Los Guarros: “En el comienzo fuimos a buscar a Luca Prodan para que fuese nuestro cantante”

La banda liderada por Javier Calamaro y el Gitano Herrera vuelve al ruedo y se presentará este fin de semana, a 30 años de su último álbum de estudio

Por  SEBASTIÁN RAMOS

septiembre 1, 2026

Pampas lisérgicas, el último álbum de estudio con canciones originales de Los Guarros, cumple treinta años y la banda que lideraron Javier Calamaro y el Daniel “Gitano” Herrera entre 1988 y 1996 vuelve para celebrar el aniversario con un show este sábado 5, en The Roxy Live. “Estamos con ganas de reinsertar a la banda otra vez de manera más seria. Hace diez años nos reunimos y venimos haciendo shows esporádicos, pero ahora queremos ir un poco más allá. De hecho, estamos grabando un disco, pero no me dejan decir mucho de eso”, cuenta el Gitano, guitarrista estrella radicado en Estados Unidos desde hace la misma cantidad de años de aquella última grabación del grupo (en rigor, en 2017 editaron 7, un disco con versiones de sus viejos éxitos y apenas un par de temas inéditos).

“Me sentía defraudado por la compañía discográfica, por cómo nos trataban y por cómo habían tratado a Pampas lisérgicas, que es mi disco favorito de Los Guarros, en todo sentido. Me acuerdo de que nos llamaron para una reunión con el director artístico de la compañía y el tipo nos dijo que las letras no iban a pegar, que no sé qué de los estribillos. Yo ahí le dije: ‘Man, parece que la tenés reclara, por qué no te armás una banda y me dejás con la mía tranquilo’. Ahí, literalmente, me levanté y me saqué un pasaje a Miami y me fui”, dice apenas unas horas antes de tomarse, ahora, un avión en sentido contrario: Miami-Buenos Aires.

En estas tres décadas, el Gitano vivíó en Miami, en Los Ángeles, en Nueva York y en Nashville. “Tuve bandas, y todavía tengo proyectdos, en todas las ciudades”, asegura el guitarrista. “Ahora voy para tocar con Los Guarros, pero después me vuelvo para tocar con un pibe que es buenísimo, Taylor McCall. Tiene veintipico de años, hace una cosa medio americana, country, oscuro y Robert Plant lo escuchó y se lo llevó como telonero en sus últimas giras europeas. Escribo bastante con él y toca que es un animal”.

A la distancia, el Gitano hoy rescata aquella escena rockera de fines de los años 80, que llegaba para sumar nuevos sonidos al clásico rock argentino de los pioneros. “Desde fines de los 80 hasta la mitad de los 90 tenías una diversidad de bandas impresionantes, de cualquier estilo: Los Pericos, Ratones Paranoicos, Rata Blanca, los Cadillacs, Los Guarros. Fue una época extremadamente creativa para la música en Argentina”, asegura quien por aquel entonces, antes de formar Los Guarros, llegó a reemplazar a Gamexane ocasionalmente en los primeros pasos de Todos Tus Muertos (“en esa época vivía en un departamento con Félix –Gutiérrez-, el bajista”).

En esos días de ebullición de la escena local, Javier Calamaro y el Gitano construyeron los cimientos de Los Guarros. “A Javier lo conocí en la casa de una amiga. Yo era chico, tendría 23 años, y era bastante liero y medio que me habían rajado de mi casa y el que me rescató un día fue el grandísimo Miguel Zavaleta (N.d.R.: la charla con el guitarrista fue dos días antes de la muerte del líder de Sueter), que sin conocerme mucho me ofreció su casa para que viviera con él, en Puente Saavedra. Entonces nos conocimos con Javier y charlamos toda la noche y él se ofreció a llevarme con su auto a lo de Miguel. Ahí le mandé una sanata de lo que veía, mi visión de lo que quería hacer, y él me dijo que le gustaba la idea, pero todavía estaba con El Corte y con Frapé. Poco tiempo después, dejó las dos bandas y me llamó. Él tenía un demo con tres canciones: ‘Vamos a rezar”, ‘Para bendecirte’ y otra más. Me encantaron y les faltaban las violas, que era lo que yo quería traer”.

¿Y cuál era la visión de la música que tenías para Los Guarros?

En esa época estaba muy copado con P.I.L., la banda de John Lydon. Yo quería armar un grupo que tuviera todo muy fuerte, con las violas al frente y la escritura de Javier, que era bastante punk, sobretodo en esa época. Porque un tema como “Vamos a rezar”, para 1988, era fuerte. Veníamos de lugares muy distintos, pero creo que nos encontrábamos en el medio y el resultado fue buenísimo. Mirando para atrás, me parece que no fue una buena decisión artística cuando nos fuimos demasiado al rock, dejando los otros elementos afuera.

Perdieron la cosa más latina y de percusión, ¿no?

Claro, y aparte de la percusión, también estaba el sonido de brasses, que en esa época eran sampleados. Estábamos recopados con James Brown y la banda tenía mucho swing y las violas bien al frente. Yo toqué en Nashville, en 2009, con un tipo llamado Hugh Mitchell y uno de los violeros, Leroy Powell, que venía de tocar con Kid Rock. Un día le mostré Prostitución y vagancia, el primer disco de Los Guarros y le llamó la atención la primera canción, que es medio un rap, y me preguntó cuándo la habíamos grabado. “En 1988”, le conté. Entonces se rio y me dijo: “Kid Rock siempre dice que inventó el rap-rock, pero no, fueron ustedes”.

Tiempo atrás, Javier Calamaro contó que en un momento fueron a buscar a Luca Prodan para convencerlo de que fuese el cantante de Los Guarros, ¿cómo fue eso?

Sí, estábamos recién grabando los demos de la banda y Javier no quería ser el cantante. Él fue el que insistió: ‘El cantante tiene que ser Luca’. Y un día fuimos a su casa, en San Telmo, y le mostramos unos demos, poco antes de su muerte. A Luca le encantó, pero bueno, después pasó lo que pasó. Él era “el” guarro, ja… Me acuerdo de que en un momento nos dijo: “Voy a hacer las compras y vuelvo”. Y me mostró un papel con la lista del supermercado: “1 leche, 1 yogur, 3 ginebras”, ja, ja, ja… Después también probamos con Juanse. Yo ya lo conocía, porque a veces tocaba con una banda que se llamaba La Tribu de los Cristianos, medio dark, y habíamos tocado un par de fechas con los Ratones en Cemento. Vino, cantó y estaba buenísimo, a mí me encantaban los temas que teníamos con su voz.

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