noviembre 1, 2022

20 años después, El Abayarde de Tego Calderón todavía posee el crudo y poderoso espíritu del reggaetón

Con los clásicos como ‘Pa’ Que Retozen”, “Guasa Guasa”, y muchos más, el disco fue una expresión del orgullo negro que conviertió a Calderón en una leyenda

Por  ROLLING STONE

Tego Calderón, 2004.

Paul Hawthorne/Getty Image

Con sonidos jazzeros orquestales, percusiones afro-boricuas y líricas con contenido político unidas con un ritmo de dembow, el álbum de Tego Calderón El Abayarde encarna el alma del reggaetón. Veinte años después de su lanzamiento inicial en 2002, el proyecto es un clásico oportuno y totalmente necesario, y que con cada nueva escucha tiene la propiedad de revelar capas nuevas.

Cuando el rapero puertoriqueño emergió como uno de los predicadores del reggaetón a finales de los noventa, su personalidad explosiva, su orgullo negro y el liricismo innegablemente ingenioso se ganó rápidamente el corazón de las multitudes. Pero El Abayarde cambió la cosa y lo convirtió en una leyenda.

El álbum fue publicado el primero de noviembre de 2002, en Puerto Rico, bajo el sello White Lion Records, y recibió un éxito sin precedentes para un sonido que todavía era considerado underground y que era censurado por las autoridades. White Lion Records, fundado por Elias de León, se convirtió en el hogar del reggae latino y de pioneros como DJ Player, y algunos de los artistas del sello se convertirían en estrellas como Daddy Yankee. De igual forma El Abayarde fue una de las primeras historias de éxito de White Lion Records: vendió más de 50,000 copias durante su primera semana, y una vez fue relanzado internacionalmente bajo un contrato de distribución con Sony BMG en 2003, el LP se convirtió en uno de los primeros proyectos de reggaetón en aparecer en las listas de los EE.UU.

Mientras Calderón hizo historia con el reggaetón, él era ambivalente sobre el género al comienzo. Nacido bajo el nombre de Tegui Calderón Rosario, él creció en un hogar rodeado de música tradicional, arte y orgullo negro. Su madre, Pilar Rosario, era poeta y maestra, y su padre, Esteban Calderón Ilarrarza, trabajaba como administrador pero también cantaba y tocaba percusión para una agrupación de salsa. La familia de Calderón se mudó a Miami, Florida en un punto cuando aún era joven; allí se rodeó de distintas influencias culturales. Calderón tocó percusión para una banda de rock antes de hacerse un nombre en los círculos de rap. Su creencia en ser creativo y original fue lo que le hacía mantener una opinión crítica respecto al reggaetón al comienzo de su carrera.

“Al comienzo, había mucho caryaqueo en el reggaetón”, así le dijo a Los Angeles Times en una rara entrevista en 2005, diciendo que los artistas estaban robándole al reggae jamaiquino. No fue sino hasta que asistió a una fiesta de reggaetón en el Viejo San Juan para que este género por fin lograra conquistarlo. “Bailé toda la noche y pensé, ‘De razón es tan popular. Debo hacer reggaetón’”.

Grabó ‘Cosa Buena’ en 2001, una canción que sirvió de carta de presentación para su profunda voz y su inclinación hacia las percusiones con raíces africanas. En la letra, le llama la atencion a otros raperos, diciendo, “Son supuestos reales que na’ componen”. El tema lo estableció como un rapero innovador, diestro, pensador creativo, y un año después, reforzó dus habilidades al publicar su álbum debut El Abayarde.

En 2022, el reggaetón domina todas las frecuencias radiales y plataformas de streaming, y cada vez se aleja más de sus raíces negras y marginalizadas. Sin embargo, El Abayarde sigue en pie como un viaje de regreso al verdadero hogar del género, y a la mente de Calderón mientras pinta las luchas de su comunidad a través de 19 temas contundentes y bulliciosos.

El álbum comienza con una melodía inquietante que poco a poco se construye de manera constante y que va incorporando nuevos instrumentos como el violín, los teclados o la percusión antes de estallar en un ritmo de dembow impulsado por la salsa. Una voz joven, identificada solo por el nombre de Luisma, anuncia la llegada de ‘El Abayarde’, apodo que surge de una pequeña hormiga con una poderosa mordedura, un insecto con esa clase de fuerza subestimada con la que no te quieres meter.

