noviembre 22, 2022

Cuando Pablo Milanés fue celestino de Fito Páez y Joaquín Sabina

En un camarín, después de un concierto de Fito en Madrid en 2008, el cantautor cubano que falleció hoy en la capital española a los 79 años, recordó en exclusiva para Rolling Stone la génesis de Enemigos íntimos , el disco que el rosarino y el español grabaron a fines de los 90.

Por  HUMPHREY INZILLO

Una charla entre amigos: Sabina, Páez y Milanés. Madrid, abril de 2008.

Humphrey Inzillo

Madrid, 24 de abril de 2008. Un rato después del show, que fue también la grabación de No sé si es Baires o Madrid, el disco/DVD de Fito Páez, en los pasillos del backstage, en el Palacio de Congresos de Ifema (Madrid) se vivía un clima de alegría. El concierto salió mejor de lo esperado y en el camarín de Páez se produjo un encuentro histórico. Como viejos amigos, Fito, Joaquín Sabina y Pablo Milanés -que falleció hoy en la capital española, a los 79 años-, se reencontraban y recordaban viejas anécdotas.

Páez, y Milanés alzan la copa y, en ese clima de festejos, transcurre una antológica y divertidísima charla entre tres amigos que, juntos y por separado, conforman una columna vertebral de la canción en Iberoamérica.

“No sólo hemos estado juntos; hemos estado revueltos”, anunciaba, eufórico, Joaquín Sabina. Y era solo el comienzo.

En esa charla exultante, Pablo Milanés se adjudicaba una suerte de padrinazgo sobre Enemigos íntimos, el disco que Sabina y Páez habían grabado juntos en 1998. Según relataba el cubano, estaba con Fito cuando el rosarino le dijo que quería conocer a Sabina, y en un arrebato, desde el cuarto de hotel, lo llamó a Sabina. El propio Sabina ratifica esa historia. Todo esto en una atmósfera de infinita alegría.

Fito Páez, Joaquín Sabina y Pablo Milanés: encuentro en Madrid.

Al día siguiente, Fito explicaba sus lagunas: “Es verdad eso que decía Pablo, pero para serte sincero yo no recuerdo ya cómo fue exactamente. De los 20 a los 40 me acuerdo bastante poco. Pero sí,  [Enemigos íntimos] surgió de risas, de bares, de estar en una plaza y de irnos a un boliche de putas con Joaquín en México. De quedarnos hablando sobre los poetas españoles, y de música y de tal o cual cosa, y «cómo me gustaría hacer tal versión de tal tema», rodeados de putas. Era muy delirante la escena: fuimos allí porque queríamos tomar un trago nada más, pero el único lugar que encontramos en la zona roja del D.F. fue esa especie de cabaret”.

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