1982: Postales de un año clave para el rock argentino

Un libro de fotografías tomadas por Claudina Pugliese repasa la escena argentina en un momento clave antes de su expansión

Por  DANIEL FLORES

junio 30, 2022

Sumo en su etapa de pubs. FOTO: CLAUDINA PUGLIESE

La autora vivó tantas vidas que se entiende que el libro se limite a un año, uno solo. Y qué año: 1982. Mejor hablar de ciertas cosas (Grupo Editorial Sur), a pesar del subtítulo, no habla sino que cuenta en fotografías el período breve, pero llamativamente prolífico, en que Claudina Pugliese patrulló con su cámara tanto por el under (muy under) como por grandes conciertos de rock nacional.

Presentado en la última Feria del Libro, el trabajo incluye fotos en blanco y negro poco o nunca vistas de Sumo, Los Violadores y un puñado de punks adelantados, seguidores de ambos grupos. Pugliese tenía una relación cercana tanto con músicos como con fans, que en aquel tiempo no representaban dos mundos demasiado distantes. Tampoco en el libro. “Un amigo me dijo que me llevaría a ver una banda que me iba a volar la cabeza –cuenta Claudina–. Eran Los Violadores. Así fue. Al otro día, puse un aviso en la revista Expreso Imaginario para contactarme con más punks. ¡Era la red social que teníamos! ¡Me llamó tanta gente que mi mamá quería cambiar el teléfono! Así conocí a Pedro Braun, Hari B, el primer guitarrista de Los Violadores, y empecé a ir con la cámara a todos los recitales de ellos y de Alerta Roja”.

Pugliese captó de cerca a un Charly García eufórico en la despedida de Serú Girán, en marzo de 1982, en el estadio Obras.

1982 incluye además fotos de León Gieco, Dulces 16 y Miguel Cantilo en el Festival de la Solidaridad Americana, propiciado por el gobierno militar en plena Guerra de Malvinas. También fotos de Charly García, Virus y Pedro Aznar. Y de visitantes como Egberto Gismonti y Ney Matogrosso. Pero, frente al registro escaso y de pobre calidad visto hasta ahora, las fotos de Claudina Pugliese de los inicios del punk argentino son un documento sorprendente.

Sin embargo, como sugiere el abrupto recorte del libro, Claudina pronto se apartó del rock y la fotografía. “De tanto ver a Sumo antes de que llenaran en teatros, estaba fascinada por cómo tocaba Diego [Arnedo] y un día vendí el equipo en la calle Libertad y, a un par de cuadras, me compré un bajo”. Durante décadas tocaría jazz, folclore y tango como sesionista. Volvería más tarde a la cámara, pero ahora para capturar… ¡aviones! “Amo volar. Me presenté a un concurso de una revista de aviación y gané. Les agradecí el premio, un reloj, pero les dije que lo que quería era trabajar para ellos. Y así lo hice por ocho años. Volé en todo lo que te puedas imaginar”.

“El del piso es Omar Chabán, en una de sus performances, tapado con una toalla”, dice Claudina de esta foto con Stuka y Pil, de Los Violadores

Hoy Claudina sigue haciendo música, pero también en eso busca nuevos rumbos. Investiga el folclore griego, ejecuta el exótico theremin y ensaya con una banda surf, Gloriosos Neptunos. “Ahora estoy por empezar a estudiar cine. Tengo la necesidad de juntar música e imagen”, dice entusiasmada por los próximos experimentos.

Federico Moura, de Virus, otra de las bandas entonces emergentes, que Pugliese capturó cuando no tantos estaban atentos
En los shows de Los Violadores y Alerta Roja, Claudina tuvo el reflejo de registrar también a los primeros punks porteños del público
El retrato de Pedro Aznar junto a su estudio casero es una excepción en 1982, un libro con fotos mayormente tomadas en concierto

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