La razón por la que amaremos a Dolly Parton para siempre

Detrás de la escarcha, era la cantautora más fuerte y sensible. Hoy se recuerda a este ícono que representó la música más especial de Norteamérica y lo mejor de Estados Unidos

agosto 27, 2026

Dolly en 1975 CC: Michael Ochs Archives/Getty Images

Dolly Parton supo que la amaban mucho. No fue por accidente, ese fue el plan desde el principio. Desde pequeña, creció muy pobre en las Smoky Mountains de Tennessee, planeó llegar a ser una estrella que todos conocerían. La reina del country vistió sobre sus hombros los colores de la historia de la música estadounidense. Así se convirtió en uno de los exponentes del arte más galardonadas y adoradas del mundo, una artista de lentejuelas y una ingeniosa fuerza creativa. “Estaba contando mis propias historias, hablando de mis sentimientos”, le dijo a ROLLING STONE en 1975. “Soy una persona bastante valiente”.

La gente se enamoró de su imagen de “Barbie de montaña” y la enorme personalidad que la acompañaba. Aun así, detrás de la escarcha, Dolly era la cantautora más fuerte y sensible, luchó para construir su camino como mujer en Nashville, poniendo todo su corazón en temas como ‘Jolene’ o ‘Down from Dover’ que ejemplifican su perspectiva única en la industria. Ella es como una Aretha Franklin, Brian Wilson o Stevie Wonder — una visionaria que soñaba con empujar los límites de la música de su cultura. 

Estamos en luto por Dolly porque representa lo mejor de cada uno de nosotros.

“Soy un caballo de batalla que parece un caballo de exhibición”, le comentó a Chet Flippo de ROLLING STONE en 1975, antes de cumplir sus 30 años. Se rehusó a modificar su voz creativa, incluso cuando era una joven que tenía todo que perder. “Desde que era una adolescente que me tomaba en serio como letrista. (…) Mis canciones son como mis hijos. Espero que me apoyen cuando esté vieja. Digo esto porque cuando escribo, dejo algo en el mundo que no estaba ahí ayer. Es algo que permanecerá para siempre”.

Ninguno de sus contemporáneos hablaba de la pobreza con el detalle que ella lo hacía. Describía cómo las manos de su padre sangraban después del trabajo, cómo un niño percibe a la nieve cuando entra desde las grietas en los muros. Nunca diluyó estas imágenes, sus relatos de hambre, desamor, aborto espontáneo y de mujeres que cometieron el error mortal de confiar en un hombre. Los tiempos difíciles de estas pistas siempre afectan más a los personajes femeninos. No le permitió al oyente alejarse de esas experiencias.

Así creció, nunca sentimentalizó el pasado que plasmó en obras como ‘In The Good Old Days (When Times Were Bad)’. Reclamó su lugar como cantautora en Nashville donde todo dependía de ella y Loretta Lynn. “No quería ser doméstica”, exclamó en la historia de portada para ROLLING STONE en 1977. “Quería ser libre. Tenía canciones para cantar y una ambición que incendiaba mi interior. Era algo que sabía que me sacaría de las montañas. Estaba segura que podía observar mundos más allá de las Smoky Mountains”.

En la era del internet, cautivó al mundo con el mito que escribió en ‘Jolene’ y ‘I Will Always Love You’ en el mismo día. Solía argumentar amablemente para recordarle a los entrevistadores que ella no lo recordaba de esa manera. Eventualmente, le dio igual y dejó de intentar corregirlos; como la empresaria tan astuta que era, lo trató como un activo provechoso. Para el 2017, empezó a contarla de la misma manera que los interpretaban, después de todo, era severo cuento. El hecho de que le creyeron tan rápido dice mucho del deseo de la audiencia de escucharla. Ese concepto de la reina del country con una sonrisa de oreja a oreja que reprimía su aflicción e ira detrás de piedras preciosas mientras cantaba sus experiencias personales, capturó algo en la gente que la adoraba.

