María Corina Machado entrega su medalla del Nobel de la Paz a Donald Trump

La opositora entregó su galardón al presidente estadounidense en agradecimiento por la intervención militar en Venezuela, lo que generó una ola de críticas e indignación a nivel internacional

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Tras un encuentro breve, María Corina Machado entregó la medalla del Premio Nobel de la Paz, que recibió en 2025, al presidente Donald Trump. El encuentro, a puerta cerrada y deliberadamente alejado de la prensa, ha generado polémica en diferentes sectores del mundo y puesto en cuestionamiento lo que representa este premio. 

Sin cámaras, María Corina Machado sostuvo una reunión privada con el presidente estadounidense, tras la cual afirmó: “Sepan que contamos con el presidente Donald Trump para la libertad de Venezuela”. El mandatario republicano, conocido por exhibir públicamente sus gestos y triunfos, optó esta vez por la discreción y se limitó a calificar la entrega simbólica de una medalla como un “gesto maravilloso”, sin presumirlo ante los medios.

La líder opositora venezolana describió el gesto como “símbolo de agradecimiento por su apoyo a la causa de la libertad y la democracia venezolana”, tras la invasión que derivó en la captura de Nicolás Maduro. “Es también una profunda expresión de gratitud por el invaluable apoyo del presidente Trump y de los Estados Unidos al pueblo venezolano en esta lucha decisiva por nuestra independencia y la restauración de la soberanía popular”, explicó Machado. 

A la hora de presentar su reconocimiento a Trump, Machado recordó un hecho histórico: “Hace 200 años, el general Lafayette le entregó al presidente una medalla con la cara de George Washington a Simón Bolívar, que siempre atesoró. Justo 200 años después, la gente de Bolívar le está devolviendo a Washington una medalla en reconocimiento”, contó la opositora, según la BBC. Trump mencionó el momento en redes sociales, calificándolo como un gesto de respeto mutuo.

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Previo a esto, los organizadores del Nobel habían recordado que “una medalla puede cambiar de dueño, pero el título de laureado del Premio Nobel de la Paz no”. Estas declaraciones se originaron por parte del Instituto Noruego del Nobel, luego de que Machado declarara su intención. Aun así, en lo que analistas interpretaron como un intento por recuperar el favor de Trump, Machado mantuvo su decisión de ofrecerle su medalla. El tono sobrio del encuentro contrastó con el estilo habitual del mandatario, quien suele recibir a líderes extranjeros en el Despacho Oval, por lo general con conferencias de prensa. 

El acto provocó una ola de críticas por parte de la comunidad internacional, en donde diferentes sectores apuntaron la contradicción de entregar un símbolo de la paz a una figura que ha promovido acciones militares y expresiones violentas, una postura difícil de conciliar con los principios del Nobel de Paz. Fiel a su estilo, el organismo no realizó comentarios específicos sobre el gesto de Machado, aunque en Noruega y el mundo, la reacción fue de rechazo e incluso de incredulidad. Figuras públicas de este país calificaron el episodio como “patético”, “absurdo” y “sin sentido”, resaltando que es vergonzoso y dañino para la reputación y la simbología del Nobel, como lo dijo Janne Haaland Matlary, profesora de la Universidad de Oslo y exfuncionaria. 

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El Centro del Nobel de la Paz, por medio de su cuenta de X además agregó: “Una vez que se anuncia un Premio Nobel, no puede ser revocado, compartido ni transferido a otras personas. La decisión es definitiva y permanece válida para siempre”. 

El gesto simbólico de Machado ha sido interpretado por algunos analistas como un intento de reactivar las bajas expectativas de la oposición venezolana, encabezada por Machado, para acceder al poder en un contexto en el que Nicolás Maduro ya no está, pero su equipo sí. Como se conoció luego de la invasión a Venezuela, la decisión de Trump de no respaldar a Machado habría sido consecuencia de las dudas sobre la capacidad del movimiento opositor para relacionarse con las fuerzas armadas y controlar la situación de seguridad en el país latinoamericano.

Las señales de política exterior de Trump suelen ser grandilocuentes en público, por lo que llama la atención el bajo perfil del encuentro con Machado. Para la oposición venezolana, ya había sido una sorpresa que el presidente estadounidense no la incluyera en sus planes inmediatos para el país. Sin embargo, al revisar el trato dado por Trump a otros líderes, incluso críticos abiertos contra él, el gesto resulta menos excepcional. Como ejemplo es interesante revisar los sorprendentemente cordiales intercambios con figuras como el recién electo alcalde de Nueva York, Zohran Mamdani, un vocal opositor; el trato diplomático con el presidente brasileño Luiz Inácio Lula da Silva, e incluso la llamada conciliadora, tras una fuerte tensión, con el presidente colombiano Gustavo Petro. En todos los casos vimos interacciones y calificativos positivos de parte de Trump. En contraste, el desdén hacia Machado podría reflejar un rasgo del carácter del mandatario menos comprometido con quienes, pese a sus elogios, no le ofrecen garantías estratégicas claras.

La cuestionada legitimidad del premio Nobel de paz 

Un acto como este se suma a una lista de decisiones que han ido restándole credibilidad al premio. En esta ocasión se alcanza un punto culminante no solo con la designación de María Corina Machado, cuestionada en su momento por haber solicitado una intervención militar en su país, sino ahora con su decisión de otorgarlo a Trump.

Aunque el Premio Nobel de Paz se presenta como un reconocimiento ajeno a la política, sus efectos son innegablemente políticos. A lo largo de su historia, ha evidenciado posturas que toman partido en contextos de enorme complejidad. 

Las dudas sobre lo que representa el premio en este momento recuerdan un episodio relativamente reciente. Cuando el presidente de EEUU Barack Obama asumió el poder, prometió poner fin a las guerras heredadas de su antecesor, George W. Bush. Sin embargo, al dejar la Casa Blanca, alcanzó el sombrío récord de haber mantenido a Estados Unidos en guerra durante más tiempo bajo su mandato que bajo el de Bush o el de cualquier otro presidente estadounidense. Muchos señalaron entonces la amarga ironía: Barack Obama, quien recibió el Premio Nobel de la Paz en 2009, pasó la totalidad de su presidencia en guerra.

El “reconocimiento” entregado a Trump además llega en un momento marcado por fuertes tensiones internacionales alrededor de su figura. Por un lado, persiste la posibilidad de una intervención militar de Estados Unidos en Groenlandia, país en el que ya se encuentran desplegadas tropas europeas para frenar eventuales movimientos militares estadounidenses. Por otro lado, crecen las protestas en Irán, que han recibido el respaldo de Trump, quien adelantó que “la ayuda va en camino”, y se mantienen grandes dudas sobre el efecto de su plan de acción en Palestina. 

GABRIEL CAVALLO Y LAURA VÁSQUEZ ROA

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