La nueva gran producción de Juan Fernando Fonseca, como su título lo indica, gira alrededor del paso del tiempo, de su valor, de la nostalgia de los recuerdos y de lo difícil que es extrañar, pero también de la importancia de agradecer y, por supuesto, del amor. Eso es Antes que el tiempo se vaya.
Colaboraciones junto a Manuel Medrano, Rawayana, Nanpa Básico, Juanes y Río Roma complementan la prodigiosa voz de Fonseca. Sin embargo, el momento cúspide del disco es la canción junto a Rubén Blades, ‘Nunca me fui’, en la que la nostalgia aparece para darle esperanza al migrante.
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“Cuando murió Willie Colón sentí mucha melancolía al recordar tantos momentos que viví a su lado: hicimos una gira completa en Australia, compartimos tarima muchas veces y hasta me regañó. Con su muerte, y todo lo que salió después, uno se percata de su importancia en la música, en la carrera de Rubén Blades, Héctor Lavoe y Celia Cruz… Es increíble haber tenido la oportunidad de grabar con él y luego con Rubén. Recordando y viendo estas cosas es que uno se da cuenta de que el tiempo es el tesoro más grande”. Así empieza la entrevista, valorando esos tesoros que deja el tiempo y que, con su paso, se vuelven más valiosos, como lo explica Fonseca al haber grabado junto a Willie Colón y Rubén Blades.
“El tesoro más grande de la vida”: eso es el tiempo para Fonseca y el eje fundamental de su nueva producción, Antes que el tiempo se vaya. Y, como él mismo reflexiona, sobre todo en una carrera como la de un artista, en la que se viaja tanto: “El tiempo es invaluable, ya sea en casa con la familia o cuando se sale de viaje y se tienen escasos minutos para saludar a los amigos… El tiempo es oro”.
El paso del tiempo nos afecta a todos, pero hay momentos en la vida en los que se hace más evidente, como cuando Fonseca observa a sus hijos: “No puedo creer que mi hija Paz tenga 15 años, Manolo 11 y Agustín 7; ahí uno se da cuenta del paso del tiempo. También, darse cuenta de que este es el álbum número 11 de mi carrera, que ya han pasado 25 años… me parece una exageración, pero así es”.
“Con el paso del tiempo, la melancolía crece. Con los años uno va entendiendo a qué quiere dedicarle tiempo y qué cosas quiere soltar”.
Alrededor del tiempo como eje central del disco, también hay espacio para el agradecimiento, algo que Fonseca ha venido cultivando en sus canciones: “Me encanta que una de mis banderas en composición sea el agradecimiento. Con la música uno agradece de manera sabrosa: es parrandear, pero sintiendo algo que de verdad le mueve la fibra a uno. Mi gran aporte en el mundo está en ver a las personas cantar con los ojos cerrados estas letras que hablan de gratitud”. Asimismo, los recuerdos felices que con el tiempo se tornan melancólicos —eso que llamamos nostalgia— juegan un papel fundamental dentro de la producción: “Con el paso del tiempo, la melancolía crece. Con los años uno va entendiendo a qué quiere dedicarle tiempo y qué cosas quiere soltar. Hay situaciones y sentimientos que uno busca dejar y ya; pero lo que uno realmente extraña se va volviendo más intenso con los años”.
Amor: ese sentimiento inexplicable, de infinitos caminos, del que tanto se habla, se escribe y se canta. Desde diferentes ángulos, melodías y palabras lo ha abordado Fonseca, pero esta vez cuenta cómo supo que había encontrado al amor de su vida: “Llevo ya varios años con mi esposa y nos conocemos desde que teníamos cinco años… Sabía que era el amor de mi vida desde antes de saber qué era el amor [risas]. Ella se fue cuatro años a estudiar a Barcelona; ahí fue cuando me di cuenta de que iba a ser algo para toda la vida, porque, pese a la distancia, el sentimiento seguía siendo el mismo. Creo que, superando esos obstáculos, uno se da cuenta de si ha encontrado al amor de su vida”.
