febrero 25, 2022

Lluvia Constante

Dos policías descienden al infierno, en el montaje colombiano de la exitosa obra de teatro creada por el productor de Mad Men, House of Cards y American Crime

Juan Fischer 

/ Tiberio Cruz, Rafael Rubio

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Espacio Privado

A comienzos del siglo XXI, el guionista Keith Huff encontró inspiración en un incidente de la vida real que involucraba al infame asesino en serie y caníbal Jeffrey Dahmer. En 1991, Dahmer invitó a Konerak Sinthasomphone, un joven de origen vietnamita a su apartamento, para drogarlo y realizarle una trepanación con el fin de inyectarle ácido en el cerebro. El joven consiguió escapar cuando Dahmer salió a comprar licor y al correr desnudo por las calles, los vecinos llamaron a la policía. Cuando dos agentes de la policía llegaron al lugar, el chico decía incoherencias porque estaba aturdido por las drogas que Dahmer le había dado. El asesino en serie fue amable con los agentes y les dijo que el joven era su joven amante alcoholizado. Los dos creyeron su historia, le entregaron a Konerak y no se molestaron en revisar su apartamento (allí se encontraba un cadáver). Konerak fue estrangulado ese mismo día.

Este horrible suceso se convertiría en el núcleo de la obra del teatro A Steady Rain, en la que Joey y Denny, dos policías de Chicago y amigos desde la infancia, cometen un grave error de juicio en el ejercicio de su deber, que acaba con su carrera y con su amistad.  

La obra, que consiste en monólogos alternados y que combinan acontecimientos pasados y presentes, se estrenaría en Chicago en el 2007 y dos años después en Broadway. El irlandés John Crowley (autor de la maravillosa cinta Brooklyn), dirigiría un montaje protagonizado por el australiano Hugh Jackman y el británico Daniel Craig, el cual sería celebrado tanto por la crítica como por el público (Steven Spielberg se encuentra interesado en llevar la obra al cine). 

Ahora, la exitosa y espeluznante obra de Keith Huff se adapta para los escenarios teatrales colombianos, con la dirección de Juan Fischer (artífice de la adaptación colombiana de Bent) y las actuaciones de Tiberio Cruz y Rafael Rubio, como Rolo y Dani, los desafortunados agentes de la ley y el orden.

El problema principal con las adaptaciones de los éxitos teatrales tiene que ver con la elección de los actores. Tiberio Cruz tiene la apariencia de ser un policía sociópata que se ufana de su papel como padre de familia y servidor de la ley, pero que engaña a su esposa con prostitutas y quien gana dinero con ellas. Por su parte, Rafael Rubio luce como un policía melancólico, que se reprime al expeler groserías y que desea a la mujer de su amigo. Sin embargo, ninguno de los dos tiene la potencia de un Jackman o un Craig para desarrollar a sus exigentes y complejos personajes.

La falta de fuerza de un actor en teatro, bien puede disimularse con un buen diseño de producción, pero la adaptación de Fischer es tremendamente minimalista y hace que toda la atención del público se recargue en la interpretación de sus actores, quienes aquí lucen nerviosos y cometen una que otra equivocación. 

Sin embargo, la obra de Huff es tan potente que hace que el público le perdone cualquier cosa a sus actores (como equivocarse de la pierna con la que se cojea) y que se olvide de la pobre dirección de arte. Lluvia constante bien puede pensarse como el mejor policíaco en la historia del cine colombiano. Pero de igual manera que el cine llegó a Colombia por primera vez a lo que hoy hace parte de Panamá, este policíaco no pertenece al cine sino al teatro, y su autor, para bien o para mal, es un extranjero que habla de policías en Chicago y no de nuestra fuerza pública.