Nunca fue necesario recordar quien era por que siempre estaba ahí, detrás de las canciones que todos reconocen a lo largo y ancho del mundo, excepto las joyas secretas de su catálogo que solo los fanáticos más dedicados conocen. Temas como ‘Nickels and Dimes’ de All I Can Do, ‘Evening Shade’, de My Blue Ridge Mauntain Boy, ‘Don’t Let It Trouble Your Mind’ de In the Good Old Days (When Times Were Bad), o ‘Early Morning Breeze’ de Coat of Many Colors.

‘Jolene’, su pieza más famosa, narra como ella le suplica a otra mujer que no le robe su hombre. Fue el hit Número Uno de country en 1973, de todas maneras, ya parecía un ejemplar fundacional del folk que había sonado desde el inicio de los tiempos. Lo escuché por primera vez en The Gong Shoe, un programade bajo presupuesto. Quedé hipnotizado por la historia y esas notas altas. Dicha canción ha mejorado con el pasar de los años, inspiró remakes de íconos como Beyoncé, Miley Cyrus y Zac Brown. Aún recuerdo lo impresionado que estuve cuando la interpretó Jack White en 2000 durante los inicios de The White Stripes.

La vocalista personificó el tipo de estrella que le pertenece a todos. Vivió toda su vida bajo el ojo público, incluso, durante sus años escolares, “se inventaban muchas historias de mí, muchas mentiras, solo por cómo me veía”, confesó en 1977. “Siempre fui la de las tetas más grandes con una minúscula cintura y un gran trasero. Crecí de esa manera, también tenía una personalidad atractiva”.

A los medios mainstream y el mundo de los late-night talk shows se les dificultó aceptar su imagen, la percibían como una figura encantadora del mundo del espectáculo en vez de la talentosa escritora que era, o como dice ella, era una “narradora de canciones”. Aunque, nunca aparento que no le gustaba el esplendor de su vestuario, su invención creativa. “La ropa llamativa, las joyas y mi apariencia ostentosa, supongo que inventé esa parte de mí. Siempre me fascinó la estética de los cuentos de hadas. La mitad del show se pasa ajustando la iluminación, los brillos y destellos. Se supone que las estrellas deben brillar, de pronto, solo quiero ser una estrella”.

Se enorgullece de su personalidad, pero siempre tuvo un espíritu solitario, algo que se nota desde su voz. “Yo era bastante extrovertida y amigable, creo que eso asustaba a las personas. Pero, nunca sentí que encajaba en mi vida, inclusive durante mi infancia. Solo era diferente, entonces, nunca encontré mi lugar hasta que me mudé a Nashville y empezé mi carrera musical. Ese sí era mi lugar, donde encajaba, Nací inquieta, de veras”.

Desde el comienzo, siempre quiso que todos cantaran sus canciones, y así fue. Patti Smith hizo una versión de ‘Jolene’ en el Horses Tour, en medio de sus interpretaciones de Velvet Underground y Pete Townshend. Tina Turner le prendió fuego a ‘There’ll Always Be Music’ en 1974, Stevie Nicks cantaba sus pistas cuando hacía parte de Buckingham Nicks y Merle Haggard siempre interpretó sus melodías con la emoción que se merecía, en especial en el agrio remake de ‘In the Good Old Days (When Times Were Bad)’.

Jerry García la veneró desde el principio, The Greatful Dead solía tocar ‘Tomorrow Is Forever’, su sencillo de 1969, el cual se mantuvo en rotación durante sus primeros años. En 1970 sorprendió a un reportero para Playboy cuando le contó que era su “artista femenina favorita”. Él insistió en reproducirle un disco de la leyenda del country, The Fairest of Them All del mismo año. Un álbum triste, incluso dentro de su discografía, con pistas como ‘Daddy Come and Get Me’. Escuchando el segundo tramo del proyecto, García, Robert Hunter y el reportero sollozaban en la sala. El último tríptico de ‘Mammie’, ‘Down from Dover’, ‘Robert’ es capaz de derretir lo que sea.

