Saura: El alma y corazón del cine

Uno de los autores más importantes del cine español, nos ha dejado a la edad de 91 años

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

febrero 10, 2023

Cordon Press

Carlos Saura no creía que ser director de cine fuera una profesión. Para él, era un lugar en donde se reunían todas las cosas que le gustaban e interesaban: la fotografía, la música, la escenografía, el color y poder contar historias. El cine para Saura era un verdadero arte global, muy diferente a la ópera (de la que Saura no era ajeno). Pero para él, cada película era un proyecto en el que se estaba afuera y adentro al mismo tiempo. El director siempre fue consciente de que el cine es una ilusión, una mentira y un artificio, por más pretensión de verosimilitud que se tenga. Pero eso nunca fue un obstáculo para producir una serie de obras, muy cercanas a sus intereses personales, así como a su ideología social y política.

Saura nació en Huesca en 1932, y desde muy joven se enamoró de la fotografía, que lo llevo a su gran amor por el cine. Aunque inicialmente se había decantado por la ingeniería industrial, abandonaría sus estudios para ingresar al Instituto de Investigaciones y Experiencias Cinematográficas de Madrid.

Ya con el título de director de cine, dirige El pequeño río Manzanares y La tarde del domingo, sus primeros cortometrajes, seguido por el documental Cuenca, todos realizados a finales de los años cincuenta. Pero es con Los golfos, su primer largometraje con el que inaugura la década del sesenta, con el que Saura inicia oficialmente su carrera como unos de los autores más importantes y representativos del cine español. 

Saura es heredero de la “estética franquista”, ese estilo altamente metafórico del cine español de los cincuenta, desarrollado por los directores Luis García Berlanga (Bienvenido Mr. Marshall) y Juan Antonio Bardem (Muerte de un ciclista), que les permitió subvertir la censura abordando temáticas sociales. Junto con Berlanga y Bardem, el cine de Saura le debe mucho a Luis Buñuel, cuyas películas fueron censuradas en España por mucho tiempo, pero quien en los años sesenta, un año después del estreno de Los golfos, regresaría de su exilio para dirigir Viridiana, la mejor película de una ilustre carrera.

En Llanto por un bandido, su segundo largometraje, un alguacil decreta una sentencia de muerte mientras un verdugo se dispone a ejecutarla. El alguacil era interpretado por el famoso dramaturgo Antonio Buero Vallejo, quien fuera condenado a muerte luego de la Guerra Civil Española, y el verdugo no era otro que el mismo Buñuel. Desde aquí, ese sarcasmo heredado de la “estética franquista” es algo más que evidente en la primera parte de la filmografía de Saura, como sucede con La caza, la tercera y una de sus mejores películas, en donde Saura explora con ese duro sentido de la ironía y el sarcasmo, las heridas provocadas por la guerra civil, usando como pretexto una historia metafórica en la que tres hombres pierden la razón intentando cazar conejos en un día en extremo caluroso.

Para Saura el cine siempre fue una aventura hacia lo desconocido, en donde lo imprevisible está a la orden del día. Peppermint Frappé (1967), es otro estudio sobre los efectos de la represión franquista tras la guerra civil, en la que también se examina la represión sexual, con dos amigos que giran alrededor de la misma mujer (Geraldine Chaplin, quien se convertiría en pareja del director). En esta cinta, tan brutal como la anterior, se incluye una curiosa aparición de Brigitte Bardot, a la que encontramos plasmada en una curiosa pintura realizada por Antonio Saura, una de las figuras más importantes del arte pictórico del siglo XX y quien, a propósito, es hermano del director.

La caza y Peppermint Frappé marcaron el inicio de la estrecha colaboración entre Saura y Elías Querejeta, un jugador de fútbol convertido en uno de los productores más prestigiosos del cine europeo. Los dos, trabajarían en grandes obras como Stress, es tres, tres (1968), La madriguera (1969), El jardín de las delicias (1970) y Ana y los lobos (1972), donde se buscaba equilibrar la forma con el contenido, haciendo uso de ese particular estilo metafórico y colmado de humor negro, que pretendía subrayar los vicios de la sociedad española, con la discreción suficiente para poder evadir a la censura.

Saura siempre fue un cinéfilo empedernido que desde niño le robaba a su padre para poder acudir a las salas de cine de barrio. El inevitable regaño y castigo por sus acciones, lo llevaron a ponerse detrás de las cámaras en otro claro ejemplo de un cinéfilo convertido en cineasta. 

La cinta que convierte a Saura en un autor internacional fue La prima Angélica (1973), un viaje simultáneo al pasado y al presente, ganador del Premio Especial del Jurado en el Festival de Cannes; En esta obra maestra ya son mucho más claras las referencias al psicoanálisis freudiano en términos de traumas, filias y sexualidad reprimida. La memoria, un interés constante del autor, es el eje central de la maravillosa Cría cuervos (1975), también premiada por el Jurado del Festival de Cannes, con la actriz infantil Ana Torrent, que ya Víctor Erice había consagrado en su película El espíritu de la colmena, dos años antes.

Saura no cree mucho en la división entre cine documental y argumental. El documental Saura(s), dirigido por Félix Viscarret en el 2017, siempre fue defendido por el director como un excelente trabajo de ficción ya que, para Saura, en el cine nunca podemos ser nosotros mismos.

La obra maestra Elisa, vida mía (1977) nos muestra a un Saura interesado por la exploración formal y por las relaciones entre el lenguaje del cine y la literatura. El final del franquismo libera tanto a España como al director, quien se convierte en uno de los cineastas más importantes del período de transición. Los ojos vendados (1978) habla de una manera sincera sobre la tortura y la injusticia, y Mamá cumple cien años (1979) es una comedia corrosiva que extiende las ideas desarrolladas en Ana y los lobos.

En los años ochenta, Saura regresa a sus raíces cimentadas en el cine popular con Deprisa, deprisa (1981), abordando la marginación de la juventud, para luego embarcarse en su reconocida trilogía de música y baile, en colaboración con Antonio Gades y conformada por Bodas de sangre (1981), Carmen (1983) y El amor brujo (1986).

Carlos Saura falleció el 10 de febrero del 2023 a causa de una insuficiencia respiratoria a la edad de noventa y un años, un día antes de recibir un premio Goya que le rendía honor a una carrera caracterizada por la variedad y la sorpresa, la exploración y la autoconsciencia. Como testamento queda una serie de títulos que ningún amante del cine debe dejar de ver. Y como si fuera poco, junto a los títulos anteriormente nombrados, que hacen parte del corazón y el alma del cine español, encontramos otros más como Los zancos, ¡Ay Carmela!, ¡Dispara!, Flamenco, Taxi, El séptimo día, Goya en Burdeos, Buñuel y la mina del rey salomón, Fados, e inclusive una cinta biográfica sobre Bach que se encontraba en producción en el momento de su fallecimiento. Carlos Saura ha dejado este plano terrenal, pero su espíritu vivirá para siempre en la gran pantalla.

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