Mumford and Sons marchan con sensibilidad en Prizefighter

El sexto álbum de la estelar banda inglesa enfatiza su lado vulnerable, junto a algunos amigos de primer nivel.

marzo 6, 2026

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Mumford and Sons han pasado sus casi 20 años de carrera intentando resolver una gran duda: ¿marchar con fuerza, o no hacerlo? El folk moderno a base de golpes de banjo que idearon en su debut de 2009, Sigh No More, y su sucesor de 2012, Babel, no solo convirtió a la extraña banda británica en estrellas, sino que sacudió las tendencias de la música pop. Su estética rústica anunció un auge de la música acústica que incluyó a artistas como Ed Sheeran, Noah Kahan y Zach Bryan, y su sonido se filtró en los ritmos del pop. Como cualquier banda con un estilo distintivo que empieza a sentirse demasiado expuesta, musicalmente han dado algunos giros, generalmente hacia territorios más refinados en LPs como Wilder Mind (2015) o hacia una densidad profunda en Delta (2018). El año pasado regresaron con Rushmere, su primer disco nuevo en ocho años, que logró un buen equilibrio entre el los golpes fuertes de su “stomp” y la sutileza. Su último trabajo, Prizefighter, sigue rodando en la misma dirección, con un énfasis en la vulnerabilidad y la ayuda de amigos de primera línea.

Con la producción de Aaron Dessner, la banda logra un equilibrio artesanal entre himnos grandilocuentes y momentos folk más suaves. Muchas de las mejores canciones de Prizefighter cuentan con la colaboración de otros artistas, que aparecen abundantemente a lo largo del álbum. Abre con dos canciones envolventes con cameos de renombre. En ‘Here’, el líder Marcus Mumford hace un dúo con Chris Stapleton en una pieza de soul-country sobre lamentos crudos y esperanzas tenues. Hozier se suma en ‘Rubber Band Man’, coescrita con Brandi Carlile, una melodía folk que se eleva hacia una emotiva bendición romántica. La más sutil de estas colaboraciones podría ser la más memorable: ‘Badlands’, un dúo cadencioso con Gracie Abrams en el que el quejido lastimero de Mumford se mezcla perfectamente con la belleza sencilla de la voz de Abrams.

Ninguna de estas colaboraciones con invitados famosos parece un adorno, y ninguna distrae de la mezcla central de Mumford: ese vigor de rasgueo fuerte e intimidad indie-folk. ‘The Banjo Song’ es una serenata de cinco cuerdas impulsada por una gran voz grupal, mientras que ‘Begin Again’ y ‘Run Together’ (coescrita con Finneas y con tintes de bluegrass) ofrecen una versión moderada del “stomp” característico de la banda. En otras partes, la canción que da título al disco y ‘Alleycat’ evocan los matices gentiles de The National o Bon Iver.

La sensibilidad inquisitiva de Marcus Mumford entrelaza la música, ya sea cantando sobre el lado espiritual de la paternidad en ‘Conversation With My Son (Gangsters and Angels)’, enfrentando sus defectos y demonios en Shadow of a Man, o entregando un inventario preciso de su ser en constante transformación para ‘I’ll Tell You Everything’. La mezcla robusta y cordial de los “Mums”, llena de buenas intenciones y un elenco bien elegido de colaboradores de élite, da como resultado un disco constante, sólido y vulnerable.

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