agosto 26, 2022

Antonio Sánchez lanza SHIFT (Bad Hombre Vol. II)

El reconocido baterista mexicano nos platica todos los detalles de su nuevo material, en el que colabora con artistas como Trent Reznor y Atticus Ross, Silvana Estrada, Ana Tijoux, Kimbra, entre otros

Por  PABLO MONROY

Fernando Aceves

Antonio Sánchez tiene cuatro Grammys y fue el encargado de la banda sonora de Birdman, de Alejando González Iñárritu. El baterista nacido en la Ciudad de México es uno de los músicos más reconocidos del país actualmente, lo que lo ha llevado a colaborar con algunos de los artistas más talentosos del mundo.

Sánchez está de vuelta con su nuevo material como solista, SHIFT (Bad Hombre Vol. II), en el que colabora con artistas como Trent Reznor y Atticus Ross, Silvana Estrada, Rodrigo y Gabriela, Ana Tijoux, Kimbra, entre otros. Con el disco, Antonio pretende fusionar sus raíces como un virtuoso del jazz con otros géneros, nacionalidades y llegar a otras audiencias.

Fernando Aceves

«Lo que me gustaría con este disco sería llegar a otro tipo de público», dice Sánchez en conversación con Rolling Stone en Español unos días antes del lanzamiento. «El público de jazz, aunque es muy fiel y ferviente, por desgracia se ha ido achicando cada vez más. Creo que es como el público de la ópera, o de la música clásica; muchos de los que eran los más fervientes fans se han ido muriendo, porque eran gente mayor. Entonces me gustaría hacer un puente entre el jazz que he estado haciendo y el pop, el rock y la música alternativa; y que pueda acercar un poco a la gente joven al jazz, a través de discos como este, que va a ser el primero de varios».

«Siento que cuando hago jazz, realmente quedo satisfecho con una parte creativa», agrega,  «pero a veces siento que es un poco blanco y negro. Y al poder hacer este tipo de producciones que tienen muchas capas sónicas, siento que estoy escuchando y haciendo música a color, en Technicolor. Y eso es lo se me antoja más hacer de ahora en adelante, por lo menos por unos cuantos discos».

Con SHIFT (Bad Hombre Vol. II), Sánchez continúa recorriendo de manera exitosa «el camino de introspección e investigación artística, que tenemos que hacer todos los artistas en el mundo». Lee la plática completa a continuación.

Estamos a unos días del lanzamiento de SHIFT (Bad Hombre Vol. II), que has estado trabajando un par de años, ¿qué pasa por tu mente cuando estás tan cerca de lanzar un álbum?

Nervioso. Ningún otro proyecto que he hecho ha tenido este proceso tan largo después de hacer el disco; por la pandemia se haya atrasado tantas veces –porque se suponía que iba a salir en septiembre del año pasado, luego en marzo de este año, luego mayo–, entonces es como que ya iba a tener el bebé y se ha ido retrasando el parto. Es una sensación de ansiedad bastante fuerte, pero estoy feliz de que por fin salga, y también estoy muy a la expectativa de qué es lo que va a ser el disco, cómo lo va a recibir la gente.

¿Por qué dices que a los 5 años la batería te escoge a ti y no tú a la batería?

Pues porque cuando tenía cinco años fue un flechazo. Obviamente a esa edad no tenía previsto ni tenía considerado las posibilidades que me iba a dar esa decisión de seguir con la batería toda mi vida. Entonces fue algo muy orgánico, gracias a que mi mamá Susana siempre ha sido melómana y escuchaba muchísimo rock and roll; entonces cuando vi esa primera batería, pues ya tenía en la sangre toda la música que había estado escuchando gracias a mi mamá, y fue como una simbiosis inmediata que pasó con el instrumento. Y desde ahí, pues, sin pensarlo mucho, le seguí. Sencillamente me atrajo tanto el instrumento que no se me antojó hacer nada más.

La figura de tu madre fue muy importante para tu desarrollo como artista, ¿no? No solo por su influencia musical, también porque te acercó mucho al cine.

Sí, exacto. Fue una formación bastante completa y ecléctica, por lo melómana que es mi mamá. Por lo del cine, en efecto, porque trabajó en la cineteca, en COTSA, en el IMCINE; escribía mucho de cine, escribió un libro sobre mi abuelo. Y también la influencia de mi abuelo, que es Ignacio López Tarso, porque al ver yo a alguien que hacía lo que quería hacer, y teniendo éxito y sintiéndose realizado, pues eso me hizo, inconscientemente, tener mucho menos miedo de aventarme a seguir una carrera en el arte.

