En un día inusualmente helado de abril en Nueva York, el viento se cuela por las rendijas del aire acondicionado de un apartamento en el barrio West Village. Se trata de un modesto piso con dos habitaciones de marrones terrosos y grisáceos. Hay un paquete de Marlboro Gold abierto y billetes junto a la puerta, notas pegadas al refrigerador, cera de vela derretida y revistas en la mesa de centro, ramas altas en un jarrón, y el olor a palo santo recién quemado en el aire. La pared junto a la chimenea está llena de filas y filas de libros, con espacio en cada estantería reservado para más.
Incluso a 10 pisos de altura, se oyen las conversaciones de la calle. Dado que, recientemente, limpió sus redes sociales para anunciar el comienzo de una nueva era, es posible que algunas de esas conversaciones giren en torno a la propietaria del apartamento, Ella Yelich-O’Connor, conocida mundialmente como Lorde.

Aquí fue donde leyó, festejó y dejó que los platos se acumularan mientras escribía canciones para Virgin, su primer álbum en cuatro años, que saldrá a la venta el 27 de junio. Hace poco celebró aquí la fiesta de su cumpleaños número 28. A veces se queda a dormir con su hermana menor, Indy Yelich, de 26 años y también cantautora. Indy vive cerca y la lleva a CorePower Yoga, a bares de mala muerte y a los partidos de los Knicks. Lorde se ha acostumbrado a abrazar las cosas que la hacen sentir de su edad, y a veces incluso más joven. “Creo que hacía una década que no fumaba un cigarrillo”, dice, sentada con las piernas cruzadas en el sofá, una camiseta gris y unos jeans oscuros. “De repente me dije: ‘¿Debería intentarlo?’. Me sentí como una adolescente”.
Para su último álbum, Solar Power, de 2021, la joven se escapó a la tranquilidad de las regiones más remotas de su Nueva Zelanda natal, encontrando consuelo en la calma y el silencio. Nueva York es el polo opuesto, y a ella le gusta que así sea. Desde los 16 años se queda aquí por temporadas, normalmente cuando está grabando o de gira, y compró este apartamento hace cuatro años. Le gusta que la ciudad la obliga a ser más atrevida, más abierta. “Solía tener la sensación de que cuando voy [a EE UU], cuando estoy en estos espacios, soy una artista, y luego vuelvo a casa y soy yo misma”, explica. “Y es una locura, eso no es ser un artista. Eres artista todo el día, estés en el país que estés. Creo que construir un hogar aquí me ha ayudado a comprenderlo”.
En los cuatro años transcurridos desde su último álbum, Lorde ha permanecido relativamente callada. Pero, en cierto modo, su presencia nunca se había sentido más fuerte. Algunos de los mayores éxitos pop de los últimos años han sido obra de cantautores que crecieron estudiando a Lorde. Cuando se convirtió en un fenómeno pop melancólico con ‘Royals’ (su crítica minimalista al materialismo), su sonido tuvo un impacto sísmico inmediato. “Veo cómo ha cambiado el panorama del pop desde su llegada”, dice Dev Hynes, amigo y colaborador. “Después de su primer éxito, la producción se ha reducido a un estilo minimalista, y es todo gracias a ella”.
Hynes señala que su estilo vocal —expresivo e íntimo, como si estuviera confiando sus secretos más profundos a una amiga— es fundamental para una generación de jóvenes cantantes; y ellos están de acuerdo. “Creo que la voz de Lorde es la voz de una generación”, dice Olivia Rodrigo. “No conozco a ningún compositor moderno que no se haya sentido influenciado por ella”. Una Gracie Abrams de 14 años vio a Lorde presentarse en Los Ángeles justo antes de que saliera su álbum debut Pure Heroine en 2013. Ahora, son buenas amigas. “[Ese show] cambió mi vida para bien”, afirma Abrams. “No sé si habría encontrado un ápice de confianza para subirme a un escenario si no hubiera visto a Ella dominar esa sala de la forma en que lo hizo. Recuerdo pensar: ‘Esta persona es de otro planeta, y quiero vivir allí con ella’”.

