Sin pruebas y sin incapacidad médica: trabajadores precarizados los más desprotegidos ante Ómicron

Las recomendaciones gubernamentales de aislamiento voluntario y la falta de pruebas diagnósticas ante los síntomas que puedan ser por Ómicron tienen a la población más vulnerable de América Latina en una difícil situación para acatar las medidas. Una muestra más de la desprotección social y la desigualdad exacerbada en la pandemia

Por  LAURA VÁSQUEZ ROA

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Alejandro Cegarra/Bloomberg

Johanna tuvo congestión nasal y un dolor de cabeza que no la dejaba en paz por más de dos días. Su malestar coincidió con el anuncio del ministro de Salud de Colombia: ya no se harían pruebas de detección de Covid-19 a gran parte de la población, sino que se asumiría que ante los síntomas de gripa regular (muy similares a la variante Ómicron), cada persona se debería aislar durante siete días. 

Aunque Johanna pasó por varios sitios de toma de muestras gratuitas, todas estaban agotadas y al día siguiente entró a regir la indicación del ministerio, así que no pudo confirmar si tenía o no el virus pues tampoco tenía dinero para pagar una prueba en un laboratorio privado. El problema con esto es que sin prueba positiva no podía demostrarle a su jefe que debía aislarse, como recomendó el ministro. Por eso, esta profesora de preescolar, fue a trabajar como regularmente hace a pesar de seguir con el mismo malestar.  

Los lineamientos para afrontar la pandemia por Covid-19 han cambiado en varios países del mundo en las últimas semanas. La reducción de tiempo de aislamiento es el cambio más notorio, basado en recomendaciones de diferentes instituciones como las del Centro de prevención y control de enfermedades del gobierno de Estados Unidos – CDC. Con la variante Ómicron, una de alta transmisibilidad y aparentemente con efectos menos letales, se han reducido los días de aislamiento recomendado, pasando de diez días, a solo cinco en algunos países o siete en otros. 

En Colombia, además, se ha previsto como innecesario que las personas jóvenes se realicen una prueba y estas se reservan ahora para mayores de 60 y menores de tres años. El resto de la población que tenga síntomas como fiebre, dolor de cabeza o flujo nasal abundante debe asumir que tiene una infección por Ómicron y el paso a seguir es el aislamiento por un periodo de siete días. Esto aparentemente se debe a la escasez de pruebas frente a un elevado número de contagios, pero no se ha confirmado por las autoridades. 

En países como Perú y Argentina se han anunciado restricciones a las pruebas de detección de Covid-19, aunque con criterios diferentes. En unos se harán solo a quienes tengan síntomas y con cita médica previa, en otros se enviarán directamente a aislamiento a quienes hayan tenido contacto directo con un positivo, así no tengan síntomas. 

En México, por ejemplo, en medio de uno de los picos más altos de contagios, también se recomendó el aislamiento preventivo para quienes tuvieran síntomas, sin acudir a pruebas diagnósticas. De hecho, el presidente mexicano Andrés Manuel López Obrador fue quien pidió mesura a la población para no buscar pruebas y simplemente aislarse presumiendo que ya se tiene el virus, pero él mismo expresó que su ronquera en una rueda de prensa “debía ser gripe” y luego dio positivo para Covid. 

La doctora en virología del Instituto Politécnico Nacional de México, Maria Isabel Salazar, insistió en entrevista con el medio de comunicación Milenio, que el número de casos reportados son menores a lo que ocurre realmente y explicó que la infección varía dependiendo del estado inmunológico de cada persona así que no se debe bajar la guardia. Por lo pronto las extensas filas se han multiplicado en diferentes ciudades del país con personas que necesitan saber si tienen Covid o no para seguir adelante con sus actividades cotidianas.   

