noviembre 23, 2022

P&R: Christina Rosenvinge

La cantautora española habla sobre muchas de las cosas que ha hecho a lo largo de su carrera, y reflexiona sobre la nostalgia mientras celebra tres décadas del disco que la dio a conocer a ambos lados del Atlántico

Por  RICARDO DURÁN

Fotografía por Gustaff Choos

Estás en medio de una gira en la que celebras los 30 años de Que me parta un rayo, ¿qué recuerdos te trae la época en la que hiciste este álbum, en relación con su composición y producción?

Es un disco que empecé a componer cuando tenía 25 años, si no me equivoco, quizá 26. Hay una canción que dice “27 años”, pero creo que todavía no los cumplía, solo que me gustaba más 27 que 26. Es un disco que reúne las primeras cosas que hice en la guitarra, pero realmente no son las primeras que compuse. Ya tenía mucha experiencia siendo letrista y haciendo melodías en el grupo anterior. Aunque ahí no era instrumentista, no tocaba la guitarra, o por lo menos no en público. Mi compañero en la banda, que era Alex, era muy talentoso, entonces los papeles estaban repartidos así: yo hacía melodías y letras, y él hacía lo musical.

Sin embargo, cuando empiezo mi carrera en solitario, empiezo a componer con la guitarra. Entonces, estas canciones, que fueron las primeras de las que firmé autoría, aunque algunas tienen algún invitado, también fueron las primeras en las que compuse los acordes, lo cual me daba libertad total para hacer canciones a la medida de las letras que yo quería escribir. Entonces, tienen esa mezcla de la ingenuidad de alguien que empieza a tocar la guitarra, porque quería meter montones de acordes en una misma canción, y algunas son muy complicadas de tocar por lo mismo, y la ingenuidad y frescura de las primeras canciones que se escriben.

Creo que esa mezcla entre la frescura de la composición y la experimentación de las letras fue lo que hizo que el disco fuera tan especial. También, por supuesto, el hecho de que en ese entonces fuera novedad que una mujer escribiera todo su repertorio, lo cual no sucedía de manera general.

¿Qué música oías en esa época?

Supongo que mucho Bob Dylan. También había mucha influencia rock de la música que había oído siempre. Había un grupo en ese momento pre-grunge que me encantaba, los Lemonheads. Hay un par de canciones rock muy herederas de los Ramones, muy sencillas de acordes. Luego hay una con cierta influencia mexicana, y también hay una con raíz folk, como se ve en el [compás] ¾ en ‘Las suelas de mis botas’ o de ‘Tú por mí’. Yo creo que eso venía de otra banda que en ese momento me encantaba, que era Eddie Brickell & New Bohemians. Así que sí, las influencias son bastante reconocibles.

¿En esa época te sentías más atraída por la música de Estados Unidos que por el rock británico?

Efectivamente. Era un momento en el que la influencia venía principalmente de Estados Unidos, con la excepción de esos dos temas más mexicanos, y eso era un poco consecuencia directa de que vivía en una casa con muchas habitaciones, y mis mejores amigos eran unos gemelos mexicanos con los que tocaba mucho. Yo creo que esa fue su aportación involuntaria, y el hecho de estar cantando con ellos canciones tradicionales, me llevó también a ese tipo de canciones.

Cuéntanos un poco sobre Debut, el libro que publicaste en 2019…

No sé si se llegó a editar ahí, pero sé que llegó a Colombia, porque cuando fui a Rock Al Parque en 2019, el mismo año en el que salió el libro, de hecho, tuve una presentación. Fue un evento pequeño en una librería cuyo nombre no recuerdo, pero fue una presentación muy bonita; hubo mucha gente y fue algo muy intenso. Igual, y en esa presentación se vendieron todos los ejemplares que se habían importado.

Es, sobre todo, una antología de letras de canciones de los álbumes a partir de Que me parta un rayo y hasta Un hombre rubio. Vienen todas las letras que he escrito, y cada álbum va acompañado de un texto que pone las letras un poco en contexto; pero tiene intenciones más literarias que periodísticas. Es decir, si fueran unas memorias, hubiera hecho un relato más coherente y más exhaustivo de todo, pero lo he hecho de forma muy libre, simplemente haciendo apuntes que dan claves para entender las letras. Y es que las letras no reflejan exactamente lo que pasa en la vida, ¿sabes? Solo una parte. O sea que son textos muy, muy subjetivos, pero que dan muchas claves interesantes de lo que hay detrás de las canciones.