En una ciudad de más de 8 millones de habitantes, Lorde se ha acostumbrado a interactuar a diario con gente que se siente así; y se podría decir que encuentra útiles los encuentros. “Me han hecho verme tal como soy, porque me cuesta mucho sentirme poderosa”, afirma. La grandeza de su carrera es más difícil de ignorar cuando se está cara a cara con alguien que lleva sus letras tatuadas en la piel. “No todo el mundo sabe quién soy, pero tampoco tengo fans casuales”, dice. “No puedo negar que he hecho algo que ha tenido un efecto en estas personas porque están frente a mí”.
Estos días, la joven artista se siente conectada a todos y a todo lo que la rodea. Lanzó metafóricamente su teléfono al mar mientras hacía Solar Power, pero ya está conectada de nuevo; mañana publicará su primer TikTok. “Nunca me había sentido tan adicta a mi teléfono”, comenta. “Creo que, para ser un buen artista, tienes que tener una idea de lo que hay en el terreno. Y ahorita estoy mucho más en mi teléfono, pero también leo y consumo arte como nunca antes. Quizá todo se equilibre de algún modo”.
Y, sin embargo, resulta que llegar a este punto requirió una serie de dramáticos trastornos personales, muchos de los cuales influyeron en el crudo y sublime Virgen. En él, se propuso deconstruir e incluso destruir la antigua versión de sí misma. El single principal, ‘What Was That’, describe a una joven que despeja el humo de una relación recién terminada, lamentando lo que ha perdido pero libre para empezar de nuevo. Pero hay mucho más que canciones de ruptura. En el disco, el renacimiento impregna cada línea: el álbum es salvaje y físico, y Lorde canta desde sus entrañas.
Durante nuestras charlas en su apartamento y por la ciudad, la joven artista repite varias veces lo asustada que está de abrirse sobre el álbum y dejar que el mundo lo escuche. Hay canciones que describe premonitoriamente como “toscas”, vulnerables y desordenadas, apropiadas para una artista que está desaprendiendo el condicionamiento que le enseñó a ser “digerible” y “buena”.
“Mucha gente dejará de pensar que soy una buena chica, una buena mujer. Eso se terminó”, promete, con los ojos brillantes y llenos de fuego. “Mucha gente se irá, pero entonces, para algunos, yo habré llegado. Estaré donde siempre esperaron que estuviera”.

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De cierta manera, la historia de Virgin empieza la noche anterior al lanzamiento de Solar Power. Lorde estaba en Nueva York dando entrevistas para el álbum, luciendo vestidos de verano y colores brillantes. Lo único que recuerda es haberse sentido delgada; pero también que nunca se sentiría lo bastante delgada. “Me sentía muy hambrienta y débil”, confiesa. “Esa mañana aparecí en televisión y no comí porque no quería que se me marcara la barriga en el vestido. Era una succión de fuerza vital o algo parecido”.
No estaba sana, se moría de hambre y estaba obsesionada con su talla, pero no de una forma tan visible como para alarmar a su entorno. Se consumía contando calorías y monitoreando su ingesta de proteínas, preocupación que comenzó durante la pandemia. Lorde veía cómo su cuerpo se hacía más pequeño. Cuando inició la etapa norteamericana de su gira Solar Power en abril de 2022, aún no se había admitido a sí misma que padecía un trastorno alimenticio.
Antes de embarcarse en ese tour, se propuso solucionar otra parte de su vida: el debilitante pánico escénico con el que lidiaba desde que era una niña de cinco años y hacía teatro comunitario. La solución resultó ser la terapia con MDMA y psilocibina, un tipo de tratamiento del TEPT que los investigadores siguen luchando porque sea aprobado por la FDA (Agencia gubernamental de administración de alimentos y medicamentos de EE. UU.). A lo largo de muchas sesiones entre 2022 y 2024, Lorde tomó una de las drogas psicodélicas y dejó que la euforia liberara su cuerpo y su mente.
