Hatsune Miku tiene más de cien mil canciones a su nombre, su propio manga, un festival con más de diez años de existencia y miles de fans en todo el mundo. Pero Hatsune Miku no existe, es una invención de la compañía Crypton Future Media y su software Vocaloid. Saramalacara sí existe y es la primera música argentina en hacer un feat con su colega virtual. El resultado es la canción “10percs”, que ya superó un millón de reproducciones en YouTube.
Hatsune Miku es el más popular de los avatares que grafican los diferentes tonos vocales del software, pero su popularidad creció tanto que su fandom compone canciones y se las adjudica a ella. Aunque no utiliza exactamente esa tecnología, es precursora en varios aspectos de la relación entre música e IA, como la creación de intérpretes inmateriales y la posibilidad de inventar una obra colectiva desde cualquier habitación del planeta.
“Vocaloid siempre me gustó mucho, desde la infancia. Escuchaba a Miku y me parecía un sueño tenerla en mi álbum. Saramalacara es, de hecho, un proyecto que surgió de internet, por lo cual fue perfecto imaginar un feat de ese mismo contexto”, explica la cantante argentina sobre esta colaboración para su álbum Heráldica.
Sin embargo, el uso de IA en la música no siempre es saludado con alegría. Más bien ha encendido las alarmas de la industria en los últimos años, al son de las obras apócrifas de artistas famosos que se multiplican por redes y plataformas. Uno de los casos más resonantes fue el que, a primera vista, parecía ser uno de los feats más interesantes de 2023: la canción “Heart on my Sleeve”, que supuestamente reunía a Drake y The Weeknd, que se viralizó por TikTok, pero que no era más que un logrado trabajo hecho con IA generativa por el usuario Ghostwriter977. Universal, sello de ambos músicos, ya estaba al tanto de estos falsos lanzamientos, como hacía poco había sucedido el evidentemente apócrifo cover de “Thriller” hecho por Freddie Mercury y el de Beyoncé hecho por Rihanna, que hizo estallar las redes.
Todos estos tracks y muchos más podrían haberse adjudicado a un nombre de fantasía y dejar a criterio de los oyentes hasta qué punto evocaban a artistas de dominio público. Pero al ser firmados por figuras existentes (y tremendamente famosas), el cóctel pasó a jugar al borde de la publicidad engañosa. Más allá del juego musical, se trata en algunos casos de contenidos que acumulan grandes cantidades de reproducciones y disparan ganancias concretas. Es decir que hay terceros que lucra con dos marcas de primera línea y con un producto que es falso o por lo menos engañoso. Algo parecido a lo que le ocurrió a Tom Waits en 1988, cuando debió batallar legalmente contra una empresa de snacks por usar un imitador suyo en una publicidad. La justicia le dio la razón: habían ultrajado su voz e identidad artística.
¿Cómo es que la IA logra imitar a artistas de manera tan fiel? Ahí se encuentra otro problema: gran parte los algoritmos de los softwares generativos están siendo alimentados por toda clase de obras protegidas por copyright. La situación plantea un futuro que muchos ven desesperante. La IA generativa abrió la puerta a la posibilidad de pintar universos paralelos en los que cualquier artista podría interactuar con otro, sin importar siquiera que sean coetáneos: no es inimaginable encontrar pronto falsos bootlegs de Kurt Cobain en dueto con Leadbelly.
Una reciente modificación de la ley británica impulsó la protesta de un amplio grupo de músicos. El nuevo cambio permite a las IA absorber material con copyright para alimentar su algoritmo sin ningún tipo de licencia, mientras que los artistas sólo pueden protegerse negándose a esto de manera explícita. Es decir, deben expresar formalmente su rechazo a que se use su música registrada sin consentimiento, control del resultado ni compensación económica.
Cerca de mil músicos británicos, entre los que se encuentran nombres de la talla de Kate Bush, Damon Albarn, Cat Stevens y Annie Lennox, se congregaron para combatir esta práctica draconiana y crearon el disco titulado Is This What We Want?, compuesto por doce tracks de sonidos ambientales: desde ruidos domésticos hasta pasos lejanos. El listado de las canciones es una sucesión de palabras que conforma la declaración “The British government must not legalise music theft to benefit of ai companies” (El gobierno británico no debe legalizar el robo de música para beneficiar a las compañías de inteligencia artificial).
