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Esta lista te romperá el corazón: 25 discos de separaciones, divorcios y despedidas

De Bob Dylan a Cerati, de Fleetwood Mac a Ricki Lee Jones y Blur, un (sufrido) repaso por algunas de las mejores obras musicales concebidas bajo los efectos de rupturas sentimentales

Por  OSCAR JALIL

diciembre 9, 2023

Es una etiqueta invisible. Los propios autores no admiten su procedencia y, cuando los tiempos mejoran, hasta reniegan de esas obras sobre corazones rotos, descensos infernales por desamor o simples actos de autocompasión. Los discos de ruptura, divorcio o separación son ejercicios de honestidad, en donde el despecho y la venganza también marcan el mapa de intenciones. Parte de las mejores canciones jamás creadas proviene de la peor angustia. Hay discos conceptuales basados sobre los efectos de una disolución de pareja, y hasta existen miradas contrapuestas en torno a un mal romance: Nick Cave con Boatman’s Call (1997) y PJ Harvey al frente de Is This Desire? (1998) ofrecieron sus respectivas versiones para describir el fin de una relación intensa.

Bob Dylan inauguró de un modo oficial el club de los heartbreakers con el maravilloso Blood on The Tracks, pero casi 20 años antes Frank Sinatra había roto todos los moldes con la auténtica biblia del amante herido llamada In the Wee Small Hours (1955). Antes de Dylan, tanto Joni Mitchell (Blue, 1971) como Carole King (Tapestry, 1971) lanzaron discos que abordaban la temática de las rupturas afectivas en tiempos de machismo extremo.

Catárticos, profundamente melancólicos y hasta furiosos, los mejores break-up albums tienen el poder de transformar miedos, dolores y frustraciones en canciones bellísimas, y también pueden servir para denunciar y alertar sobre la violencia que invade a muchas relaciones. No están todos en esta lista, porque serían muchísimos, pero el corte de 25 discos de divorcio en esta nota representa, entre conocidos y secretos, algunas obras maestras sobre corazones después del amor.

1. Fleetwood Mac – Rumours (1977)

La esencia de Rumours es el exceso. Además de alcanzar récords de ventas, el disco más exitoso de Fleetwood Mac esconde una historia de engaños, rupturas y consumo industrial de cocaína. Casi nadie se hablaba en el estudio y la grabación marcó la desintegración de los matrimonios Stevie Nicks-Lindsey Bucking-ham y Christine Perfect-John McVie. Para completar el escenario de colapso, Jenny Boyd, mujer de Mick Fleetwood, se fugó con el sonidista del grupo. El legendario baterista inglés buscó consuelo en los brazos de Stevie ante la mirada atónita de Bucking-ham. Desde las letras, cargadas de noches eternas y puñales filosos, Rumours es una cumbre AOR de humores cambiantes y hits imbatibles (“Dreams”, “Don’t Stop”).

2. Bob Dylan – Blood on the Tracks (1975)

“Es la odisea de un enamorado místico poseído por una relación que no puede resolver”, escribió Greil Marcus sobre la biblia del divorcio hecha canción. Dylan siempre se burló de las etiquetas que persiguen a Blood on the Tracks, pero todos sabemos que Bob es un tipo muy discreto. Siete años de matrimonio y cuatro hijos junto a Sara, una síntesis mezquina del final de un amor que Robert Zimmerman transformó en una de sus grandes resurrecciones artísticas. El cantor y poeta lava culpas y vence la autocompasión a través de una prosa minuciosa, en la que describe con descarado acento emocional un mundo íntimo en pleno proceso de desintegración. El dolor y la soledad se transforman en una maravilla sin fecha de vencimiento.

3. Andrés Calamaro – Honestidad brutal (1999)

La primera escala de un plan excesivo que luego quedó chico ante la desmesura genial de El salmón. Por aquellos días de insomnio perpetuo, Andrés Calamaro imploraba ante el amor perdido como un Dylan pasado de vueltas. La exposición sentimental es abrumadora: “Te quiero igual”, “Negrita”, “Los aviones”, “Aquellos besos”, “Paloma” y “Son las nueve”, entre otras, son tremendas confesiones entre la evocación y la súplica de perdón. Tanto esfuerzo, 37 canciones grabadas en condiciones de riesgo para cualquiera que asomara su nariz por el estudio, terminó en reconciliación. Tiempo después, llegó la separación definitiva como un signo para entender que las grandes canciones de ruptura nunca terminan bien.

