Laura Itandehui: Un homenaje sonoro a la plenitud de vivir

La cantautora mexicana sigue demostrando que no necesita de mucho, pero esta vez, su gran apuesta llega con su segundo álbum de estudio y su retorno a los escenarios.

enero 30, 2025

Denisse Hernández

Un escenario marcó el destino de Laura Itandehui; aunque, quizás, ese camino ya se había trazado tiempo atrás, durante su infancia, cuando tomó un violín entre sus manos, descubrió los sonidos del huapango, el bolero y el jazz, y se asombró con la musicalidad de figuras como José Alfredo Jiménez, Benny Moré, Serrat, Víctor Jara y Héctor Lavoe.

Ante cualquier circunstancia, la música se enraizó profundamente en su vida y se transformó en un lenguaje innato que, más tarde, le permitió convertirse en una de las voces más destacadas de una nueva generación que revitaliza e impulsa la esencia misma de la canción latinoamericana, pero siempre, bajo los términos de su propia mexicanidad.

Laura publicó su álbum debut en el verano de 2021. Tres años antes, recibió la invitación de Augusto Bracho (Gustavo Guerrero) para sumarse a El Cantinazo, una serie de conciertos acústicos en la Ciudad de México, por los que ya habían transitado músicos como Alex Ferreira, Sofía Campos, Juan Pablo Vega, Loli Molina, Nacho Mastretta y Marina Sorín. Durante cuatro meses, la cantante se adentró en un exhaustivo proceso de composición, pues aquella bohemia, pactada a finales de septiembre, implicó que interpretara canciones de su autoría.

Yo no necesito de mucho, tan poquito necesito yo”, canta Laura al compás de las claves, en una de las ocho canciones que escribió en ese periodo y a las que, más tarde, vistió con las estructuras clásicas de géneros como el bolero, la música ranchera y el vals peruano. “El primer álbum surgió por casualidad y por circunstancias que se alinearon”, dice Laura, quien ha pasado algún tiempo de esta mañana revisando las mezclas de su próximo material discográfico.

“Estuve escuchando y contrastando un poquito con el disco anterior. Me dio mucha ternura porque siento que era temerosa, como que apenas estaba conociendo y metiendo el pie en el charco, pero en estos años, en los que he podido presentar esas canciones, me he entendido y asumido como compositora”, añade con franqueza, en medio de una habitación que destaca un par de guitarras y un cuadro del Divan Japonais, el famoso cartel litográfico de Toulouse-Lautrec.

A raíz de este material, y a la par de su paso por distintos escenarios, Laura decidió continuar con el curso natural de sus procesos creativos, sin embargo, durante un tiempo no encontró una fórmula certera que le permitiera dominar una página en blanco. “Me cuesta llegar a ese momento, pero una vez que lo tengo, compongo muy rápido”, admite. “A mediados de 2022, tuve una racha de mucha inspiración, pero luego suspendí un poco el trabajo por algunas cosas que se complicaron a finales de ese año, y lo retomé meses después”.

La cantautora recuerda que aquellas situaciones le despertaron una profunda necesidad de iluminar su panorama. “Comencé a escribir y salieron estas canciones; hubo una semana en la que compuse alrededor de 10. Hasta cierto punto, mi música es bastante autobiográfica, pero también una autoficción. Este álbum, que saldrá dentro de muy poco, es la evolución del primero. Pienso que el balance entre la alegría y la nostalgia se invirtió por completo y, por ende, hay mucha más vida y gozo. Claro que todo es parte de mis historias y de la forma en la que veo las cosas que, normalmente, sucede desde la calma y la tranquilidad”, comparte.

En abril de 2024, Laura Itandehui se adentró en el estudio y, junto a un grupo virtuoso de músicos, entre ellos, Roberto Verastegui y Gustavo Guerrero, grabó la primera parte de un total de 15 canciones. Al cabo de un mes, regresó para terminarlas y sumar algunos detalles a la producción. Así, con un “disco y medio” en las manos, anunció al mundo la llegada de su segundo álbum, pero también, la de un nuevo universo musical.

