Octopus Kid: el folk con influencia española de un argentino en Nueva York

Paco Naveira pasó primero por Inglaterra y se instaló finalmente en la Gran Manzana, desde donde reconfiguró su carrera con influencias del blues, el rock británico y el flamenco

Por  JUAN FACUNDO DÍAZ

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Gentileza Paco Naveira
"Nadie me pregunta dos veces cómo me llamo", dice el músico detrás de Octopus Kid

Cuando la rutina parecía comerse su espíritu y sus días, Paco Naveira decidió acercarse a esa pulsión artística que arrastraba desde chico. A los 15 años había escrito su primera canción. Sin embargo, el vértigo de la adultez, la carrera de abogado y el trabajo en diferentes estudios jurídicos fueron relegando la música cada vez más. Hasta que un día dijo basta. Desde allí, una serie de viajes, pretextos y un recorrido errante entre los escenarios de Argentina, Inglaterra y Estados Unidos lo encuentra establecido en Nueva York bajo el pseudónimo de Octopus Kid, un alter ego bajo el que publica canciones y discos mientras cruza música de raíz española, rock británico y blues.  “Es un nombre memorable, nadie me pregunta dos veces cómo me llamo”, dice entre risas.

Octopus Kid/Paco Naveira, en Nueva York. Gentileza Luis Fabini

En Demonstration (2019), su disco debut, se muestra rodeado de una banda, paseándose entre sus diferentes influencias, del rock garagero más crudo hasta el blues cargado de slide. Sin embargo, en 2021 Paco encaró un cambio en su sonido. Primero publicó Spirit Matters, un EP instrumental despojado y enraizado en los bosques, con sonidos de la naturaleza que, según él, “reflejan los eventos universales actuales que solo pueden devolvernos a la práctica espiritual cotidiana y al silencio interior”. En cuatro canciones, tan solo acompañado de una guitarra, Paco empezó a forjar cierta individualidad en su música y abrazó el folk de forma total para no necesitar de los demás. No como una cuestión egoísta, sino más bien para ganar libertad. De esa forma nació, por ejemplo, “Busca la manera”, uno de sus últimos singles. 

“Tengo mucha admiración por el flamenco, la cadencia andaluza y toda esa exploración de acordes. Eso a mí me vuelve naturalmente y se trasluce después en mis composiciones. De hecho, ese tema nace de unas notas que tomé cuando fui a hacer una master class en el Museo de la Guitarra, en Almería, con Tomatito y su hijo”, cuenta.

“Yo venía de otro palo. Mi familia es de un ambiente más bien jurídico -dice Paco-. Si bien siempre hubo música o tuvimos un piano en casa, estudié Derecho. Pero de a poco fui haciendo un cambio. Me había recibido y tenía una banda. Ejercí un tiempo, primero en el estudio de mi viejo y después en otro que era medio una picadora de carne. Ya a los tres o cuatro meses sabía que no era lo que quería, entonces fui saliendo…”. 

En 2009, Paco decidió irse de la Argentina para estudiar producción de sonido. “Me fui a Londres. Me metí tres meses en el London College of Creative Media y me encontré con que había un universo nuevo”. De todas formas, Inglaterra no fue el destino final sino más bien un paso intermedio. Desde allí, el mismo año partió a Nueva York. “Llegué para cursar unos estudios en la Universidad de Nueva York. Vine a hacer un programa de negocios orientado a la tecnología, medios, música, cine. Mi familia me daba la posibilidad de estudiar en el extranjero, apliqué y la NYU me aceptó. Ahí dije ‘bueno, la tomo, voy’”. 

Si bien la música estaba presente y lo acompañaba, en esas postulaciones estaban los antecedentes académicos y una serie de ensayos en los que la universidad le pedía que cuente en qué se quería transformar. “Te preguntan qué querés hacer de allí a cinco años. Yo dije que quería ser un entrepreneur en la industria de la música que sea parte de procesos transformativos. Eso te lanza a un universo que después puede no ser, puede variar y tomar cambios en el camino”. 

Desde esa pregunta sobre cómo veía su futuro y en qué quería transformarse pasaron trece años. En el medio, una vida y una familia. Pero aquella respuesta marcó un camino, lo cruzó con ciertas personas y le abrió puertas. Y, desde ese punto en adelante, se potenciaron sus canciones. “En Nueva York encontré muchas cosas al alcance de la mano. Las primeras dos semanas conseguí un show de veinte minutos para tocar en The Bitter End, en una sesión de compositores de canciones. Ahí presenté cuatro temas. Yo me mandaba, enviaba mails y buscaba cuándo tocar, dónde. Me di cuenta de que la gente es muy receptiva a eso. Después, pude reflejarme en los otros, decir: ‘wow, esto les está moviendo algo’, ya sea a través del baile, una sonrisa o miradas”.

La naturaleza cosmopolita de Nueva York se choca y potencia el bagaje musical que arrastra de sus pasos por Argentina y Europa. Actualmente, Paco Naveira frenó sus presentaciones en vivo para dedicarse de lleno a la composición. “Estoy encarando un disco tranquilo, con algo de percusión, algo tribal. Me inspiró mucho un show de José González”, dice. Y esas cosas que hace, esos próximos planes, siguen una premisa: Hacer. “El siguiente paso es el mismo: let’s do more. Vamos a hacer más cosas”, dice con entusiasmo.