Los CD y su brillo de plata, el resurgimiento ha llegado

El disco compacto nunca ofreció el romanticismo del vinilo o la comodidad del MP3, pero sigue siendo el formato ideal para sumergirnos en tu colección musical

Por  ROB SHEFFIELD

Compartir en facebook
Compartir en twitter
Compartir en whatsapp
Compartir en email

Mati Mango

En 2021 las ventas de CD subieron por primera vez en 17 años. La razón principal fue Adele, cuyo álbum vendió 898.000 copias. La última vez que los discos compactos estuvieron de moda fue cuando Usher, Ashlee Simpson y Hoobastank estaban en la cima. Ahora Adele, BTS y Taylor Swift ocupan su lugar. Todo esto es parte de un renacimiento de los medios físicos: el vinilo está pegando ahora más que nunca. Pero para quienes amamos un humilde disco compacto, es una pregunta que vale la pena hacerse: ¿realmente estamos viendo el resurgimiento del CD? ¿Por qué los fans se están volviendo a enamorar del formato que una vez nos prometió “el sonido perfecto para siempre”?

La cosa nunca se trató de romanticismo, sino de practicidad. Los discos compactos siempre funcionaban; pero eran menos glamorosos que el vinilo, menos sofisticados, menos sexis, no tenían la misma magia. No tenían el aura que los fans querían, no necesariamente te ponías sentimental con tus CD de la forma en que sí tenías un fetiche con tu viejo y rayado vinilo, escuchando la banda sonora de tu vida entre rasguños y crujidos. Tu copia de Spice World o Live After Death sonaba exactamente igual a las demás. 

Pero los CD funcionan, simplemente funcionan. Pones el CD, presionas play y escuchas la música. Los discos han entregado las melodías de una manera tan eficiente, que se volvieron el formato más popular en la historia. Si quieres concentrarte en algo bueno durante una hora, sin tener que pararte a darle vuelta al vinilo cada 20 minutos, el disco compacto tiene lo que necesitas, con más potencia. Te da todo un espacio para perderte en la música.

Desde que aparecieron en los 80, los expertos se han quejado de ellos; “¡No tienen alma, ni corazón!”; pero los fans amaron esos discos brillantes con más de 70 minutos de música en un solo lugar. Era menos complicado que el vinilo, una gran ventaja para los fanáticos casuales que no querían pensar en las agujas o la resonancia del conjunto brazo-cápsula de un tocadiscos. Podías programar para saltar las malas (Astral Weeks es mejor sin ‘The Way Young Lovers Do’), o escuchar tus favoritas de hip hop sin los skits, o incluso personalizar tu propia versión de cualquier álbum. ¿Revolver de los Beatles? Qué bueno que preguntaras, escúchalo en el siguiente orden: 9, 13, 7, 4, 14, 5, 3, 12, 10, 1, 8, 2, 11, 6, luego repites la 9 y la 14; créeme, es una experiencia totalmente nueva. 

Siempre me han encantado los CD y nunca me deshice de mi colección, incluso cuando el formato decayó en la década del 2000. Aprecio todo formato de sonido, desde los casetes hasta el vinilo y las plataformas de streaming. Sin embargo, los CD tienen su encanto particular, especialmente para escuchar por más tiempo y a más profundidad. Ningún formato había sido tan amable con la música que necesita tiempo. Este formato fue el que convirtió a Pet Sounds, Another Green World, Heart of the Congos y Astral Weeks en clásicos amados por el público, los llevó más allá de su carácter como piezas de culto; fue este formato el que finalmente convirtió a Lee “Scratch” Perry en un héroe popular. Un LP ya famoso como Kind of Blue se convirtió en todo un nuevo fenómeno en CD. Los clásicos por excelencia en la era de las cajas de discos y boxsets (Voodoo de D’Angelo, Kid A de Radiohead y Supa Dupa Fly de Missy) hubieran fracasado en streaming.

Pasé gran parte del verano del año pasado escuchando los CD de mi papá en su viejo Discman; era una manera tangible de recordarlo. Se volvió un ritual para mí el escuchar su copia de Red Headed Stranger de Willie Nelson en su Sony D-F200. Mis estantes están llenos con cajas de discos, bootlegs, mezclas hechas por viejos y nuevos amigos, y discos de bandas nuevas que compré a la salida de sus conciertos. Cualquier disco sigue sonando de la misma manera que en 1986, 1994 o 2007; no se necesita ninguna actualización de software, solo presionas un botón, y listo.

Pero el CD comenzó a decaer en los años que le siguieron a Napster. Los MP3 sonaban metálicos en comparación, pero eran cómodos y (en muchos casos) gratis. Esta es la era que Dave Holmes de Esquire resumió como “Los Años Borrados”. Según Holmes, “todo lo que compraste de 2003 a 2009 está en un iPod lleno de polvo y del que no encuentras el cargador, o en una computadora con el software descontinuado. Ya sea que hayas comprado todo el primer disco de Kaiser Chiefs o solo hayas pagado 99 centavos por ‘I Predict A Riot’, ya no tienes nada”. 

Si la gente está descubriendo las maravillas de los medios físicos, en parte se debe a que hay algo efímero en la cultura del streaming, en la que cualquier música que tú “tengas”, está a la merced de los deseos corporativos. Hace unos años, MySpace borró accidentalmente toda la música que se había subido al sitio con tan solo presionar un botón. Y quizá le sigan tus fotos también.

Los medios físicos también implican que a los artistas se les paga. Y aquí es donde estos discos tienen una ventaja sobre otros formatos: son más baratos y rápidos de producir, uno de los principales problemas en la gran hambruna del vinilo en nuestros tiempos. Hoy en día no hay suficientes plantas de prensado para satisfacer la demanda de los LP. Los artistas independientes fueron los pioneros del resurgimiento análogo, pero se les convirtió en un problema porque tienen que esperar un año o más para lanzar sus álbumes al tener que esperar a que una fábrica los agende entre los éxitos de las grandes casas disqueras.