“Por primera vez salí de gira sin pánico escénico”, comenta, y por fin pudo pasear por ciudades como Milán y París antes de un concierto, en vez de quedarse en la habitación del hotel, aterrorizada ante la posibilidad de tener un ataque de pánico y desmayarse en el escenario. Las canciones también eran diferentes. “Tocaba ‘Supercut’ y, de repente, se me retorcían las tripas y todo el mundo tenía la misma sensación, [como] si hubiera habido un cambio de presión en el lugar. Me hizo darme cuenta de lo mucho que amo y necesito esa respuesta tan profunda y visceral para sentir mi música”.
“Mi genero se expandió mucho más cuando le di más espacio a mi cuerpo”
Durante ese tiempo, Lorde escribió en un newsletter dirigido a sus “hijos” (sus fans), que la gira de Solar Power había “arreglado muchas cosas” en su interior. No obstante, bajo la superficie, la obsesión por la comida y las proteínas y por contar calorías permanecía. “No sé cómo pueden ser ciertas esas dos cosas: estar viviendo una experiencia increíble y enriquecedora en los conciertos y conociendo a estos chicos, y, aun así, al mirar las fotos después, sentir una profunda aversión al ver mi preciosa y diminuta barriga, pensando que es imperdonable en lo que he permitido que se convierta”, dice.
En 2023, Lorde se enfrentó a otro reto: su relación más larga se estaba desmoronando. Desde 2015, salía con Justin Warren, un ejecutivo de Universal Music en Nueva Zelanda. Se conocieron cuando la artista era una adolescente recién firmada por la discográfica; Warren es 17 años mayor que ella. Nunca hablaron públicamente de su romance, pero él solía estar a su lado. En un newsletter que compartió con sus fans después de terminar su gira, reveló que estaba “viviendo otra vez con el desamor”.
“Pasé por una ruptura”, me confirma. “Fue muy dolorosa, como todas, pero hubo mucha dignidad, gracia y respeto. Sigue siendo una relación que aprecio”.
Sin embargo, la ruptura tardó en llegar. Lorde se mudó a Londres en mayo de ese año y estuvo allí durante cinco meses en plena crisis. Hizo una introspección, pensando en las partes de su vida que necesitaba cambiar. “Tenía la sensación de que nunca había estado sola”, dice. “Siempre había habido alguien, no necesariamente una pareja romántica, y solía ser una persona mayor. Siempre elegía a alguien para ser Dios”.
Le atribuye esa tendencia a su carrera, que la arrancó de casa de adolescente. “Era un patrón que repetía”, expresa. “Y creo que era por haberme ido de casa tan joven y no estar preparada para valerme por mí misma. Pero tenía una sensación muy aguda de que necesitaba estar sola para realmente encontrarme a mí”.
Lorde recuerda cuando la herida de la ruptura aún estaba fresca, lo desgarrada y física que la sentía, lo débil y dolorida que quedaba de solo llorar. Aprender a estar sola fue “jodidamente difícil”. Pero la soledad acabó siendo un regalo. Le encantaba dormir y vivir sola, encender una vela junto a la cama o darse un baño. Algunas noches salía con amigos, mientras que otras se quedaba despierta leyendo y escribiendo, dejando páginas llenas de letras de canciones y pensamientos perdidos por el suelo. Una noche, durante su verano en Londres, fue al parque Hampstead Heath y se recostó en el pasto con los audífonos puestos. Volvió a sentirse como una adolescente.
Volver a Nueva York a finales de 2023 significó hacer un balance de lo que funcionaba y lo que no. Seguía atrapada en un ciclo de autodesprecio, llegando a cubrir los espejos de su casa para no enfrentarse a sí misma. Empezó a darse cuenta de que su obsesión por la delgadez estaba controlando su vida y necesitaba encontrar un camino para dejar sus desordenados hábitos alimentarios. Allí fue la primera vez que pudo ver una salida. La artista dice que sigue siendo un viaje volver a su antiguo yo, a alguien que tenía una relación más sana con la comida y con su cuerpo. Su regreso comenzó cuando empezó a ver su compulsión por contar, controlar y restringir como una especie de misión autoimpuesta para mantenerse pequeña de diversas maneras.