Mencionas a Ringo Starr, Charlie Watts y Ginger Baker como tus tres primerísimas influencias y que aprendiste tocando su música, no tanto con ejercicios de técnica, sino que te metiste de lleno a aprender las canciones. Si le dieras un consejo a alguien que apenas comienza en la batería, ¿les recomendarías este camino de aprendizaje?

Digo, el camino de cada quien es diferente, pero siento que el amor más efectivo por un instrumento viene de la música en sí; no de la técnica que requiere el instrumento, sino de lo bien que te puede sonar una pieza de música, y luego querer transportar eso al instrumento. Y fue lo mismo que me pasó con el piano; cuando fui a ver la película Amadeus, me enamoré de la música de Mozart y también de la figura de Mozart: un niño que podía ser tan virtuoso. Y como yo era niño también, se me antojó muchísimo poder hacer algo de eso. Por supuesto, Mozart es Mozart y uno es uno, pero gracias a eso fue que me metí a la Superior de Música a estudiar piano clásico. Y eso también me ayudó muchísimo a complementar lo que ya estaba haciendo en la batería.

¿Qué tan importante fue trabajar en Birdman para poder trabajar cada vez más con personas que admiras?

Fue importantísimo. Yo creo que SHIFT (Bad Hombre, Vol. II) no existiría si no hubiera existido Birdman. Porque ese fue un punto de referencia muy grande para gente que no me conocía. Por ejemplo, Trent Reznor, que lo conocí en los Golden Globes; si no hubiera sido por ese contacto inicial, obviamente él no hubiera estado en el disco. Kimbra; ella no me conocía, pero le encantó Birdman, entonces cuando supo que era yo, se animó a colaborar también. Y así con varios artistas. Ha sido un punto de referencia muy grande, porque si alguien no conocía mi trabajo de solista, o con Pat Metheney o con Chick Corea, Birdman generalmente ha sido el punto de referencia más claro.

Fernando Aceves

También te llevó a trabajar en otras bandas sonoras…

Sí, de ahí hice una película española, un documental político; hice una película durante la pandemia que se llama Harami, que no ha salido, que es una producción hindú-estadounidense; hice Get Shorty, una serie de televisión, que fueron tres años de eso; y acaba de terminar de salir en HBO Max The Anarchists, de la que también hice la música original. Entonces obviamente Birdman ha sido un regalo que ha seguido dando.

EL título de Bad Hombre nace por esa famosa frase de Donald Trump. ¿Qué tan importante fue para ti en ese momento alzar la voz como mexicano en Estados Unidos?

Pues fue indispensable. No fue algo que premedité, sino que sencillamente, al ver lo escandaloso que estaba siendo la postulación de Donald Trump, con la famosa frase de los bad hombres, de los mexicanos que son criminales y son violadores y son buenos para nada, básicamente, pues quería apropiarme un poquito de esa frase y hacer un juego de palabras con eso. Por ejemplo, en el jazz y en la música, si en inglés dices «That’s super bad!» [«¡Eso es muy malo!»], quiere decir que eso es muy bueno. Y como el primer Bad Hombre que hice en 2017 era yo solo, pues era también un hombre.

Entonces tenía el contexto político, y luego también el contexto jazzístico, y también el contexto de que en el título estaba la naturaleza del disco. Porque yo hice todo: yo hice la producción, yo toqué todos los instrumentos. Entonces como que se convirtió en un alter ego, y me di cuenta después de eso de que me permitiría más adelante hacer proyectos como este de SHIFT, que realmente no tiene que ver tanto con el jazz.

Para mí, el jazz es el instrumento o la herramienta que me ha permitido completa libertad de expresión; me ha dado las herramientas para hacer este tipo de proyectos donde yo soy productor, yo hago casi toda la mezcla, yo toco los instrumentos… soy el ingeniero, también, de toda la sesión. Entonces es un proyecto que tiene muchas raíces del rock and roll, que a mí siempre me ha gustado porque de ahí vengo, pero pasado por el prisma de alguien que ha tocado jazz por décadas también. Entonces no es un disco de rock, no es un disco de jazz, sino que es una onda bastante experimental y alternativa, donde creo que la batería y las voces de los artistas son los elementos principales. O eso es lo que yo me estaba proponiendo, por lo menos.

Con esto que mencionas de que desempeñas varios roles en el álbum, ¿cuál es el orden que sigues para trabajar?

