Crítica: Bandalos Chinos – Vándalos

La banda argentina edita hoy su nuevo álbum, en donde explora nuevos horizontes musicales

Por  JUAN FACUNDO DÍAZ

abril 1, 2025

FOTO: Martin Pisotti

Gentileza

Hay una frase repetida en la cultura popular argentina que dice que la sangre no es agua. Aunque uno quisiera alejarse de su identidad, esa misma se mantiene allí, latente, agazapada, siempre presente, como un lazo inquebrantable. Uno es por su presente pero también por su historia. El nuevo disco de Bandalos Chinos es un ejemplo de esto. Para Vándalos ya no hay viaje lejos de casa, no hubo aventura colectiva de la banda, ni hay rancho sónico en medio del desierto texano. Su laboratorio pop se quedó en Buenos Aires y sumó a Fermín Ugarte como productor para probar, de esta forma, una nueva fórmula compositiva. El resultado es un disco nocturno, de pista de baile con gafas oscuras de trasnoche y la llegada del fin de fiesta. En 11 canciones, el grupo de la ciudad de Beccar muestra pinceladas de nuevos matices, pero siempre -siempre- suena a Bandalos Chinos, porque ya lo dice el dicho, si la sangre no es agua, el pop tampoco. 

Si en El Big Blue, el trabajo del año 2022 con la producción a cargo de Adan Jodorowsky, el grupo buscó reconectar con sus raíces despojando las canciones de múltiples capas de instrumentos y así abandonar los artilugios del pop bailable que supieron construir previamente, para Vándalos renuevan el desafío. En este caso, de la mano de Fermín, una de las mentes creativas detrás de Post Mortem y Por cesárea, los exitosos discos de Dillom, la banda gana oscuridad y se pone a bailar en el centro de la pista. Guiados por un bajo que se mantiene presente de forma constante a lo largo de todo el disco, Vándalos mantiene un groove sudoroso que con variaciones de intensidades apuesta siempre al movimiento de los cuerpos. “Ellos querían probar un encare diferente, más experimental, querían un cambio más profundo y lúdico para su nuevo disco y me convocaron para acompañarlos en ese proceso”, le dijo el productor a Rolling Stone.

Con “La señal” de punto de partida, una obertura pop con cuerdas y piano que se abre paso como una especie de portal hacia el nuevo universo de la banda, manifiestan algo de intervención divina: “Lo estás sintiendo, una señal del cielo”, cantan. Lo que sigue desde allí es “El ritmo”, el ADN de Vándalos: un ritmo denso, justamente, machacante, que avanza a paso firme conducido por la voz de terciopelo de Goyo que golpea con dulzura para seguir siendo Bandalos Chinos mientras desdibujan fronteras con The Chemical Brothers a fuerza de sintetizadores y psicodelia. Luego llega “Revelación II”, el punto más alto del disco. “Tuve una revelación, casi una revelación / Preso de este sentimiento. Vamos a cualquier lugar. Música para bailar. Vas a ver que no te miento”, canta nuevamente Goyo. Y si la propuesta es música para bailar después de haber tenido una revelación, el grupo musicaliza el mejor momento de la fiesta y con una liberación synthpop a lo Erasure.  

Narrativamente, Vándalos es una lucha contra la sensación de que se acaba el tiempo, alguien que no llega, desencuentros, romances a destiempo y la noche que se termina. Si en El Big Blue se debatían si sacar a esa persona de mejores amigos de Instagram, acá esperan por su llegada a la fiesta mientras navegan las aguas de una relación tóxica: “Quiero salir pero no me conviene. Ya conviví con el miedo a perderte. ¿Cómo sigo acá? no lo sé. Te quería tanto y me quemé (…) Me intoxicaste y ahora solo pienso en vos”, dicen en “Nosotros”. “Aunque no te gusta perder, no es injusto y lo sabes, siempre te lo avisé”, advierten en “Gloria y pena”. 

Sin embargo, aunque se lo propongan, Vándalos no escapa de los márgenes que el mismo grupo supo marcar para su aldea. “Comando juntar”, “El único romántico”, “Revelación I” y “Viajes en el tiempo” vuelve a traer hacia sus orillas ese grupo de grandes baladas pop que con delicadeza explota la sensualidad y elegancia de su cantante con una banda que sabe manejar su sutileza.  “Este mundo que inventé para mí, no podría imaginarlo sin tí”, cantan en “El único romántico”, donde resignados se debaten entre las contradicciones y la importancia de no perder la ternura. “Viajes en el tiempo”, por su lado, es una balada tocada como una caricia que narra su propio “Antes del Atardecer”, un reencuentro en ciudad ajena aceptando la derrota mientras declara un amor profundo: “Es real que quiero pedir perdón si algo que hice te lastimo. No tenía mucha idea de lo que podía doler un amor enfermo, si yo soy un tierno que te quiere en serio”, cantan. 

El final del disco llega como un estallido de lo que estuvo contenido durante todo Vándalos. “Te amo” muestra destellos luminosos de la euforia natural de la banda cercana a la versión que Bandalos Chinos muestra en sus presentaciones en vivo, una con la crudeza puesta al servicio de la canción. De esta forma, el nuevo álbum muestra pinceladas de nuevas inquietudes e intenciones, se traslada desde la nocturnidad de la pista de baile cargada de groove y cuerpos en movimiento hacia las primeras luces del amanecer. Si la aventura fue perderse lo más lejos posible de sus propios horizontes para volver a encontrarse, el viaje los llevó nuevamente a su propio punto de partida. Aunque Bandalos Chinos intente cambiar de piel, la sangre no es agua y el pop tampoco.

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