4 listening bars que suenan fuerte en Buenos Aires

Alta fidelidad y buena coctelería, los elementos clave de esta nueva tendencia que no para de expandirse en la ciudad

Por  FERNANDO FRATANTONI

mayo 28, 2025

Victor Audio Bar, en Palermo: vinilos y martinis, por los creadores de Tres Monos y Niño Gordo.

Gentileza

Escuchar música como forma de arte, la idealización de la selección musical y la alta fidelidad, por sobre todo. Entender que una canción no es eso que suena como ruido blanco en un bar, sino la protagonista de la noche. Los listening bars son una novedad en expansión en Buenos Aires (y muchas ciudades del mundo). Lugares donde el programa es escuchar música, no como con tapiz de fondo y con la mejor amplificación y buenos DJ.

Con antecedentes rastreables hasta la primera mitad del siglo XX en Japón, con los cafés-musicales conocidos como jazz kissa, en los últimos diez años los listening bars resurgieron con amplificadores modulares y bandejas de vinilo. En Buenos Aires, uno de los bares punteros en la propuesta de combinar música con bebidas fue Florería Atlántico (Arroyo 872), que instaló dos bandejas y una mezcladora a la misma altura de las estaciones de los bartenders.

Su creador, Tato Giovanonni, cuenta: “Cuando abrimos, hace doce años, tenía una idea clara sobre la combinación de música y gastronomía, había viajado mucho y había sentido en otras partes del mundo lo importante de la musicalidad en un local gastronómico. La experiencia cambia rotundamente cuando un lugar se siente curado a nivel sonoro, el maridaje entre la comida, bebida y ambiente genera memorias auditivas. Me gusta que, aparte de comida y bebida, se sirva música”. La Florería tuvo incluso, en su inicio, vinilos. “Te podías llevar London Calling de los Clash o Diesel & Dust de Midnight Oil, discos que me gustaban —cuenta Tato—. Ya no vendemos discos, pero mantenemos los DJ todos los días de la semana hace doce años”.

Victor Audio Bar

Con elegancia pop, Victor Audio Bar (Soler 5130, Palermo Soho) es una de las últimas invenciones de los creadores del premiado bar porteño Tres Monos junto con el equipo del restaurante Niño Gordo. Sebastián Atienza, uno de sus responsables, explica: “El nombre Victor, por el sello RCA Victor, ya adelanta lo que queríamos transmitir. Ya sabés, inventaron la vitrola y era un sello discográfico nacido en Nueva York y con operaciones en Argentina y en México, y el logo tenía a un perrito mirando una vitrola, del que tenemos una escultura en la cabina de DJ”. En línea con el origen del sello, el bar tiene un estilo urbano y bien neoyorkino y una carta que remite a la era dorada de la coctelería, cuando se inventaron el manhattan, el martini y el old fashion. “Si pudiera resumirlo con una referencia televisiva sería como Mad Men, esa sensación de llegar a tu casa, hacerte un martini, poner un disco y sentarte en un sillón a disfrutar”, dice Atienza.

Victor Audio Bar cuenta con una larga barra, dominada por la cabina con sus Technics Sl-1200 Mk2. Abre de martes a sábados desde las 20. Sofía Miró, encargada de la programación, cuenta: “El bar tiene ciclos, siempre pensando en la música. Hay bandas de jazz los martes y, a partir de los miércoles, siempre dos DJ por noche y hasta las tres de la mañana”.

“¿Por qué un bar de audio? —se pregunta Atienza—. Porque la música me atraviesa, me encanta, escucho desde rock and roll hasta cumbia, reggaetón y más. Cada lugar tiene su color, su estilo. Tres Monos es un bar más punkie y hiphopero; La Uat (otro emprendimiento de Atienza) es más reggaetón y música actual; y en Víctor nos pusimos un poco más maduros en cuanto al sonido, buscamos que sea más fino, que suene y se escuche bien. No va a ser un listening bar japonés, nada que ver con eso. Pero sí es un bar donde la música es preponderante”.

Mixtape

En el Bajo Belgrano, cerca del Barrio Chino, abrió el año pasado Mixtape listening bar (Franklin D. Roosevelt 1806). En un primer piso y con una hermosa terraza, comparte espacio con el restaurante Shimada Omakase. El bar está comandado por Pablo Pignatta, referente de los bartenders argentinos. Rodeado de vinilos de David Bowie, The Damned, The Replacements y John Coltrane. Pignatta dice: “Para mí la música es tan importante como lo que servimos. El ambiente tiene que ser perfecto para el disfrute. Uno de mis trabajos más largos fue en Bizarro (pionero bar de Palermo en los noventa), ahí la curaduría músical era super importante, los DJ que venían eran seleccionados y lo que sonaba tenía que gustarnos a los que trabajamos ahí. En Mixtape la idea es la misma, que la música suene bien y cuente algo”.

El bar tiene una hermosa cabina elevada; la barra es larga, con butacas y una enorme discoteca con sus géneros identificados como en una disquería.