Y al final del libro hay un ensayo sobre el verso cantado, sobre su diferencia con el verso hablado, el cual se construye de manera completamente distinta. Eso es algo que he ido desarrollando a base de clases magistrales, conferencias, charlas en universidades… Fui desarrollando esta teoría de cómo se escribe el verso cantado desde la fonética; y me di cuenta además de que fue algo muy bien recibido y de que hacía mucha falta ahondar en este tema porque hay muy poco escrito al respecto. Es un ensayo pequeño, tiene unas 20 páginas, tampoco es muy extenso. En este ensayo se condensa un poco la técnica del letrista; técnicas que yo empleo, pero que creo que emplean la mayoría de los letristas.


«Pensar que el pasado es mejor, o que la vida es una pendiente cuesta abajo y lo mejor está en la juventud me parece un discurso no solo destructivo sino también poco realista. La juventud no es necesariamente una época feliz»


Esta pregunta es todo un cliché, pero resulta irresistible cundo estás conmemorando los 30 años de tu disco más célebre: ¿Qué le dirías hoy a la Christina de 30 años atrás?

Le daría ánimos, porque yo en ese entonces ni siquiera sabía si esas canciones se iban a grabar, no sabía si me iba a dedicar a la música o si esa aventura iba a tener éxito. Así que daría ánimos y seguridad. Sobre todo eso, y esperanza para el futuro, porque era una época… Luego he revisado diarios de la época y, aunque era una época muy feliz y muy intensa, también era muy dura en el sentido de que estaba en una situación familiar difícil, en una incertidumbre total; durante unos años tuve lleno un mar de inseguridades.

Que me parta un rayo la llevó a atravesar el Atlántico con sus canciones hace ya 30 años. Christina se encuentra en medio de una gira conmemorativa que pasa por Primavera Sound en Chile y Argentina, Rock al Parque en Colombia, Inverfest y BCN Guitar, en España.

¿Qué perspectiva tienes de la nostalgia? ¿Cómo la entiendes, y qué relación tienes con ella?

Durante mucho tiempo no he querido mirar para atrás. El presente me parece tan interesante y da lugar a canciones y a tanta cosa que es necesaria contar, que nunca he querido mirar hacia atrás; me parecía que lo que estaba atrás no había que revisarlo. En el libro lo empecé a hacer, y en esta gira lo vuelvo a hacer, sobre todo porque me he dado cuenta de que las canciones están vivas. Es decir, hay gente que las sigue escuchando, gente que aprende a tocar la guitarra con esas canciones. Por eso decidí visitarlas desde el presente.

En general, creo que mirar hacia atrás solo es positivo si se hace con la intención de celebrar lo vivido para aprender del pasado, saber apreciar el presente y tener esperanza para el futuro. O sea, el ejercicio nostálgico de echar de menos y pensar que el pasado es mejor o que la vida es una pendiente cuesta abajo y lo mejor está en la juventud me parece un discurso no solo destructivo sino también poco realista. La juventud no es necesariamente una época feliz; de hecho, creo que la felicidad viene más adelante en la vida, en la mayoría de los casos. Si tienes una vida normal y sin sobresaltos, conforme vas reafirmándote en quien eres y en tu proyecto de vida, también así crecen tus capacidades personales y tu capacidad para ser generoso con los demás y para saber apreciar lo que tienes, y para ser mejor en el trabajo que hagas.

Creo que el tiempo construye mucho más de lo que destruye, y tenemos que vivir en esta filosofía.

¿Qué tanto has arreglado o modificado las canciones de Que me parta un rayo para esta gira? ¿Estás tratando de interpretarlas de la misma forma en que se grabaron?

Precisamente he vuelto hacia atrás, porque no quería que las canciones estuvieran muy lejos de lo que se grabó, porque es lo que la gente tiene presente. Así que algunas canciones que había arreglado de forma muy distinta las he vuelto a acercar al original, siendo fiel sobre todo al espíritu, al tempo, y a la estructura de la original, pero mejorándolo en lo instrumental, porque hay muchas cosas que se pueden tocar mejor.

