Spider-Man: Sin camino a casa

La posibilidad de rehabilitar a un delincuente en vez de eliminarlo o encarcelarlo, es el núcleo de la estupenda tercera parte de la trilogía de Spider-Man, protagonizada por Tom Holland

Jon Watts

Tom Holland, Zendaya, Benedict Cumberbatch, Alfred Molina, Marisa Tomei

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Cortesía de Sony

The Magic number, el sencillo perteneciente al álbum clásico del Hip Hop 3 Feet High and Rising del trío De La Soul, nos habla desde una perspectiva pitagórica sobre el poder y la magia del número tres. Y es este número, la clave para descubrir una de las principales sorpresas que nos trae la tercera parte de la tercera serie de películas, protagonizadas por nuestro amable amigo, el sorprendente Hombre Araña.

Aunque en 1979 se presentó en la televisión una serie de acción real con Nicholas Hammond interpretando a Spider-Man (el piloto y cuatro episodios fueron presentados en las salas de cine de Hispanoamérica como una trilogía de películas conocidas como El Hombre Araña, El Hombre Araña ataca de nuevo y El Hombre Araña y el reto del dragón), lo cierto es que el debut oficial de Spider-Man en el cine fue en 2002 con una exitosísima cinta dirigida por Sam Raimi y protagonizada por un carismático Tobey Maguire. Aquí, Norman Osborn, uno de los mentores de Peter Parker, pierde la cordura y se convierte en el desquiciado villano Green Goblin, encarnado por Willem Dafoe.

Luego, en el 2004, vendría una segunda parte (también dirigida por Raimi y que supera en calidad a la cinta original), en la que Spider-Man tiene que detener a otro de sus mentores que se convierte en supervillano. Estamos hablando del Dr. Octopus, encarnado por Alfred Molina. 

La tercera y última parte de las películas de Spider-Man protagonizadas por Maguire y dirigidas por Raimi, fue un producto muy irregular que es mejor olvidar, y que incluía a varios villanos. Topher Grace encarnó a Venom, James Franco encarnó a Harry Osborne, el hijo de Green Goblin, pero quien se rescata aquí es al trágico Sandman, interpretado por Thomas Haden Church.    

En el 2012, los ejecutivos de Sony Pictures (estudio dueño de la licencia cinematográfica del superhéroe), decidieron darle luz verde a una nueva serie de películas de El Hombre Araña, esta vez protagonizadas por Andrew Garfield, otro carismático actor. El sorprendente Hombre Araña, nos muestra a Peter Parker enfrentándose al Dr. Curt Connors, un tercer mentor, que termina convirtiéndose en el monstruoso Lizard. 

Luego vendría la secuela del 2014, un producto no muy bueno, que incluye a Electro (Jamie Foxx), un villano con los mismos orígenes trágicos del Hombre de arena de Spider-Man 3.  Sin embargo, la decisión de incorporar al personaje al universo interconectado y extendido de películas basadas en los superhéroes de Marvel Comics, llevó a que se cancelara el proyecto de una tercera parte con Garfield y que se reemplazara por Tom Holland, un actor que demostró ser tan carismático como sus predecesores. 

Spider-Man: De regreso a casa se convirtió en todo un éxito (en gran parte, gracias a la química establecida entre Holland y Robert Downey Jr, el actor que interpretaba al superhéroe Iron Man). Luego vendría Spider-Man:  Lejos de casa, una de las peores películas del MCU, que pese a tener a un gran actor interpretando a Mysterio, el villano de turno (Jake Gyllenhaal), dejó mucho que desear. 

Jon Watts, el director de esta última trilogía, corrige los errores cometidos y nos entrega una poderosa y mágica tercera parte que, pese a una campaña de anticipación excesiva y a unos fanáticos tóxicos que todavía no entienden que las películas son para disfrutarlas y no para sufrirlas, logra mantener la coherencia, humanidad y dosis de diversión necesarias para que una película de este tipo funcione.

Spider-Man: Sin camino a casa parte de los sucesos acontecidos en la entrega anterior: La identidad secreta de El Hombre Araña ha sido revelada al mundo y Peter es acusado de haber matado a Mysterio, especialmente por el periodista J. Jonah Jameson (J.K. Simmons), quien odia a Spider-Man. Su protector Happy Hogan (Jon Favreau) y su amada tía May (Marisa Tomei) le consiguen un MUY BUEN abogado defensor a Peter. Pero, aunque es exonerado de sus crímenes, las cosas no le han salido del todo bien a nuestro joven superhéroe, ya que el escándalo suscitado llevó a que tanto él, como su amigo Ned Leeds (Jacob Batalon) y su novia MJ (Zendaya), perdieran sus respectivas oportunidades de ingresar a la universidad.

Es así que Peter busca la ayuda de Dr. Strange (Benedict Cumberbatch, excelente como siempre) para que utilice la gema del tiempo y se pueda devolver al momento en el que su identidad fue revelada e impedirlo, regresando todo a la normalidad. Como la gema se encuentra perdida, Strange utiliza un hechizo que involucra a una misteriosa caja para hacer que todos se olviden que Peter Parker es El Hombre Araña. Peter se entromete en el rito y como resultado, el multiverso se desata (esta idea de varios mundos paralelos ya se había tratado en las series WandaVision y Loki de Disney+) y, como consecuencia, todas las personas de mundos diferentes que saben que Peter Parker es Spider-Man aparecerán en este mundo. Peter va a entender que debió haber resuelto sus problemas de la manera difícil y no optando por la vía fácil.  

Hasta aquí se puede contar sobre la trama de Spider-Man: Sin camino a casa. Lo que sí se puede decir es que el núcleo de esta cinta no está en las sorpresas (que las hay, y muchas). El núcleo de esta cinta está en la deconstrucción del relato del superhéroe: ¿No debería un superhéroe intentar rehabilitar al supervillano más que eliminarlo o encarcelarlo? Con grandes poderes llegan grandes responsabilidades. En la serie de anime Dragon Ball, vimos como poderosos y crueles villanos como Piccolo, Vegetta o Magin Boo, se convirtieron en aliados y hasta amigos de Goku. ¿Por qué no? Esta premisa robada de la obra de Toriyama, es la que marca aquí la diferencia. 

Los lectores de los cómics de Spider-Man nos hemos quejado de la falta de tragedia en esta última trilogía, y es que Peter Parker es uno de los superhéroes más desafortunados de la historia. La tragedia llega para nuestro amable amigo de una manera intempestiva e impactante, convirtiendo a esta tercera parte en la más triste de la saga.  

Y aunque todavía hay momentos de cursilería tipo High School Musical (este es el talón de Aquiles de Watts), lo cierto es que ahora la relación entre Peter, Ned y MJ se siente más auténtica, más sincera y más cálida. Lo mismo puede decirse de los nuevos amigos de Peter (no se puede revelar quienes son), los cuales son mucho más interesantes cuando se reúnen para hablar de sus sentimientos y no cuando se enfrentan a los peligrosos supervillanos. Ese es el verdadero corazón de esta película: No son las sorpresas o los efectos especiales. Spider-Man: Sin camino a casa es una cinta de alto presupuesto, pero no es un producto cínico y frío. Este es un producto hecho con mucho amor, lo cual se hace evidente y se logra transmitir a su público.    

P.D. No se pierda las dos escenas postcréditos que nos dan pistas sobre los próximos acontecimientos en el universo cinematográfico de Marvel.