Pablo Pignatta, en el centro del equipo de Mixtape: un barman melómano al servicio de la música. (Foto: Gentileza)

“El bar está diseñado acústicamente para que suene bien, acompañado con la calidad del sistema de audio —continúa Pablo—. Está decorado como una sala de ensayo, como un estudio de grabación, como una disquería. La mezcla de esas tres cosas te lleva a una canción visual; los ojos tienen que escuchar también. Hay paneles de madera, parlantes; la música tiene que entrar por todos lados”.

Por Mixtape suelen pasar el colectivo de Pibas Vinileras, Gori (ex-Fun People, actual Fantasmagoria), Rolando Bruno y el propio Pablo Pignatta, que los miércoles lleva vinilos de su colección personal para musicalizar la noche.

“Un listening bar tiene esa razón de ser, ¿no? La música por el placer de escuchar música, por la melomanía”, continúa Pignatta.

bimbi-nilo

En Palermo, detrás de la sede central del Automóvil Club Argentino, está bimbi-nilo (José León Pagano 2750). El local es subterráneo, lo que lo hace especial, con pocas mesas, luces tenues, una barra y una cabina con muchos vinilos “un poco desordenados”, como dice entre risas uno de los dueños, Santiago Barros Moss. “Pero están ahí para usarlos”.

Santiago no viene de la gastronomía, pero su pasión lo llevó a poner un bar para escuchar sus discos y los de los demás. “La idea de abrir un listening bar viene de nuestra pasión por la música, los discos y el audio. Vengo coleccionando discos fuertes hace cinco años. El nombre del bar es por dos de mis socios, que vivieron un par de años en Italia y se coparon con el trabajo de los diseñadores industriales Carlo Bimbi & Nilo Gioacchini. El diseño del bar también tiene eso medio moderno, pero tranquilo”, dice Barros Moss. “Tenemos, entre otras cosas, dos bandejas Technics Sl-1200 Mk2, dos amplis valvulares Audio Research monoblock Classic 120 y drivers Tannoy de 15 coaxiales, que hacen que todo suene nítido y con profundidad. Eso y toda mi colección de vinilos en la discoteca. Sí, toda mi colección”.

bimbi-nilo, en un subsuelo y muy bien equipado para lograr el ambiente ideal. (Foto: Gentileza)

Otra inspiración fue un viaje a Japón y un tour por listening bars nipones. “El año pasado tuve la suerte de ir a Tokio y conocer cómo funcionan ahí —agrega—. El dueño se ocupa de todo, te pone la música, te sirve los tragos y es como una experiencia sensorial. No se puede hablar fuerte ni hacer ruido. Los parlantes son increíbles, con una calidad de puta madre. Trasladar eso acá es complicado porque tenemos a los bares como lugares para hablar, entablar relaciones. Pero, fuera de eso, se puede fusionar el disfrute de un buen trago con buena música. El ambiente es perfecto cuando ambas cosas fluyen”.

gris gris

La barra de gris gris (José A. Cabrera 5918, Palermo Hollywood) es lo primero que uno se encuentra al entrar al pequeño bar-restó. Tiene dos bandejas y un mixer y es el pasillo de ingreso al local. Una discoteca llena de discos y usualmente un DJ pasando vinilos, como Gris-Gris Gumbo Ya Ya de Dr. John, del que el bar toma su nombre.
Bruno Albano, uno de los creadores del bar y exmiembro de Banda de Turistas, cuenta: “gris gris surge por una necesidad. Yo veía que no existía ningún lugar en el que la música fuera tomada en serio y considerada algo mayor, no algo de fondo. Para mí la música hace el lugar. Si te soy sincero, no conocía mucho el concepto del listening bar, todo eso de lo que se empezó a hablar después; no tenía idea. Tampoco era mi intención emular un bar japonés. Mi idea era básica: un lugar que recobrara la importancia de los discos, del lado A y del lado B, de la obra. Por eso cuando arrancamos la noche usualmente ponemos un disco completo”.

Para Bruno la idea de santificar el momento de escucha se aleja del concepto nipón. “No quiero que esto sea solemne, que no se pueda hablar. Me gusta el roce de la gente y el bar tiene esos dos mundos. Lo único solemne es que sólo se escuchan vinilos, esa es la única regla”.

gris gris, el proyecto de un ex-Banda de Turistas que supo responder a una demanda insatisfecha. (Foto: Gentileza)

Cómo en otros listening, los discos en las bateas pertenecen a los dueños del bar. “Ahí está mi colección personal y discos que fui comprando para el lugar. Cuando tenés un bar empezás a darte cuenta de que a veces el lugar pide una música especial. Por ejemplo, ahora está sonando mucho lounge, easy listening, música instrumental, bossa nova o discos más extraños. No podría poner Black Sabbath… aunque a veces lo ponemos”, dice entre risas. “Que suenen algunos artistas es una declaración estética. Me encanta que en un lugar en Buenos Aires puedas poner Nick Drake o Syd Barrett, y que la gente los escuche, que descubra y sienta cosas. Para eso tengo un bar”.