En este álbum en particular, lo primero que hice fue contactar a los artistas que yo quería. Mi pitch, cómo les llegaba, era preguntar si por favor me podían proporcionar una canción; podía ser algo que ya había salido, algo nuevo, una maqueta que hubieran hecho. Yo quería que los artistas trabajaran lo menos posible, porque cuando les pides mucho es más posible que te digan que no tienen tiempo. Pero por suerte, durante la pandemia mucha gente tenía tiempo de hacer esto. Entonces, ese fue mi acercamiento inicial con todos los artistas; algunos me dieron cosas que ya existían, otros me dieron cosas nuevas, algunos escribieron cosas específicamente para esto. Y yo les decía que la idea del álbum era la justicia social, que fue la idea del primer disco, el primer Bad Hombre, el del 2017. Entonces algunas canciones, creo que por coincidencia, cayeron dentro de eso, y otras fueron ya ideadas en ese plan.

Por ejemplo, ‘The Bucket con Becca Stevens es una canción muy especial, porque el texto es de un preso que entró al sistema de prisión estadounidense desde los 16 años por un doble asesinato. Tuvo una vida muy, muy ruda al principio; se llama Sterling Cunio esta persona. Becca encontró parte de una obra de teatro que escribieron los presos y que ganó un premio. Por la relación que tenían ella y su esposo con el sistema de prisiones de Estados Unidos –porque a veces llevaban música a las prisiones–, fue que ella conoció a Sterling, quien estuvo nueve años en confinamiento solitario, y mientras estuvo en prisión aprendió a escribir, aprendió poesía, se interesó por eso, y fue lo que lo salvó. Entonces Becca le escribió música al texto de Sterling, y yo reimaginé lo que Becca me había dado; después nos dimos cuenta de que necesitábamos permiso de Sterling Cunio para sacar la canción. Por la relación que tenían Becca y su esposo con las prisiones, lograron contactar a la esposa o novia de Sterling, y logramos hablar con él mientras seguía en prisión. Le enseñamos la canción por teléfono, y se puso muy sentimental de que pudiéramos usar algo que él escribió en la prisión, se sintió muy honrado; y por supuesto nosotros también, por supuesto. Se convirtió en un preso modelo en la prisión, y casualmente lo acaban de liberar, después de décadas de que estuvo ahí. La gobernadora de Oregon básicamente canceló su sentencia. Entonces ha sido una historia muy particular dentro del proyecto.

Entonces, ¿cada uno te presentó algo y tú lo deconstruíste?

Básicamente, después de haberles pedido la canción, les pedí permiso para reimaginarla con la idea de que la voz y la batería fueran los dos instrumentos principales. Por ejemplo, en el caso de Trent Reznor, abrí la sesión en mi computadora y eran algunas voces de Trent, algunos sintetizadores de Atticus Ross, y de ahí empezaba la labor de imaginar qué papel iba a tener la batería dentro de la canción. Y creo que Trent se imaginaba algo muy atmosférico; creo que se imaginaba algo que tuviera que ver con Birdman, con una batería muy orgánica encima de lo que él estaba haciendo. Y empecé a trabajar en la canción: la empecé a editar, empecé a grabar un montón de capas de batería, voces –mis propias voces–, teclados, bajos, guitarras… Estuve trabajando en la canción unos dos o tres meses.

Ha sido una colaboración particular con todos estos artistas, porque no se las mandaba a la mitad del proceso para preguntarles qué opinaban o si querían que cambiara algo. No fue así, para nada. Yo terminaba completamente lo que quería hacer, y se las mandaba, esperando que les gustara el resultado final. Y por suerte, a todos les gustó el resultado y no tuve que cambiar nada. 

Fue diferente con cada canción, ¿no? Por ejemplo, a Ana Tijoux yo le mandé un ritmo de batería y ella improvisó un montón de cosas encima, y luego yo lo edité y así acabó la canción. Lila Downs, lo mismo: le mandé un ritmo de batería y ella escribió la canción sobre el ritmo, y después yo reimaginé la canción. Así que cada canción tuvo un génesis diferente y cada artista un papel diferente dentro del disco.

Fernando Aceves

Las colaboraciones son muy diversas e interesantes, ¿para ti era importante juntar músicos de distintas nacionalidades y géneros? o ¿cómo fue que se formó este conjunto de artistas?