Incluso, ahora sé cómo hacerlo para ser fiel a la inspiración de ese momento. En ese sentido, creo que he hecho una destilación de estilo. No he hecho lo de Bob Dylan de disfrazar la canción; la canción es totalmente reconocible, pero sí le he dado una actualización.


«… el amor asociado a la sexualidad es un amor complejo, muy difícil de mantener, lleno de desengaños y, por lo tanto, de necesidad de superación. Y aquí es un poco donde entran las canciones».


Háblanos un poco de esa experiencia que has tenido actuando y haciendo música para cine y para teatro, ¿cómo ha sido tu relación con estos medios y contextos?

Bueno, a mí desde siempre me ha interesado mucho la interrelación entre imagen y sonido, y entre imagen y música en concreto. Es algo que me venía un poco dado; de hecho, yo estudié interpretación en su momento, lo que pasa es que luego no hice carrera en el cine. Haberlo estudiado me sirvió para estar en el escenario de otra manera, porque era muy tímida, así que me vino muy bien. Son cosas que me han ido cayendo. Las películas las he hecho porque tengo muchos amigos directores; ellos han escrito sus películas y me han invitado a estar, haciendo un poco de mí misma.

La última película que he hecho [Karen, 2020] es sobre Karen Blixen, la escritora danesa, entonces ahí hago de mí misma, pero hago de una escritora danesa en el exilio, entonces, también pude encontrar muchos lazos comunes.

El caso de la obra de teatro es completamente distinto, pero al mismo tiempo es el mismo tema. Es una obra sobre Safo, la primera cantautora de la historia. Es una poeta griega del siglo VII a.C. a quien se le conoce como la inventora o precursora de la poesía amorosa, sobre todo de la poesía erótica. Para mí es un poco la primera cantautora de la historia; es la primera persona que escribe canciones de amor tal como las conocemos hoy en día. Algo que me parece muy bonito es que muchas frases, como la metáfora de que el corazón se sale del pecho, son de ella. Esta analogía que hemos usado hasta la saciedad fue usada por primera vez por ella en un poema, en el poema de la pasión. Hace esta analogía de que la pasión amorosa hace que el corazón se te salga volando del pecho.

Lo que he hecho ahí es ponerle música, adaptar los textos de Safo a lenguaje contemporáneo; rellenar un poco porque su obra está muy fragmentada; mezclar un poco sus canciones y poemas para inventar canciones rock y pop. En el caso concreto del poema que está intacto, que es la Oda a Afrodita, reescribirlo en estrofa sáfica, que es una métrica determinada de endecasílabos y un pentasílabo al final, y con esa métrica clásica –o lo que el castellano ha interpretado como métrica sáfica desde el Medievo–, reescribirlo para una canción rock.

Ha sido un trabajo precioso de arqueología musical; siempre que alguien coge un instrumento –sea una guitarra, sea un charango, sea una lira–, en realidad lo que estamos haciendo es siempre lo mismo, desde tiempos ancestrales. Es decir, contar en primera persona, acompañados con música, jugando con el sonido, la rima y la métrica, trasladando una experiencia muy subjetiva sobre los sentimientos a través de una canción y a través de melodía. Y eso es algo innato para el ser humano desde el principio de los tiempos, lo hemos hecho siempre. Así que es muy bonito darte cuenta de cómo cambiamos de siglo, de edades, de continentes, pero el ser humano siempre tiene la necesidad de cantar y de aporrear un tambor. De una forma u otra, todas las culturas lo hacen.

¿Por qué son tan importantes las canciones de amor? ¿Por qué tenemos tantas canciones de amor, sobre todo el amor de pareja?

De amor y de desamor. Te digo por qué: porque a pesar de que hay formas de amor más puras, más sencillas y más potentes, como el amor hacia los hijos, por ejemplo… El amor a los hijos no provoca conflicto casi nunca; es un amor limpio de intereses, generoso y en el que no necesitas indagar tanto. Sin embargo, el amor asociado a la sexualidad es un amor complejo, muy difícil de mantener, lleno de desengaños y, por lo tanto, de necesidad de superación.

Y aquí es un poco donde entran las canciones. Las canciones acompañan el enamoramiento, pero, sobre todo, alcanzan su plena potencia medicinal acompañando el desamor. Es decir, cuando viene la ruptura, ahí está la música para sacarte del agujero.

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