4. Phil Collins – Face Value (1981)

Después de girar con Genesis por medio planeta y armar un grupo paralelo bajo el nombre de Brand X, Phil Collins cayó en la cuenta de que cada vez que regresaba a su casa no lo reconocía ni su perro. Acto seguido, divorcio y dolor. Para calmar tanto vacío, el cantante y baterista lanzó su primer disco solista: Face Value arrasó en los charts de todo el mundo como la versión más amable de un integrante de Genesis. Pero la gran novedad es la fuerte e inesperada influencia soul que atraviesa a casi todo el álbum. Detrás de los ritmos africanos y los bronces de Earth, Wind & Fire, aparecen baladas desgarradoras y oscuras visiones despechadas como el mega hit “In the Air Tonight”.

5. Blur – 13 (1999)

“Some Girls Are Bigger Than Others”, canta Morrissey en el tema que cierra The Queen Is Dead (The Smiths). La máxima es aplicable a Justine Frischmann, cantante de la banda Elastica y lo más cercano al perfil Courtney Love que produjo el brit-pop. Condición que Brett Anderson y Damon Albarn vivieron muy de cerca. Tanto la voz de Suede como el líder de Blur perdieron la cabeza por Justine. Ella tuvo un paso fugaz por Suede pero fue suficiente para que Anderson le dedicara buena parte del disco debut de la banda. Por ejemplo, el tema “Animal Nitrate” habla sobre las marcas en la espalda de la Frischmann después de haber dormido con Damon. 13 es el réquiem para una historia turbia y que casi mata de melancolía al autor de “Tender”.

6. Gustavo Cerati – Bocanada (1999)

Considerado un disco de divorcio a largo plazo, Bocanada no llega a los niveles confesionales de ira y soledad que alcanzó Dylan en Blood on the Tracks. El segundo álbum solista de Cerati plantea una mirada melancólica sobre las primeras grietas que anticipan una ruptura, visiones en cámara lenta y sin los típicos excesos que explicitan el dolor y la pérdida, varios de sus delicados pliegues se volvieron más reconocibles cuando en 2002 se conoció la noticia de la separación. “Cuando no hay más que decirnos, habla el humo, nada el humo, y rema en espiral. Cuando no hay más que decirnos, se abren al aire vacíos que dos no pueden respirar”, canta Cerati y no deja dudas.

7. Peter Hammill – Over (1977)

Si Blood on the tracks no existiera, Over sería la obra cumbre en el arte de ponerle letra y música a una ruptura amorosa. Después de diez años en pareja, la vida de Peter Hammill se derrumbó al enterarse de que su mujer lo dejaba por un amigo en común. La doble puñalada provocó uno de los discos más despojados y tristemente bellos de la historia del rock. En una temática donde la autoindulgencia es moneda corriente, el líder de Van der Graaf Generator supera la trampa del despecho y elabora el duelo a través de ocho canciones como heridas profundas: “Los martes ella hacía yoga, un martes se fue”, canta Hammill en la preciosa “(On Tuesdays She Used to Do) Yoga”.

8. Rickie Lee Jones – Pirates (1981)

En la contratapa de Blue Valentine (1978), aparece Tom Waits junto a una rubia misteriosa. Esa fue la primera señal para oficializar un romance que duró tres años entre el pianista de voz cavernosa y la bella Rickie Lee Jones. Waits ya tenía una carrera con seis discos y poco éxito. Su novia, en cambio, estaba por dar el gran salto con un perfecto álbum debut de jazz y pop. La pareja quebró justo cuando la cantante triunfaba en todos los charts. Waits abandonó el nido con la idea de vivir en Nueva York y encarrilar su vida, mientras Rickie entraba en pánico. Por años se negó a presentarse en vivo. Recién en 1981, con la edición de Pirates, el fantasma de Waits quedó exorcizado en un magnífico álbum de amor y despecho.