En los 2000, la revista NME sacaba un cuestionario semanal, preguntando qué estaba de moda, “¿Vinilo, CD o MP3?”. Era una broma recurrente porque nadie nunca escogía el CD, la diferencia iba de 90/10, ganando el vinilo. Creo que solo el tipo de Art Brut defendió los CD, aunque luego admitió: “Me doy cuenta de que es como escoger a George Lazenby como tu James Bond favorito”.  

Está fuera de discusión el que las ventas musicales hayan alcanzado su punto máximo cuando el CD reinaba. Ningún otro formato de audio logró que la gente comprara tantos, les gustaba comprar en cifras que ahora parecen exorbitantes. Ningún formato hizo tan bien su trabajo a la hora de llevarse nuestro dinero.

Todos pasamos la década de los 90 en las “tiendas de discos” (las “tiendas de CD” nunca existieron, aunque la mayoría de tiendas de discos no tenían vinilos), buscando en las estanterías y llevando algo extraño a casa, que escucharíamos de principio a fin. Invertíamos tiempo y energía emocional, en vez de rendirnos tan rápido como lo hacemos con el streaming. El disco te animaba a dejar de ser perezoso y escuchar cualquier mierda que estuviera sonando. Así fue cómo los fans se conectaron con la psicodelia alemana, el progresivo japonés, el soukous de África occidental y el dub de Kingston. 

Ni siquiera me dejen comenzar a hablar sobre las cajas recopilatorias, el mejor formato inventado para explorar artistas y géneros con una larga trayectoria. ¿The Birth of Soul de Ray Charles? ¿The Anthology of American Folk Music? ¿La colección de doo wop de Rhino de 1994 que le permitió a la gente bailar con su pareja de la universidad, con solo tocar un botón? ¿La caja de bootlegs de Dylan que recopila todos sus shows de 1996, y que finalmente obtuve después de verla durante años en el estante de Bleecker Street Records?

A la gente le encantaba decir que el vinilo estaba más de moda, incluso si a puerta cerrada escuchaban sus CD. Pearl Jam cantó ‘Spin the Black Circle’ en 1994, cuando los discos plateados la convertían en la banda más grande del mundo. “Todavía escucho discos de vinilo, nunca los CD”, se jactaron los Beastie Boys en su clásico de Ill Communication, un álbum que -ellos lo sabían- nadie escucharía en vinilo. 

La era de los CD alcanzó su punto máximo en el año 2000, cuando ‘NSync rompió todo los records al vender 2,4 millones de copias de No Strings Attached en la primera semana, aunque terminaran diciendo bye-bye-bye. Unos años después Justin Timberlake apareció en una película interpretando al cofundador de Napster, Sean Parker, burlándose, “¿Quisieras comprar un Tower Records, Eduardo?”. Napster era el iceberg de intercambio de archivos que esperaba para hundir al Titanic del disco compacto. Pero vale la pena mencionar que las dos personas que inventaron Napster, Parker y Shawn Fanning, compraban frecuentemente CD, en su mayoría de trance y trip hop. Estuve con ellos a comienzos de los 2000 para un perfil de ROLLING STONE y su apartamento estaba lleno de estos discos. Era obvio que no escuchaban MP3, sino que veían a Napster como una manera de descubrir nuevos álbumes para comprar. Lo que ni ellos ni nadie vio venir fue que la gente realmente se conformó con los MP3; ZShare, Megaupload, Gnutella, toda esa gente, todas esas vidas, ¿en dónde están ahora?

Brett Jordan

No mentiré, los CD tenían muchas fallas; el empaque era un desastre con esas cajas de plástico, quitarle el adhesivo de encima era una pesadilla, y originalmente venían empacados en una “caja de cartón”, o longbox, de 30 cm que solo servía para hacerlos más difíciles de robar. La gente se quejó con toda la razón, hasta el punto en que el presidente de EMI, Sal Licata, escribió una clásica columna de comedia en Billboard: “Por qué deberíamos mantener la caja de cartón”. El empaque se convirtió en un chiste tan grande, que Spinal Tap lanzó su álbum de 1992, en la “extra long box” de 40 cm, diciendo que era “un producto respetuoso con el medio ambiente y que utiliza aún más de nuestros valiosos recuerdos reciclados, ¡más que cualquier otro empaque de discos compactos!”. Pero cómo han cambiado las cosas, ahora, si compras un LP en Internet, te lo envían en un paquete que contiene prácticamente seis de esas cajas largas. 

Y te preguntarás, “¿por qué debería ‘70 minutos de música en un solo lugar’ significar algo, cuando tenemos el streaming?”. La respuesta sería que el streaming no es un “lugar”, sino una avalancha de opciones constantes que muchos fans encuentran menos óptimas cuando realmente quieres concentrarte en escuchar algo. Estamos hablando de un dispositivo que te molesta cada tres minutos con mensajes que debes responder de inmediato. Así como un libro físico, el disco físico te sumerge más en la historia. 

Mira, los CD nunca serán tan sexis como los álbumes en vinilo, lo entiendo. Si simplemente estás buscando cosas que puedas exhibir en tu casa, un LP de 12 pulgadas tiene más estilo. Si hay una sola cosa en la que los discos compactos se destacaron, fue en hacer música. Cumplen bien su función y esa es la razón por la que siguen vigentes; son los más eficientes y respetuosos entre todos los formatos de audio. Por eso, para algunos de nosotros, el CD tiene un lugar especial de 70 minutos en nuestros corazones, y nada los puede reemplazar.