Una maraña de tambores aparece antes de que el álbum entre con la canción principal, impulsada por los gruñidos de la trompeta y un lento ritmo de boom-bap. El arreglo es un homenaje a las influencias del jazz clásico, mientras Calderón se jacta de su talento lírico y orgullo negro. De dónde viene mi sabor?” pregunta, respondiendo él mismo a la pregunta: “Me inculcaron semillita de esta cultura/Desde la cuna, agradecido de esta negrura”.

En una entrevista con NPR en 2008, Calderón dejó claro que el objetivo de su música era elevar a los negros, siempre. “Empecé a hacer música a partir de un ritmo negro, para que los negros se sientan orgullosos de ser negros”, dijo Calderón a All Songs Considered. El Abayarde es fiel a ese espíritu: una representación de una negritud ruidosa y orgullosa, que sigue siendo rara en América Latina en medio del borrado cultural, la opresión racista y los estereotipos que colocan a la blancura como el estándar de belleza.

Sencillos como ‘Al Natural’ ofrecen letras atrevidas y sexuales, mientras que ‘Guasa Guasa’, un tema disidente dirigido al dúo de hip hop Lito y Polanco, fue más allá de una tiraera estándar y se convirtió en un éxito icónico. El álbum alcanza uno de sus muchos picos, mostrando lo rico que es en significado y fortaleza espiritual, cuando la sexta pista, titulada ‘Interludio’, estalla en el ritmo de bomba. La canción es una versión de la canción de bomba del músico afropuertorriqueño Don Félix Alduen ‘Oí Una Voz Y Me Le Da Memoria’.

Bomba es un ritmo que funciona como sinónimo de la resistencia en Puerto Rico; se convirtió en un símbolo de supervivencia y de felicidad durante la era de la esclavitud. Los tambores utilizados en la tradición de la bomba son conocidos como barriles, y estaban hechos de contenedores de ron. El álbum tiene dos interludios de bomba, haciéndolo sentir como si las festividades tradicionales se hubieran compenetrado a la perfección con los sonidos del hip hop y el reggaetín de Calderón. Es un triunfo de la diaspora afrocaribeña que contiene el sentimiento de la “sanfoka”: traer lo bueno del pasado con la intención de utilizarlo en el presente.

Los sabios y ancianos de las distintas tradiciones de África Occidental han hablado durante mucho tiempo sobre los tambores como un “dispositivo de transporte” entre mundos. Después del primer interludio de bomba, Calderón irrumpe en la canción ‘Loíza’. A través de sus raps políticos y rebeldes, Calderón utiliza el tema para condenar la opresión y criminalización de la comunidad negra en Loíza. En una entrevista de 2003, Calderón compartió que mientras vivió en Río Piedras la mayor parte de su vida, su padre lo llevaba constantemente al pueblo históricamente negro de Loíza, donde participaban en reuniones tradicionales, celebrando santos. “Él me inculcó ese amor”, dijo en ese momento. Calderón incluso denuncia el mito de la igualdad racial y el mestizaje, y de quienes se sienten superiores por su proximidad a la blancura: “Me quiere hacer pensar, que soy parte de una trilogía racial”, rapea, y luego agrega. “Lambones, pal carajo España”, capturando formas de racismo que siguen vigentes décadas después del lanzamiento del álbum.

Al incluír sus opiniones auténticas y verdaderos conflictos con el sistema en un proyecto tan popular, Calderón abrió el espacio para que se comenzaran a dar conversaciones sobre injusticias y racismo en Puerto Rico. El Abayarde le imprimió el pensamiento radical al reggaetón, siguiendo las tradiciones de los predecesores del género. Hoy, artistas negros de América Latina como el grupo colombiano ChocQuibTown continúan impulsando estas ideas con canciones como ‘Rebelión’, una nueva versión del clásico de salsa ‘La Rebelión’ de Joe Arroyo.