Que sea el cariño y la paciencia nuestro consuelo”, reza la intérprete en ‘La Distancia’, la carta de presentación de este material. “Con este disco se asentó el lenguaje musical de cada uno de los que trabajamos en él”, señala. “Me parece que eso se percibe y define mucho el proyecto. Al final de cuentas, sigo siendo yo y todo forma parte del mismo léxico, pero es verdad que todo avanza y madura con el tiempo”.

A lo largo de su trayectoria, Laura ha demostrado una sensibilidad lírica única. ‘Mejor Ya No Regreses’, ‘El Año Que Viene’ y ‘Tal Vez’, los últimos adelantos previos al lanzamiento del disco, son prueba de ello, pues frente a la posibilidad de reconciliarse con el pasado, aceptar los cambios, confiar en el futuro y mantener la ilusión de ser correspondida en el amor, la cantautora le rinde un homenaje a la vida.

“Aunque de pronto se toquen temáticas que son un poco más oscuras, todo gira alrededor de la alegría y la plenitud de vivir. Es lo que he sentido en estos meses, con estas composiciones”, asegura, mientras habla sobre una de las más grandes apuestas de este álbum: sus sonidos. “El disco tiene una salsa, un vallenato, un danzón; todos son ritmos muy bailables, porque necesitaba que me dieran esa sensación”, explica. 

“Gustavo Guerrero hizo los arreglos. Todos aportamos al momento de grabar, porque siempre hay pequeñas cosas que se adaptan, pero el trabajo que se escucha y ese universo de timbres y momentos tan mágicos, que me vuelan la cabeza, son de Gustavo. Yo compuse las canciones con la guitarra y mi voz, y él logró que fueran diferentes. Transformó dos vallenatos; uno en un calipso y el otro en una salsa. Hizo que las canciones se lucieran y que los arreglos no las opacaran. Eso está muy bien logrado en toda esta música”

Entre sonidos clásicos, una instrumentación que transita entre lo sutil y lo maximalista, y una indiscutible esencia mexicana, la compositora nos regala, además, un vistazo hacia distintos géneros como el danzón, el son cubano y, por supuesto, el jazz. “El primer sencillo es una habanera, pero antes fue un bolero; luego llegó la cumbia y una ranchera que se mantuvo bastante simple en su estructura. ‘Tal Vez’ es un bolero con chachachá, mambo y una extravagancia de alientos y percusiones. En fin, es Gustavo Guerrero en uno de sus máximos esplendores”, enfatiza.

Para Laura, este álbum representa la fotografía de un momento colectivo, pero también, de su propio andar en la música. “Captura unas alianzas musicales bellísimas y un momento especial para todos los músicos que participaron. Estoy muy orgullosa de todos ellos, me emociona verlos crecer. Es, a su vez, un momento importante en mi camino; que siempre ha sido independiente, aunque nunca en soledad, porque estas cosas no se logran así. Representa que puedo avanzar, crear y sacar al mundo lo que quiero proponer. Estoy haciendo las paces con la idea de que esto es a lo que me dedico; que compongo, canto y me hago un lugar en esta, llamémosle, industria. Soy bastante la misma, aunque me siento más cómoda, y eso me va a llevar a tomar decisiones con el mismo nerviosismo y emoción, pero con más voluntad y claridad”.

En este momento, en el que la música parte de fusiones experimentales y se mantiene con una visión constante hacia el futuro, Laura reconoce que aún hay cabida para aquellos que apuestan por exaltar nuestras raíces e integran arreglos instrumentales tanto sutiles, como rigurosos. “Aquí estamos”, suelta con humor. “Hay espacio para todo y más en un país como México, donde hay tanto público para esto y para tantísimas cosas más. Me alegra tener la posibilidad de ejecutar y alcanzar las cosas que imagino. Por mi parte, no me pongo metas alrededor de un estilo, pero sí hago un esfuerzo por ser honesta con lo que escribo y presento”.