9. Beck – Sea Change (2001)

Puro clasicismo para hablar de cicatrices. Beck Hansen se prueba el traje de hombre abandonado que tantas veces usó Leonard Cohen y hasta evoca al canadiense en la forma de decir “las traiciones flotan en el panorama desolado” (“The Golden Age”). Por ese callejón de rencores y lágrimas, Sea Change parece una sesión de espiritismo con forma de terapia de grupo. De otro modo no se explica la invocación a los dioses melancólicos: Gram Parsons, Nick Drake y hasta Serge Gains-bourg están presentes en citas explícitas o en modos de abordar la canción. Una tragedia interior que asola a un tipo resignado: “Nena, eres una causa perdida, estoy cansado de luchar” (“Lost Cause”).

10. John Martyn – Grace & Danger (1980)

“Probablemente la pieza más autobiográfica que he escrito. Algunos escriben diarios, yo hago discos”, así explicaba John Martyn la decisión de exponer su fracaso matrimonial. Junto a su mujer, Beverly Martyn, el gran trovador escocés grabó obras clave para el folk británico de los tempranos 70. A medida que el romanticismo y la delicadeza crecían en las canciones, el abuso de alcohol acorraló las relaciones de Martyn. Su matrimonio y el disco se terminaron casi al mismo tiempo, pero Chris Blackwell, del sello Island, se negó a editarlo en un primer momento por encontrarlo inapropiado. Blues, folk, reggae y soul como decorados eficaces de un largo adiós.

11. Bruce Springsteen – Tunnel of Love (1987)

Después de Born in the USA, Springsteen corrigió la ansiedad de sus fanáticos con un disco introspectivo. The Boss vuelve a mirarse en el espejo de Dylan mientras su vida sentimental es un caos: luego de la edición de estas canciones premonitorias, Bruce deshace el matrimonio que lo unía a la modelo Julianne Phillips y casi al mismo tiempo empieza un affair con Patti Scialfa, corista de E Street Band. Parte de este proceso de análisis y cambios bruscos, en donde Springsteen fue acusado de maltrato por su exmujer, permanece en las canciones de, quizás, el disco más autobiográfico del cancionista de Nueva Jersey. Basta escuchar los cuatro minutos de “Brilliant Disguise” para emocionarse con el dolor ajeno.  

12. Frank Black – Honeycomb (2005)

En 1966, Dylan eligió Nashville para internarse en la grabación de Blonde on Blonde y purgar unas cuantas penas de amor. Casi 30 años después, Frank Black reservó durante siete días una habitación en el mismo lugar. Como Bob, el jefe de los Pixies llegó en un estado calamitoso: divorciado de su mujer de toda la vida, el cantante quemó las naves junto a un grupo de legendarias eminencias de la música country. El resultado es lo menos parecido a sus desparejos discos solistas: Honeycomb esconde algo de sabiduría añosa, como las reflexiones para aceptar el ocaso de una pareja o la osadía de Frank de interpretar a dúo con su exmujer una canción llamada “Strange Goodbye”.

13. Adele – 30 (2021)

Las edades de Adele Laurie Blue Adkins forman una discografía tan testimonial como los números que identifican a cada uno de sus discos. Cuando llegó a las tres décadas, comenzó a experimentar los efectos de un divorcio traumático. Dos años después, el lanzamiento de su cuarto álbum solista confirmó los niveles de daño a través de un manifiesto sentimental, crudo en las palabras y suntuoso en los arreglos. Adele reflexiona sobre sus errores, la fragilidad de las relaciones y los miedos frente a un nuevo amor. Jazz mullido y pop melancólico sostienen al nuevo clásico para el género de ruptura. “Estaré llevando flores al cementerio de mi corazón”, canta Adele en “Strangers by Nature” y parece que ya no hay mañana.

