diciembre 31, 2021

Lamb

Aunque posee una riqueza visual indudable, lo cierto es que la ópera prima de Valdimar Jóhannsson se queda corta a la hora de desarrollar su propuesta

Valdimar Jóhannsson 

/ Noomi Rapace, Hilmir Snær Guðnason, Björn Hlynur Haraldsson

Por  ANDRÉ DIDYME-DÔME

Cortesía de Biff 7

En clave de fábula (o de alegoría con tintes religiosos), la película Lamb nos cuenta una historia dividida por capítulos y ambientada en Islandia, la cual es protagonizada por María (Noomi Rapace), Ingvar (Hilmir Snær Guðnason) y su extraño hijo adoptivo. 

Al principio vemos como la pareja vive una vida rutinaria y poco feliz, encargándose de administrar su granja. Ellos casi no se dirigen la palabra y su vida sexual es prácticamente nula. Día tras día se encargan de arar la tierra y cuidar de sus cabras, ovejas y caballos. Los acompañan dos mascotas: un perro de raza Border Collie (muy parecido a Mr. Pickles) y un gato atigrado sin pedigrí. Se intuye que un suceso triste de su pasado los ha llevado a adoptar esa vida de arduo trabajo y poca satisfacción. 

Sin ninguna explicación, tal y como sucede en los cuentos infantiles como Pinocho o Pulgarcito, la pareja es bendecida con un extraño suceso. Uno de sus animales da a luz a Ada, una criatura mitad humana y mitad cordero, que viene a reemplazar a su hija fallecida y que vuelve a darle alegría al hogar de María e Ingvar. 

Luego, como si se tratara de una versión libre y surrealista del clásico de Roman Polanski El cuchillo bajo el agua, entra en escena Pétur, el hermano de Ingvar (Björn Hlynur Haraldsson), un ex músico con un interés romántico por su cuñada. Pero al final, el triángulo psicosexual va a ser evitado por María y luego por un enigmático ser en busca de venganza.       

La maravillosa fotografía de Eli Erenson, la dirección de arte de Emil Pertusson y las estupendas actuaciones de todo el elenco, no son suficientes para hacer una buena película. Los guiños a Eraserhead, a The Shining y a The Witch, tratan de ocultar la falta de foco de la cinta escrita por Sjón (Bailarina en la oscuridad) y por el mismo Jóhannsson. El resultado es un trabajo de una extraña belleza formal, pero de igual manera exasperante, que, aunque no contiene sustos fáciles, tampoco llega a perturbar nuestra psique. Pero lo que es realmente imperdonable de Lamb, es que no llega desarrollar sus múltiples subtextos acerca de lo que significa la maternidad y sobre nuestra compleja relación con los animales.