Love Story: la antología romántica que se construyó a partir de clásicos de los 90

En esta primera entrega sobre John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette, el soundtrack fue cuidadosamente elegido para plasmar el amor, la intimidad y las tensiones de una de las parejas más icónicas de la historia reciente de Estados Unidos

abril 1, 2026

Richard Corkery/NY Daily News Archive/Getty Images

La música, en mayor o menor medida según el caso, siempre juega un papel importante en las relaciones interpersonales. En el de las parejas, cada una tiene “sus canciones”, esos temas que ambos escuchan y sienten que se sincronizan tan bien con su historia que terminan adoptándolos como propios, acompañando momentos felices y otros más íntimos. De igual forma, cuando esas historias de amor llegan a su fin, la música funciona como terapia, y esas letras melancólicas con melodías tristes sirven como catarsis para entender emociones que simplemente no se pueden explicar.

Por eso, a la hora de plasmar todo esto en Love Story, que recorre la turbulenta relación de John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette —una de las parejas más icónicas y mediáticas de los años 90—, la tarea era algo más que complicada: se trataba de acompañar esa historia con una selección de canciones que dialogara con cada uno de sus momentos, pero que a la vez se sintiera genuina y fiel a la imagen que ambos proyectaban al público, una idea que queda clara desde el inicio.

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La serie retrata el primer encuentro entre Kennedy —interpretado por Paul Anthony Kelly— y Carolyn Bessette-Kennedy —a quien da vida Sarah Pidgeon— en una fiesta elegante, repleta de hombres de smoking y mujeres de vestido largo. Quien los presenta es el mismísimo Calvin Klein, jefe de Carolyn, con un premonitorio “ya me lo agradecerás”. La primera mirada entre ambos es completamente eléctrica: la conexión se siente inmediata, casi inevitable, mientras de fondo suena ‘This Woman’s Work’.

Nada en esa elección parece casual, y la canción de Kate Bush, con su tono íntimo y contenido, introduce desde el inicio una capa emocional que desborda la escena. Aunque el momento está cargado de glamour y sofisticación, la música anticipa algo más profundo y no solo el deseo y la atracción inmediata, sino también la vulnerabilidad y el peso emocional que marcarían su relación. Así, lo que podría leerse como un simple flechazo se resignifica como el comienzo de una historia mucho más compleja.

Este tema deja claras dos cosas. Primero, que el desarrollo musical de la serie se moverá entre grandes éxitos de los 90; y segundo, que no se limitará a un solo género, tal como explicó Jen Malone, responsable de la banda sonora, para Vogue. “La idea era que la música no se limitara a un solo género. Queríamos que fuera lo más amplia posible. Y creo que lo conseguimos: cada canción tiene un tono diferente, desde Sade hasta The Cranberries, o toda la música divertida del episodio piloto”, comentó Malone, quien también ha trabajado en series como Euphoria y Wednesday.

Así, la producción no solo transita por el pop, sino que se adentra, sobre todo, en el sonido alternativo de la época —dream pop, rock o hip hop—, con canciones de artistas como Björk (‘Human Behaviour’), Radiohead (‘(Nice Dream)’ y ‘Exit Music (For A Film)’), The Velvet Underground & Nico (‘Venus In Furs’) o Portishead (‘Roads’).

En esa misma línea, una de las canciones que mejor encarna ese giro hacia lo alternativo es ‘Lover, You Should’ve Come Over’ de Jeff Buckley. A diferencia de otros temas que acompañan momentos más evidentes de la relación, aquí la música introduce una capa emocional mucho más densa, casi anticipatoria. No se trata solo de acompañar lo que ocurre en pantalla, sino de sugerir lo que está por venir.

El tema funciona, en ese sentido, como una especie de presagio. Desde su primera imagen —“I see the rain fall upon the funeral mourners”— la canción instala una melancolía que contrasta con el momento narrativo. No hay todavía una ruptura, pero sí una conciencia emocional que atraviesa toda la relación: “maybe I’m too young to keep good love from going wrong”. Buckley canta desde el arrepentimiento, desde el reconocimiento del daño hecho, y esa perspectiva resignifica la historia de John y Carolyn incluso antes de que se desarrolle por completo.

A pesar de esa selección basada en éxitos y sonidos noventeros, hay una canción que, sin formar parte oficial de la serie, ha sido adoptada por los propios fans como parte de su universo: ‘National Anthem’. A través de ediciones en TikTok y playlists inspiradas en la historia, el tema de Lana Del Rey ha terminado por integrarse al imaginario que rodea a la pareja. Si con ‘This Woman’s Work’ el espectador se coloca en los zapatos de John, con esta canción —al menos en estas relecturas digitales— se coloca en los de Carolyn. Aquí la música no acompaña desde la intimidad, sino desde la construcción de una imagen: la de una mujer que se mueve entre el deseo, el lujo y la exposición constante, en un mundo donde —como dice la propia canción— “money is the anthem of success”.

En ese sentido, el tema funciona casi como un manifiesto del universo que rodea a la pareja. Frases como “take me to the Hamptons” no solo refuerzan el imaginario de privilegio en el que se mueven, sino que también evidencian una lógica en la que el amor y el estatus se entrelazan de forma inseparable. Pero más allá del exceso, hay una tensión constante: “He says to be cool, but I don’t know how yet”, canta Del Rey, dejando ver una vulnerabilidad que dialoga con la figura de Carolyn, siempre observada, siempre medida. Así, la canción no solo retrata el brillo superficial de esa vida, sino también su trasfondo más oscuro: “it’s a love story for the new age”, marcada por el exceso, la ansiedad y una identidad que se construye —y se desgasta— frente a la mirada pública.

Si a lo largo de la serie la música funciona como una forma de anticipar, construir y reinterpretar la relación, el cierre con ‘Here With Me’ de Dido lleva esa lógica a su punto más íntimo. La canción aparece cuando ya no queda nada por construir, solo por recordar. Y es ahí donde el soundtrack abandona cualquier intento de narrar hacia adelante y se instala completamente en la pérdida.

El tema, en ese sentido, es una expresión directa del vacío que deja la ausencia. “I won’t go, I won’t sleep, I can’t breathe, until you’re resting here with me”, repite Dido, como si el tiempo se hubiera detenido en un único sentimiento. No hay desarrollo, no hay escape: solo una necesidad constante de aferrarse a lo que ya no está. Esa repetición —casi obsesiva— refuerza la idea de un duelo que no avanza, de una memoria que se rehúsa a transformarse en pasado. Así, la serie cierra no con una conclusión, sino con una sensación suspendida, donde el amor persiste únicamente como recuerdo, como eco, como algo que, al igual que la música, sigue sonando incluso cuando todo lo demás ha terminado.

Así, más que un simple acompañamiento, la música en Love Story: John F. Kennedy Jr. y Carolyn Bessette funciona como una herramienta narrativa que permite entrar en la intimidad de sus protagonistas desde distintos ángulos. Cada canción no solo ubica al espectador en una época o en un estado de ánimo, sino que también construye una lectura emocional de la relación: lo que se muestra y, sobre todo, lo que queda por debajo.

Al final, el soundtrack termina haciendo lo mismo que esas “canciones de pareja” de las que hablábamos al inicio: encapsular una historia en fragmentos sonoros que condensan emociones difíciles de explicar. La diferencia es que aquí no se trata de una experiencia privada, sino de una relación observada, idealizada y consumida públicamente. Y es precisamente en esa tensión —entre lo íntimo y lo mediático— donde la música encuentra su mayor acierto: no solo acompaña la historia de John y Carolyn, sino que la interpreta.

GABRIEL CAVALLO

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