Lanzan ‘Lo único importante’, el libro que retrata la historia de Memphis La Blusera

De los sótanos y las sociedades de Fomento a los teatro de la calle Corrientes y el programa de Tinelli, el curioso derrotero del grupo más emblemático del blues porteño

Por  HUMPHREY INZILLO

marzo 6, 2026

ARCHIVO LN

“Fuimos los primeros en llevar las hinchadas de fútbol a los recitales. Las putas, los putos, drogadictos, vendedores de droga, marginales, y alguno que venía a escuchar música. Me acuerdo que se decía: ´no, a ver a Memphis no, que ahí hay quilombo siempre´”, le contaba Adrían Otero a Pablo Plotkin, en una entrevista de 1999 para el diario Página 12. Esa frase del cantante y letrista, refleja la reputación que el grupo se había armado después de batallar el under por más de tres lustros. Pubs, cabarets y sociedades de fomento son solo algunos de los sitios por los que transitó el grupo en su etapa seminal.   

Emblema del blues porteño, fueron pioneros de rock barrial, esa etiqueta que, a partir de los años años 90, definió una estética en la escena argentina. “Podemos afirmar que Memphis La Blusera nació en Floresta, se desarrolló en La Paternal y le escribió a Mataderos”, sostiene el periodista Guillermo Blanco Alvarado, autor de Lo único importante. La fantástica historia de Memphis La Blusera, el libro que lanzó la editorial El Bien del Sauce, y que se presenta el próximo 18 de marzo, a las 18, en la Biblioteca Nacional. 

“Por su música, por el estilo de la banda desde siempre, por el aguante de quienes los seguían a todas partes, por el peso de la raíz y por la esencia que lograron sostener con cualquier formación, el barrio fue la marca registrada del grupo, su estandarte”, explica el autor.   

A modo de introducción, el autor sostiene: “La muerte de Adrián Otero tuvo una dosis de crueldad: para su familia, para sus seguidores, para los que de una u otra manera lo admirábamos. En un accidente de auto cuando se dirigía a Córdoba, el lugar donde estaba radicándose junto a su nueva pareja, y que había elegido como su refugio, después de muchos años de vorágine. Ocurrió solo un par de días después de haber terminado su segundo disco solista, post Memphis La Blusera, que ya tenía título, El Jinete del Blues y al que solo le faltaban detalles para ver la luz. (…) Semanas después del accidente, pensé por primera vez que alguien tenía que escribir un libro sobre Memphis La Blusera. Me llevó diez años tomar la decisión de hacerlo yo mismo”.
El trabajo no solo retrata la escena del blues en Buenos Aires (un complemento al notable Bien al sur. Historia del blues en la argentina que Gabriel Grätzer y Martín Sassone en 2015), sino que hecha luz en la historia de todos los integrantes de las diversas formaciones del grupo, con data que será valorada por los fans. 

La tríada principal del grupo era Eduardo “el Ruso” Beiserman, bajista y coautor de la mayoría de las canciones con Adrián Otero, y Emilio Villanueva, apodado “el Saxo de La Paternal”. De Emilio, por ejemplo, sabremos que, curiosamente, llegó a su intstrumento a través de un trompetista, el gran Louis Armstrong. “Me gustaban mucho esos blues de Nueva Orleans”, le contó al autor. “Luego empecé a escruchar a Coleman Hawkins, Lester Young, Ben Webster y a J.T. Brown, saxofonista de Elmore James”.
Sabremos, también, de esa colección de discos de 78 rpm de jazz y tango, y del modo que escuchaba, sin solución de continuidad, a la big band de Count Basie y a las orquestas de Troilo y Pugliese. Y que fue tipógrafo en la Imprenta del Congreso desde 1973 hasta su muerte, en 2012. Fanático de Argentinos Juniors, cuenta su hija, Sabrina: “Cuando murió, tiramos sus cenizas en la cancha, como él quería”.
Uno de los grandes hallazgos del libro es una foto del día del debut del grupo, en mayo de 1978, en el sótano del club Unione e Benevolenza, en el centro porteño, todavía sin Adrián Otero en la formación. 

Para entender la quintaesencia del grupo, este recuerdo del guitarrista Rano Sarbach, de una de las primeras giras del grupo. “Cuando volvíamos de El Bolsón, en el Cañadón de la Mosca, subiendo una colina, el colectivo se descompuso, se paró y nos quedamos todos mirando para arriba como astronautas. Lo vi a Emilio con cara aburrida, casi enojado, le pregunté qué le pasaba y me dijo: ‘No se que hago acá, yo daría mi vida por estar en Corrientes y Callao y caminar hasta el obelisco dos veces ida y vuelta’. Más porteño no había, porteño y de barrio, lo que te muestra la personalidad de Emilio, y de todos ellos”.

El minucioso trabajo Blanco Alvarado incluye más de 100 entrevistas, entre ellas con los casi 30 músicos que pasaron oficialmente por la banda, familiares, amigos, seguidores, periodistas y técnicos. Refleja luces y sombras, virtudes y contradicciones del grupo: “Crónicas de blues, boogie woogie y rock and roll, pero también de tango y jazz, relatos de moscato, pizza y fainá, de éxitos y fracasos, de vino tinto y cocaína, de una imagen de anti-modernos que no transan y de tocar para Marcelo Tinelli y Susana Giménez, de convicciones y contradicciones, de tocar con Taj Mahal y también con Valeria Lynch, de peleas y juicios, de originalidad y algunas (pocas) influencias dudosas, de triunfos y tragedias”, sintetiza el autor.

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