Coat of Many Colors’, la canción que denominó como su favorita, trata de una madre que cose un chaleco de trapos. La escribió en el bus de Porter Wagoner sobre el único pedazo de papel disponible, el recibo de la lavandería del jefe. Luego, Wagoner lo enmarcó. Dolly le dio al mundo muchas madres que sufrían, pero no todas son santas. En ‘Travelin’ Man’, del mismo LP, planea huir con ese apuesto vendedor, pero él se marcha con su madre. Canta, “Ese hombre viajero, un amante infiel, ¡se llevó mi amor y luego se llevó a mi madre!”.

Compuso ‘I Lived So Fast and Hard’ en 1968 para que la cantaran los hombres, Porter Wagoner y luego Mel Tillis. Se dificulta no pensar en ella como la narradora cuando dice “Viví al igual que cualquier hombre antes de cumplir 21 años”. Pudo tratarse de una respuesta a ‘Mama’s Tired’ de Haggard, que salió unos meses antes. Le regaló ‘Kentucky Gambler’, un hit de country. “Me encanta escribir canciones para hombres. Es algo bueno que hago porque, en ese entonces, no había muchas mujeres en el negocio del country para componerles temas”.

Múltiples artistas hicieron su versión de ‘I Will Always Love You’ antes de que Whitney Houston la descubriera por medio de un disco de Linda Ronstadt. Se recomienda el cover de Alex Chilton. Una vez que Houston la apropiara, le cayó como anillo al dedo. En The Bodyguard, ella escucha la interpretación de John Doe, de la banda punk X, oriunda de Los Ángeles, en un tocadiscos de un bar de country con Kevin Costner, la perfecta paradoja de Parton. Solo ella podría juntar todas estos exponentes de diferentes géneros en un solo lugar.

Siempre se ha mantenido actualizada. En los ochentas compartía consejos de maquillaje con Boy George. “Me encanta la manera que pinta sus ojos y a él, como hago los míos”, le mencionó a ROLLING STONE. Harmoniza con Kenny Rogers, un amigo de toda la vida, en ‘Islands in the Stream’ como un par de viejos que acaban de tener el mejor sexo de sus vidas. La tocaron hasta el final como en ‘You Can’t Make Old Friends’, su dueto de 2013. Nunca tuvieron una relación formal, Kenny explicó que “Solo coqueteábamos, algo que amábamos hacer” para ROLLING STONE en 2014.

Dio vida a uno de sus más grandes temas de 1980, ‘9 to 5’, una canción que se mantuvo en el consciente colectivo desde la semana que salió. Lo convirtió en un álbum profundamente extraño e infravalorado, 9 to 5 and Odd Jobs, un disco conceptual sobre la lucha de clases y la lucha contra el capitalismo. Interpretó pistas de Woody Guthrie para ‘Deportee’ (acerca de trabajadores inmigrantes), Merle Travis para ‘Dark as a Dungeon’ (acerca de mineros de carbón), Mel Tillis para ‘Detroit City’ (acerca de la línea de ensamblaje de las fábricas de carros). Concluye el proyecto con ‘House of the Rising Sun’ para recordarle al mundo que esta pieza siempre ha tratado sobre chicas pobres y la maldad de los hombres. ¡Es prácticamente la Sandinista de Dolly! Y ella lo presenta todo con una sonrisa.

Volvió a sus raíces rústicas en los noventas con Little Sparrow, su LP de bluegrass de 2001. Pero su mayor éxito de la época fue ‘Romeo’, un hit de baile en línea de 1993 con Billy Ray Cyrus (quien interpreta a Romeo) y las estrellas de Nashville Pam Tillis, Mary Chapin Carpenter, Kathy Mattea y Tanya Tucker. En la vida real, Dolly era la madrina de Miley Cyrus, la hija recién nacida de Billy Ray, pero eso no la detuvo. Las mujeres se pasan la canción piropeando a Billy Ray; Dolly gruñe: “¡Tengo la edad suficiente para ser la amante de ese chico!”

