La polémica por el mural que rinde homenaje a las víctimas del conflicto armado en Medellín sigue vigente. La comunidad artística y social comprometida con mantener viva la memoria de los desaparecidos y las víctimas de la violencia en la ciudad, se congregaron para volver a pintar un mural que alude a los hallazgos de cuerpos en La Escombrera, en la Comuna 13. La pared que inicialmente tenía un mural igual y fue borrado por orden de la Alcaldía hace pocos días, desencadenó una nueva movilización social.
El mural se centra en la frase “Las cuchas tienen razón”, en referencia a las mujeres buscadoras como las del colectivo Mujeres Caminando por la Verdad, y la imagen de Margarita Restrepo, una mujer emblemática que busca a su hija desaparecida.
Desde la tarde del martes 14 de enero, alrededor de 200 personas se unieron en el deprimido de la Terminal del Norte para restaurar la obra, utilizando rodillos, brochas y pintura. A pesar de la eliminación del mural original, los participantes en la restauración se mostraron decididos a recuperar el espacio como un símbolo de memoria y justicia. Cabe recordar que esta zona de la ciudad fue descrita en 2023 por la Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) como uno de los sitios donde se engañaba a personas empobrecidas que fueron víctimas de desaparición forzada en lo que se ha conocido como la política de los “falsos positivos”.
Hoy en la Terminal del Norte, en Medellín, se abre un espacio para que los que buscan a sus seres queridos, víctimas de desaparición forzada y escucharon las audiencias, sepan que es posible que sus familiares encajen en los perfiles descritos por los comparecientes ante la JEP. pic.twitter.com/zRD9yYXj8a
— Jurisdicción Especial para la Paz (@JEP_Colombia) June 29, 2023
El conflicto político y la defensa del mural
El alcalde Federico Gutiérrez, quien defendió públicamente la eliminación de la obra por “generar caos y poner fea y sucia la ciudad”, argumentó que su administración apoya tanto a las víctimas como al arte urbano, pero que el mural no representaba una expresión artística válida, sino un intento de generar polarización política. En declaraciones recientes, Gutiérrez aseveró que el mural en cuestión se alejaba del concepto de arte al incorporar elementos políticos partidistas, específicamente la figura distorsionada del expresidente Álvaro Uribe, quien ha sido señalado de estar vinculado a las violaciones de derechos humanos ocurridas en el marco de la Operación Orión de 2002, en la Comuna 13.
Luego de la polémica, la Secretaría de Cultura de Medellín, encargada de aprobar intervenciones de este tipo, respaldó la restauración del mural, reconociendo su valor simbólico y su relación con la memoria histórica del conflicto armado.
Una de las consecuencias más problemáticas de esta decisión del alcalde Federico Gutiérrez, es el debate que abrió no solo en torno a la libertad de expresión, sino al cuestionamiento sobre la memoria histórica de uno de los capítulos más difíciles para Medellín y el país. Su actuación dio pie a que varios políticos de derecha e incluso periodistas de medios nacionales de gran difusión cuestionaran los hechos de desaparición forzada en La Escombrera. En un caso particularmente polémico, el periodista Néstor Morales insinuó en su programa que los restos óseos encontrados allí a finales de 2024, podrían haber sido enterrados por las propias madres de los desaparecidos, una afirmación que ha generado repudio en sectores de la sociedad que defienden la memoria de las víctimas y el derecho a la verdad.
La Escombrera: un punto clave en el conflicto armado urbano
Ubicada en la Comuna 13 de Medellín, La Escombrera, ha sido un lugar emblemático en la búsqueda de justicia para las víctimas del conflicto armado. Desde 2020, la Sección de Ausencia de Reconocimiento de Verdad de la JEP ha otorgado medidas cautelares en la zona, aunque las denuncias se remontan a por lo menos dos décadas atrás. La lucha la han encabezado las mujeres buscadoras que denuncian que allí se encuentran los cuerpos de personas desaparecidas durante las operaciones militares en la región. Recientemente, equipos forenses de la Unidad de Búsqueda de Personas Dadas por Desaparecidas (UBPD) y de la Unidad de Investigación y Acusación (UIA) de la JEP han adelantado labores de excavación en el área, recuperando los primeros cuerpos que están siendo analizados por el Instituto Colombiano de Medicina Legal y Ciencias Forenses.
Luz Amparo Mejía, representante del colectivo Mujeres de la Candelaria Línea Fundadora, destacó ante el medio El Espectador, la importancia del mural como un testimonio de las víctimas del conflicto. Según Mejía, la obra busca evitar que el dolor y el horror del pasado se repitan en las generaciones futuras, y reafirmó que las memorias de la ciudad no pertenecen a ningún partido político, sino a las víctimas y a la sociedad en su conjunto.
La resistencia artística por la memoria
La restauración del mural no solo ha sido un acto artístico, sino también un acto de resistencia política donde diversos colectivos culturales y sociales de Medellín han participado. Además de la indignación por la eliminación de la obra original,algunos han señalado la tendencia de algunos sectores políticos a negar la realidad de los crímenes de lesa humanidad cometidos en el marco del conflicto armado en Antioquia. Algunos de los convocantes para la creación del mural defienden su acción como un aporte para que se conozcan las historias de las víctimas.
Mi compromiso con la memoria nació a partir de conocer historias de víctimas del conflicto.Mi intención,además de aportar un grano de arena a la reparación de las víctimas,es construir memoria e intentar cualificar los debates. Acá un hilo con artículos q he escrito sobre el tema pic.twitter.com/EUVTsiIIQi
— Rafael Núñez (@RafaelNunezRo) January 15, 2025
A pesar de las tensiones, los colectivos sociales y artísticos han reafirmado su compromiso con la visibilización de la verdad y la necesidad de justicia para las víctimas. Con el mural restaurado, la comunidad se mantiene expectante sobre el futuro de la obra. La gran pregunta es si la Alcaldía permitirá que el mural permanezca en su lugar o si, por el contrario, lo borrará nuevamente.
Sin embargo, más allá de la lucha por la permanencia del mural o el compromiso de la ciudad para ser más consciente de su pasado, lo que está en juego es un debate mucho más profundo sobre la memoria histórica y la necesidad de reconocer los crímenes cometidos durante el conflicto armado como una base indispensable para la justicia y la construcción de paz no solo en Medellín, sino en todo el país.


