High Vis debuta en Buenos Aires: la historia de la banda que redefinió el hardcore británico

Surgidos hace 10 años en Londres, la expansiva banda liderada por Graham Sayle llega a Latinoamérica por primera vez, luego de abrirle a Turnstile en Europa

Por  FEDERICO MARTÍNEZ PENNA

septiembre 25, 2026

Manuel Casanova

Hay una canción de High Vis que podría leerse como un manual de instrucciones. Se llama “Choose to Lose“, del debut No Sense No Feeling (2019) y arranca con un galope de batería y una especie de pausa, casi un suspiro. “El breakdown”, en la jerga especializada, podría encajar en la discografía de cualquier banda de hardcore de la costa este en los ochenta. Treinta segundos más tarde, la guitarra se abre paso entre los riffs hacia un arpegio con delay que remite directamente a Joy Division o Sisters of Mercy. Ese cruce improbable —la violencia del pogo de sótano con la melancolía de las guitarras post-punk del norte de Inglaterra y el ritmo del madchester y el britpop— es lo que el quinteto de Londres viene perfeccionando desde 2016.

Graham Sayle grita (pero también canta), Edward “Ski” Harper toca la batería, Martin MacNamara y Rob Hammeren las guitarras, Jack Muncaster el bajo. El nombre de la banda viene del chaleco reflectivo fosforescente, de alta visibilidad, que usaban para colarse en festivales simulando ser empleados del lugar. La prenda cumple una doble función bastante poética: unifica a la clase trabajadora británica y, según Sayle, te vuelve invisible o corriente. “Cuando tenés ese chaleco nadie quiere verte ni hablarte salvo que necesite algo”, explicó alguna vez.

El cantante ahora se relaja en un sillón de tres cuerpos marrón claro mientras atiende a Rolling Stone vía Zoom desde Londres. Recién llegó de entrenar muay thai. Un gatito siamés, de los dos que él y su esposa tienen en su casa de los suburbios, voltea el celular de su dueño y trata de llamar su atención. Pide disculpas mientras regala su primera sonrisa y un hilo de luz rebota en su colmillo dorado. Y deja en claro que no piensa prepararse para la gira que lo traerá a México, Brasil, Chile y Argentina: “Hago todo lo que está a mi alcance para evitar pensar en esto hasta que estoy ahí adentro”. Pero no lo dice con indiferencia, sino como un ejercicio para mantenerse en eje; seguir sorprendiéndose y permanecer a salvo del ego y la ansiedad.

“Nunca estuve en Sudamérica, así que no tengo la menor idea. No sé si la gente nos conoce, no sé nada”. Lo único que averiguó se lo contaron un par de amigos pintores que vinieron a Buenos Aires y le hablaron de la escena artística. El resto lo descubrirá en cuestión de días.

Todos los miembros de High Vis venían de bandas de hardcore que pasaron por los circuitos londinenses de los 2000 —Dirty Money, Tremors, DiE, The Smear, Crowd Control— y de trabajos que no tenían nada que ver con la música. Harper manejó un taxi negro durante años y se recibió de terapeuta, Sayle daba clases de taller de madera y metal en una escuela del sur de Londres mientras fabricaba muebles de cemento.

Para 2024, después de tres discos, todos renunciaron para tocar en High Vis a tiempo completo. En el medio pasó de todo: Blending (2022) y Guided Tour (2024), ambos editados por el sello norteamericano Dais y producidos por Jonah Falco, baterista de Fucked Up, los posicionaron en el mapa. Medios de toda escala y región calificaron positivamente, y los bautizaron como “los Stone Roses si hubieran firmado con Dischord“. El año pasado abrieron para Turnstile en su gira de estadios cerrados de Europa, luego a Deftones y se colaron, oficialmente y sin necesidad de chaleco, en las grillas del Lollapalooza, Primavera Sound y Glastonbury.

El próximo miércoles 30 de septiembre, después de ir a Toronto, Nueva York y San Pablo, estarán sobre el escenario de Uniclub (entradas acá), en Buenos Aires. En su debut porteño veremos a Sayle gruñiendo, pegando saltos atléticos y gritándole en la cara a la gente letras sobre amigos muertos, sentirse paranoico, el sistema de asistencia social inglés y ese trapecismo del amor al odio con el Liverpool que lo crió. O sea, lo que podés esperar de un show hardcore. Pero un dejo de optimismo se filtra en pequeñas viñetas desde las letras de Sayle cuando nos recuerda que “todavía estamos aquí” y “la muerte es veloz pero la vida se mueve más rápido”. Hay una misión que cumplir.

La biografía ayuda a entender parte del asunto. Sayle creció en New Brighton, un pueblo costero que mira a Liverpool desde la otra orilla del Mersey y que quedó arrasado por lo que Margaret Thatcher llamó “declive administrado”. Su tío trabajó en los astilleros, murió de asbestosis y fue el primero en llevar el periódico Socialist Worker a Merseyside. A los quince empezó a ir a shows de hardcore en Liverpool, donde en la misma noche podían tocar una banda de crust-punk, una de doom y una de rockabilly. Después se mudó a Londres para estudiar Bellas Artes en la Universidad de Goldsmiths, y ahí entendió dos cosas: que era pobre y que no sabía hacer nada más que gritar. La primera la aprendió de sus compañeros. La segunda se la desarticuló “Ski” Harper cuando le propuso hacer un puñado de canciones góticas y que cantara en vez de gritar.