14. Spinetta y Los Socios del Desierto – Los ojos (1999)

“Para mi amor Carolina” es la frase que abre la ficha técnica de Los ojos, un disco que nunca fue presentado en vivo y que, en cierto modo, quedó injustamente relegado. Años más tarde, la sola mención de la modelo y actriz en una crónica periodística provocó la ira del músico. Sin llegar a ser un trabajo maldito, el segundo álbum de Los Socios del Desierto es una vuelta a esas intrincadas texturas armónicas de finales de los 70 y los primeros trabajos de Jade. La explosión es interior y hay que buscarla en las palabras sobre los recuerdos de la vida en pareja Spinetta-Peleritti: “Tus hombros se encogen y así se olvida el mundo/ Piazzolla, la tarde, el aire, las ganas de partir” (“Ave seca”).

15. Ryan Adams – Prisoner (2017)

Las rupturas y sus marcas son temas recurrentes en la agitada vida sentimental de Ryan Adams. Heartbreaker (2000) inició la saga del desamor en plan alt-country, luego la encantadora desolación pop de Love Is Hell (2004) convirtió al cancionista de Carolina del Norte en un experto en retratar quiebres y caídas libres. Prisoner cierra la trilogía del abandono y está dominado por el divorcio mediático de Adams y la actriz y cantante Mandy Moore. Springsteen, The Smiths y hasta The War On Drugs parecen convidados invisibles a este banquete de melodías doradas sobre el juicio final de una relación que terminó muy mal.

16. Madonna – Like a Prayer (1989)

El éxito planetario del cuarto álbum de Madonna escondía un drama en voz baja. Más allá de las referencias a su infancia, la pérdida de la inocencia y las relaciones familiares, Like a Prayer fue compuesto y producido mientras la cantante se separaba del actor Sean Penn. El dance-pop que domina a “Till Death Do Us Part” también sirve para describir la naturaleza circular del abuso disfrazado de amor. En la misma frecuencia bailable, “Express Yourself” es un poderoso himno de empoderamiento femenino luego de una relación violenta. El álbum rompe con el concepto de chica material que la industria le asignó a Madonna e inaugura un espacio de lucha y denuncia para una artista pop.

17. Frank Sinatra – In the Wee Small Hours (1955)

Antes que nadie, Sinatra puso el concepto como patrón temático en un vinilo. El gesto inaugural reveló su turbulenta relación con la bellísima Ava Gardner. “Lo nuestro comenzó con peleas, borracheras, más peleas, y acabó igual”, dijo Ava en su autobiografía. In the Wee Small Hours es un aterciopelado artefacto de encantamiento melódico. El efecto envolvente de los arreglos de cuerdas y Sinatra cantando al borde del llanto lo convierten en un planeta emocional sin retorno. Frank abre su corazón destrozado y se adueña de las composiciones para relatar la primera parte de la colección de “canciones Ava”, que continuó con el no menos genial Frank Sinatra Sings for Only the Lonely (1958).

18. Marvin Gaye – Here, My Dear (1978)

Cuando Anna Gordy le pidió el divorcio, Marvin Gaye estaba en bancarrota. Había despilfarrado una fortuna en excesos y malas decisiones. Para colmo el juez dictaminó que las futuras regalías de su próximo álbum pertenecían a su exesposa. Here, My Dear fue la respuesta de Gaye. “Creo que debo decir que este disco está dedicado a vos”, es la frase que abre el LP e inicia un relato detallado por los peores momentos de la relación. Despecho, venganza y rencor en las palabras mientras un mid-tempo constante marca la ruta de un soul refinado. El disco fue un rotundo fracaso, aunque el paso del tiempo mejoró su puntación.

19. Kanye West – 808s & Heartbreake (2008)

La pérdida de su madre, un matrimonio hecho trizas y todos los demonios del estrellato forman el cuadro de desolación de Kanye West modelo 2008. Sale del trance abrazado a una caja de ritmos Roland TR-808 y a sus discos de la adolescencia: Gary Numan, New Order y The Cure juegan como escudos protectores ante la prepotencia del destino y los imponderables del amor. 808s & Heartbreak tiene poco hip-hop y representó un puente hacia nuevas formas de producir. Entre la evocación melancólica al amor perdido (Alexis Phifer) y la sobredosis de Auto-Tune, West alcanza una cumbre creativa y adelanta cómo será la música urbana del futuro.

