Daland Gutiérrez: “Estoy orgulloso de mi papá, lo amo, y me transmitió el rock and roll”

Mientras se curte en la escena under de Londres con banda propia (Lion Machine 23), el hijo de Juanse repasa su paso por la despedida de los Ratones Paranoicos

Por  YUMBER VERA ROJAS

noviembre 20, 2024

“En el under somos uno de los grupos que más convoca”, dice Daland sobre su banda, Lion Machine 23.

Florencia Daniel

“Me lo pasé fantástico. Por eso, cuando vengo, siempre siento que es poco tiempo”, espeta Daland Gutiérrez, horas antes de tomarse un avión en Ezeiza. El hijo de Juanse vive en Londres desde 2015, y volvió a la capital argentina para presentar su nuevo proyecto musical: Lion Machine 23. Se trató de uno de los actos soporte de la “última ceremonia” de Ratones Paranoicos en el estadio de Vélez Sarsfield, el pasado 14 de septiembre, y previamente compartió fecha con The Leopardos en la sala Lucille. “Para la Argentina somos una banda nueva. El público no conoce las canciones y cuesta un poco”, reconoce el cantante, compositor y guitarrista. “Uno no sabe lo que le está pasando a la gente por dentro. Pero, por suerte, se dieron buenos shows”.

En sendas actuaciones, el trío, que en este debut local se tornó cuarteto con la incorporación de Nacho Jeannot (violero de OK Pirámides), salió a defender su único disco, el EP Smoke Under the Water, publicado en 2023 e interpretado en inglés. Su sonido está marcado por los Sex Pistols y el grunge, mientras que la manera de cantar del frontman remite al estilo de Liam Gallagher. “Además de las cuatro canciones del EP, el repertorio lo armamos con temas nuevos y ‘Jumpin’ Jack Flash’, de los Stones”, ilustra el artista. “También tenemos un cover en inglés de ‘Enlace’, pero me pidieron que no lo hiciera porque lo iban a tocar. Es una de mis canciones favoritas, junto a ‘Bodies’, de los Pistols, ‘Slide Away’, de Oasis, y ‘Ticket to Ride’, de los Beatles”.

¿Cómo fue la sensación de abrirle el show a la banda de tu padre?

Quizá no nos merecimos estar ahí. Se dio porque mi papá es el cantante de los Ratones. Pero nosotros lo disfrutamos mucho, y dimos lo mejor que pudimos.

En Vélez dijiste que estabas orgulloso de abrirle a los Ratones, y que no los veías en vivo desde tus 12 años.

No tengo buena memoria para las fechas, sino para otras cosas. Quizá fue a los 16 años. Más allá de que está mi viejo, los Ratones son como una familia para mí. De hecho, con Pauli, la hija de Roy, que estuvo de invitada en la batería cuando tocamos “Jumpin’ Jack Flash”, formamos nuestra primera banda de chiquitos. Aunque con todos me llevo muy bien, tengo una relación muy especial con Sarco.

La idea de este proyecto musical existió desde 2019, pero la pandemia la truncó. Hace poco más de un año, Daland finalmente le pudo dar forma a la banda y a su estética sonora. En la terraza de la casa en la que se produce esta entrevista, a pocos metros de la plaza Mafalda, se encuentran sentados en la misma mesa de madera los otros músicos de Lion Machine 23: la bajista Eleanor Rachel y el baterista Arlen Millward. A los que se sumó Jeannot, quien, al igual que el hijo de Juanse, fue parte del grupo La Armada Cósmica. “Nacho es mi mejor amigo de toda la vida. Él vive en Argentina”, explica quien el 2 de noviembre cumplió 30 años. “Arlen es mi cuñado y con Eleanor trabajamos en el mismo pub en Londres”.
Antes que la banda, estuvo el nombre. “Un amigo me preguntó por qué iba a llamar así al grupo, y para no quedar mal inventé toda una historia de ciencia ficción, en un futuro distópico”, evoca el músico argentino. “Me gustó, y la dejé”. Si bien parece que las canciones poco y nada tienen que ver con esto, su autor abre el juego: “Todo lo que te pasa en la vida tiene que ver con lo que decís y hacés. Todos tenemos una visión del mundo distinta, y todos percibimos la realidad desde la propia. El mundo termina donde terminás vos. Cuando juzgás a las personas, lo hacés desde tu punto de vista. Las letras no necesariamente se refieren a un futuro distópico, pero inconscientemente sí lo hacen”.

¿Se te hizo fácil componer en inglés?

Siempre compuse en inglés. Pero en La Armada Cósmica me obligaban a hacerlo en castellano porque el sello así lo quería. Para mí, esa era una banda adolescente, porque tocábamos temas que compuse a los 11 años. Me gusta más lo que hago ahora. Se me hace más fácil componer solo, por falta de talento y por falta de colaboración con otras personas. Muchos allá creen que soy inglés, por el acento. Fui a un colegio concheto. Aprendí inglés y castellano al mismo tiempo.

¿Cómo es el circuito musical en el que te movés en Londres?

En el under somos uno de los grupos que más convoca. Argentina e Inglaterra son dos lugares en los que se vive muy parecido, por la combinación de fútbol y rock and roll. Acá ahora hay menos rock. No digo que allá no haya caído un poco, pero por lo menos está la llama. Es más violenta la situación. En la gente chica que viene a vernos, siento ese caos. Más que un show, parece un acontecimiento.