Para empezar, yo no quería artistas o cantantes de jazz. Siento que por desgracia, el jazz se ha vuelto tan marginal que es muy difícil llegar a otro público si te quedas dentro del mismo círculo, en el cual llevo ya muchos años. Quería artistas que me inspiraran a hacer cosas diferentes, que la música me retara y me orillara un poquito a tratar de reimaginar las cosas de una manera poco convencional. Y el primer Bad Hombre en 2017 me ayudó muchísimo a darme cuenta de las posibilidades que había dentro de la producción en mi propio estudio. Estuve como científico loco, picando botones en la computadora y en los programas, para ver qué hacían. Y muchas cosas de las que pasaron en el primer álbum, y también en este último, fueron por accidente, por estar experimentando con diferentes sonoridades.

Así es que para mí es un proyecto increíblemente personal, precisamente por todo lo que hice dentro de las canciones. Y mi idea sí era tener artistas muy variados; lo más icónicos que pudieran ser, mejor, por supuesto: tener a Dave Matthews, a Meshell Ndegeochello, de quien he sido súper fan desde principios de los noventa. Y tener artistas muy, muy diversos latinoamericanos, por supuesto; mexicanos, que para mí era muy importante: Lila Downs, Rodrigo y Gabriela, Silvana Estrada.

Rodrigo y Gabriela también compusieron una canción especialmente para esto, luego yo la reimaginé. La canción de Silvana Estrada ya existía, pero cuando la reimaginé, la acabé y se la mandé, quedó sorprendida y me dijo «Nunca pensé que mi canción pudiera sonar de esta manera».

Así que ha sido un proceso muy satisfactorio. Y la colaboración más estrecha fue con Thana Alexa, que es mi esposa. Y obviamente viviendo juntos, pudimos trabajar en esa canción de una manera muy estrecha. Ha sido un proyecto increíblemente satisfactorio.

Comienzas y terminas el álbum con un homenaje a tu abuelo, quien comentabas que ha sido muy importante para tu desarrollo como artista. ¿Cómo ha sido importante para moldear todo este proyecto?

Pues la primera vez que puse la voz de mi abuelo en un disco fue también en el Bad Hombre original. Ahí agarré un pedacito de un corrido que se llama ‘Benito Canales’, de uno de sus discos, y lo puse en la intro del mío. Entonces se me antojaba tener otra vez su voz, porque es algo increíblemente mexicano lo que ha hecho mi abuelo con sus corridos. Y empecé a tratar de acoplar como intro cosas que ya existían, pero nada me convencía.

Entonces se me ocurrió que yo podía escribir algunos versos y que él los dijera a manera de corrido; los versos eran, por supuesto, acerca de lo que la gente iba a escuchar en el disco. Entonces yo me imaginé una plaza típica en México, en donde está el organillero, el camotero, los niños jugando, la campana de la iglesia, y de repente se oye la voz de mi abuelo, que está invitando a la gente a entrar, a escuchar. Y al final del álbum tengo su voz, agradeciendo al respetable su atención y por estar escuchando atentamente. Entonces es muy emotivo para mí oír la voz de mi abuelo cada vez que empieza el disco, sobre todo con palabras que yo le escribí. Es algo muy especial para mí.

En la introducción menciona que cada tema cuenta una historia muy diferente. Ya me contaste una muy interesante, pero ¿hay alguna otra en el álbum que te parezca especialmente importante?

La que escribimos Thana y yo, que es acerca de la pandemia. Se llama ‘Trapped (Red Room)’, porque una de nuestras habitaciones tiene una pared roja, y nos sentíamos atrapados los dos en ese cuarto. Por suerte el tenernos el uno al otro nos permitió hacer esto, que fue muy creativo, y una muy buena terapia durante la pandemia.

Otra historia interesante fue la de Ana Tijoux. Ella estaba muy, muy ocupada; estaba viajando, tenía cosas familiares, etcétera. Se iba acercando la fecha límite para que me diera su material, y no me lo podía dar antes de esa fecha. Entonces yo le escribía y le decía «Mi querida Ana, ¿no sabes cuándo vas a poder entregarme lo que estás escribiendo?»; y ella: «Ay, sí, discúlpame, la semana que entra». Hasta que llegó un momento en el que le tuve que decir «Discúlpame muchísimo, pero si no me lo entregas en esta fecha, no va a poder estar en el disco», y ella me dijo «Te doy mi palabra de que ese día te lo entrego». Y la canción acaba siendo acerca de mi palabra; su palabra, la palabra de Ana, la palabra de una mujer y lo que eso significa. Entonces abrir la sesión que me mandó también fue increíble, y entender lo que había pasado, de que se sentía mal de no haber podido dármela antes, cuando me había dado su palabra. Entonces la canción se convirtió en ‘Mi palabra’.

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