20. Björk – Vulnicura (2015)

Björk propone un ambiente de ensoñación para exponer los estragos de un divorcio. Ni furia ni despecho, esto es duelo y tránsito hacia el ineludible paso posterior: en latín, Vulnicura significa “cura de las heridas”. La escenografía de un paisaje oscuro y crepuscular corrió por cuenta de The Haxan Cloak y el venezolano Arca. El disco alude a las cuerdas eternas de Homogenic, donde la cantante luce más protegida ante tanto despojo. Se pueden escuchar las cicatrices del final de una relación, pasar de la vulnerabilidad a un estado más enérgico.

21. Bryan Ferry – The Bride Stripped Bare (1978)

La estampa madura, intelectual y vulnerable de Bryan Ferry contradecía a los modelos dominantes de la nueva era punk. A punto de la primera resurrección de Roxy Music, el dandi herido reveló los efectos del abandono y la traición en un álbum injustamente subestimado. El título está robado a una obra de Marcel Duchamp y la novia desnuda no es otra que Jerry Hall, la modelo que dejó a Ferry por Mick Jagger. La obra es una exploración del deseo masculino y femenino, “una frustrante máquina de amar”, sostenía el artista francés. Mientras que el quinto disco solista de Brian es una obra maestra del desamor dedicada a la chica que posó como una deidad anfibia en la tapa de Siren, quinto álbum de Roxy Music.

22. Paul Simon – Hearts and Bones (1983)

En un principio, Hearts and bones iba a ser el disco que volvía a unir a Simon & Garfunkel en un estudio tras la gira de regreso. No hubo química y Paul Simon optó por crear un LP más conceptual: “El arco de una relación amorosa”, definió el gran viaje incierto. Por ahí desfilaron su exesposa (“Train in the Distance”) y también un nuevo amor, la actriz Carrie Fisher. La historia con la princesa Leia duró poco y algo de la turbulencia que caracterizó a la relación aparece en el sexto álbum solista de Simon. El álbum fue un fracaso, los fanáticos esperaban un disco del duo y el sarcasmo del poeta hablando del amor y sus altibajos resultó un tanto excesivo.

23. John Lennon – Wall and Bridges (1974)

El llamado lost weekend significó para Lennon un pase libre a los días sin huellas. Duró un año y medio, dejó borracheras demenciales junto a su amigo Harry Nilsson, una amante llamada May Pang y un disco que mereció mejor suerte. La dependencia emocional de John hacia Yoko es una de las marcas del álbum, pero también hay lugar para la celebración hedonista y los pesares del hombre que cambió el devenir de la cultura del siglo XX. Suelto e inspirado, Lennon revela miedos (“Scared”), celebra la soltería condicional (“Whatever Gets You Thru The Night”) y evoca en sueños a los Beatles (“#9 Dream”). Pero en las baladas aparece su corazón destrozado (“Bless You”, “Nobody Loves You (When You’re Down and Out)”).

24. Elvis Costello – North (2003)

Entre el adiós y la bienvenida, Elvis Costello divide a North en dos. La etapa de su divorcio de Cait O’Riordan (bajista de los Pogues) ocupa la primera; en la segunda fija su mirada en el norte, en Canadá, donde nació la pianista y cantante Diana Krall, su nuevo amor. El eco de Painted from Memory aparece en North, aunque la orquestación no sigue la escuela Burt Bacharach, expone con mayor realismo las virtudes de crooner y la sensibilidad de la academia Chet Baker.

25. Charly García – Filosofía barata y zapatos de goma (1990)

Nunca reconocido como disco de divorcio, Filosofía barata… aparece cuando la bailarina María Zoca Pederneidas, novia de Charly más de diez años, vuelve definitivamente a Brasil. Es posible encontrar respuestas en las letras del disco que para los fans ultramontanos es el último de la saga brillante. El golpe confesional alerta en “De mí”, la evocación melancólica que da título al álbum es otra señal, y hasta agota el tiempo de espera en “Reloj de plastilina”. Zoca aparece en “Curitas” y vuelve casi como una súplica en “Siempre puedes olvidar”.

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