P&R: Sting

La leyenda británica reflexiona sobre las biografías de músicos, la sorpresa como esencia del arte, y los grandes bateristas que han tocado a su lado

Por  RICARDO DURÁN

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Cortesía Universal Music

Sting, en este siglo has hecho álbumes muy diferentes entre sí, como Songs from the Labyrinth, 57th & 9th, y el álbum con Shaggy, por ejemplo, ¿qué representa The Bridge en medio de todos esos discos?

Bueno, podría decir que extender la metáfora para decir que es un puente entre todas esas cosas, pero la estaría levando demasiado lejos. Pero en sí, The Bridge sí es una metáfora muy rica porque encapsula muchas cosas, para mí es el puente entre el público y yo a través de la música, es la manera en la que nos podemos comunicar y ellos pueden llegar a mí si quieren. Pero también pienso que, en el mundo en el que vivimos, esta época tan llena de ansiedad y peligro, todos estamos buscando un puente al futuro, algún punto en el que nos podamos sentir seguros, felices, porque creo que es un derecho, y a muchos en el planeta les roban ese derecho solo por su procedencia, o por quiénes son, por un accidente de la política o de la historia. Por eso todos buscamos un puente, es una metáfora sobre conectar, es muy útil. 

Para The Bridge grabaste ‘(Sittin’ On) The Dock of the Bay’ de Otis Redding, ¿tiene algún significado especial la canción?

Compré ese sencillo cuando tenía 16 años, pero un par de semanas después Otis murió en un accidente aéreo, y yo era un gran fanático de él. La canción tiene gran valor sentimental para mí, recuerdo el color del disco, recuerdo que lo escuchaba una y otra y otra vez. La letra de la canción también era muy parecida a mi vida, yo vivía cerca de un río y pasaba mucho tiempo en el lugar donde llegaban los ferris, y veía los barcos entrar y salir hacia el mar, preguntándome qué sería de mi vida cuando lograra salir de casa. Por eso la canción fue tan valiosa para mí, todavía lo es. 

Pero ahora la grabé porque la Asociación de Alzheimer me lo pidió. Han investigado mucho sobre personas que han sufrido de demencia, y la música es algo que retienen más que cualquier otra cosa, y me pidieron que escogiera una canción que pudiera tener ese efecto en mí. ¿Cuál me gustaría recordar? Y esa es definitivamente una de las canciones que más recuerdo. La grabé y dije, “Bueno, no voy a hacer una versión mejor que la de Otis, porque ya es una obra maestra, pero haré lo posible”. Fue muy interesante hacer ese intento.

Claro, hace unos años te vi en un documental sobre la música y el cerebro. Pasando a otro tema, un par de semanas atrás me dijiste que para ti grabar un disco era como estar en cuarentena, ¿todos esos álbumes tan distintos han pasado por procesos similares?

The Bridge fue diferente porque lo hice durante un tiempo de la pandemia en el que supuestamente debía estar de gira. Mi vida es un ciclo; escribo un álbum, lo grabo, y luego salgo de gira, y el ciclo se sigue repitiendo. En esta ocasión me agarró desprevenido, no tenía material, no tenía nada, me tocó pensar mucho e ir durante dos o tres meses a rezar –como en un monasterio- por algo que me inspirara, que las canciones se materializaran de algo. Y siempre me ha sorprendido cuando las canciones se materializan; comienzan como ideas muy simples, algunas candencias o melodías que me atraen, y comienzo a construirlas a partir de ahí, como una escultura, y siempre me sorprendo al terminarlas. Luego las pongo todas sobre la mesa y comienzo a buscar conexiones entre ellas, y en este disco me di cuenta de que todas hablaban sobre personajes que estaban en transición entre la vida y la muerte, entre la salud y la enfermedad, entre las relaciones, probablemente entre este mundo y otro, todos buscando esa metáfora del puente, por decirlo de alguna manera. Solo cuando ya había terminado nueve canciones escribí ‘The Bridge’ [la canción], porque encontré esos tejidos conectivos que conectan el álbum. 