“Cuando dejé de hacerlo, tuve toda esa energía para hacer otras cosas”, me cuenta Lorde. “Me di cuenta de que si cortaba esa cuerda, quizá recuperaría algo que necesitaba para hacer mi trabajo. Y fue totalmente cierto. Lo recuperé todo, y mucho más”.
Continuó con sus tratamientos psicodélicos hasta 2024. Estos le ayudaron a meterse de lleno en su cuerpo, le hicieron apreciar más su físico y lo que es capaz de hacer. “He estado en el mismo cuerpo toda mi vida”, comenta, recordando un descubrimiento que tuvo durante esos viajes. “Lo comprendí. Me dije: ‘Estos brazos escalaron las barras del parque infantil. Y sostuvieron un premio en un programa de televisión’. Comprendí todo el espectro y empecé a disfrutar de su complejidad y rugosidad”.
A partir de ahí, experimentó lo que ella llama “el rezumar”: el acto de dejarse ocupar más espacio en todo lo que hace, ya sea física o creativamente. Esto abrió las puertas de su propia identidad. “Mi género se expandió mucho más cuando le di más espacio a mi cuerpo”, explica. Sus hijos se han dado cuenta de ello y han percibido los toques más masculinos de su vestuario en las imágenes que han visto de ella este último año.
Le gustaría hablar más de ello, pero no hoy. En las semanas previas al lanzamiento de ‘What Was That’, Lorde ha estado filmando el video con el codirector Terrence O’Connor (no son parientes). Esta mañana temprano, estaban grabando escenas mientras salía el sol y el tráfico de Nueva York aún era ligero. “Quiero expresarme perfectamente y he dormido cuatro horas”, me cuenta. “Solo quiero hacerlo bien”.
A medida que su verdadero yo rezumaba, también lo hacía Virgin. La joven artista se despertó el día de Año Nuevo de 2024 declarando que iba a ser un año increíble; ahora se da cuenta de que ha sido su año favorito.
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Al frente del apartamento de Lorde, una furgoneta Sprinter nos espera para llevarnos al estudio de Bushwick en Brooklyn, donde rodará un par de escenas más. Cuando llegamos, entramos en un espacio oscuro y cavernoso donde veo una estructura cilíndrica de 4,5 metros de altura, y hay un coordinador de acrobacias esperándola. El tubo, con una escalera en su interior, simula una boca de alcantarilla subterránea. Su representante luego me cuenta lo increíblemente difícil que es alquilar una boca de alcantarilla real.
O’Connor, quien ha trabajado estrechamente con Charli XCX y Haim, está de pie en un elevador aéreo con su iPhone en mano, realizando pruebas de iluminación. En el plató no hay cámaras voluminosas, todo se grabará con el teléfono de O’Connor. “Se sentía muy sincero, como un proyecto escolar”, comenta la artista. “Parece muy primitivo. Ya veremos…. Podría ser una mierda”.
Hoy, con una camisa blanca abotonada, botas de combate y jeans anchos, Lorde subirá por la alcantarilla más limpia de Nueva York; en el video, acabará en el Washington Square Park de Manhattan para la escena final. Tras el estreno del videoclip, muchos se preguntan en Internet por qué parece tan “de bajo presupuesto”. Lorde dice que ese es el punto: Virgin trata de volver, como ella dice, a una versión “realmente esencial y pura” de sí misma. Si el álbum tuviera un color, dice, sería “claro”, haciendo referencia a una gran frase del cómico Julio Torres sobre el color claro como su favorito. “Eso está fijado a esta transparencia”, explica. “Hay lo menos posible entre la marca y yo”. Desde la radiografía de su pelvis en la portada hasta el tipo de letra Times New Roman de las letras del libreto (otro toque de proyecto escolar), cada decisión pretende sentirse expuesta, directa y juvenil. “Estoy ansiosa por saber si a los demás les parece genial o si está mal y es raro”, comenta la artista.
