Future of Music de ROLLING STONE en Español presentó su tercer conversatorio virtual: Activismo en la música. En este coloquio, se crearon reflexiones de la representación de las mujeres, migrantes y personas de la comunidad LGBTIQ+ en la música y su influencia en la creación de un futuro diverso y equitativo en el sector del entretenimiento, así como las necesidades a futuro. ¿Qué papel representan en una industria tan demandante? ¿Por qué sus caminos marcan resiliencia y fuerza? ¿Cómo crear un camino contundente?
Para este conversatorio, Briela Ojeda (Cantautora), Dulce Amaya (PR en ONErpm), Elena Ríos (saxofonista, artivista), Rebeca Lane (artivista, socióloga, poeta y cantautora de rap) y Vivir Quintana (cantautora y activista) acompañaron a Laura Vásquez Roa (editora de asuntos sociales y de género de ROLLING STONE en Español) en una cátedra que nos explica la realidad de miles de personas en la industria musical. Más allá de la empatía, este conversatorio nos dejó una reflexión contundente para tomar acciones que realicen cambios reales y decisivos.
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Activismos en la música
Para dar comienzo a este panel, Vásquez inició por preguntar sobre la relación que hay entre el arte y la política, pero no desde una perspectiva tradicional, sino desde un punto en el que lo gubernamental nos atraviesa en todos los aspectos de la cotidianidad.
Elena Ríos compartió la desgarradora violencia a la que sobrevivió: un ataque con ácido. La artivista aseguró que esta experiencia la llevó a cuestionar su realidad y el entorno en el que vivía, pero ¿realmente no haber estado involucrada con música la hubiera exento de esta violencia? “Poco a poco entendí, como cientos de compañeras, que no era mi culpa. Yo me sentía libre a través de la música y no era mi culpa que un agresor quisiera matarme. Hemos normalizado este tipo de violencias a tal grado que pasan desapercibidas, y después no sabemos por qué sucede una violencia extrema”, reveló. Además, Ríos expusó la responsabilidad que conlleva estar en un escenario: “Tenemos una responsabilidad cuando estamos expuestas en un escenario. Tenemos un gran poder. El escenario no sólo sirve para vernos bonitas, sino para transmitir un mensaje. ¿Estás dispuesta a dar una proyección de la realidad?”.
Por su parte, Rebeca Lane dijo que su música se encontró con el panorama político a través de una cuestión generacional. Desde hace años, la cantautora estuvo expuesta a música que permite hablar de ciertos temas que abren conversaciones de relevancia para influir en la formación humana. “La música es un vehículo a través del cual yo comencé a conocer el mundo. Antes de ser cantante, yo comencé a ser activista por la memoria histórica”, dijo. “No tuve una elección consciente de mi música, más bien fue algo que se dio natural por el lugar donde yo crecí, la historia de mi familia”.
A su vez, Vivir Quintana contó que su versión parte de un punto de realismo. La cantautora hizo referencia a que su despertar comenzó cuando se dio cuenta que su realidad era muy lejana a la de los demás. “Crecí con el privilegio de estar en una familia muy amorosa. Mi papá y mamá me daban a elegir lo que yo quisiera hacer. Me decían que mi voz era muy importante”, reveló. “Mis padres me ayudaron a entender que todos tenemos diferentes contextos de vida porque somos diversos”. El relato de Quintana siguió con una historia de feminicidio, la víctima: su amiga. “Yo sabía que algo malo estaba pasando, pero no lo entendía. Después entendí que la música es una herramienta por la cual puedes compartir mensajes que le llegará a mucha gente. Sí hay una responsabilidad de qué compartimos como artistas. Me di cuenta que quería hacer música que mostrara que hay otras realidades y formas de vivir. Cuando mi amiga es víctima de feminicidio, me llegó una obsesión en pensar qué hubiese pasado si ella lo hubiera matado”, contó. Desde ese trágico escenario, Vivir comenzó a buscar estas historias, a frecuentar los reclusorios y centros de readaptación social, todo con el fin de entender y darles una voz a aquellas personas que viven bajo otros contextos que les ha puesto la vida. Con esto, la cantautora llegó a una conclusión: todos estos individuos tienen derecho al arte, a la música, a la comunicación, sobre todo a la belleza; ellos no son el suceso que los marcó de por vida.
