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6 razones para entender el vínculo de los incendios forestales con la crisis climática

Mientras las montañas arden en el país, surge la pregunta más obvia, ¿estamos frente a los efectos más concretos del cambio climático? Voces expertas analizan las razones de los incendios y nos alejan de respuestas simplistas.

Por  LAURA VÁSQUEZ ROA

enero 25, 2024

Alcaldía de Bogotá

Desde hace algunos días, el país ha ido sumando incendios forestales en distintos lugares. Se calculan más de treinta sucesos en Santander, Huila, Cundinamarca y Bogotá, por lo que el Gobierno planea decretar la “calamidad pública” por desastre natural para atender la emergencia. 

El impacto de estos incendios forestales es muy grave para todo el mundo. Los efectos recaen tanto en la vegetación directa, como en los hábitats de muchas especies e incluso altera el acceso a las fuentes de agua y la calidad de los suelos y el aire.

Estos son puntos clave para entender mejor la situación y prepararnos para un futuro que seguramente será más caliente. 

1. El vínculo entre el cambio climático y los incendios forestales no es directo, pero existe

Aunque pareciera, no hay una respuesta sencilla en este punto. Primero depende de qué ecosistema estemos hablando. No pasa lo mismo en los cerros bogotanos, que en los llanos o incluso que los páramos de Santander.

Ricardo Morales, profesor asociado del departamento de Ingeniería civil y ambiental de la Universidad de los Andes, indica que no hay un vínculo directo, al menos no todavía. “Muchos de estos fuegos son más por causa de actividades humanas que por otra cosa. Quemas de agricultura, quemas que se descontrolan y van a zonas de bosque, quemas directamente asociadas con la deforestación”. En décadas futuras, dice Morales, es probable que el vínculo sea más claro, especialmente por las proyecciones climáticas que sugieren que habrá mayor frecuencia en la ocurrencia de estos fenómenos.

Juan Pablo Orjuela Mendoza, ingeniero ambiental, químico e investigador asociado senior de la unidad de estudios en transporte de la Universidad de Oxford, coincide con que las altas temperaturas actuales no están directamente relacionadas con el cambio climático, dados los patrones con que opera el fenómeno del Niño y que son distintos a los típicamente asociados al cambio climático. Sin embargo, no desconoce que los dos están relacionados, pues el 2023 fue el año más caliente en el registro histórico. “Lo que tenemos que tener claro es que con el paso del tiempo esto será más frecuente, más difícil de manejar, y que cada evento es una oportunidad de prepararse para lo que viene. Es como si se inunda una casa porque se rompió un tubo un día que estaba lloviendo. La casa se inunda porque se rompió el tubo, no por la lluvia. Pero que llueva no ayuda, y, seguramente, por la lluvia, las tuberías estaban más llenas que de costumbre”.

2. Las cada vez más altas temperaturas de la Tierra afectan a fenómenos cíclicos como el fenómeno del Niño que favorece los incendios

Ángela Parrado-Rosselli, bióloga, experta en ecología del fuego y profesora titular de la Universidad Distrital Francisco José de Caldas, explica que el fenómeno del Niño hace parte de las dinámicas de la Tierra. Las anteriores versiones de este fenómeno también han traído un gran número de fuegos, como el de 2016 cuando se presentaron muchos incendios forestales en todo el país. En su grupo de investigación todavía estudian cómo esos bosques quemados se han recuperado o no de dichos incendios. En todo caso, para ella sí pareciera que el cambio climático está presionando la frecuencia de fenómenos del Niño más marcados, así como ha generado sequías y condiciones meteorológicas más extremas, pero no son la causa en sí misma.

Los fenómenos Niño y Niña se conocen como fenómenos de variabilidad climática y ocurren con cierta regularidad, pero, dice Carlos Sarmiento, geógrafo con una amplia experiencia en alta montaña y cambio climático, no podemos afirmar que suceden cada cierto número de años. La relación entre la severidad del fenómeno del Niño y el aumento de la temperatura, no está necesariamente asociada.

3. El incremento de la frecuencia y severidad de los incendios tiene todo que ver con la deforestación

Para Sarmiento hay un vínculo entre el incremento en intensidad y severidad de los incendios forestales como una manifestación del aumento global de la temperatura. Sin embargo, coincide también que esta no es la única causa y añade nuevos elementos al análisis: “Los incendios forestales en época seca se incrementan por la deforestación. Es importante considerar que las acciones de deforestación dan paso a las quemas (para remover el material vegetal que ha sido cortado) y de allí se llega a la selva que no ha sido cortada, extendiendo el daño de un incendio”.