Dices que te sorprende cuando las canciones se materializan, y también has dicho que la sorpresa es la esencia de la música. ¿Qué tan difícil es sorprenderte después de tantos años haciendo música?

Cuando escucho una pieza musical quiero sorprenderme después de cierto número de compases, [Muestra unas partituras], esto es Bach, encuentro una sorpresa cada cuatro compases [Risas], es la obra de un genio. Para mí eso es esencial, no puedo escuchar música que me aburre, quiero aprender algo, quiero escuchar algo inesperado, quiero escuchar algo que no había escuchado antes. El elemento de la sorpresa es esencial. Cuando compongo música intento sorprender a la gente, por eso los álbumes han sido tan diferentes. Nadie esperaba que grabara canciones inglesas del siglo XVI, ni un álbum de reggae con Shaggy, ni tampoco que volviera después a hacer un álbum de rock & roll. De cierta manera misteriosa, siempre digo, “Por favor no esperen lo obvio, siempre aparecerá algo diferente”. 

¿La industria de la música quiere sorprenderse?

No, considero que gran parte de la industria de la música es muy conservadora; aunque aparente tomar las banderas de la rebelión y la revolución, realmente es muy conservadora, y yo no quiero ser así. Aunque soy parte del establecimiento, también quiero sorprender a la gente. 

La narrativa es muy importante en tu música, ¿en dónde encuentras buenas historias en la música contemporánea? 

Bueno, me estás pidiendo que haga generalizaciones sobre la música contemporánea, pero no soy un experto, no soy un historiador musical, no soy un crítico, a veces escucho cosas que me sorprenden, y las analizo, las disfruto. Pero gran parte de la música es muy genérica [Risas], no me sorprende nada.

Cuando trabajas en la música, ya sea haciéndola o escribiendo sobre ella, siempre hay una presión de escuchar música nueva. Pero si nunca has escuchado a Bach y lo haces, entonces sería música nueva para ti. 

¡Sí! Claro que lo sería [Risas]. No tengo prejuicios en cuanto a los géneros de música, fui educado de una manera muy liberal con la música. En Inglaterra teníamos solo una radio, que era la BBC, y pasaban de todo, Beethoven, los Beatles; también fui educado en la iglesia y cantaba en latín todos los domingos en la misa, y me encantaba. Creo que en gran medida eso formó mi pensamiento armónico, y así estuve expuesto a muchos tipos de música. Creo que ahora es más difícil tener ese rango de influencias, no sé. ¡Y ahora todo está disponible! Con el streaming claro que puedes escuchar cualquier cosa, si la buscas.

Pero no lo hacemos. ¿Cómo describirías tu relación con la tecnología y las redes sociales más allá de la industria de la música?

La verdad es que no estoy muy interesado en ello. Tengo una plataforma en donde puedo lanzar mi música, en los servicios de streaming, y tengo una página de Facebook, donde toda la información de lo que estoy haciendo está disponible. Pero no soy fan de comunicarme así, no estoy seguro ni de cuántos seguidores tengo, no es algo que me interese para nada.

¿Por qué?

De cierta manera me aterra. No creo que las redes sociales y el sistema político tengan una relación positiva, la gente tiende a perderse en su propia narrativa, en sus echo chambers, y solo escucha lo que confirma sus creencias, eso es muy peligroso. Y no estoy seguro de cómo ir en contra de eso, pero en mi opinión, no ha sido una experiencia positiva.

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Cortesía Universal Music

¿Cómo describirías la forma en la que escribes las letras, la manera en la que la poesía y el misticismo hacen parte de tus canciones?

Diría que, en general, la música escribe por sí sola las letras. Escucho la música para que me cuente una historia, le pido que me cuente una historia. Tienes que escuchar con mucha atención, pero creo que si una pieza está bien estructurada, tiene una narrativa, me dice su estado de ánimo, y puede que un personaje salga de allí. Es parecido a esculpir en piedra, el artista ve un brazo, una pierna o una nariz, comienzas ahí, y luego vas quitando y puliendo hasta que encuentras la canción. Es un proceso muy misterioso, pero siempre disfruto hacerlo, que la música me cuente historias. Algunas personas ven colores cuando escuchan música, ese no es mi caso, pero sí escucho historias. 

