marzo 15, 2022

Rosalía redefine el mainstream con MOTOMAMI

El tercer álbum de estudio de la española desdibuja las fronteras de los géneros y los sonidos a lo largo de sus 16 canciones

Por  DIEGO ORTIZ

Cortesía Sony Music

Rosalía

MOTOMAMI

MOTOMAMI es un conjunto de binomios que configuran, en pares disonantes, una obra maestra basada en progresiones, sintetizadores y órganos saturados. Es un disco vanguardista que recoge las raíces y las capacidades técnicas de Rosalía, y al terminar de escucharlo deja más preguntas que respuestas.

Cuestiona la música comercial como la conocemos. ¿Cuatro cuartos? ¿Coros pegajosos, beats o dembows homogéneos? No. Por el contrario, Rosalía desarma la estructura tradicional de la música en español, haciendo que las raíces sirvan de acompañamiento melódico y no rítmico. Sus bombos triggereados recuerdan fácilmente a los kicks de Trent Reznor, y llevan la experimentación a tal nivel que invoca a quienes lograron liberarse de la industria comercial para hacer su verdadero arte.

El grado de exploración lírica, rítmica y sonora de MOTOMAMI es comparable con grandes obras en donde la experimentación es un exceso exitoso como Ill Communication de los Beastie Boys o Play de Moby; álbumes que parten de la deconstrucción y el cuestionamiento. Pero también puede ser dulce, cálida y vanguardista como Lorde en Pure Heroine; o ruda y cruda como The Downward Spiral de Nine Inch Nails. 

En varias ocasiones, Rosalía sobresatura y juega con su voz a tal límite que, sin titubear, la deconstruye constantemente creando samples y sonidos que se entrelazan con la base rítmica, si es que se le puede llamar así a la percusión sincopada, fuera de tiempo y puesta en caliente según la progresión de la canción. Además, redefine la estructura, haciéndola discordante y asimétrica, pero esta es una de sus cualidades más interesantes, incluso en exceso. 

A lo largo de sus 16 cortes, MOTOMAMI redefine el concepto del mainstream con su abstracta exploración sonora, donde las fronteras y los géneros son completamente desdibujados. Sin lugar a dudas es una de las producciones más audaces y temerarias de los últimos años y que a su vez pavimenta un nuevo camino de posibilidades casi que infinitas.  

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