A diferencia de Solar Power y Melodrama, Lorde no empezó a escribir esta nueva música con un título de álbum o un concepto en mente. Su objetivo era la fisicalidad, crear sonidos de percusión y dar prioridad al ritmo, quería que la música funcionara en el cuerpo antes que en el cerebro. “Esto va a parecer una locura, pero me dije: ‘Lo entendemos. Eres inteligente. No necesitas publicarlo’”, comenta. “En el pasado, me tomaba mi tiempo elaborando las letras. Esta vez me dije: ‘No, sé lo bastante inteligente como para dejar que sea muy básico. Sé sencilla con el lenguaje y a ver qué pasa’”.
La artista grabó sus dos últimos discos con Jack Antonoff, a quien califica como un “colaborador positivo y comprensivo”, pero había llegado el momento de cambiar las cosas. “Me baso mucho en las vibras”, dice. “Solo tengo que confiar cuando mi intuición me dice que siga adelante”.

Su principal colaborador en Virgin fue el productor y escritor Jim-E Stack, quien ha trabajado con Bon Iver y Danielle Haim. Lorde se puso en contacto con él a principios de 2022, mientras estaba en Los Ángeles ensayando para la gira Solar Power. Se conocieron en Sunset Tower, hablaron de ser fans de Drake cuando eran adolescentes y de la vida en general. “Siempre la había visto como una estrella del pop atípica, una estrella de pop de primer nivel, que tenía el éxito y los elogios que eso conllevaba, pero que no jugaba el juego”, dice Stack. “La admiraba muchísimo”.
Durante sus primeras sesiones juntos ese año, el dúo compuso una canción que acabaría en Virgin, pero no tenían nada más, y a la artista le estaba llevando más tiempo del que esperaba descubrir qué quería hacer. Durante su estancia en Londres, se aisló de las fechas restantes de su gira, sumida en el final de su relación. También leyó, mucho.
De los cerca de 60 libros que envió de Nueva York a Londres, la mayoría trataba sobre el cuerpo, concretamente sobre el embarazo. Los libros sobre maternidad se basan en su interés por el cuerpo femenino y la forma en que puede cambiar en toda su gloria y visceralidad: Essential Labor de Angela Garbes, Motherhood de Sheila Heti, Unbearable Weight de Susan Bordo. Cuando leía novelas, se fijaba sobre todo en escritores como Annie Ernaux, Rachel Cusk, Ben Lerner, quienes mezclan la ficción con una intensa honestidad autobiográfica, algo familiar para la cantante.
Empezó a tener “sueños realmente increíbles”, que recopiló en un diario de sueños ahora repleto. Se hizo amiga de “artistas mayores increíbles” que la llevaron a museos y galerías. Se hizo fan de Martin Wong, un pintor chinoestadounidense cuyas obras exploran las identidades raciales y la homosexualidad; Lorde dice que su obra la “rebanó”. Mientras tanto, Lorde esperaba que su próximo álbum se le revelara: “Nada me llamaba, [pero] sabía que algo lo haría”.
Cuando estuvo en Londres, ella y Charli XCX hablaron sobre hacer música juntas. Virgin, de Lorde, aún no había tomado forma, pero Brat, de Charli, iba por buen camino. Aun así, no hicieron nada en 2023; Lorde siempre se echaba para atrás cuando hacían planes.
“Mucha gente pensará que ya no soy una buena chica”
“Sin que Charli lo supiera, yo estaba tocando fondo en varios sentidos”, recuerda Lorde, refiriéndose a su ruptura y a su trastorno alimenticio, “pero también estaba entrando en una dinámica en la que le estaba causando mucho dolor”. Charli no tenía ni idea de lo que Lorde estaba pasando; se sentía abandonada por una amiga con la que se había estado comparando desde que ambas se abrieron camino como artistas. Charli volcó todo eso en ‘Girl, So Confusing’, y cuando cantó: “La gente dice que nos parecemos / Dicen que tenemos el mismo pelo”, sus fanaticadas conectaron los puntos de inmediato.
Antes de que la canción saliera, Charli envió a Lorde una nota de voz, avisando y explicándole su punto de vista sobre una amistad cada vez más tensa. “Yo pensé: ‘Mierda, OK’. Pero rápidamente lo vi como lo que era: una oportunidad increíble para que tuviéramos una conversación en público y en privado”, relata Lorde.
