E l juicio en curso contra Sean Combs ha capturado la atención del mundo con relatos escandalosos sobre sus ahora infames ‘freak-offs’ (encuentros sexuales de control, manipulación y coacción a la víctima, que llegaron a grabarse en video). Pero, más allá del morbo, hay un punto importante sobre el papel que la violencia doméstica juega para obtener poder y control sobre una pareja, esto puede ser utilizado deliberadamente para cometer delitos graves, como el tráfico sexual y el trabajo forzado.
En su declaración inicial, el equipo de defensa de Combs intentó presentar su conducta hacia Casandra ‘Cassie’ Ventura como simple violencia doméstica y no como tráfico sexual, como si ambas cosas fueran mutuamente excluyentes. En dos ocasiones le dijeron al jurado: “La violencia doméstica no es tráfico sexual.” Reconocieron que su violencia contra Ventura fue “deshumanizante,” “terrible” e “indefendible,” pero argumentaron que, pese a la violencia, nunca la coaccionó para que participara en sus ‘freak-offs’. La defensa sostiene que Ventura participó de manera libre y voluntaria en esos eventos, y que su abuso físico y emocional fue solo producto de ataques de celos inducidos por drogas.
Sin embargo, en el tráfico sexual se emplea habitualmente abuso físico y psicológico, planeado y ejecutado durante meses o años, para doblegar a sus víctimas a su voluntad. Eventualmente, las víctimas ceden a las exigencias de sus abusadores; conocen las consecuencias de negarse y se someten a experiencias deshumanizantes solo para evitar más violencia. Esto lo viví cuando fui fiscal federal en Brooklyn y procesé al músico de R&B R. Kelly por coaccionar a mujeres y niñas para que prestaran servicios sexuales para su satisfacción. El comportamiento que se le atribuye a Combs encaja en ese mismo guion.
En su valiente testimonio, Ventura describió las múltiples formas en que Combs logró y mantuvo el poder y control sobre ella durante su relación de una década. Comenzaron a salir cuando ella tenía 21 años, era sexualmente inexperta y relativamente nueva en la industria musical. Combs tenía 17 años más que ella y ya era una superestrella del rap, productor y magnate. Ventura declaró que Combs controlaba su “carrera,” “la forma en que me vestía, todo. Todo”. Testificó que Combs le infligió violencia extrema: la pateaba, la pisoteaba y la arrastraba del cabello. Una y otra y otra vez. El jurado vio su brutalidad en el estremecedor video en el Hotel InterContinental y en las fotografías de sus heridas. Los fiscales han llamado a testigos para describir el abuso de Combs, y se espera que durante el juicio se confirme aún más su conducta.
Un episodio narrado durante el testimonio de Ventura ilustra el vínculo entre violencia, abuso y tráfico. Ventura contó que ella y Combs viajaron a Francia para un festival de cine y se hospedaron en un yate propiedad de un amigo. Según Ventura, Combs le exigió que desembarcara del yate por algo que él sintió como una ofensa. Ella accedió, dejando el barco descalza y sin pertenencias, ni siquiera su pasaporte. Relató al jurado cómo Combs le apretó violentamente el muslo esa misma noche en un evento, presionando dolorosamente los adornos del vestido contra su piel desnuda. Al regresar a Estados Unidos, le reasignaron su asiento para evitarlo, pero él se las arregló para sentarse a su lado.
A la vista de otros pasajeros, Combs reprodujo videos de los ‘freak-offs’ de Ventura y le dijo explícitamente que los divulgaría para humillarla aún más. Al aterrizar, le dijo que quería otro de esos encuentros. No es sorpresa que ella accediera. Si el jurado da crédito a Ventura, no es difícil concluir que accedió porque entendió el mensaje deliberado, alto y claro, de Combs: “Dame lo que quiero o sufrirás graves consecuencias”. Así es como un patrón de abuso quiebra la voluntad de una víctima. Eso es coerción. Eso es tráfico sexual.
Sus abogados sin duda ganaron puntos con el jurado al destacar mensajes de texto enviados por Ventura que parecían expresar disfrute de algunos ‘freak-offs’ y su participación voluntaria. Pero es bien sabido que las víctimas de abuso doméstico a menudo buscan maneras de complacer a sus abusadores para detener el ciclo de violencia. Los mensajes de Ventura pueden ser un ejemplo de esto. O tal vez su actitud hacia los ‘freak-offs’ cambió con el tiempo.
De cualquier forma, al final del juicio se espera que los fiscales presenten pruebas contundentes ante el jurado que demuestren un patrón de abuso durante años, evidenciando que Combs diseñó un plan calculado para hacerle creer a Ventura que, si no accedía a sus continuas exigencias, la haría pagar con abuso físico, impidiendo que sacara otro álbum y humillándola mediante la difusión de videos sexuales. En otras palabras, tráfico sexual. Y también violencia doméstica.