Al final del video, se va agarrada del brazo de Billy Ray. “Me siento tan halagada de que me hayas elegido a mí en lugar de a todas estas chicas jóvenes y guapas. Pero después de todo, es lo justo; yo estoy pagando por este video” dice para terminar la canción.

Fundó Dollywood, un santuario estadounidense dedicado a sí misma y a los sueños que hizo realidad. Una vez pasé una semana de vacaciones familiares ahí, sigue siendo, curiosamente o no, uno de los lugares más felices que he visitado. Ella había comprado el terreno en las Smoky Mountains, la tierra donde creció en la más absoluta pobreza, y lo convirtió en un parque de atracciones que conmemoraba su vida. Cada rincón del lugar tenía algo de ella. La atracción principal era Thunder Road, basada en la película de suspenso de Robert Mitchum de la década de 1950, simplemente porque esa fue la primera película que vio de niña.

En las bocinas del parque sonaba, exclusivamente, Dolly Parton: allí escuché su nueva versión de ese entonces, de ‘In the Pines’, una canción que acabé de aprender de Kurt Cobain. The Parton Family Singers se turnaban en los escenarios cercanos a una recreación de la cabaña de su infancia. El museo exhibe el abrigo multicolor original (puede ser una ingeniosa réplica). Toda la ciudad era un monumento a la chica de pueblo que logró el éxito. El parque local tenía una placa que decía que Dolly lo construyó para que jugaran los niños. La emisora ​​de radio era WDLY; adivinen qué canciones ponían. Esto podría haber parecido egocéntrico si lo hubiera hecho cualquier otro famoso, pero con Parton, todo brillaba con su infinita calidez y benevolencia.

Dollywood era la antítesis de Graceland, ambos parques de Memphis. Era como si hubiera visto la mansión de Elvis, con su aura de tragedia y muerte, y hubiera decidido crear su propia versión. Un lugar que se creó desde los ojos de una ganadora, construida para celebrar su vida, con su propio dinero, mientras aún estaba entre nosotros. Es un palacio construido por una mujer que, sin conexiones ni dinero, consiguió todo lo que deseaba. Invita a los visitantes a celebrar todo aquello de lo que escapó, todo lo que logró y todo en lo que se convirtió. No existe otro lugar igual.

Al salir del estacionamiento de Dollywood, pasas bajo un arco con la inscripción de despedida: “Siempre te amaré. — Dolly”. Sospecho que nadie ha pasado bajo ese arco sin creerlo.

Nunca estuvo lejos del ojo público, ya fuera grabando un álbum de clásicos del rock con una grandiosa versión de ‘Stairway to Heaven’ o cantando a dúo con Miley Cyrus en los Grammy, con BTS bailando ‘Jolene’ entre el público. Un momento típico de Dolly de la ceremonia de los Óscares de 2006 fue cuando la nominaron a Mejor Canción por ‘Travelin’ Through’, que apareció en el innovador documental sobre personas transgénero Transamerica. Lo que nunca olvidaré es cómo sonrió y aplaudió cuando Three Six Mafia le ganó con ‘It’s Hard Out Here for a Pimp’. Les envió una nota felicitándolos por la victoria para Tennessee.

Dice mucho de Dolly Parton que realizó su última aparición pública cerca de Nashville. No fue en un escenario ni en televisión, sino en una parada de camiones en la I-65, en junio. Se presentó en la Tennessean Travel Stop, que iba a ser rebautizada en su honor. Como era de esperarse, era stakeholder en el negocio que vende su propia marca de café. No les sorprenderá saber que se llama Cup of Ambition [Taza de ambición, una referencia a ‘9 to 5’]. “No podría estar más orgullosa”, declaró al público. “He pasado toda mi vida recorriendo la vía”.

Recorrió esa carretera toda su vida, incluso cuando debió ser dura y solitario. Sin embargo, la transformó en un lugar acogedor para todos, incluso cuando se negaba a mentir sobre las dificultades que presenció ahí. Con su música, construyó un Estados Unidos de América donde una multitud de gente podía sentirse como en casa.

ROB SHEFFIELD

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