Machine Music IA es un canal de YouTube argentino en el que su creador, Pablo Araujo, sube canciones apócrifas. “Un día mientras cantaba la publicidad de Marolio, me pregunté si los artistas famosos también se encontrarían tarareando jingles pegadizos en su día a día. Así fue como imaginé a Spinetta cantando esa canción, y a partir de esa lógica empecé a crear más escenarios: desde Spinetta como vendedor de trenes hasta Iorio haciendo metal para chicos, imaginando cómo sería si le cantara a un nieto”.
Muchas de las canciones evidencian su carácter de meme, pero muchas otras si hubiesen surgido diez años atrás se podrían haber filtrado tranquilamente como bootlegs reales sin lugar a dudas. Para sus creaciones Pablo usa los programas estándar de IA generativa de audio, como Replay, Suno y Udio, y también Moises, que sirve para aislar pistas, mezclados con programas tradicionales y gratuitos como Audacity.
En una línea similar se encuentra el sello estadounidense Temple of the Acid Fist, dedicado a crear la Muzak del futuro: música funcional adjudicada a bandas de “world music” que no existen. En el canal de Youtube podés escuchar un disco entero de una banda apócrifa de África del norte con influencia de surf y cumbia psicodélica, con artes de tapa incluidos que si no fuese por la aclaración de que la obra es “fake”, darían a la confusión de que se trata de una gema perdida y recuperada por sellos como Soul Jazz. Algunos de sus discos se han convertido en un éxito, y los oyentes le piden que los suba a las plataformas típicas como Spotify o Tidal, e incluso que haga prensajes en vinilo, pero no está en sus planes por el momento.
Su fundador, Zach, en un principio estaba en contra de la IA en medios creativos. En 2022 estaba terminando un posgrado en comunicación técnica y veía a la IA como una amenaza, pero admite haberse equivocado: crear con IA exige un gran esfuerzo creativo, como le demostró el uso de Suno, uno de los programas más populares. El software basa la generación musical en entradas de texto que se tienen que ir precisando para llegar a lo que uno busca.
Suno no permite utilizar grabaciones de otros artistas para generar música con un estilo concreto, sino que se entrena con conjuntos de datos con licencia para entender estructuras musicales. “Una indicación genérica produce una pista genérica; es muy obvio cuando algo se ha hecho con el mínimo esfuerzo. Empecé con indicaciones sencillas, pero con el tiempo aprendí a dar instrucciones a la IA sobre aspectos específicos como el tempo, la instrumentación, el género, la época, los efectos, el estilo vocal, la melodía y la letra”, explica Zach.
Para él, la IA es otra parte de las herramientas a disposición del artista, como los sintetizadores, las máquinas de ritmos y los mixers. Una posibilidad al futuro es que se tenga que eventualmente hacer un “clearance” sobre los artistas utilizados, como sucede con los samples. En los inicios del hip-hop los productores y DJ utilizaban fragmentos de otros artistas sin pagar ningún tipo de regalía, con el correr del tiempo esa práctica fue ilegalizada y se tuvo que hacer un listado de los samples usados en cada disco para pagar a sus respectivos artistas. El grupo experimental Negativland fue llevado a los juzgados por Island Records debido al disco U2 EP. La banda explicó que el uso de samples no es plagio, ellos estaban descontextualizando un fragmento de una obra original para crear una nueva, donde la original no es presentada como tal, sino como un recurso. Esto fue escudado en la figura del “Fair use” que permite el uso de un original sin permiso de su autor.
Sobre la IA Saramalacara resume: “La IA es creada por humanos, por ende es como cualquier herramienta para hacer música. Asustarse de ella es como tenerle miedo a un sintetizador, a una inspiración nueva y el futuro cercano de cada día. En cuanto a su uso indiscriminado, me gusta pensar que la IA es lo más cercano que tenemos a la voz de las máquinas. Su presencia será un híbrido al que tendremos que acostumbrarnos y diferenciar como una distinta forma de arte, quizás como un puente para colaborar de forma más directa con internet”.