Has tenido la oportunidad de trabajar con algunos de los mejores bateristas del mundo, Vinnie Colaiuta, Manu Katché, Stewart Copeland, Josh Freese; mucha gente cree que una banda es tan buena como su baterista, ¿qué opinas al respecto?

Estoy de acuerdo, es totalmente cierto, necesitas un baterista que pueda mantener el ritmo y ser dinámico, que sea sensible a las historias que se están contando. Es un trabajo muy difícil, y como dijiste, siempre he tenido la fortuna de trabajar con algunos de los mejores bateristas del mundo, he tenido suerte. Incluso he estado en algunas de las mejores bandas del mundo, gracias al baterista [Risas].

Siempre recordaré la banda que tuviste con Dominic Miller [guitarra], Vinnie Colaiuta [batería], y David Sancious [teclados] en los 90, era impresionante…

Sí, fue una banda increíble. 

Broken Music, tu autobiografía, termina cuando The Police empieza a tener mucho éxito, ¿has pensado en continuar esa historia o escribir otro libro con el resto de tu vida o algo parecido?

Me gustaría hacerlo, pero todavía no tengo la suficiente perspectiva sobre este capítulo de mi vida que todavía está en curso. Sería bueno hacerlo cuando el capítulo haya cambiado, apenas lo estoy viviendo ahora, no estoy muy seguro de poder escribir al respecto, ¡y también estoy ocupado! [Risas].

Recuerdo vívidamente los primeros años de mi vida. Entre más envejezco, más se esclarecen mis primeros años, y después es como un borrón. Por eso digo que necesito más perspectiva para escribir sobre este periodo. No estoy seguro de que lo interesante sea la fama y el éxito. A mí no me interesa. No leo biografías pop, pero sí me parecen interesantes esos primeros años de las personas. Cuando leí la autobiografía de Bob Dylan, sus primeros años fueron fascinantes, y tan pronto como tuvo éxito, comenzó a interesarme menos. Lo mismo con mi amigo Bruce Springsteen, me encantó leer sobre sus primeros años de vida, noté muchas similitudes con mi propia vida, y eso fue muy interesante. 

Hace 15 años The Police se reunió para una gira, ¿cómo recuerdas la experiencia de esa época?

Bueno, creo que tuve muy buen timing; durante muchos años había dicho que no y que no, hasta que dije sí para que fuera una sorpresa. Los demás miembros de la banda se sorprendieron, el mundo se sorprendió, y fue una gira muy, muy exitosa. Así que sí me atribuyo el mérito por haber escogido bien el momento. ¿Necesito hacerlo de nuevo? Si esa es tu siguiente pregunta, la respuesta sería ‘No’. No creo, lo que hicimos, fue muy exitoso, lo disfrutamos, pero no quiero que esa sea mi vida.

¿Puedo preguntar por qué?

Porque todo lo que nos propusimos hacer como banda en 1977, lo logramos y cien veces mejor de lo que esperábamos. Entonces, después de alcanzar eso, comienza a ser menos satisfactorio, te quedas atrapado en una banda. Pienso que una banda es como una familia, y a veces las familias no son los lugares más creativos. Podrían serlo, pero me gusta la libertad de no estar en una banda de esa forma. 

Sting, ¿todavía disfrutas las entrevistas o has aprendido a verlas como un mal necesario en tu carrera?

No pienso que sean malas, o al menos espero que no lo sean [Risas]. Pero me interesa hablar de música con la gente, y a veces las preguntas son provocativas y me sorprenden. A veces solo doy respuestas de stock que he dado antes, porque de todos modos son las mejores, y dicen la verdad.

LEE LA ENTREVISTA DE STING Y KURT SOBRE ‘POR SU AMOR’, EL SENCILLO QUE GRABARON JUNTOS.

Cortesía Universal Music