Además de ‘Guasa Guasa’, canciones como ‘Poquito’ y ‘No Me La Explota’, con la participación de Eddie Dee, se convirtieron en una clase magistral de tiraera. Tienen sus tropiezos: algunas de las letras se basan en hipermasculinidad e insultos homofóbicos que siguen siendo muy comunes en la cultura del hip hop. Al mismo tiempo, Calderón surgió luchando en brutales batallas clandestinas de rap, donde también se ganó el respeto como uno de los MC más reales que jamás haya tocado el micrófono.

Con algunos de los nombres más grandes del género en los créditos como el dúo dominicano Luny Tunes, así como el DJ de Puerto Rico Nelson, Noriega, entre otros, el sonido del álbum es contundente y capaz de sobrevivir la prueba del tiempo. En el tema promiscuo ‘Dominicana’, celebra la hermandad y el orgullo de las negras y afroantillanas, reimaginando el fascinante clásico de la salsa ‘Ojos Chinos’ de El Gran Combo. Y ‘Pa’ Que Retozen’ considerada como una de las mejores canciones de reggaetón que se haya hecho, encendió las pistas de baile de perreo y las baldosas en todo Puerto Rico, así como en la vecina República Dominicana, donde el álbum alcanzó el puesto número cinco. Con un riff acústico pegadizo que sigue los arreglos de la bachata, ritmos de percusión crudos y teclas digitales minimalistas detrás de las bromas sin filtro de Tego, deja todo en la pista de baile, la canción producida por DJ Joe sigue siendo un himno.

Calderón llena el álbum con slang y coloquialismos específicos de Puerto Rico, incluso la palabra retozen tiene un significado más profundo que desafía las traducciones directas. En el diccionario, “retozen” está definida como el acto de “saltar o correr alegremente”. Pero para los caribeños locales el significado tiene más que ver con el hecho de “vacilar” o de “meterse con el otro”. Como la mayoría de la jerga afrocaribeña, “retozen” es un puente creado por el bajo mundo para describir las experiencias fluctuantes e impredecibles de aquellos en los márgenes de la sociedad, el tipo de sustento que el lenguaje estático y establecido de la Real Academia Española no puede captar. También golpea el corazón de lo que significa el reggaetón para tantos: un arte y un lenguaje de alegría. Es irónico entonces que en el momento en que Calderón estaba golpeando las emisoras de radio, el estado todavía estaba librando una guerra contra los creadores del género diciendo que estaban promoviendo actividades delictivas. Sin embargo, la música en sí no era un incitador de la violencia, sino más bien una salida de ella.

El inmaculado palabreo de Calderón y su suave flow continúan generando admiración. En agosto, Bad Bunny usó una camiseta con una de las portadas de uno de los discos de la leyenda, el rapero Residente lo mencionó en su famosa tiraera a J Balvin, y Rosalía le juró lealtad en su canción ‘Bulerías’. Mencionar al pionero del género es a partes iguales rendir homenaje y a partes iguales competir por una especie de credibilidad callejera dentro del espacio musical. Artistas de Panamá, como El General, ayudaron a dar forma al género, y a Daddy Yankee se le atribuye en gran medida el haber batido récords con ‘Gasolina’. Pero son las contribuciones de Calderón las que se han convertido en una referencia obligada para el perreo y la resistencia intrínseca del reggaetón.

Calderón es conocido por rechazar las entrevistas con los medios y ser muy selectivo con las colaboraciones (se negó a convertirse en el rostro de la línea de ropa de Diddy, Sean John). Aunque regresó brevemente a la escena en 2022 para ‘Chambean’, una colaboración con el controvertido rapero Cosculluela, solo contribuyó con algunas frases al coro, dejando a los oyentes esperando más. Su tendencia a evitar ser el centro de atención solo ha fortalecido su imagen, ya que se sabe que se mantiene fiel a sus convicciones.

Su impacto en el género es omnipresente: es uno de los creadores de su modelo. Hoy en día, mientras la máquina de la industria de la música continúa produciendo pistas de pop-reggaeton fáciles de consumir, El Abayarde nos recuerda el espíritu crudo, rebelde y descarnado del género. El LP se erige como un momento histórico que no solo cautivó al mundo: abrió un portal hacia la liberación.

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