Los meses secos en el país son la época propicia para que ocurran incendios con mayor facilidad. Además, los fenómenos climáticos van de la mano de los procesos sociales que llevan a que se amplíe la frontera agropecuaria, a costa de los bosques en varios departamentos del país, dice Sarmiento. En los Cerros Orientales de Bogotá y la Sabana pasa algo distinto. Las altas temperaturas, los residuos dejados por las personas, las quemas de basura, sumadas a la presencia arraigada de especies exóticas-invasoras y pirógenas como el retamo espinoso, facilitan la propagación de incendios forestales.

La situación en los ecosistemas de páramo es diferente. Según indica este geógrafo, que además hace difusión de datos sobre el cuidado de los páramos en su cuenta de Instagram @entre.paramos, las épocas de sequía en estos lugares coinciden con una gran cantidad de materia orgánica seca a ras de piso y las quemas pueden provenir de la preparación del suelo para el ganado o cultivos. “Lamentablemente los incendios alcanzan las áreas en donde hay vegetación nativa como los frailejones, y por las distancias y la ausencia de vías es muy difícil controlarlos”. 

4. Lo que estamos viviendo con el Fenómeno del Niño no es nuevo, lo que nos debe preocupar es cada cuánto va a ocurrir

Los efectos del fenómeno del Niño no son tan novedosos como podríamos creer. Orjuela es claro al responder que no es diferente a lo que ha pasado en otros momentos, pero con el paso del tiempo será más frecuente y más intenso: “La clave para entender el cambio climático es que gran parte de sus impactos se dan por cosas que siempre han ocurrido, pero ahora serán más frecuentes y más intensas. Volviendo a ejemplos cotidianos, es como un dolor de cabeza. Es normal tener dolor de cabeza de vez en cuando, pero el problema es si estos dolores son más frecuentes y más intensos con el paso del tiempo”.

5. La acción humana tiene todo que ver con la vulnerabilidad de la Naturaleza ante los incendios

Parrado expone que hay ecosistemas preparados para el fuego y otros no. Los Cerros Orientales en Bogotá no se han desarrollado con este elemento, como sí ha ocurrido en otros lugares (Australia o el bosque Mediterráneo), por tanto, tienen más vulnerabilidad. La aparición del fuego se asocia a la sequía y baja humedad, que se ven potenciadas por el fenómeno del Niño, pero no necesariamente el fuego tiene un impacto negativo en todos los ecosistemas. Lo que sí es innegable, dice ella, es que la transformación de los ecosistemas ha generado condiciones más inflamables en el planeta y eso se debe en buena parte a la acción humana.

En el caso de Colombia hemos introducido pastos que provienen de sistemas afines al fuego como las sabanas africanas o árboles y arbustos de ecosistemas mediterráneos altamente afines al fuego, lo que sin el manejo apropiado y fuera de su régimen de fuego natural, genera un gran riesgo para los ecosistemas. En algunas zonas del país, la quema se ha usado para cambiar el paisaje con fines económicos, como ocurre con la ganadería o los monocultivos. Lo que ocurre en los Cerros Orientales de Bogotá, en particular, tiene un origen histórico y humano, como recuerda Parrado. A principios del siglo XX se plantaron especies introducidas de otros lados del mundo que eran de rápido crecimiento, con el fin de recuperar la cobertura, pues estaba muy deforestado. Estas especies, que incluso tenían fines comerciales como el eucalipto, la acacia, el pino y el muy invasor retamo espinoso, son altamente afines al fuego. Muchas de estas especies tienen aceites y generan una gran cantidad de material muerto (ramitas, corteza desprendida, hojas caídas) que es un combustible altamente inflamable.

6. Necesitamos reconocer el cambio global ambiental y cambiar de estrategia para prevenir efectos más devastadores 

Más que hablar de deforestación o del vínculo con el cambio climático, los expertos concuerdan en que el foco debería centrarse en acciones puntuales como la presencia de las especies actuales de árboles (en el caso de los cerros bogotanos) y un mejor manejo de las mismas para prevenir los incendios. Eso es prevenible.

La reforestación en el pasado no se hizo con la conciencia de la importancia de las especies nativas y por eso hoy los cerros están llenos de pinos y eucaliptos. En estos tiempos de sequía, dice Juan Pablo Orjuela, la biomasa de estas zonas se incendia con muchísima facilidad. “Es importante que las personas sepan que en tiempos secos hay que ser cuidadosos, no prender fogatas, no arrojar basura, y que las autoridades ambientales reciban más apoyo para la prevención y gestión de estas emergencias”.

Desde las ciencias forestales se ha recomendado muchas veces la restauración de especies nativas no inflamables. El proceso es lento, explica Ángela Parrado, pero necesario. Mientras tanto, el manejo forestal debe ser continuo: limpiar la hojarasca, cortar la continuidad que es lo que permite que el fuego se esparza rápidamente y tener acciones de respuesta rápida para contener futuros incendios. 

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