De la escuela de arte, dice, le quedó una manía. “Te volvés crítico de absolutamente todo lo que hacés. Cada decisión tiene que ser intencional.” La frase suena curiosa al venir de alguien que recurrentemente reparte el crédito hacia los costados: los demos de Harper (“siempre me asombra, es un psicópata”, dice riendo), las melodías de MacNamara, los bajos que llegan tarde y perfectos.

Cuando le pregunto qué hay en una canción de High Vis que exista solamente porque él está en la sala, tarda en contestar. “Escribo siempre desde la experiencia y me guío por la sensación. No puedo atribuirme mérito por algo que simplemente sale.” Recién ahí concede un ejemplo: “Mind’s a Lie“, el tema más bailable de Guided Tour que se apoya en un sample de la cantante Ell Murphy y en el amor de Harper por el sonido del garage de las raves y las radios piratas. “No había ningún marco previo de cómo tenía que sonar. Se sentía nuevo. Por eso el semi-grito, casi spoken word, tenía sentido.”

Un arco de catorce años resume su experiencia con el lugar donde nació. En 2010, con Tremors, escribió “Hometown Hatred”, un tema sobre escaparse de ahí. En 2022, con High Vis, escribió “0151” —el código de área de Liverpool— como homenaje. Si uno pretende entender qué cambió entre ese período, Sayle no habla de madurez. “Fue justo después de que mataran a un amigo mío en Liverpool”, cuenta sobre los primeros años. “Estaba furioso y un poco desorientado, pensando que el problema era el lugar y no el abandono, la falta de inversión y de apoyo a la gente de la ciudad. Estaba apuntando la bronca en una dirección rara.” Y remata: “Igualmente la gente del noroeste es de las más graciosas del mundo. Se trata de encontrar algo positivo y unificador, un poder colectivo en ser el perdedor.”

Esa materia prima —ideas que escribe en notas del celular, sin agenda previa— sostiene también algunas letras que hasta ahora él nunca había explicado en público. “Deserve It”, de Guided Tour, por ejemplo. “Es un tema sobre resistencia y sobre autoestima”, dice. “Mucha gente con la que crecí no siente que valga nada“.

Sin embargo, en la banda hay expectativa, aunque lo minimicen. Guided Tour ya tiene un sucesor y Sayle adelanta un posible título: It ‘s Over If You Want It to Be (Está terminado solo si vos querés que lo esté). Si lo leés pegado al nombre de la banda, inmediatamente se imprime algo de drama. Se leería como, “High Vis está terminado solo si vos querés que lo esté”. Bastante suspenso, sobre todo considerando que la esperanza de vida media de una banda hardcore no suele superar un puñado de EPs, a lo sumo un disco. Aunque el título puede cambiar, lo que asegura es que ya tiene una visión cristalizada. “Venimos trabajando muchísimo. En nuestros borradores hay diecinueve demos. Íbamos a grabar en septiembre, pero no se dio, porque no sentíamos que estábamos en el clima adecuado. Pero viene siendo un proceso increíble”, admite.

La bitácora hacia el cuarto disco de High Vis incluyó también una visita al estudio por parte de Flood, y esta frase pesa lo suficiente como para hacer un desvío en el texto: Mark Ellis, alias Flood, debutó como asistente de ingeniería en Movement, el primer disco de New Order, en 1981. Hablamos de un hombre que estuvo en la sala cuando Joy Division se convirtió en New Order, y con el correr de los años, U2, PJ Harvey y Nick Cave requirieron de sus servicios. Su crédito como productor aparece en discos como Mellon Collie and the Infinite Sadness, Violator y The Downward Spiral, y otros tantos tanques de guerra del rock y el pop de los últimos treinta años. Si, aquel Flood fue a ver a los High Vis en medio de la alquimia, escuchó y dio consejos. Pero, bajando a lo concreto, ¿lo va a producir? “Todavía no sabemos qué pasará, pero estamos trabajando todos juntos”, cuenta y sonríe. “Pero fue genial tenerlo en el estudio, conversar y escuchar sus consejos. Es el GOAT, como dicen por ahí”.

Sayle admite sentir cierta presión y anticipo, sobre todo de la gente, y por eso intentan hablar lo menos posible por fuera de la banda. La idea es reducir la influencia externa en esta etapa.

Un renombrado productor que orbita en su galaxia, medios que los bendicen y shows de alto impacto. Si hay algún parámetro de tamaño y proyección por parte de la banda, el cantante se comprime, pero coquetea con el futuro: “Hemos tocado en estadios y en lugares superpequeños, y quiero poder seguir tocando en cualquier lugar”, explica. “Mientras estemos juntos y lo disfrutemos, quiero estar abierto a todas las posibilidades”.

CONTENIDO RELACIONADO