Poco después, Ella grabó su propio verso de respuesta para el remix de la canción, revelando —hasta cierto punto— sus batallas privadas e impulsando a una artista a la que admira desde hace más de una década. “Me sentí honrada de que estuviera dispuesta a hacerlo, a ser tan abierta y vulnerable”, dice Charli sobre el verso de Lorde. “Es algo poco común. Me hizo pensar en la naturaleza de los diálogos internos y en cómo a veces te centras tanto en lo que ocurre en tu propio cerebro que te olvidas por completo de la perspectiva de la otra persona. Aprendí mucho de la colaboración: sobre la valentía, sobre la comunicación y sobre la amistad”.
Cuando Lorde regresó a Nueva York en 2023, volvió a ponerse en contacto con Stack. En cuanto ambos volvieron a entrar en el estudio, escribieron ‘What Was That’, que se convirtió en un rompecabezas que les encantó armar. En un momento dado, para conseguir los sonidos de percusión exactos que ella quería, Lorde y Stack se copiaron de la batería de ‘Reckoner’ de Radiohead. La canción resultante fue, como ella misma describe, una obra del “canon de Lorde”: un himno pop por excelencia de alguien que ya es bastante buena haciendo grandes himnos pop. “Es un temazo”, dice. “Me encanta hacer temazos. Alguien tiene que hacerlos. Me siento muy orgullosa cuando vienen de mí”.
La fisicalidad no solo se refleja en los ritmos. Las letras de Virgin son vívidas y a veces grotescas, llenas de acción, fluidos y funciones corporales. Hay saliva, enjuague bucal, ovulación y destellos de Lorde montando en bicicleta, consumiendo MDMA o fumándose un cigarrillo.
“Creo que al adentrarme más en mi cuerpo, llegué a comprender su naturaleza grotesca, su gloria y todas esas cosas”, explica. “Está justo en el límite de lo asqueroso. A menudo intentaba llegar a este tipo de asquerosidad. ‘Has probado mi ropa interior’. Nunca había oído eso en una canción, ¿sabes? Me pareció la forma adecuada de contar todo este capítulo”.

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Al siguiente día de salir de la alcantarilla artificial, Lorde me invita a su apartamento sobre las nueve de la noche. Acaba de llegar de otra sesión de fotos —para la promoción del álbum— con su codirectora creativa Thistle Brown, a quien conoció cuando era niña en Nueva Zelanda. Enciende una vela en la mesita y se limpia la base de maquillaje con agua micelar.
Hace poco, la joven artista leía su propia página de Wikipedia durante una reunión. Hay una cita en particular, que dijo cuando era adolescente, que le llamó la atención: “No tengo nada en contra de que alguien se desnude… simplemente no creo que realmente complemente mi música de alguna manera o me ayude a contar mejor una historia”. “Esa es la evolución”, afirma. Una hora antes, en la sesión con Brown, se había tumbado en un sofá en ropa interior.
De adolescente, Lorde se sentía protectora de su cuerpo y su sexualidad. Su ropa actuaba como una especie de armadura: mangas largas, cuellos altos, colores opacos. Pero era un arma de doble filo: la joven arista debutó en la misma época en que empezaba a crecer una generación de superestrellas adolescentes. Artistas como Miley Cyrus y Selena Gomez se despojaban de los anillos de pureza y la modestia forzada de sus carreras en Disney para abrazar sus cuerpos y su sexualidad. Lorde, por el contrario, se convirtió en un símbolo de algún tipo de pureza moral, y su modestia se utilizó, en esencia, para avergonzar a sus compañeras.
“Recuerdo perfectamente el primer año de fama, cuando mucha gente me decía —y estoy parafraseando—: ‘Qué bien que no te quites la ropa como esas otras putas’”, comenta. “Me subían a un pedestal porque no empleaba las mismas herramientas. Y recuerdo que yo decía: ‘No, no, algún día me quitaré la ropa. Prepárate’. Siempre he sabido que el hecho de que me atribuyeran esas cualidades tan joven [significaba que] ser más abierta con mi cuerpo, con mi sexualidad, [tendría] un peso real y agitaría y alienaría”.
