agosto 25, 2022

Los cuadernos encontrados de Pipo Lernoud

Figura fundacional del rock argentino, el autor de ‘Diana divaga’ edita ‘Mi cara en el espejo’, su poesía completa, que funciona como una autobiografía en verso

Por  WALTER LEZCANO

Pipo posa para Rolling Stone con algunas de sus pertenencias más místicas y espirituales que fue recolectando a lo largo de su increíble y viajera vida.

Ignacio Arnedo

El poeta, compositor y periodista Pipo Lernoud (1946) abre el cuaderno (escolar, simple, accesible) en el que escribe por estos días (anotaciones, pensamientos, retazos de su vida actual) y se cae una hoja impresa: es Credo y técnica de la prosa moderna, de Jack Kerouac, uno de sus héroes. Ahí se lee, por ejemplo: “Hay que escuchar, estar abierto, someterse a todo”; “Escribir desde el fondo de la mente lo que se quiera insondable”; “Las indescriptibles visiones del individuo”; “Escribir con recogimiento y para propio asombro”; entre otras indicaciones de escritura que Pipo incorporó en su sistema de trabajo. Presente e historia se unen en una misma escena: “Desde siempre lo llevo conmigo para que me siga tirando una onda”, cuenta. Pipo Lernoud, que tiene influencia de los beatniks sumado a Walt Whitman, Arthur Rimbaud, Bob Dylan y Juan Gelman, es uno de los que, junto con Moris, Tanguito y Litto Nebbia, entre otros, crearon los cimientos literarios para que se construyera la lírica de ese edificio, hoy inmenso, llamado “rock argentino”. Una condensación de existencialismo, insatisfacción, rebeldía asistemática y aventuras mentales (y físicas) muy peligrosas. Luego de 50 años de escribir poemas en cuadernos privados sale su Poesía completa: Mi cara en el espejo (Cae de Maduro). Un libro que junto a Yo no estoy aquí (Gourmet Muscial, 2016) puede leerse como sus Obras Completas. “Yo no soy poeta profesional, soy muy irregular en todo”, cuenta. Y llega a una conclusión poderosa: “Un poema es un telegrama desde el fondo”. Está totalmente seguro: “En estos poemas, junto al periodismo, está todo mi desarrollo personal”, dice Pipo. Vale la pena sumergirse en esta vida hecha de cuadernos. 

La poesía completa de Pipo Lernoud

Cuaderno Precuela: “Son dos poemas que no quería dejar afuera porque me parece que muestran un comienzo con la poesía. Después mi estilo cambió, se estabilizó. En estos textos, como en toda mi vida, estoy buscando una forma. Fueron escritos en Villa Gesell, adonde fui de mochilero entre el 64 y el 65 junto a Manuel Belloni, un amigo que luego fue el primer muerto montonero. Pienso en estos textos y recuerdo que era virgen: debuté al año siguiente”.

Cuaderno Villa Gesell: “Ahora releyéndolo me doy cuenta de que este cuaderno está muy influenciado por Bob Dylan, que fue mi maestro en muchos aspectos. Por ejemplo: ‘La muchacha española de los ojos suaves’, que es muy parecido al fraseo que él usa. Y por otra parte, es un tipo de escritura que luego no volví a usar”.

Cuaderno Náufrago: “Cuando tenía 20 años, en 1967, en el bar La Perla, escribí un texto que habla sobre lo que realmente significaba para nosotros ser ‘náufrago’: ‘Naufragar es amar cada segundo y cada cosa, dejar la mente en libertad para que divague a su antojo; vivir la alegría del mundo, la maravilla del amanecer. Naufragar es dar lo que tenemos sin esperar nada a cambio, no entrar en el juego de la pérdida o la ganancia, de la acumulación de dinero. ¿O acaso la naturaleza nos pide que le paguemos de alguna manera cada vez que nos da algo?’. Ese cuaderno acompaña ese momento, ese clima de época en el que también estaba naciendo el rock argentino”.

