Annette

Adam Driver y Marion Cotillard despliegan su talento en un musical melancólico y pesimista, que marca el regreso de Leos Carax a la dirección, luego de casi diez años de ausencia

Leos Carax 

/ Adam Driver, Marion Cotillard, Simon Helberg

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

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Cortesía de Cineplex

Leos Carax es uno de los últimos vestigios del cine experimental (Godard se retiró y Lynch está dedicado a otros menesteres). Su último largometraje llega casi una década después del estreno de su excéntrica y genial Holy Motors, y es una obra tan atípica como toda su filmografía. 

La premisa de Annette tiene la apariencia de una broma dadaísta. Un comediante conoce a una cantante de ópera, se enamoran y tienen una hija marioneta. Y es un musical. 

Annette nace originalmente como un álbum conceptual confeccionado por el dúo de música Pop conocido como Sparks (protagonista del excelente documental dirigido por Edgar Wright). Carax escuchó su música y quedó fascinado con las ideas que giran en torno al arte, el talento, la explotación y la muerte de la opereta orquestada por los hermanos Ron y Russell Mael. Además, su excentricidad calza como un guante con el estilo desquiciado del director francés.  

Sparks no es una agrupación ajena al mundo del cine (ellos parecieron en la fallida cinta de desastre de los años setenta Terror en la montaña rusa y estuvieron ligados a dos ambiciosos proyectos que iban a ser dirigidos por Jacques Tati y por Tim Burton, los cuales nunca llegaron a ver la luz). Pero con Carax, los hermanos Mael encontraron a las personas ideales para canalizar el sentido del humor y las profundas observaciones sobre las relaciones entre las personas, que han hecho parte de su música por casi cincuenta años de carrera artística.

Adam Driver, uno de los actores más talentosos y arriesgados de la actualidad, continúa retándose a sí mismo al interpretar a Henry McHenry, el cínico comediante de stand-up que, en un principio logra conectarse con su público, para luego alienarlo y hacerlo enojar. La siempre fascinante Marion Cotillard, reemplaza a Rooney Mara y a Michelle Williams en el papel de Ann Defrasnoux, la cantante de ópera sofisticada y apacible que contrasta con la rudeza y desparpajo del comediante que se prepara para sus presentaciones como si se tratara de una pelea de boxeo. 

Junto con ellos está Simon Helberg (de la serie The Big Bang Theory) quien interpreta a un músico que acompaña a Ann en sus presentaciones. Y, por supuesto, está Annette, la marioneta, quien adquiere el particular talento de cantar desde que era un bebé. La envidia y resentimiento de McHenry desemboca en una tragedia que evoca a la ópera Pagliacci de Leoncavallo. Luego, el comediante se une al músico para explotar el talento de su propia hija (en una situación que nos recuerda al dibujo animado de los estudios Warner titulado One Froggy Evening, sobre una rana que cantaba). 

Como es costumbre con las películas de Carax, lo improbable y lo absurdo llega a funcionar. Desde que la cinta se inicia con el director, los actores y los músicos reunidos en un estudio cantando “podemos comenzar”, hasta el final, en donde todo el equipo envuelto en la producción de la película se despide cantando, Carax nos advierte sobre el carácter artificial de los musicales. Pero su agudeza para retratar los vicios de la condición humana, convierten a Annette en uno de sus mejores trabajos. Esta es una obra de arte exuberante, inolvidable, demencial y muy original.