julio 21, 2022

Rosalía ofrece en Madrid un espectáculo de pop salvaje e innovador a su manera

La estrella española lleva su gira Motomami a la primera de las dos noches en la capital

Por  NURIA NET

Rosalía se mostró sexy, dura, juguetona y controladora, en la parada de su gira Motomami en Madrid, España.

Tamara Mauri para Rolling Stone

Luces estruendosas, fuertes ruidos de distorsión y un casco de motocicleta iluminado con neón y coletas: los primeros segundos de la parada de la gira Motomami de Rosalía en Madrid ofrecieron todo el espectáculo que se podía esperar. Hizo su entrada gateando, arrastrándose y rodeada por ocho bailarines masculinos, o “motopapis”. Juntos, al ritmo de la música, se dirigieron al escenario del WiZink Center el 19 de julio, en uno de sus mayores y más importantes espectáculos.

La estrella española ha dejado claro que quiere experimentar y ampliar los límites de su música. Su innovador álbum de 2019, El Mal Querer, incorporó magistralmente el flamenco, en el que se formó clásicamente, con sonidos electrónicos y pop modernos. Su último álbum desafió las expectativas al añadir un frenético diluvio de reggaetón, bolero, jazz, bachata y más sobre su base de pop flamenco, todo ello orquestado por su visión y resultando en un sonido inconfundible.

Al llegar al centro del escenario, Rosalía se quitó el casco y enseguida dejó salir esa voz, esa voz cristalina, para el número de apertura ‘Saoko. Aunque los problemas de sonido del recinto la obligaron a cambiar de micrófono a mitad de la canción, el grito de guerra «Yo me transformo» no dejó de levantar a los 15.000 fans del público. Como la mariposa que es uno de sus emblemas favoritos, ella es toda una transformación. Sobre el escenario, se liberó de los cómodos confines de la actuación pop en la que ya ha destacado, y eso incluyó desechar el libro de jugadas estándar de las giras en estadios.

No hubo banda musical en el escenario, lo que puede ser una sorpresa para alguien de su talla, pero está en consonancia con el collage caleidoscópico de su último álbum. Rosalía se encargó ella misma de la música, tocando la guitarra eléctrica en ‘Dolerme’, la favorita de los fans que lanzó en 2020, y el piano en la sensual Hentai, uno de los momentos más emotivos del espectáculo, en el que pareció estar al borde de las lágrimas. También se le unió un piano en vivo para la operística ‘Sakura’ y un órgano para ‘Como un G.

Rosalía presentándose en el WizInk Center de Madrid, España.
Tamara Mauri para Rolling Stone.

Para esta gira, Rosalía se ha despojado de sus emblemáticas garras para las uñas y de las gemas para los dientes con incrustaciones de diamantes. En éste, el primero de los dos conciertos en Madrid, lució una chaqueta motera recortada y una minifalda de cuero rojo sobre un body y botas de cuero hasta la rodilla a juego. Rosalía ha ido rotando un vestuario de colores monocromáticos en la gira, todo sexy y duro, juguetón y a la vez dominante, lo cual ha venido a definir la poderosa esencia Motomami que encarna más allá del álbum. No hay cambios de vestuario en ningún show.

Ella lo hace todo: Canta y baila, canta tumbada en el suelo, mientras se graba a sí misma con la cámara de un teléfono, mientras es recogida por sus bailarines e incluso mientras se corta el pelo durante uno de los momentos álgidos del espectáculo. Sentada en una silla de barbero, cantando el tema ‘Diablo’, grabado originalmente con James Blake, se cortó sus dos largas trenzas con unas tijeras y se limpió el maquillaje de los ojos con una toalla blanca. Se desenredó el pelo, se deshizo del delineador negro para luego seguir con el espectáculo.

Los fans ya habían visto este ritual de “striptease” en el escenario en Instagram y TikTok, y conocían la lista de canciones y lo que podían esperar de esta gira mundial, que arrancó a principios de este mes en Almería (España) y que la llevará a 15 países de todo el mundo hasta diciembre. Nada es sorprendente, ni siquiera uno de los varios temas inéditos que interpretó, el mambo dominicano ‘Despechá’, que el público cantó con tanto entusiasmo como la mayoría de los más de 30 temas del set (sólo dos de ellos, ‘Malamente’ y ‘Pienso en tu Mirá, proceden de El Mal Querer). A sus seguidores no les molesta, al contrario, se sienten parte del espectáculo y más cerca de su ídola.

Esa pizarra en blanco del escenario también es familiar para su público: Es una extensión del set del livestream de TikTok que formó parte del lanzamiento de Motomami en marzo. Esa experiencia inmersiva fue trasladada al escenario por un camarógrafo que bien podría haber sido el noveno bailarín parte de los motopapis, revoloteando constantemente alrededor de Rosalía, incluso colocándose justo frente a ella y bloqueándola de la vista frontal. Pero esa es la cuestión: Cantó directamente a esa cámara para las grandes pantallas que había detrás de ella, así como para los teléfonos que sus bailarines también apuntaban hacia ella. En un momento dado, cantó a un teléfono que sostenía mientras caminaba hacia el público y cantaba La Noche de Anoche, pasando el micrófono a los fans para que cantaran las partes de Bad Bunny.

Rosalía presentándose en el WizInk Center de Madrid, España.
Tamara Mauri para Rolling Stone.

¿Realmente Rosalía necesita un público en directo cuando canta para las cámaras? A los asistentes de Madrid les encantó: hablaba su metalenguaje, y apreciaron los múltiples puntos de vista en las pantallas gigantes que luego podían grabar con sus propios teléfonos y transmitir al mundo. Entre la multitud, y también disfrutando del brillo de Motomami, se encontraban personalidades como el cineasta Pedro Almodóvar, que llegó con el actor Pedro Pascal, los raperos Residente, Álvaro Díaz y Kaidy Cain, y los actores españoles Rossy de Palma y Miguel Ángel Muñoz.

Aunque Rosalía interpretó todas sus colaboraciones más destacadas, como ‘Con Altura’ con J Balvin, ‘TKN’ junto a Travis Scott, y ‘Blinding Lights’ y ‘La Fama’ con The Weekend, cantó por encima de todas esas estrellas, y no se les echó de menos. La única voz pregrabada que escuchamos fue la de la estrella dominicana Tokischa en ‘Linda’ y ‘La Combi Versace’. La voz de Rosalía llenó la arena de temas destacados como ‘G3 N15’, para cambiar al headbanging y distorsión en la canción de cierre ‘CUUUUuuuute’. El espectáculo también incluyó una mezcla de Papi Chulo de Lorna, y la famosísima Gasolina de Daddy Yankee, entre otras canciones, para rendir homenaje al amor de Rosalía por el reggaetón clásico. Otro momento inesperado fue su versión ralentizada de ‘Perdóname’ del grupo panameño de los años 2000 La Factoría, que luego dio paso a un flamenco directo, De Plata. Sí, ella puede hacer eso.

En esta gira de Motomami, todo gira en torno al minimalismo y a la exhibición de su talento en bruto, siendo también ruidoso y ecléctico. En la imagen de la portada del aclamado álbum, Rosalía aparece desnuda salvo por un casco de moto. Durante su espectáculo en directo, desnuda el disco aún más.

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