En una región como Latinoamérica, con altas tasas de precariedad laboral e informalidad, la recomendación de aislarse preventivamente es poco realista. Al menos en Colombia, el Ministerio de Salud eximió a las entidades promotoras de salud (EPS), de asumir las incapacidades médicas de los contagiados. Para Carolina Corcho, médica psiquiatra y vicepresidenta de la Federación Médica Colombiana (FMC), la gran preocupación ante la decisión del ministro de Salud es que disminuir el número total de pruebas nos enfrenta a un altísimo subregistro, que es lo que permite hacerle monitoreo a la pandemia y tomar decisiones de políticas públicas. Aunque reconoce que no se pueden tomar pruebas a todas las personas, por lo menos se debería mantener el número de pruebas diagnósticas e inclusive aumentarlas para tener un muestreo epidemiológico del país y por tanto del comportamiento del virus. 

La doctora Corcho cuestiona algo que se está asumiendo y que aún no ha sido probado y es el hecho de que Ómicron es la variante endémica que tendrá el comportamiento de una gripa. Aunque eso sea una posibilidad y haya una sintomatología más leve, esto no quiere decir que no haya desenlaces desfavorables en personas que tengan otro tipo de enfermedades. “Todavía no sabemos si esto va a ser el último eslabón de la cadena de mutaciones que se convirtieron en variantes del virus o vendrá otra con otro comportamiento, entonces debemos actuar por lo pronto en los mismos términos que hemos actuado y mantener las medidas de seguimiento epidemiológico”, dice Corcho. 

En un sentido similar, la doctora Salazar en México pidió cautela frente a lo reciente que son los estudios de Ómicron y por tanto pide no relajarse pues todavía no se sabe mucho.  Aconseja seguir usando cubrebocas de alta eficiencia (no de tela), reducir los contactos al mínimo y no asistir a reuniones o aglomeraciones.


“Disminuir el número total de pruebas nos enfrenta a un altísimo subregistro, que es lo que permite hacerle monitoreo a la pandemia y tomar decisiones de políticas públicas”


Corcho y otros especialistas insisten en que no es prudente desmontar el sistema de monitoreo de la pandemia. Menos si se considera que en Colombia no existe un sistema público en línea que monitoree el comportamiento de los servicios de urgencias y de hospitalización, mientras que el de cuidados intensivos tiene bastantes falencias, algo que la FMC ha señalado sin respuesta en los casi dos años de la pandemia. “Hemos solicitado al gobierno nacional perfeccionar o articular este sistema de información que nos permita monitorear la pandemia, pero tampoco lo tenemos. Quedamos en el peor de los mundos, en una situación prácticamente de ceguera frente al manejo de una pandemia que ha tenido un impacto muy alto en términos de muertos y que tendrá unas secuelas en las personas que han padecido la enfermedad”.

Por otro lado, la vulnerabilidad económica de gran parte de los latinoamericanos les deja en un callejón sin salida ante la petición de encerrarse en sus casas mientras el mundo y las obligaciones económicas siguen andando. En Colombia, por lo menos el 42,5% de la población se encuentra en la pobreza, aunque el porcentaje se ampliaría si se considera la vulnerabilidad por ingresos económicos. En estas condiciones, pedirle a una persona que se sustraiga del mercado laboral sin recibir ingresos durante toda una semana y sin ningún tipo de protección social es absurdo. 

La exoneración que recibieron las EPS en Colombia frente al cubrimiento de incapacidades incluyó al personal de la salud que permanentemente está expuesto al contagio y que ante cualquier transmisión en sus sitios de trabajo puede derivar en complicaciones de los pacientes. Ante estas circunstancias, el cumplimiento de esas medidas de aislamiento y su efectividad para enfrentar el alto contagio actual no está nada claro. 

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En el jardín infantil donde trabaja Johanna llamaron a quienes tenían síntomas de “gripa” para darles a conocer el protocolo a seguir. No solo les corroboraron que debían buscar la prueba por su cuenta, en horario no laboral y pagando porque no las cubre su EPS, sino que quienes marquen positivo deberán aislarse los siete días sin recibir pago alguno. Además, les dijeron que habría sanciones para quienes no porten correctamente la mascarilla, una que por supuesto no es proveída por sus empleadores y que por tanto no sigue un estándar claro. Tras la corta reunión todas las que tienen síntomas hablaron entre sí y decidieron que no se van a hacer ninguna prueba.