La gente tenía expectativas sobre cómo debía actuar una chica que se convertía en una mujer joven. Y para ella fue otra forma de hacerse pequeña, intentando complacer al mundo y ser buena. Pero, a medida que rezumaba, se redefinió a sí misma y vio que su identidad de género también podía hacerse más grande. En el primer tema de Virgin, deja al descubierto la historia de su renacimiento: “Algunos días soy una mujer / Algunos días soy un hombre”.

Le pregunto cómo se identifica ahora, qué significa y qué ha cambiado. “Me lo preguntó [Chappell Roan]”, recuerda Lorde. Ambas se hicieron muy amigas el año pasado. “Me dijo: ‘¿Ahora eres no binaria?’. Y yo le dije: ‘Soy una mujer, excepto los días que soy un hombre’. Sé que no es una respuesta muy satisfactoria, pero hay una parte de mí que se resiste a categorizarlo”.
Aunque Lorde sigue considerándose una mujer cis y sus pronombres no han cambiado, se describe a sí misma como “una persona de género intermedio”, más cómoda con la fluidez de su expresión. En cierto modo, vuelve a sentirse como cuando era adolescente, cuando la mayoría de sus amigos eran chicos y había cierta soltura en su forma de vestir y actuar.
En 2023, fue de compras a la tienda de ropa C’H’C’M’ y se probó unos jeans de hombre. Le envió una foto a Stack para que le diera su opinión. “Me dijo: ‘Quiero ver al tú de la foto representado en la música’. Y fue antes de que tuviera alguna sensación de que mi género se ampliaba en lo absoluto”.
A finales de ese año, dejó de tomar anticonceptivos por primera vez desde que tenía 15 años. “Ahora veo [mi decisión] como una propaganda casi de derecha”, admite, refiriéndose a los años de influencia de la extrema derecha en la desinformación contra la anticoncepción. “Pero llevaba diez años sin ovular. Y cuando ovulé por primera vez, no puedo describir la locura que experimenté. Una de las mejores drogas que he sentido”.
Poco después escribió la canción que abre el álbum, así como ‘Man of the Year’. Sentía como si tuviera superpoderes, como si el haber dejado de tomar anticonceptivos hubiera despejado su percepción de la vida. Pero la “mejor droga” vino acompañada de los mayores colapsos que jamás había experimentado. Le diagnosticaron trastorno disfórico premenstrual, una forma grave de síndrome premenstrual que provoca, entre otros síntomas, cambios de humor debilitantes; por ello agregó un DIU en la portada del álbum. Esta vivencia le abrió una vía de descubrimiento que no había previsto. “Sentí que, al dejar de tomar anticonceptivos, había cortado una especie de cordón umbilical entre yo y esta feminidad regulada”, explica. “Parece una locura, pero sentí que, de repente, había salido del mapa de la feminidad. Y creo que eso permitió que otras cosas se abrieran”.
Cuando Lorde escribió ‘Man of the Year’, estaba sentada en el suelo de su sala de estar, intentando visualizar una versión de sí misma “que fuera plenamente representativa de cómo [su] género se sentía en ese momento”. Lo que vio una vez más fue una imagen de sí misma en jeans de hombre, esta vez sin nada más que su cadena de oro y cinta adhesiva en el pecho. La cinta tenía esa sensación de crudeza para ella, de que “no era una solución permanente”.
“Fui al armario, saqué la cinta y me lo hice a mí misma”, me cuenta. “Tengo una foto mirándome en el espejo fijamente. Yo era rubia [en aquella época]. Me asustó lo que vi. No lo entendía. Pero sentí que algo salía de mí. Era una locura. Era algo irregular. Era algo violento”.
Hablamos de la guerra contra la comunidad trans de la administración Trump. Aunque abrirse sobre su propia identidad la aterroriza, la artista sabe que se juega menos que las personas cuya identidad de género no coincide con la que se les asignó al nacer.
“Para serte sincera, no creo que [mi identidad] sea algo radical”, afirma. “Veo a estos jóvenes increíblemente valientes, y es complicado. Expresarme en privado es una cosa, pero quiero dejar muy claro que no intento quitar espacio a nadie que arriesga más que yo. Porque, en comparación, yo estoy en un lugar muy seguro como una mujer blanca, cis y con dinero”.