“El nuevo disco habla sobre la alegría y la plenitud de vivir. Es una fotografía que captura alianzas musicales bellísimas”. – Laura Itandehui. 


Desde aquel primer escenario que inspiró la creación de su álbum homónimo, Laura Itandehui descubrió una de sus más grandes virtudes como artista, pues al subir a la tarima, con una guitarra o una clave, es capaz de cautivar e hipnotizar a cualquier número de personas. “En el escenario soy una persona común y corriente que dice: ‘Esto es lo que hay, este es mi lugar, aquí estoy y allá vamos’. No pienso demasiado en otras cosas, porque, quizás, me angustiaría mucho”, señala, ante el recuerdo de su último concierto masivo.

“El año pasado, en marzo, me presenté en el Zócalo de la Ciudad de México, abriendo un concierto de Julieta Venegas, y pensé: ‘Si me detengo tantito a pensar en las 50 mil personas que están aquí y que no vienen a escuchar mi música, no voy a hacer nada. Yo sé que he trabajado lo suficiente para confiar en que está bien hecho y que es honesto. Que la gente decida; ya veremos cómo me va’. Esa es Laura en el escenario”, relata.

Lo cierto es que entre la calma del estudio y la marea de emociones que surgen sobre el escenario, la cantautora encuentra en este último una mayor liberación. “Son mundos diferentes, pero vengo de una formación de jazz, así que me es más divertido y común jugar en el escenario con la letra, la corporalidad, las melodías y la interacción con el público. Todo eso es maravilloso y son herramientas muy importantes. En el estudio no puedes disimular la nota que no está, o algo de tu técnica que no se está transmitiendo a detalle. En ese sentido, prefiero el escenario”. 

El próximo destino de Laura Itandehui es el escenario principal de Bahidorá. “Estoy muy emocionada. Vamos a ir con una banda que es increíble, casi la misma que grabó el nuevo disco, así que, fuera de cualquier modestia, nos la vamos a pasar muy bien. Para ese momento, aún no va a estar fuera el disco, pero estamos arreglando todo para las sorpresas que verán ese día. Entiendo que mi música se sale un poco de lo que suele presentarse, pero entre toda la paleta de colores, ahí estaremos; vamos con mucho cariño e ilusión”.

Para la artista, el futuro está determinado por el anuncio del nombre y la fecha de salida del álbum, pero también, de su presentación en vivo. “Vendrá una gira por México y Europa, y espero, espero de verdad, lograr ir a Sudamérica; estoy pensando en Colombia, Chile, Argentina, Brasil y muchos países más”. Al mismo tiempo, espera tomar un espacio para regresar al estudio y concluir la grabación de su tercer disco: “Grabamos la mitad el año pasado, así que la idea es volver antes de que acabe este año”.

Ante la espera, el camino de Laura Itandehui sigue su curso bajo la misma determinación y filosofía que la trajo hasta acá. “Lo único que quiero, en esta industria y esta escena, es una apertura para poner el pie y pararme ahí, junto a todos mis colegas. Tener simplemente un lugar, no sé cuál, pero que todo signifique una apertura y una convivencia que me dé cabida. La vida pasa y las necesidades cambian, pero me encantaría seguir haciendo música que sea relevante para las personas que necesitan ser acompañadas por estas historias, por estas canciones”, declara, con la misma templanza que manifiesta cuando se desliza entre notas o concentra la mirada en el público.

“¿Sigues no necesitando de mucho?”, le pregunto sin más. “Sí”, menciona, mientras ríe. “Sigo no necesitando mucho dentro de esa idea mágica y contemplativa, pero necesito muchas cosas. Necesito mi casa, de mis amistades, de mi familia; necesito cariño, que haya agua, gas, en fin”, concluye la cancionista. 

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