Escuchá «Ayer nomás»

Cuaderno canciones: “Son textos que yo escribí y después alguien les puso la música. Tanto Moris como Miguel Abuelo y demás. Estos textos, ‘Ayer nomás’, ‘Diana divaga’, ‘Estoy aquí parado, sentado o acostado’ (que para mí es un gran poema o lo que debería ser una poesía), ‘El silbido de los vientos en el junco’ (un tema que hicimos con Miguel Abuelo), entre otros, que se volvieron canciones son muy importantes para mí. Incluso creo que es de lo mejor que escribí. Yo para escribir tengo algo que le robé a Rimbaud: anotar visiones. Cuando ves una situación la anotás. No es que estás construyendo un poema: anotás”. 

Escuchá «Diana divaga»

Cuaderno Capilla: “Nos fuimos a Capilla del Monte con Miguel Abuelo, Tanguito y otros amigos. En ese tiempo se iba en tren. Nos quedamos bastante tiempo viviendo al costado del río y salíamos a pedir comida, en fin, bien de última. Estos poemas están escritos desde ahí, de esa vida. Lo que escribo son visiones que me llegan siempre por las experiencias que tengo”. 

Cuaderno Regreso: “En un momento, Miguel y Tanguito no se la bancaron, demasiada naturaleza para ellos, y volvieron a Buenos Aires, al centro. Yo me había peleado con mi novia. Me quedé solo. Me fui a vivir a un barrio muy humilde de ahí. Me alquilé una piecita y ahí lo escribí vagabundeando por las sierras y viendo el movimiento del pueblo. Al tiempo, me voy de ahí en un tren de carga hasta Villa María: ‘En el vagón la lluvia golpea sonando como un piano oxidado’, dice uno de esos poemas. Y caigo en cana. Poco tiempo después de esto llegó algo importantísimo para mi vida y escritura: aprender a meditar y tratar de entender las trampas de tu propia cabeza. La meditación para mí es una herramienta igual que el LSD (muchos de los poemas de este libro hablan de la experiencia con el ácido, que es algo que te pone en el mundo y detiene el flujo de la consciencia) o la ayahuasca. Muchos de mis poemas que vinieron después son prácticamente meditación”. 

Cuaderno Cadaqués: “Me fui a Europa porque estaba cansado de las peleas entre Pappo y Miguel Abuelo, que querían hacer cosas muy distintas: Pappo fundamentalista de blues y Miguel con una coctelera de estilos en la cabeza. No se pusieron de acuerdo. La primera formación de Los Abuelos de la Nada tenía un plan de hacer todos los estilos. Era una idea que venía de Sargent Peppers de The Beatles: ellos abrieron la puerta al decir, con ese disco, ‘rock es todo’. Es usar todas las herramientas. Por entonces tuve una discusión con Spinetta. Lo criticaba porque escribía con ‘tú’. Yo era muy serio con eso, venía de la escuela de Juan Gélman, que decía: ‘Tenemos que escribir como hablamos’. Le decía a Spinetta que no usara el “tú” porque era una mala herencia de la vieja poesía española. No era natural para nosotros. Y él me dijo: ‘Sí, es verdad. Pero yo uso todo’. En ese momento no me terminó de gustar pero lo acepté porque un poeta usa lo que quiera. Años después, me di cuenta de que Spinetta era muy profundo. 
Por otra parte, me voy a Europa porque Tanguito ya estaba muy reventado, realmente mal, rodeado de gente que no lo ayudaba. Era un momento donde estábamos acorralados por todos lados (nos perseguían, nos cagaban a palos, nos metían en cana, nos cortaban el pelo), no había drogas interesantes (alguna vez fumamos cáscaras de banana, consumíamos anfetaminas, algún porro que llegaba de México). Me cansé de la cosa drogona. Sentí que no había nada interesante. Cuando llegué a las playas de España, en Ibiza, por ejemplo, tuve mi primer ácido y terminé en bolas con cinco mil hippies en la playa, experimenté el sexo compartido, mil cosas. Experiencias muy fuertes. Llegué para los últimos dos veranos realmente buenos que hubo, junio del 69. Después se pudrió todo. De ahí voy a Cadaqués, que es un pueblito pescador. Entonces estos poemas van de eso”.