Presentado como uno de los discos más personales de Juan Fernando, el artista recalca la historia detrás de ‘Ahí estabas tú’, canción que representa un momento muy difícil en su vida, en el que Dios fue protagonista: “Dios me dio una luz para iluminar el camino”. Un camino que, como compositor, ha sido cada vez más introspectivo: “Cada día excavo más en mis anhelos, en mis miedos, mis sueños, mis alegrías y mis frustraciones. La música me ha ayudado a deconstruirme para entenderme mejor”, reflexiona sobre su faceta de compositor y sobre cómo, en cada disco, van cayendo más capas que permiten percibir mejor sus sentimientos como persona.

Dentro de las colaboraciones del álbum —dejando aparte la de Rubén Blades, de la que ya hemos hablado—, la canción junto a otro ícono de la música hecha por colombianos, Juanes, es la que da nombre al disco. En ella no solo conectan desde lo musical, sino también desde lo conceptual, recordando que el antioqueño también dedicó un álbum al paso del tiempo: La vida es un ratico. “La primera vez que colaboramos fue en un disco mío llamado +Conexión, en la canción ‘Y tú’; esa canción es un pop-rock melancólico y medio oscuro. Después, colaboramos en su disco Mis planes son amarte, en ‘Alguna vez’, una canción bien acústica. Y faltaba un tema tropical, así que le escribí a Juanes para ver si se atrevía a hacer un merengue. Él tiene la confianza de decirme que no [risas], pero cuando le mostré la canción, me dijo que le encantaba. Construir una historia de colaboraciones en conjunto es muy bonito”.
‘No me resisto’, junto a Nanpa Básico, es sin duda la colaboración menos esperada del disco. Se gestó en un avión, donde coincidieron Nanpa y el mánager de Fonseca; entre chiste y chanza, Nanpa expresó su admiración por Fonseca y su intención de trabajar con él. “En la vida se me hubiera ocurrido colaborar con él. Ya lo conocía y me parece tremendo lo que hace con su música, pero yo tampoco me la esperaba, y menos que fuera él quien quisiera trabajar conmigo. Cuando llegué al estudio, tenía mucha expectativa y nervios sobre lo que podría suceder, sobre cómo íbamos a juntar esos dos mundos. Ese man tiene un talento impresionante; hay que atajarlo porque suelta mil ideas por minuto: melodías, frases, rapea… A mí me dejó loco”. De la unión de esos dos universos “distantes” surgió una de las mejores canciones del disco.
“Cada día excavo más en mis anhelos, en mis miedos, mis sueños, mis alegrías y mis frustraciones. La música me ha ayudado a deconstruirme para entenderme mejor“
En algunos meses, Fonseca se presentará en el Coloso de la 30, el estadio Nemesio Camacho El Campín de Bogotá, en lo que seguramente será uno de los conciertos más importantes de su carrera. No obstante, recuerda ese primer concierto hace más de 20 años en Chía: “Es bonito darse cuenta de la vuelta tan grande que ha dado la carrera: del Teatro Los Ladrillos en Chía al Campín. Recuerdo demasiados nervios en ese concierto en Chía, y eso que soy muy tranquilo en la tarima, pero fue la primera vez en un escenario con mi propio proyecto, defendiéndolo. Antes del concierto se fue la luz; ya estaba todo el público y literalmente le tocó esperar con velas. Un primo mío parqueó un carro afuera del parqueadero para que nadie se fuera [risas]. Fue una noche increíble, el inicio de un sonido que apenas estaba empezando a soñar. Ahora, en El Campín, claro que hay nervios por lo grande. Tocar en estadios es retador porque el tipo de interacción con el público es diferente. Más allá de la perfección, el gran reto es la conexión con el público”.
Un disco que va de la cumbia a la salsa y al merengue, que demuestra la tropicalidad que nace del corazón de Fonseca —porque Fonseca es bogotano— y que se entrelaza con el pop. Antes que el tiempo se vaya reafirma la esencia de una de las mejores voces de Colombia: la de Fonseca.


