Ganó un Oscar a Mejor Actriz y protagonizó la película más recaudadora de todos los tiempos al momento de su estreno (Titanic, el clásico que James Cameron estrenó en 1997). Como si eso fuese poca cosa, ahora, en 2025, Kate Winslet suma dos hitos a su palmarés: debutó como directora de cine, y demostró ser la madre de dos jóvenes que portan su talento. Mientras su hija Mia Therapleton se abrió paso como protagonista de El esquema fenicio, de Wes Anderson, su hijo Joe Anders firmó un guión titulado Goodbye June, que escribió cuando tenía apenas 19 años y cursaba en la National Film and Television School. Winslet leyó el texto y, de inmediato, quiso traccionar su concreción. Primero como actriz, y posteriormente también como cineasta, para procurar su realización fidedigna: quería proteger al libreto de Anders de las innumerables reescrituras ajenas que atraviesa cualquier proyecto cuando circula por la maquinaria hollywoodense.
Tiene sentido que Winslet haya conectado tanto con el proyecto, independientemente de la cuestión filial: Goodbye June es el recuento ficcionado de un duelo que su familia atravesó conjuntamente. Estrenada en Netflix el 24 de diciembre, la película transcurre en los días previos a Navidad, cuando un giro inesperado en la salud de una matriarca británica (Helen Mirren) reúne a sus cuatro hijos adultos en un último ejercicio de convivencia. La premisa podría sugerir un drama intenso a la manera de Mike Leigh, pero el film renuncia al desgarro en favor de aquellas cualidades que han caracterizado a Winslet como intérprete: cercanía y calidez.
Llamando desde el living de su casa, Kate se conectó a un Zoom con ROLLING STONE ARGENTINA para sostener un diálogo breve pero revelador sobre la experiencia de dirigir una película por primera vez.
A lo largo de tu carrera has colaborado con varios de los artistas más reputados del mundo. “Desde Peter Jackson y Emma Thompson hasta Stephen Daldry y Sam Mendes”, decías en tu discurso del Oscar. Ahora que debutaste como directora con Goodbye June, ¿hubo algo en concreto que hayas aprendido de alguno de ellos y aplicado en tu propio set?
He tenido la enorme suerte de trabajar con cineastas extraordinarios, y mi experiencia como actriz me ha enseñado a discernir qué clase de dirección funciona realmente para un intérprete y cuál no. También, en el momento de la acción, aprendés a resignar ciertas cosas estudiadas y confiar en lo que podría ser una elección instintiva correcta. Diría que ser parte de un equipo grande de trabajo es algo que para mí importa enormemente, y eso fue lo que quise llevar a la dirección de Goodbye June: generar un entorno donde los actores se sintieran seguros y entendieran que eran lo más importante, porque lo eran. Los actores lo son. Podés imaginar una escena en la cabeza y armar una puesta, pero hasta que no abren la boca, realmente no sabés qué magia o qué verdad se va a revelar. Eso era lo esencial para mí: estar dispuesta y abierta a escucharlos, darles el espacio necesario, y acompañarlos con calma y amabilidad.
En Goodbye June tenés un monólogo muy sentido sobre la maternidad y la presión de sostener económicamente a una familia entera. ¿Cómo te preparás para escenas en las que tenés que conectar con emociones tan intensas? ¿Ha cambiado tu forma de abordar la actuación a lo largo de los años?
Mi proceso no ha cambiado demasiado: lo que hago siempre es pensar en el personaje, anotar ideas, y después pasar tiempo con ella para que todo ese trabajo previo decante en un cierto sentido de propiedad y en un entendimiento claro de quién es y qué función cumple en el contexto del proyecto específico. Cuando se trata de alguien con quien no tengo una conexión emocional previa, entonces construyo su universo y su historia desde cero, pero con Julia de Goodbye June ya había puntos de contacto. Como madre, conozco muy bien el malabarismo diario y también la culpa de estar lejos de mis hijos. Por más que intento no hablar de estas cosas, lo cierto es que sí me he tenido que perder algunos eventos importantes en sus vidas por haber estado trabajando fuera del país. Eso duele, y muchas veces no lo decimos porque nos sentimos culpables y avergonzadas de no haber estado. Al mismo tiempo, necesitamos trabajar; para muchas mujeres, es parte de nuestra identidad. Por eso fue fundamental no suavizar lo abrumada que está Julia. Todas fuimos ella, cargando al niño en la falda y resolviendo mil cosas al mismo tiempo. No quería presentar la versión edulcorada de eso.
¿Cuál fue el día más memorable del rodaje?
La filmación del pesebre al final fue inolvidable. La energía, el caos y la risa hicieron que ese día se sintiera realmente como la celebración de una vida. Y todo lo que hacen los chicos en esa escena fue improvisado por ellos. Ese juego espontáneo fue muy mágico.
El año pasado se cumplieron dos décadas de Eterno resplandor de una mente sin recuerdos, y el que viene va a ocurrir lo mismo con Little Children. ¿Cómo te vinculás con esas películas hoy, con la perspectiva que puede ofrecer todo el tiempo transcurrido? ¿Recordás cómo fue filmar, por ejemplo, el final de Eterno resplandor…, o el monólogo sobre Madame Bovary en Little Children?
Recuerdo todo perfectamente. La verdad es que tengo muy buena memoria, y todavía me sé los diálogos de esas películas. Es hermoso ver que siguen vigentes y resisten el paso del tiempo. Eterno resplandor…, sobre todo, pareciera estar siendo descubierta por la generación de mis hijos, y noto en ellos y en sus amigos que su reacción ante la película es de una intensidad enorme. Quizás tenga que ver con lo desorientados que se sintieron durante el COVID: muchos jóvenes cuestionaron sus decisiones de vida de una forma muy visceral, dudando de quiénes eran realmente, qué querían y dónde se suponía que debían estar. Creo que el resurgimiento de Eterno resplandor… tiene que ver con esa confusión tan visceral, que hace que la película hable de una manera nueva.
Como representante de un medio argentino, te tengo que preguntar por la adaptación de Fortuna, el libro de de mi compatriota Hernán Díaz. Hace un tiempo que no hay novedades al respecto. Para cerrar, ¿nos darías una actualización sobre el estado del proyecto?
Sigue en desarrollo, pero está en marcha. Ahora fue adquirido por Netflix US, así que estamos trabajando con Hernán, Todd Haynes y Jon Raymond, que es el co-guionista de Todd, con quien también trabajé hace años en Mildred Pierce. Sí, sigue en pie y está avanzando velozmente.


