Gilby Clarke toca un montón pero graba poco. “Tengo cuatro temas nuevos, pero la verdad que es difícil sacar un disco ahora”, dice, y su currículum le da la razón: lo último que publicó fue The Gospel Truth en 2021, y antes de eso Swag en… ¡2001! A años luz quedó Pawnshop Guitars (1994), el debut con alta rotación en MTV y un par de hits (el cover de “Dead Flowers”, la original “Cure Me… Or Kill Me…”) en el que demostró que, para él, había vida por fuera de Guns N’ Roses. O sea: técnicamente todavía le faltaba un año para recibir el telegrama de Axl, pero la banda a la que llegó en 1991 para reemplazar a Izzy Stradlin estaba stand by por decisión de su errático líder, y Gilby aprovechó el tiempo grabando como solista y participando de Slash’s Snakepit, el primer proyecto de su compañero por fuera de los Guns.
Desde ese momento, dijimos, grabó con moderación pero tocó acá, allá y en todas partes: con Slash, con Lemmy, con Heart, con MC5, cubriendo una emergencia para Alice Cooper hace poco, con una banda de reality que se llamó Rock Star Supernova y no duró nada. En ese interín, vino a la Argentina tantas veces que -dice- ya no las puede contar, y este año no será excepción: el 22 de este mes toca en Rosario, el 23 en Mar del Plata y las dos noches siguientes en el Roxy Live porteño. Recuerdos, consejos, impresiones y esa canción que -con toda su experiencia- todavía no logra domar.
Visitaste Argentina muchas veces, pero la primera fue especial, por el momento que atravesaba Guns N’ Roses y todo lo que rodeó esa visita. ¡Hasta el presidente les dijo “forajidos”!. ¿Cómo viviste ese viaje?
Mirá, hay muchas cosas que no recuerdo de hace 30 años, pero nunca voy a olvidar eso. Además de ser mi primera vez en Argentina, también fue la primera vez de los chicos. Y ellos habían hecho muchas cosas antes que yo no había hecho. Pero fue algo que… no sé, no creo que mucha gente tenga la oportunidad de experimentar algo así. Había mucho amor en el aire. Había mucha pasión en el aire. Como dije, nunca lo voy a olvidar. También la primera vez que fui con mi banda solista, cuando abrimos para Aerosmith [Vélez, 1994]. Eso fue genial. Cientos de chicos afuera del hotel. Sabían las letras de las canciones. Espero no ser ese tipo de persona que se olvida de algo así. Fue una experiencia realmente única.
¿Cómo es interactuar en el estudio o en el escenario con un guitarrista que hace todo bien como Slash? ¿Fue difícil encontrar tu lugar cuando entraste a la banda o fue al revés? ¿Cómo construyeron esa química musical que tienen?
Bueno, hay que dar el crédito a quien corresponde. Fui elegido porque Izzy y yo venimos un poco del mismo lugar. Tenemos las mismas influencias. No somos iguales, pero tenemos muchas similitudes. Así que fui elegido para cumplir un rol. Y ese rol, por suerte, creció. Slash fue muy firme en decir: “Mirá, hay partes importantes de las canciones que tenés que tocar, pero quiero que lo hagas tuyo. Quiero que lo toques como lo tocarías vos”. Y fue realmente importante que lo dijera. Muestra el tipo de músico que es y la confianza que deposita en los nuevos como yo y Matt [Sorum, reemplazante de Steven Adler]. Nos dejó ser nosotros mismos, no estábamos en una jaula teniendo que tocar como Izzy, vernos como Izzy. Él no era así. Era: “Hacelo tuyo”. Así empezó, pero se transformó en una buena relación musical. Tocábamos bien juntos. Los dos somos similares en el sentido de que somos guitarristas de rock and roll, pero él hace cosas que yo no puedo hacer y yo hago cosas que él no puede hacer. Por eso funciona tan bien como dupla de guitarras.
Está claro que Guns N’ Roses fue una etapa increíble en tu carrera, pero el final no estuvo bueno. ¿La despedida empaña de alguna manera tus recuerdos de esa época?
Lo bueno del paso del tiempo es que me olvido de lo malo. Pero mirá: cuando entré a la banda, cuando me llamaron, yo sabía a lo que me estaba metiendo. Sabía que podía durar una semana, seis semanas, un mes, un año. Sabía que era una relación volátil. Y no solo conmigo, con todos. No sabíamos qué iba a pasar. Yo lo sabía y estaba bien con eso. Y, para ser honesto, me fui antes de que se pusiera feo de verdad. Nunca fue realmente feo para mí. La gente cree que lo fue, pero no. Todos nos teníamos respeto. Simplemente Axl quería llevar la banda en otra dirección, y yo, Slash, Duff, no éramos parte de eso.
Muchos de los crecidos en los 90 descubrimos “Dead Flowers” gracias a vos, para después enterarnos de que era una canción de los Rolling Stones. ¿Qué representa ese tema para vos?