Mientras la vela se consume, Lorde recuerda un momento en el que, después de su segunda sesión de terapia, buscó el video sexual de Pamela Anderson y Tommy Lee. No sabe por qué, pero lo vio entero.
“Me pareció tan hermoso. Y tal vez sea jodido que lo viera, pero vi a dos personas que estaban muy enamoradas la una de la otra, y tenía una cierta pureza. Estaban saltando de un barco grande… Eran como niños. Eran muy libres, y yo pensaba, ‘Vaya, ser así de libre conlleva peligro’”.
Últimamente, la artista ha pensado mucho en las consecuencias de la libertad. Se ha dado cuenta de que las consecuencias, de no correr esos riesgos, serían peores. “Me parece peor tenerlo todo arreglado”, dice. “Pero por supuesto que he tenido muchos momentos en los últimos dos años en los que he pensado: ‘Si tan solo pudiera tener una vida normal y agradable en la que no provocara reacciones fuertes en nadie’. Pero ese no es mi camino”.
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A finales de abril, Lorde rueda la escena final del video de ‘What Was That’. La idea es bailar y hacer un playback de la canción en el centro de la fuente de Washington Square Park al anochecer, rodeada de fans, a los que avisó a través de un servicio de mensajería que ha estado utilizando para comunicarse con ellos. La joven artista no estaba segura de cuánta gente acudiría. También empezó a tener sus dudas sobre grabar con un iPhone, sintiendo cómo los “nervios antes de la fiesta” se apoderaban de ella.
Decidió lanzar una red más amplia para que una multitud acudiera, publicando una foto de la fuente en su historia de Instagram. En un par de horas se habían congregado miles de personas, tantas que la policía de Nueva York tuvo que cerrar el parque.
Lorde estaba preparándose en su apartamento cuando recibió la noticia. Su equipo y el equipo de video entraron en pánico. Parecía que semanas de planificación se habían venido abajo. La joven borró el anuncio de su historia y pidió a todo el mundo que se dispersara por orden de la policía de Nueva York. Pero, a pocas manzanas de allí, Lorde no estaba preocupada. “Me tranquilizo mucho en una crisis”, comenta. Si Virgin, en su claridad, trata de mantener visibles las cicatrices, entonces, este contratiempo, encajaba perfectamente en el mundo que estaba a punto de construir. “Me dije: ‘Esto es increíble. Esto es algo muy bueno’”.
En medio del caos, llamó a Dev Hynes, con quien pasea habitualmente por el parque. Él ya estaba allí, de camino a jugar fútbol con unos amigos, y se paró a reproducir el nuevo single de Lorde para los fans, mientras ella miraba por FaceTime y contemplaba la puesta de sol desde la azotea de su edificio.
Poco después de las 8:30 p.m., ya había anochecido y el parque se había vaciado lo suficiente como para que Lorde saliera por fin; para entonces, la policía antidisturbios —“y antiterrorismo, o algo así”, dice— ya estaba en el parque. Con un pequeño equipo lograron rodar una toma de tres minutos en la fuente, editaron el video esa misma noche y se colgó en Internet dos días después. Virgin cobró vida. El fin de semana, ‘What Was That’ se convirtió en su primera canción Número Uno en Spotify en Estados Unidos desde ‘Royals’.
Cuando Lorde se mudó por primera vez a Nueva York, solía evitar pasear por Washington Square Park. Con multitudes de jóvenes congregados en todos los rincones, era un espacio que la obligaba a enfrentarse al hecho de que su lugar de residencia ya no está separado de su existencia como artista.
Una vez que se soltó, empezó a abrazar las conversaciones íntimas de tú a tú con fans que forman parte de su vida cotidiana. Fue de nuevo en el parque donde reconoció de qué iba todo esto: el canal tan puro y claro entre ella y sus oyentes no casuales. “Soy una perra un poco intensa”, expresa. “He conectado con la misión de hacer solo lo que yo puedo hacer. Y es suficiente”.