¿Por qué?

Me dijeron que recordamos a los Libertines cuando recién arrancaban. Al subirme al escenario, me como la película de que estamos tocando con ellos o con los Sex Pistols. Aunque intento que suene un poquito más sónico. También trato de ponerle mucho a la voz, porque a mí me gusta ese estilo que a otros les parece insoportable. Si Freddie Mercury es el Maradona de la voz, Liam Gallagher es Palermo. Creo que ese es mi target, y es lo que me sale del corazón. Al último show que hicimos fueron 400 personas, estaba hasta las pelotas. Todos cantaron los temas, estuvo increíble. Me pone contento, y me hace muy bien para mi ego. Manejar un bar me permitió arrastrar a mucha gente. Son dos cosas que me gustan un montón: el pub y la música.

¿Cómo llegaste al pub?

En The Hawley Arms, comencé limpiando y juntando vasos. Fue la forma que conseguí allá para vivir.

“Quizá no nos merecimos estar ahí. Se dio porque mi papá es el cantante de los Ratones”, admite Daland. (Foto: Delfina Pía Rey)

¿Fue tu primer laburo?

Trabajé de modelo un tiempo, y ganaba mejor. Hice muchas fotos acá, estaba acostumbrado a eso. Cuando me llamaban para los callback, le terminaba diciendo al fotógrafo: “Parate allá”, “Hacelo así”. Me exigieron de la agencia que dejara de hacer eso. Ahora me arrepiento porque me gustaba la moda. Pero todo pasa por algo. Capaz no tendría ni la banda ni el bar, del que ahora soy uno de los managers. Y me rompí el orto para hacerlo. Es un lugar muy famoso, fueron todos los que te puedas imaginar: Libertines, Oasis, Amy Winehouse… Es un trabajo duro, pero me lo paso muy bien.

¿Por qué te fuiste a Londres?

Era una idea que desde chiquito siempre tuve en la cabeza. Llegué a Camden, me recibió una tía inglesa. Mi papá viajó para allá de joven, y por poco se queda. Estuvo cerca de audicionar para ser el guitarrista de The Stranglers. Podría haber nacido allá.

En paralelo a la legión de futbolistas argentinos que consiguieron ganar protagonismo en la Premier League, varios músicos de esta orilla del Río de la Plata trascendieron en la escena musical inglesa. Destacan los casos de Javier Weyler, quien se dio a conocer como baterista de Stereophonics, y el de Ignacio Salvadores, actual saxofonista de King Krule. “Siento que ahora hay más interés por la música y los músicos argentinos. La barrera se fue rompiendo”, afirma Daland. “Radio X es como la Rock & Pop de allá. Y el capo de la estación, John Kennedy, me oyó tocar y empezó a pasar el tema “Liar”.

¿Qué dicen de tu música los ingleses?

Nos comparan mucho con los Pistols, Joy Division, Oasis y Nirvana. Pero creo que nosotros a eso le agregamos una vuelta.

¿Qué te pasa cuando escuchás “el que no salta es un inglés”?

Me parece que es folclore y nada más. No creo que sea en serio. Estos días estuve entre ingleses y argentinos, y nos llevamos todos bárbaro. Aparte, los mismos que cantan eso van a ver a los Rolling Stones.

Amén de su padre, al que considera uno de sus frontmen favoritos, otro de los grandes bastiones musicales de Daland fue su abuelo, el compositor y pianista Hipólito Gutiérrez, figura de culto en la música contemporánea y experimental argentina. Pese a que desafortunadamente su obra es inaccesible, porque hay pocos registros que den cuenta de su prodigio, las plataformas digitales de música albergan su pieza Fantasía Rhythm and Blues. “Mi abuelo era una de las personas más importantes, si no quizá la más importante en mi vida”, se emociona su nieto al recordarlo. “Él me quiso enseñar a tocar el piano, pero no podía. Yo tenía el don. Tampoco sé leer música, ni sé ni los acordes en la guitarra. Era un tipo alucinante. Lo extraño mucho”.

Nunca compusiste con tu padre, ¿no?

No compuse con él porque fui un chico reacio. Cuando todo el tiempo te dicen que “sos el hijo de Juanse”, pareciera que no tuviera derecho a ser músico. Y cuando sos más adolescente, te duele. Capaz era una mierda lo que estaba haciendo, pero tengo derecho a hacerlo. Sin embargo, hay cosas más importantes en la vida que cómo te percibe el mundo. Por eso me costaba mucho hacer cosas con él. A mi padre le pedí que produzca el EP.

¿Y qué tal resultó la experiencia?

Siento que fue la primera vez que le gustó lo que estaba haciendo, y a mí me gustó lo que nos estaba proponiendo. Me avaló el nivel de crudeza y el nivel sónico. Fue super especial.

¿Pensás que esas canciones representan tu identidad musical?

No me interesa. Prefiero ser el “hijo de Juanse”. Cada vez que me atacan en redes sociales, siempre digo que no soy tan importante. Cuando me dicen que canto parecido a Johnny Rotten o a Liam Gallagher, me pone contento porque son mis cantantes favoritos. Y cuando me baten la de que soy el hijo de Juanse, les digo: “¿Qué le voy a hacer?”. Estoy orgulloso de mi papá, lo amo, y me transmitió el rock and roll. Eso me hace bien. Soy católico, y soy un pecador también. Pero trato de que todo lo que digan los demás no me afecte tanto.

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