Como músico, cada vez que estás en una situación de zapada, cuando vas a un club y querés tocar, esa siempre fue mi canción de referencia. Principalmente porque soy guitarrista y soy malísimo recordando letras, y esa es una de las canciones cuya letra siempre recuerdo. Así que fue algo natural. Es una de esas canciones de las que me gustaría haber sido el autor. Es genial, tiene esa mezcla perfecta entre country y rock. Era rock outlaw antes de que existiera el outlaw country.
Grabaste “Dead Flowers”, a veces tocás “It’s Only Rock and Roll”, hiciste “Wild Horses” con Slash… todo apunta a que tenés debilidad por los Stones de los 70.
Sí, absolutamente. De hecho, casi todos los covers que hacemos son de esa época. Y, de nuevo, principalmente porque son las letras que recuerdo. Es así de simple. Si recuerdo la letra, hacemos esa canción. Pero también hacemos Joe Cocker a veces. Hago mucho de los Beatles, “She’s So Heavy”. No la hacemos en algunos lugares porque mucha gente no la conoce. Recuerdo que en mi primera gira solista hacíamos Cheap Trick, tocábamos “Surrender” y otras canciones, y me sorprendía que mucha gente no conociera “Surrender”. Con T. Rex también, tocamos mucho y mucha gente no conocía esas canciones. Así que aprendí algo de eso.
Algo que me gusta preguntarles a los grandes guitarristas es si hay una canción de otro artista que sea como tu némesis. Una que te encanta tocar pero no te sale o te resulta muy difícil.
Bueno, te lo voy a decir: soy malísimo tocando “Highway Star” de Deep Purple. Ese solo… o sea, lo toqué bien un par de veces, generalmente en algún club chico improvisando, y salió perfecto. Pero es un solo tan icónico que todo el mundo lo puede cantar. Entonces, si no lo tocás bien, se nota.
¿En qué debería enfocarse un buen guitarrista rítmico de rock? ¿Cuál debería ser su arma principal?
Creo que lo más importante para un guitarrista rítmico en una banda con dos guitarras es no hacer lo mismo que el otro. Si uno es el guitarrista dominante, encontrá tu ritmo en relación a eso. Los Beatles y los Stones eran geniales haciendo que cada instrumento fuera importante en la canción. Hoy en día, hay una parte y todos la duplican o triplican. A mí me gusta cuando una guitarra hace algo y la otra hace otra cosa. No hay una respuesta única, pero diría eso: tener esa interacción con el otro guitarrista, tocar en función del otro, sumarle a la canción. Hay grandes ejemplos de eso, como los Stones, Aerosmith o Guns N’ Roses.
Hablemos de algunas de tus colaboraciones. Por ejemplo, el año pasado tuviste que tocar con la banda de Alice Cooper con muy poco aviso. ¿Cómo fue esa experiencia?
¡Tuve que aprenderme todo en dos días! Casi 30 canciones. Mi amigo Chuck Garric, el bajista de la banda de Alice, me llamó un viernes y me dijo que algo había pasado y que Nita [Strauss, la guitarrista “oficial” de la banda] no estaba disponible, y Orianthi [la primera candidata a reemplazarla] tampoco. Me preguntó si podía hacerlo. Le dije que sí. Me pasó la lista y tuve dos días para aprenderla. El lunes volé con la banda, ensayé el martes y toqué el miércoles. Había unas seis canciones que ya conocía, solo tenía que aprender sus versiones. Con tres guitarristas era un poco complicado encontrar tu lugar. Pero lo más difícil era mantenerse en el lugar correcto por todo lo que pasa en el escenario. Si ves videos, vas a ver a Tommy Henriksen [el otro guitarrista del grupo] moviéndome para que no me corten la cabeza, o a Ryan [Roxie, el tercer guitarrista] empujándome. Pero fue muy divertido. Alice Cooper es lo mejor. La banda es alucinante. Todos me ayudaron mucho. Incluso Nita me mandó pistas de guitarra para estudiar. Me gustan esos desafíos. Guns N’ Roses me dio una semana para aprender 50 canciones. Estos me dieron dos días para casi 30. Es divertido. No todos pueden hacerlo, y me gusta ser uno de los que sí.
Otro gran momento de tu carrera fue compartir escenario con Lemmy. ¿Cómo fue eso?
Lemmy es auténtico. Todo lo que ves de él en entrevistas o shows es igual fuera del escenario. No tolera a los falsos. Si sos falso o lo adulás demasiado, se va. Es importante ser auténtico con él. Trabajé con él varias veces, tocando y grabando. Tiene una lista muy corta de gente que respeta, y me alegra estar en esa lista.
Como representante destacado del rock clásico de guitarras, ¿creés que el género ya es pura nostalgia o sigue vivo?
Es interesante. En Estados Unidos, por ejemplo, hay bandas como Rival Sons que la están rompiendo. Dirty Honey empezó no hace tanto, pero veremos. The Struts también. Hay bandas que mezclan el sonido clásico con cosas nuevas. Incluso Yungblud en cierta medida. Creo que el género sigue vivo. Tal vez no esté en el centro como antes, pero sigue ahí.


