un hipotético combate como aquel de la pantalla grande en la película estrenada en Argentina como Kiss contra los fantasmas (el título original era Kiss Meets The Phantom of the Park, “Kiss se enfrenta al Fantasma del parque”). Y, claro, la transcurría en un parque de diversiones embrujado por el propio creador.

Pasaron 45 años de aquella película y 50 desde la formación de Kiss. Los fantasmas, en este tiempo, han sido varios, pero el principal, a esta altura parece ser el fantasma de ellos mismos. ¿Cómo no volverse una autoparodia? ¿Cómo hacen dos personas de más de 70 años para sostener (o reinventar) un verosímil con las caras pintadas, ropa como armaduras del espacio, botas con plataformas, fuego que sale de sus bocas y una parafernalia que de tan cristalizada solo puede verse como una comedia? La respuesta pareció ser, a ambos lados del escenario, entregarse a la fantasía y reconectar con la inocencia preadolescente.

Foto: SANTIAGO GALLO BLUGUERMAN @gallo_rockpix

Ahora bien, para que esa fantasía no se convierta en un espectáculo bizarro, no se deben ver los hilos. Y así se lo propuso Kiss el viernes 28 de abril en el Parque de la Ciudad. “¿Querían lo mejor? Acá tienen lo mejor”, dijo la clásica voz en off que suena mientras el telón negro con el nombre de la banda cae. Paul Stanley, Gene Simmons y Tommy Thayer bajaron cada uno desde una plataforma mientras ya tocaban “Detroit Rock City” entre un despliegue de fuego, pirotecnia y explosiones que coincidían con el bombo de la batería. “Shout It Out Loud” desplegó láseres que rebotaban contra las estructuras del parque y la primera estrofa sonaba a invitación a la entrega: “Bueno, la noche empezó y querés algo de diversión/ Creés que la ibas a encontrar? / Tenés que tratarte a vos mismo como el número uno“.

Y Kiss sonó, efectivamente, como si aún fuesen los número uno. Sólidos en la ejecución y en la ecualización, ni las voces ni la performance parecían dar cuenta del paso del tiempo. “Esta noche es de nosotros para ustedes, Buenos Aires”, dijo Paul Stanley en la que sería la primera de varias interacciones con el público, casi siempre comandadas por él.

Foto: SANTIAGO GALLO BLUGUERMAN @gallo_rockpix

La seguidilla de clásicos se mantuvo hasta el final, como prueba de que el tour “despedida”, un adiós tan extendido que nadie termina por creérselo de verdad, sigue su curso. “Deuce”, “Heaven’s On Fire”, “Cold Gin”, Lick it Up” y “Calling Dr. Love” dominaron la primera mitad. También allí Gene Simmons tuvo su momento de gloria escupiendo algún combustible que hizo expandir la llamarada que salía de la espada que sostenía en sus manos. Y para el final, “Psycho Circus” (tal vez el último gran clásico del grupo, y que ya tiene 25 años), “I Was Made For Lovin’ You” y “Rock and Roll All Nite” como obligado bis.

Debajo del escenario, la imagen se repetía tanto en el campo vip como en el campo trasero, a quienes ni siquiera se les dio el beneficio de una pantalla cercana. Padres e hijos (¿tal vez nietos?) entregados a una fantasía de dos horas. En donde todo es tan real como la imaginación de cada uno lo desea. Los fantasmas de la seriedad fueron derrotados.

Foto: SANTIAGO GALLO BLUGUERMAN @gallo_rockpix

El festival en cuestión no es el Monsters of Rock sino el Masters of Rock, un pequeño juego de palabras que aplica para la performance de Scorpions. Sin poder esconder el paso del tiempo en los maquillajes y disfraces como Kiss, los alemanes ya tienen más de maestros que de monstruos. El sonido del grupo, a la altura de su historia, no se condice con el deterioro físico de sus integrantes. Con su movilidad limitada, Klaus Meine se bancó los agudos de “Still Lovin’ You” y los embates de “Rock You Like a Hurricane” y “Big City Nights” con garganta y oficio, mientras sus compañeros de banda parecían estar dando una clínica de cómo debe sonar (y vestirse) una banda de hard-rock. Hubo guitarras echando humo, solo de batería, riffs y virtuosismo. Y el set incluyó, claro, una versión de “Wind of Change” para celulares en alto.

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