Cuaderno Expreso: “En esa época me la pasaba escribiendo en la revista Expreso Imaginario, así que no escribía mucho en mi cuaderno de poemas. Sin embargo, pude escribir el poema largo ‘Hola’, que lo veo como mi propio ‘Aullido’. Lo escribí de un tirón: es una narración que va avanzando y acumula varias cosas. Cuando estaba haciendo la Expreso me metieron en cana y me torturaron. Fue después de un recital de Santaolalla, que tenía el grupo Soluna. Vinieron a mi casa y me llevaron porque creían que yo estaba recibiendo ácidos de afuera. Me picanearon. Y eso aparece en el poema ‘Hola’. Es un viaje porque también aparece el nacimiento de mis hijas”.   

Pipo en su casamiento, en el Stud Free Pub, junto a su flamante esposa y Miguel Abuelo (Archivo Pipo Lernoud).

Cuaderno Buenos Aires: “Me fui de Expreso Imaginario en el 81 con un juicio y quedó Pettinato de director. Me fui porque asesinan a Lennon y yo lo quería en la tapa, pero otros querían a Almendra, que estaba de regreso. No nos pusimos de acuerdo, nos peleamos y me fui a Brasil. De todas maneras, quienes siguieron bancando al Expreso son héroes porque era un lugar de resistencia durante la dictadura, fue importantísima. Viví un año en Bahía con la guita del juicio. Me dediqué a conocer muchos músicos brasileños y estar cerca de mis hijas. Es una cultura muy hermosa: negra, natural, libre. Cuando vuelvo a Buenos Aires me pareció muy dura esta ciudad. Es por eso que los poemas son distintos: ‘El centro por las noches me da miedo/ Me hace sentir oscuras penas que se arrastran’. Es un tipo de poesía menos hippie”.   

Pipo recitando poesía en el festival de la revista Pan Caliente, enero de 1982 (Archivo Pipo Lernoud).

Cuaderno Ranchos: “Me voy a vivir a Ranchos, al sur de la provincia de Buenos Aires. Siempre necesité moverme. Es una desgracia. Nunca termino de aterrizar. En esta época sacamos un libro sobre agricultura orgánica y es el primero en Latinoamérica. Me metí con eso y el viejo sueño del rock argentino de irse a vivir al campo. Había llegado el momento de comprobar eso y vivir la experiencia. Viví diez años: criando vaquillonas, exportando zapallos y demás. También hacía Canta Rock, que fue la revista de rock más vendida del momento. Estos poemas son parte de ese momento de mi vida: textos cortos como fotos y recuperar experiencias en relación a lo natural: ‘El bebé zorrino/Asoma la trompita/ Afuera de la cueva/ El mundo gira’”.

Cuaderno Almagro: “Viví muchos años en Almagro. Estaba cerca de El Rincón Orgánico, que era el restorán de mi mujer. Estos son poemas, quizás, más escépticos. Pero por otra parte me salió mi primer poema de amor: ‘¿Qué hacemos con esto?/ Un viejo amor que supo ser volcánico, arrasador/ confrontativo y dulce’. Este cuaderno, por más que ya no vivo en Almagro, no tiene fecha de cierre. Seguí escribiendo poemas pero no sé cómo los ordenaré más adelante. Cuando llegué a La Cueva yo quería ser poeta. Cuando conocí a Javier Martínez, Moris, Tanguito y todos los muchachos, pasé a ser compositor y eso era mejor que ser poeta porque en la poesía te leen muy pocos. En cambio, 250.000 personas compraron ‘Ayer nomás’ y forman parte de sus vidas. Para mí, la poesía se origina en la canción. Ahora sale este libro y prueba que sí, soy poeta”.

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