diciembre 26, 2022

La noche inolvidable de Melingo, de los clásicos de Los Twist al reencuentro con Los Abuelos de la Nada

En el show retrospectivo Encuentro Maximalista, el autor de “Chalamán” repasó más de cuatro décadas de música, con Andrés Calamaro, Cachorro López e Hilda Lizarazu entre otros invitados estelares

Por  HUMPHREY INZILLO

Andrés Calamaro y Daniel Melingo, en el Encuentro Maximalista que organizó el autor de "Chalamán" en Niceto Club.

Edgardo Andrés Kevorkián (gentileza)

Y en un momento, más magia. En el escenario de Niceto Club, Andrés Calamaro, Cachorro López y Daniel Melingo evocan sus años compartidos en Los Abuelos de la Nada. El que lleva la voz cantante es Félix Melingo, primogénito de Daniel. Carga sobre sus espaldas la responsabilidad de cantar “Chalamán”, un clásico de los Abuelos, del reggae vernáculo, del rock argentino de los 80. Y lo hace con altura, mientras su padre sopla su clarinete y se une al coro. Es un momento especialmente mágico y emotivo de una noche inolvidable. 

El miércoles 21, Daniel Melingo organizó el Encuentro Maximalista, un concierto retrospectivo en el que repasó canciones de su extensa y fructífera trayectoria, pero -y acaso esto haya sido lo más importante- al que convocó a una enorme cantidad de artistas talentosísimos, que más allá del prestigio, la reticencia o el palmarés que ostenten, son sus amigos. La convocatoria era lo suficientemente atractiva y más allá de los músicos invitados, entre el público estuvieron dos de las fotógrafas más emblemáticas del rock argentino (Andy Cherniavsky y Nora Lezano), Kevin Johansen y Liniers, Axel Krygier, Julieta Venegas y Gustavo Bazterrica (exguitarrista de Los Abuelos de la Nada y La Máquina de Hacer Pájaros), entre otros. 

Andrés Calamaro, Félix y Daniel Melingo y Cachorro López, «Chalamán» versión 2022. (Foto: Gentileza Edgardo Andres Kevorkian)

El poeta Fernando Noy, un emblema del Parakultural y del under de los 80 y a quien Melingo había convocado este año para formar parte del elenco de su Ópera Linyera, en el teatro 25 de mayo, abrió la velada con el “Poema maximal”. Tiene sentido que la canción que inauguró el set haya sido “La balada de Tony y Douglas”, el tema de Los Twist que abría La máquina del tiempo, el tercer álbum del grupo, lanzado en 1985: un homenaje a El túnel del tiempo, la serie de ciencia ficción de los años 60. Tiene sentido y tiene lógica porque en definitiva, el concierto fue una celebración, un viaje en el tiempo y el espacio de la Galaxia Melingo, con escalas en Lions in Love (“Pulseras”, con Hugo Lobo), Los Twist (“El grito divino”, con Hilda Lizarazu y Maxi Prietto) y de su etapa solista (“Alegría de vivir”, una canción del gitano Ray Heredia, de Ketama, que Melingo había grabado en su debut en solitario y que aquí cantó junto a Miguel Zavaleta).   

El Salmón, invitado de Daniel Melingo en Niceto Club. (Foto: Gentileza Edgardo Andres Kevorkian)

Katja Aleman lanzó un conjuro de bondad, en una performance que evocó los tiempos de Cemento, con la banda que Melingo armó para la ocasión con Fernando Samalea en batería, Muhammad Habibi en guitarra y Ahmed Isa Ravioli en bajo. “Corazón y hueso” fue otro de los puntos altos de la velada: un clásico de la etapa solista en una interpretación superlativa. Y hablando de clásicos, la milonga “Narigón” (del indispensable Tangos bajos, 1998, que tiene su flamante reedición en vinilo) fue de las más coreadas de la noche. 

Richard Coleman subió para rockearla en “Are You a Fish”, de Lions in Love. Y luego Melingo propuso un medley entre “Linyera” y “De nada sirve”, la gema seminal de Moris (de Treinta minutos de vida, 1970). 

La presencia de Andrés Calamaro, que subió con su guitarra para cantar “Anda”, junto al benjamín Félix Melingo fue un privilegio (¿cuántas veces vimos a El Salmón así de cerquita, por fuera de la dimensión de estadios?). Y a ese tema le siguió “Chalamán”, el momento culminante de la velada con el que empezamos esta crónica, con la presencia de Cachorro López en el bajo y voz. 

Para el final, otros dos clásicos festivos de Los Twist, otra vez con Hilda y Hugo Lobo: “S.O.S. una rica banana” y “Jugando Hulla, Hulla”. Y ya con Samalea en el bandoneón, la noche cerró con “Ayer”, ese tema que reza “Del barrio me voy, del barro me fui…”, también de Tangos Bajos, y que Vicentico llevó al reggae en su disco Los pájaros, de 2006. Una oda a la porteñidad, del disco que inauguró una nueva dimensión en la obra de un artista heterodoxo y genial.

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