Por su parte, Dulce Amaya compartió su perspectiva que destaca un lado más allegado y corporativo a la industria musical. La experta asegura que el sector no deja de evolucionar, ya que los cambios que ha presentado en los últimos años son notorios; sin embargo, todavía queda mucho por trabajar. “La figura de la mujer está luchando cada día para tener una mejor imagen en el sector del entretenimiento. Luchamos por tener más lugares y respeto, algo de lo que me he dado cuenta en este tiempo”, dijo.
Laura Vásquez dio paso a uno de los puntos más importantes, pero también cuestionables dentro de la industria musical: la responsabilidad que cargan los artistas en cuanto a tener una voz que las masas siguen. ¿Presión o responsabilidad? “Hay veces que la responsabilidad va de la mano con la presión. Lo voy a poner con la palabra ignorancia, pero no de que no conoces algo, sino de que eres consciente de que ese algo existe y sabes lo que es; sin embargo, decides ignorarlo”, dijo Briela Ojeda. La cantautora compartió que su postura parte de restablecer muchos órdenes que se nos plantearon a lo largo de nuestras vidas y que, aunque queramos transformarlos, cuesta ignorarlos por cuestiones políticas. “Sí hay un grado de responsabilidad. Si no haces nada, se va a derrumbar tu mundo. Siento que está en nosotros el no ignorarlo. Tenemos que tomar acciones”.
Amaya siguió con una postura que refleja el impacto del artista. La experta aclaró que el arte de los exponentes no solo puede entretener, sino también educar, inspirar y denunciar. “En el caso de los artistas, tienen mucho la idea de que son la cabeza de algo que va más allá de una letra. Esa letra seguramente le está rompiendo el corazón a alguien. Desde ahí, eso ya es una influencia, lo que ya es una responsabilidad social porque puede mover. Ya hay canciones feministas, para la comunidad o para los afrodescendientes”, compartió. “Una forma de tratar de mejorar esta sociedad es haciendo movimiento, siendo conscientes”.
En la trinchera de Elena Ríos, la responsabilidad no tiene por qué caer en los hombros del artista, ya que se trata de una cuestión compartida. La artivista aseguró que se trata de una oportunidad de dar un mensaje para educar de nuevo a los que lo necesitan. “Es un espacio que da una gran oportunidad de difundir un mensaje de una manera menos peligrosa, todo desde un espacio más seguro. Este espacio te permite sanar”, dijo.
Por otro lado, tocar estos puntos nos ha permitido dar pasos grandes y contundentes en cambios dentro de la industria musical. Sin embargo, también genera cuestionamientos que antes no se planteaban: ¿Será que hay consecuencias negativas o positivas al involucrar el activismo con el trabajo?
Vivir Quinata mencionó que las consecuencias positivas han sido varias, entre ellas conocer a personas allegadas al activismo que logran conectar con su visión, empatando con el objetivo de que las cosas cambien para mejor. Sin embargo, también ha atravesado momentos de persecución que la han marcado de por vida. “En Cuba me pasó que no querían que cantara ‘Sin Miedo’, mucho menos que platicara con los colectivos. Fue un momento muy difícil. Batallamos para salir del país”, recordó. “Entendí que el activismo se tiene que hacer desde el autocuidado. Se realiza con una contención”.
En su perspectiva, Lane resaltó que en los últimos tres años se han cerrado espacios que visibilizan estos movimientos. Hace un tiempo, estos discursos partían desde un punto de centro, en donde los derechos humanos tomaban protagonismo cuando la conversación reflejaba el lugar de las mujeres dentro de la música. Ahora, la cantautora aseguró que estos lugares carecen por el hecho de que las políticas están girando hacia la extrema derecha, directamente a retomar valores fascistas. “Ya no les da vergüenza posicionarse en esos lugares. Eso atenta en contra de los derechos de más de la mitad de la población, que se puede identificar como mujeres, personas trans o comunidad LGBTIQ+”, dijo. Esto abrió nuevas interrogantes sobre lo que pasa en el mundo en el que habitamos, ¿es normal lo que pasa ante nuestros ojos? No es una minoría la que atraviesa por esto, y si fuese así, seguiría siendo un tema a tratar.
Las cantautoras y expertas han ofrecido una lección clara sobre los desafíos que aún persisten en la industria musical, al mismo tiempo que evidencian el esfuerzo constante por construir un camino que demuestra la fuerza que se alcanza cuando se trabaja colectivamente con una visión firme y transformadora.
“El acto de rebeldía y terquedad es estar muy firme con una. Tenemos que creerle a esos sueños que aparecen. Estamos muy entretejidas y nos vamos a ver en el camino”, finalizó Briela Ojeda.


