Dónde se refleja el cansancio? ¿Dónde se percibe el dolor? ¿Dónde se siente el placer? En el cuerpo. Más allá de las dudas existenciales sobre si lo habitamos o si somos uno mismo con él, la única certeza es que debemos cuidarlo. Valeria Castro se dio cuenta de esto mientras trabajaba en su segundo álbum de estudio, al cual terminó bautizando El cuerpo después de todo.
La cantautora originaria de Islas Canarias comenzó a trabajar en este disco hace un poco más de un año, cuando en una pausa de su gira anterior empezó a reunirse con el productor Carles ‘Campi’ Campón. “Ha sido un no parar porque, al final, a una le entran ganas de estar conectada a la música siempre”, dice. Fueron meses de trabajo en los que las reuniones en el estudio parecían más bien conversaciones entre un par de amigos que buscaban descubrir más del otro para, juntos, darle forma al paisaje musical de este LP.
El cariño y el cuidado adquieren un nuevo significado.
Aunque en aquellas primeras sesiones nacieron algunas canciones como ‘Debe ser’ y ‘La soledad’, fue en septiembre pasado cuando empezaron a trabajar las composiciones de una forma más consciente. La semilla de este proceso se sembró en un día del verano español en el que le estaba hablando a su productor de cómo el tour que había hecho en Latinoamérica en 2023 la había cambiado para bien. “Me hizo ver lo bonito de este trabajo, que te lleva a sitios tan lejanos y tan maravillosos como todos los países por los que fui”, recuerda. Entonces a ambos se les ocurrió la idea de viajar a México para reunirse con otros músicos con quienes Valeria interpretaría sus composiciones antes de pasarlas a la cinta.
Inicialmente, tales sesiones no tenían muchas pretensiones, más bien fueron programadas por el mero disfrute de tocar música, pero, a su vez, surgieron como un deseo de la artista por ver cómo se sentirían sus canciones en vivo. Para ella, la posibilidad de que este ejercicio saliera mal no estaba descartada del todo, sin embargo, aclara que es bueno recordar que este oficio se mueve por el arte y no solo por el negocio. “Con esta vorágine de querer presentar grandes cosas a la gente y el marketing, a veces pierdes esa perspectiva de la razón por la que te mueve el hacer este trabajo, que es lo musical”, sostiene. “Entonces estoy muy feliz de haber priorizado esa parte musical en pro de la vida de las canciones”.
La elección de México como segunda casa de este álbum también nació de la curiosidad por explorar las sonoridades del “otro lado del charco”, pues Islas Canarias, al estar sobre el océano Atlántico, tiene ciertas cosas en común con Latinoamérica. Por ejemplo, cuando era pequeña, Valeria solía escuchar en su hogar la música y el folclor que se creaba en un lado y el otro, y los percibía como similares. Por eso, dice que los ritmos latinos tienen algo que le recuerda a casa.

Tanto en su trabajo anterior como en este, el aspecto de honrar las raíces ha sido un eje fundamental, la diferencia radica en que, si en Con cariño y con cuidado rindió tributo a La Palma, en El cuerpo después de todo lleva la exploración de la raíz mucho más allá. Es así como en el resultado final se encuentran canciones como ‘Debe ser’ o ‘Sentimentalmente’, cuyos ritmos están inspirados en la cumbia, aunque también se perciben otros elementos propios de España, como el timple canario en ‘Tiene que ser más fácil’. Esta última es quizás la canción más “popera” que haya hecho hasta el momento, suponiendo un reto para ella el posicionarla en el tipo de pop que le gusta y con el que se identifica. Aun así, afirma que en este disco hay más folclor que nunca. “Me siento orgullosa de ese híbrido. Al final yo vengo de muchas fuentes y la música popular también forma parte del imaginario de la vida de una”, señala.
En cuanto al concepto del cuerpo, este también terminó de consolidarse en México, en donde surgió el nombre del tema que titula al disco. Cuando se dio a la tarea de trabajar en el álbum, se dio cuenta de que dentro de ella estaban pasando muchas cosas. Comenzó a somatizar la ansiedad y la presión de su trabajo y de su vida personal, hasta el punto en que se estaba viendo de forma cruel ante el espejo. En ese momento cayó en cuenta de que es el cuerpo el que soporta todo. Esta inquietud la expone de mejor manera en ‘El cuerpo después de todo’, donde canta: “Puñal en el espejo, puñado de complejos que no hay quien aligere / Ojalá a la piel desnuda la miren con ternura cuando una no puede”. Es aquí donde se le escucha cantar con mucho más ímpetu que en cualquier otra canción de su discografía, probablemente porque es de las letras más crudas que haya escrito hasta ahora.
La cantante considera que este trabajo es mucho más personal que su predecesor, puesto que en aquel apuntó más a lo colectivo que a lo individual; en cambio, para el más reciente tuvo que aplicar para sus adentros el cariño y el cuidado de los que hablaba antes. “Ya no solo es a lo que tienes alrededor, sino a ti misma”, medita. “Puedes ser tu peor enemiga a pesar de que tengas que ser tu mayor y más fiel compañera”. De todos modos, retoma la idea de la colectividad al explicar que muchas de las experiencias que ha tenido también atraviesan a las mujeres en general. “Para mí era también bonito intentar poner que eso es algo que nos ocurre a muchas, como un pensamiento colectivo de la historia femenina de buscar muchas veces la perfección que te llena de complejos”, profundiza.
Hace unos años, cuando recién empezó a publicar música, en ‘La corriente’ hablaba del temor a entrar a la industria. Ahora, con un poco más de un lustro aquí dentro, dice que su miedo ha mutado y que justamente de esto habla en El cuerpo después de todo, donde plasma “un sentimiento de alerta de ‘no vaya a ser’”. Con esto quiere decir que ya se siente más preparada, pero no baja la guardia: “Hay que buscar cómo hacerse fuerte, aunque a veces no se sepa cómo vas a conseguir eso, para que nada que pueda ocurrir a tu alrededor pueda hacerte daño”.


